Los sacerdotes

El jefe de la comunidad, que es el de mayor edad o el patriarca, es el intermediario indiscutible entre los mundos de los vivos y de los muertos. Según D.Zahan, "las sociedades africanas a menudo han optado por especializaciones en el campo sacerdotal: un adivino permite identificar al o los culpables, un sacerdote o anciano se esfuerza por reparar el tejido social mediante oraciones, los gestos, las ofrendas y los sacrificios, un sanador proporciona remedios preventivos o curativos, un cirujano, si es hábil, puede operar una apendicitis o una catarata, pero también puede extraer del cuerpo, sin abrirlo, un objeto maléfico, un jefe tierra puede atraer la lluvia, otro presidir el ritual de las cosechas, los cazadores de brujos ponen en práctica terapias psicosomáticas, los morabitos combaten a los "djinns" o a los espíritus maléficos por medio de salmodias y versículos del Corán.

Los herreros son en toda África seres ambivalentes. Obtienen de su origen sagrado privilegios y poderes, pero ya ue trabajan en lo puro y en lo impuro-el fuego está sobrecargado de fuerzas mágicas-, son por lo tanto temidos y temibles. Se les llama "mujer del pueblo", porque traen al mundo la colada de metal. Son también la fuerza del poblado.

Son los herreros los que esculpen las estatuas de los antepasados que se convertirán, después de su consagración, en soporte del espíritu de éstos. Entre los Diolas, el herrero es quien entierra a los leprosos, porque él guarda el altar del genio que puede dar o sanar esta enfermedad. Entre los Bobo, es el que saca sobre el cadáver de los jefes muertos las reliquias que trata antes de introducir en la cesta sagrada.

Las mujeres ejercen raramente el sacerdocio, salvo entre los Dogon: aquella que encuentra el "Duge" (piedra que es signo de elección de lo trascendente) puede ser nombrada sacerdotisa de Amma. Entre los Diolas, el "Amanema" sirve en un pequeño santuario. Por el contrario, las mujeres son frecuentemente auxiliares de los sacerdotes y son los agentes preferentes de los cultos de posesión, y a menudo son también curanderas y brujas.

Los reyes sagrados son los representantes de la colectividad como unidad. Su persona, así como sus actos, son objeto de numerosas prohibiciones que protegen a su pueblo de los abusos de un poder excesivo. Estos soberanos están dotados de un poder cósmico considerable, que se pone de manifiesto en los grandes rituales ya descritos, en especial entre los Zulúes y los Swazis. También ocurre así entre los Vendas o los Pendes, que consideran este poder tan peligroso que consagran a sus príncipes a la impotencia sexual, ya sea mediante la absorción de drogas, o bien aplicándole una funda al pene desde el momento de la entronización.

Ningún relato puede mostrar mejor la dimensión cósmica del sacerdocio que el de Paul de Perugia. El rey de Ruanda, Ndagano, fallecido en 1923, llevaba a cabo ritos inmemoriales. Viviendo personalmente a 2000 m de altitud, a nivel de las tormentas ecuatoriales, se esforzaba por impedir que su reino muriese de sed. Todos los ritos que realizaba no eran otra cosa que la exteriorización de su pureza espiritual. Así cuando amenazaba la sequía, el rey se presentaba ante el sol, que se habiía hecho peligroso. Después de realizar unos gestos de encantamiento, el "mwami" adelantaba "el cuerpo lleno de incisiones sangrientas describiendo sobre sus miembros misteriosos trayectos... prodigiosas hileras designaban a las nubes ausentes las direcciones que debían tomar para fecundar la tierra de su pueblo...". "Finalmente, el monarca hacía una incisión en sus párpados para que su mirada, velada por la sangre de su propio sacrificio, ordenase de forma terrible a las condensaciones invisibles, en un cielo calentado al blanco."."La convicción del príncipe era tan completa que, cuando se formaba la tormenta, él escondía la cabeza...".