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WERNER BISCHOF
Texto
Mª Dolores Rodríguez Maleno
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Si Bischof hubiese sido un adolescente demasiado dócil, sin duda habría perdido esta vida. La madre de Werner murió cuando él era niño.
Con quince años el adolescente quiere estudiar pintura. Su padre quiere que tenga un oficio. Transige: Werner ser profesor de gimnasia. Al cabo de un año, Werner se revela y consigue ingresar en la Escuela de artes y oficios de Zurich. Esta salvado. Allí encontrará para su aprendizaje a dos verdaderos maestros: Alfred Willimann le enseñar todo lo que se puede aprender sobre el dibujo del natural, sobre la pintura, las artes plásticas, el grafismo. De Hans Findler, el ;oven Bischof aprender todo lo que se puede aprender sobre el oficio de fotógrafo, las técnicas de enfoque, los procedimientos de reproducción, la compaginación, el arte del montaje etc.
Los primeros trabajos de alumno del joven aprendiz le muestran apasionado por el orden y las simetrías naturales, la geometría de la naturaleza, lo que podíamos llamar lo abstracto de lo concreto. En Suiza y Alemania, el grupo de la Nueva Objetividad cuenta entre sus palabras de orden la fórmula El mundo es bello.
Como su amigo, el pintor Hans Erni, el joven Bischof sin dada no es inconsciencia de las negras nubes que se forman en el cielo de Europa. Pero al principio de su carrera y en el umbral de su oficio, todavía indeciso si optar por la pintura o por la fotografía, se detiene para estudiar, contempla durante largo tiempo la belleza inmediata la armonía del universo en lo infinitamente pequeño.
Sus primeras investigaciones personales se basan sobre una gran tradición germánica, la de los estudios de ciencias naturales hechos por los pintores filósofos del Renacimiento, la de los trabajos de Goethe sobre el microcosmos y el macrocosmos.
Fotografía las hoja s de arce o de álamo, los juegos de la luz refractada o polarizada, las astas vegetales. el clavijero de su violín, las conchas atravesadas por la luz, la ondulación del mercurio.
Su profesor de fotografía, Hans Finsler, cuenta que se consagraba, en su tiempo libre, a tareas aparentemente sin interés que un observador extraño hubiese juzgado infantiles, pero que formaron la base de sus trabajos ulteriores, estudiando materiales, la luz, sus constantes variaciones. Se le puede observar mientras lustra durante horas conchas de caracoles o conchas marinas con el fin de obtener la blancura transparente que necesita para una foto. Siega decenas de gasterópodos para estudiar la arquitectura helicoidal y las propiedades de la espiral
Esta producción de su juventud es una photo darti en cuyas antípodas se situará pronto la obra de Bischof. Pero también es una paciente y fecunda preparación a la construcción y a la composición, a la utilización de la luz. Muchos artistas contemporáneos de Bischof siguieron un camino opuesto al suyo.
Una vez fotógrafo Bischof habrá partido al contrario de la estructura, del esqueleto de las cosas, para llegar a la vida concreta. Pero en la misma época, persiguiendo paralelamente su proyecto de pintor, acumula los bocetos y los dibujos a menudo llenos de movimiento y de ritmo. A los veintiocho años, el joven Bischof es un aprendiz completo de la vida, dispuesto a llegar a ser un excelente fotógrafo, probablemente un pintor eminente, buen alpinista y caminador, buen esquiador.
A su salida de Ia escuela, en 1936, se va a trabajar a Zurich, primero como fotógrafo independiente entre los períodos militares a los que le obliga el sistema de la conscripción suiza, luego trabaja durante un año para la gran revista Graphis.
Pero el deseo de ser pintor no le ha abandonado, y durante el verano de 1936 marcha a París con el proyecto de instalarse en aquella ciudad y de pintar. La guerra estalla en septiembre.
Bischof vuelve a Suiza, es llamado a filas y continuar movilizado durante casi cuatro años. En estas condiciones resultar siempre mas difícil pintar, pero a posar de las dificultades, puede continuar su actividad de fotógrafo. Llama la atención de un hambre cayo ojo no suele fallar Arnold Kubler, que en 1941 ha fundado la revista Du. Esta publicar, de febrero de 1942 a abril de 1944, numerosas fotos de Bischof, objetos, paisajes, vejetales, plantas y árboles, caballos, animales, moda.
Son clichés de gran rigor técnico, admirables en su composición, tal vez un poco fríos, pero que ya constituyen un primer desarrollo de los trabajos abstractos de los años 1932-1936.En 1945 apareció su reportaje Prófugos, sobre los italianos refugiados en Suiza, con el que Bischof tuvo ocasión de ofrecer una nueva imagen de sí mismo. Fue Kubler quien dió a Bischof la oportunidad de hacer un nuevo tipo de fotografía.Llama la atención de un hambre cayo ojo no suele fallar Arnold Kubler, que en 1941 ha fundado la revista Du. Esta publicar, de febrero de 1942 a abril de 1944, numerosas fotos de Bischof, objetos, paisajes, vejetales, plantas y árboles, caballos, animales, moda.
Son clichés de gran rigor técnico, admirables en su composición, tal vez un poco fríos, pero que ya constituyen un primer desarrollo de los trabajos abstractos de los años 1932-1936.
Llama la atención de un hambre cayo ojo no suele fallar Arnold Kubler, que en 1941 ha fundado la revista Du. Esta publicar, de febrero de 1942 a abril de 1944, numerosas fotos de Bischof, objetos, paisajes, vejetales, plantas y árboles, caballos, animales, moda.
Son clichés de gran rigor técnico, admirables en su composición, tal vez un poco fríos, pero que ya constituyen un primer desarrollo de los trabajos abstractos de los años 1932-1936.
En 1945 apareció su reportaje Prófugos, sobre los italianos refugiados en Suiza, con el que Bischof tuvo ocasión de ofrecer una nueva imagen de sí mismo. Fue Kubler quien dió a Bischof la oportunidad de hacer un nuevo tipo de fotografía. Los acontecimientos bélicos y el peligro del fascismo introdujeron una conciencia política en el joven Bischof: descubrió que la cámara fotográfica podía utilizarse como medio de denuncia. El instrumento adquiría así su propia humanidad. Al reportaje de 1945 sobre los refugiados en Suiza siguieron algunos viajes por la Alemania y la Holanda de la posguerra. Por encargo de Schweizer Spender, una organización de socorro Suiza, Bischof realizó también algunos reportajes en Italia y en Grecia.
En 1947 hizo un nuevo viaje por Austria, Hungria, Rumanía y Polonia. De esta forma, pudo conocer la Europa destruida por la guerra. Los temas ya no llevaban títulos como Haz de luz y, menos aun, Inersección de dos grupos de ondas de mercurio.
En 1945 Bischof publicó una recopilación de veinticuatro fotografías, comentadas por el crítico de arte Manuel Gasser, que había sido un atento observador de la escena suiza.
El núcleo central estaba formado por fotografías de caracoles, montajes, ilustraciones de modas, animales y paisajes, pero la recopilación se abría, de forma significativa, con una Abstracción y se cerraba con un Hijo de prófugos; era el adiós a una primera etapa vital y creativa y, al mismo tiempo, un programa para el futuro. La tensión y el conflicto representados en las fotografias de este albun, fueron descritos cinco años mas tarde por Bischof, tras una estancia en Edimburgo, con las siguientes palabras ...mucho ha cambiado para mi, pensaba ayer mientras visitaba una antigua y bellísima capilla. Es encantadora, pero ya no soy capaz de estar aquí luchando horas y horas con lámparas y trípodes por estas cosas muertas. Estoy mucho más a gusto junto a la estación, observando el movimiento, el ir y venir....
Cuando Bischof escribia estas lineas vivía en Inglaterra y acababa de caserse. Su mujer, Rosellina, le acompañarla en muchos viajes y estancias en el extranjero. Con él fue también a México, antes de que partiera para Sudamérica, de donde nunca volvió. Rosellina Bischof asumió la dolorosa tarea de administrar la herencia; poco después publicarla el libro fotográfico Unterwegs, que alcanzó un exito importante.
Fue en Inglaterra donde Bischof se estableció por primera vez de forma fija. Allí fue contratado como colaborador por el Picture Post y el Observer. Fue el primer fotógrafo suizo que logró introducirse en el mundo del periodismo internacional.
En este campo su primer trabajo fue el reportaje encargado por Life sobre las Olimpiadas de invierno de St. Moritz en 1948. Más tarde colaboró en revistas internacionales publicando, sucesivamente, en Paris-Match y Epoca, y en Life y Fortune.
La opinión antielitista de Bischof y su tendencia hacia unas perspectivas humanas más amplias quedaron confirmadas por el hecho de ser uno de los primeros en adherirse al grupo fotográfico Magnum, fundado en París en 1947 por Robert Capa, David Seymour, George Rodger y Henrí Cartier-Bresson.
La Magnum era una agencia que intentaba romper con los moldes tradicionales, dando a sus miembros una libertad plena a la hora de archivar y publicar; la cohesión del grupo venia determinada no sólo por el interés profesional, sino, sobre todo, por unas convicciones comunes. No es casual que el título del primer gran trabajo colectivo de los fotógrafos de la Magnum fuera People are pleople (La gente es gente):: era una temática que encajaba perfectamente en Bischof, cuyas concepciones artisticas se hablan transformado profundamente.
Varios de los miembros de la Magnum murieron en el ejercicio de su profesión: Bischof en los Andes, Capa en Indochina,
Seymour durante la crisis de Suez. La agencia quiso honrarlos con una exposición conmemorativa que tituló The concerned Photographer (El fotógrafo comprometido), título que constituía todo un reconocimiento. Bischof se convirtió, pues, en un fotógrafo comprometido; sin embargo, la renuncia a fotografiar objetos no significó el olvido de sus origenes: los objetos se llamaban ahora Muros de un templo Inca o Placas de pizarra en un jardín japonés, pero ya no eran más que partes concretas dentro de conjuntos temáticos más amplios.Lo que permaneció inmutable fue el óptimo nivel de su técnica fotográfica; una calidad indiscuble que trascendía el mero dominio del oficio.
En este sentido fue significativa su estancia en Extremo Oriente en 1951-1952. Bischof y su mujer se fueron a vivir durante un año a Japón. Este país significó para él una revelación fotográfica: paisajes y arquitectura, hambres y costumbres de vida se presentaban ante la cámara fotográfica como un conjunto perfectamente homogéneo, una realidad de rasgos bien definidos que encontró en Bischof un interprete extraordinario. Desde Japón, Bischof visitó Corea e Indochina, donde proseguían las destrucciones, horrores que se pensaba hablan acabado con la Segunda Guerra Mundial.
Era una realidad que nada tenía que ver con las ceremonias del té en Japón. Allí se tomaron las imágenes de los prisioneros de guerra, las de la gente que vivía en las calles de Hong Kong, o la de la tamba de un soldado francés en Indochina.
La capacidad del fotógrafo encontraba su máxima confirmación en la composición de las imágenes, que no sólo era resultado de la pericia técnica, sino que respondía a una actitud espiritual y a un sentimiento humanitario. Por muy enloquecido y desesperado que el mundo apareciese, podía encontrarse un sentido más auténtico en la imagen, en la convicción de poder cambiar e incluso determinar la realidad.
La obra de Bischof expresaba esta esperanza, muy característica de los años cincuenta que cada vez ha sido más difícil creer.
Sin embargo, dejando el Japón por América del Sur, la angustia y la melancolía se apoderan de él,
son las que dominan las tierras Indias que no son ya de los indios. Sus fotos de los ultimos meses están coso veladas por un crespón de impalpable tristeza. |
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