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Pegaso
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Cuando el dios de los cielos dió su permiso, Ares hizo aparecer ante sus ojos un esplendido y brioso caballo alado de color negro, dotado especialmente para el arte de la guerra, Zeus alabo el hermoso animal, luego pidió a Atenea que obrase en consecuencia, la astuta diosa conociendo que Zeus aborrecia la guerra, hizo crecer ante los ojos del dios un olivo, simbolo de la paz. Con lo que se hizo meritoria de los triunfos. Bien de aquel hermoso animal que creo Ares no queda ninguna constancia, no se sabe si el impetuoso dios lo destruyó o lo dejo volar libremente por los cielos, el caso es que este fue el antecesor del Pegaso que todos conocemos. La otra leyenda más conocida, es la que describe el nacimiento de Pegaso, que ocurrió en el momento en que la sangre de la malvada Medusa cayó a tierra. Desde ese momento, Pegaso quedó inscrito en
el amplio abanico del panteón griego, ya que sustituyó
en funciones a la fiel Iris, porque Zeus lo designo como mensajero
entre los dioses y el hombre. Indomable, puro, generoso y bello eran y son las calificaciones que se le adjudican, tan solo un humano tuvo la gracia de poder montar sobre el, este fue Belerofonte, y esta gracia le fue concedida por la diosa Atenea, que le proporciono una brida de oro. La leyenda de este aninal no se extinguió, sino por el contrario aun continuó hasta finales de la Edad Media, aunque los visionarios de este animal, adornaban sus ya muchas cualidades con un altivo y desafiante cuerno en mitad de la testuz del animal, haciendo una símbiosis entre el Unicornio y el.
Sus virtudes y cualidades, desde el momento en que fue creado gracias a la combinación de la madre tierra (Gea) y la sangre de Medusa, siguen siendo la alquimia del amor y la búsqueda interior. Tal vez sea Pegaso esa piedra filosofal que todos buscamos y que rara vez encontramos, ya que en el se conjugan a la perfección, la valentia, el coraje, la belleza y la pureza en estado puro y salvaje.
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