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GIAMPAOLO BARBIERI.
VOGUE FOTÓGRAFO
Perlas, diamantes, velos de tul, las pieles, plantas silvestres, vestidos de noche, serpientes, caimanes, atunes, elefantes, la bañera de colores o las playas de las islas Seychelles, los cultos barqueros, negros que leen mientras posa la modelo; que junto con las miradas perdidas, las sonrisas perpetuas, el carmín, el rímel, los rizos bien colocados el despeinado perfecto o el relamido brillo de la brillantina, las poses marmóreas, los juegos de sombras, son los elementos que te hacen pensar - por la provocación atrevida y directa - que se vendieran, soñados o añorados cuerpos hechos a imagen y semejanza de la diosa Venus o de algún que otro Adonis.
Pero en una segunda mirada se pueden descubrir que bajo esa atmosfera cargada de perfumes dulzones, hay una mirada y una mente exigentes, de alguien que conoce el momento justo de la mirada, la figura que realza, desborda y va más allá de as posibilidades reales del objeto en venta. Nos encontramos con alguien que conoce la luz, la angostura ideal para un cocktail que embriagará al espectador llevándolo, después, en su letargo, a comprar: el brillante, el carmín, el traje de fiesta , el bañador o los zapatos ( y no el caimán, el atún, la serpiente o a la Venus o el Adonis, con que los embriagó).
Estamos ante un buen conocedor de ese lenguaje experimental y estadístico que es la publicidad, del que ha aprendido una buena lección.
Haciendo un repaso general, a esta colección de imágenes de Barbieri, podemos apreciar, que apesar de las múltiples combinaciones que es capaz de realizar, con éllos, el conjunto de signos utilizados es reducido; cuestión que puede ser justificada si reparamos en cual es el lenguaje del receptor de los mensajes firmados por Barbieri. Si atendemos a las referencias de publicación de cada imagen de la colección, veremos que en su mayoría, el público receptor pertenece a la élite Vogue y que las imágenes venden los productos destinados al consumo de los que viven o sueñan con el mundo de los diamantinos reflejos de las gemas, la delicadeza del marabú de plumas, la estola de armiño o el abrigo de nutria.
En resumen, una colección de imágenes, que salvo honrosas excepciones, son capaces de vender los productos que compran, los que no van a la compra.
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