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Página del poeta | ||||||||||||||||||||
| Tus piernas | ||||||||||||||||||||
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No asomé mis ojos a tu rostro y pude haberlo hecho, ¡te quiero! pero el corazón me latió de juventud y deseo y tus piernas me bastaron como espectro. El alma se escurrió, tú sabes dónde. El placer me sedujo camino a tus tobillos, subía por pantorrillas, exquisitas, de ósea envergadura, por tu causa. ![]() Me gusta la caprichosa excelsitud de tu epidermis y músculos, tu ritmo y tus formas, tu tersura que perfeccionan las simetrías en lo extenso del mundo, lo manifestado. ¿Cómo bajaría del nalgatorio (con que tú curvas espacios en el cosmos) la escalera sin peldaños que contacta pasos tuyos en la tierra? Tus cimientos locales no tienen parangón; pero ¡qué biológico andar, con dos columnas que penetran en el cielo más ricamente que en mis ojos, que te comen el ser-en-tus-piernas con una precomprensión del ser, con metafísica! ¿Por qué no te conozco, por qué sólo paseas delante de mis ojos, tentación de mundo, ángel del espectro y la maya, raíz de sorbo inútil, por qué cantas para esta sorda inmundicia que apenas sabe de oídas de tus resplandores? Has pasado sobre mí. He sido tu calle sola. Como un anheloso adoquín gocé tus pasos, miré en tu coxis y me llené de una memoria que ya mi vejez lame en el alma, en los ojos, en lo incógnito de estrellas y de luces fatuas, pero es supremo el agasajo: ¡resurgen los deseos de abrazar o acariciarte! aunque no se pueda, orgullosamente, mirar a tu rostro y darte nombre y quererte con toda juventud. En la anonimia, eres la coherente inmensidad que nos separa, el grito insolente, el cobarde arrebato de la chusma, pero no pierdes nada, tu muslo es un retruécano de luces, el talón un sandalia de Mercurio, tu vulva la morada de los dioses; tu belleza está prohibida al polvo que se vence en la molicie del mendrugo, a los tiempos derrotados de la arena, a la dureza aborrecida por rencores e ineptas ansias del caos. La virtud que algún día se aproxima hasta tu alma te bendecirá igual que yo cuando estoy ciego; pero, si estoy preso en tí, por tentaciones de caderas te gozo y porque meces el gozne del gravitón, te amo porque juegas con las polaridades, ¡ay, ya te puedo querer sin que me quieras, ya te puedo tentar, sin que me tientes! ¿Quien pudiera ser tan joven como tú, quién, sombra perdida y perenne? ¿Quién saltará del adoquín, gris o negruzco, por tu origen tu estrella, quién haría del rojo de tus uñas su pequeño beso, y sobre tu araña de clotis, en tu esquina más alta trepará, en aras de cielos de Nut, aferrado a peldaños y deslices de muslos, de nalgas, de tersas y adorables piernas? | |||||||||||||||||||
| Ella y yo en silencio | ||||||||||||||||||||
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Anoche no pude perdonarme en tí. Te ví tan fría que no expedí palabras amorosas, sino que te dejé. Me salí a ver estrellas, a suspirar con ruidillos de la noche, bichos escondidos que recuerdan cómo se canta en lo oscuro por una migaja minúscula de luz. Advertí, no imaginé, que estás más vieja que mis dedos, más mustia que mis ojos,
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| A Gabrielle | ||||||||||||||||||||
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Gabrièlle, la soledad sería... ?que no hayas nacido tú y ya nacíste. Y creces para mi gozo. La soledad ha muerto. El amor es ?que haya sido posible que tú existas. Ser feliz es que me entiendas y me ames. La tristeza es una sombra breve que, cuando llegas, escapa. Lo iluminas todo con tus ojos que son la mar con dos lunas de azul oscuro. ¡Por tí es que invento tantas esperanzas! Es lo único que podré enseñarte. Es lo más útil de lo que quiero que aprendas. ¡Yo te amo, Gabrièlle, pero que tú me ames es un privilegio con el que, desde tí, libremente, se decreta mi dicha. ¡Ay, el universo sonríe y mi corazón se estremece! Eres tú la que me instruyes a diario. ![]() Por tu causa, mi ser explora aún los pequeños detalles donde la rutina encubre lo bello: me gusta cuando te quitas los zapatos o te sientas sobre tus propias piernas, tu carita risueña y soñadora, tu desafiante costumbre de ver telenovelas; me gustas cuando danzas y pareces que vuelas y cuando ensayas tus cabriolas en l' air, por igual, me gustas y cuando entras en coda hasta mis brazos después del pas de deux, ya me fascinas... Mira que por tí me soporto mis cursilerías y todos tus amores imaginarios de cartel y tus ídolos y tus ensueños y me convierto en cómplice de lo que anhelas y compras y me cuentas ?¿Y cómo es que todo lo adjetivas como maravilloso y fascinante y todo lo amas? (Dáme ese secreto, mi pequeña Gabi, tú que tocas el amor con plenas manos)... Si mi lengua se traba y gruño, tú eres la causa, me desarmas... Toda elocuencia se pierde, toda autoridad me quitas con un beso, con tu gesto travieso y tu enojo caprichudo. Por tí cedo a las inconsistencias. Tus pequeñas locuras ya son mías. Ahora me contamina una dulzura que es tuya, me la quedo, me exilio en ella cuando, lejos de tí, exploto en rabia. Ahora tus mentirijillas y tus perdones son mis verdades, mis privadas filosofías y, en otros predios públicos, me siento el padre de muchas estrellas y el protector de las pequeñas lunas. Por tu causa, ya son mías todas las niñas del mundo, todas las colegialas, y miro con ternura los dulces bríos de las adolescentes, y las caritas inocentes me señalan a la tuya y la energía incontaminada de los cuerpos, jubilosos, primaverales, son la progenie de cantos nuevos que tú inspiras, los que por tí tendré que dar al mundo, con fe y embeleso. 2. ¡Pero ahora, según creces, siento miedo! No es el egoísmo de que un día te vayas. Tendrás que irte, has de formar otro mundo. Querrás las cosas que ya no podré darte. También verás ese miedo en mis ojos ?cansados, ya viejos, sin futuro? y no te gustará, de plano, lo que anuncian sin poder evitarlo, y has de esquivarlos (¿a quién le gusta ver la muerte en señas, o en guiños solitarios, o bajo puentes de pestañas que abanican al viento, velámenes de Estigia, barcas que cierran las pupilas del viejo para siempre?) Pero no estés triste, Gabrièlle. Cada minuto tuyo ha sido mi vida, cada año ha redimido mi sustancia en tí y tú vivirás muchos años y cada uno de tus días serán como añadirme el infinito, desde el hoy... (Yo festejo la vida, a pesar de todo y vida ha sido quererte, trabajar para tí, soñar contigo, pasear a donde quieras). El camisón azul de tu pijama es un abrazo, tu faldica escosesa, corta, de cuadritos, una caricia ?y tus piernas ágiles, bellas y elegantes, son para mi alma desnuda, mudos signos, comunicadores que, mudamente, te sonríen y aman... Mira que me has hecho fetichista ?tus zapatos me gustan, los que tuvíste de niña ya son como recuerdos más que benditos y pensar que doce años han pasado, Gabrièlle, y sigue tu pie siendo chico y dulce como beso y tu belleza tan inmensa como son los misterios... ... mira que me has hecho feliz a pesar de que el dolor y la injusticia existen y la muerte y la crueldad y la miseria... mas no hay nada que una idea no transforme y la esperanza y la fe a lo más turbio derrotan y el amor se hace tan bello y tangible como es tu carita de rosa y tus manitas que me han secado lágrimas que nacen de tanto quererte, no de tristeza ni de desaliento. Por eso te quiero, Gabrièlle. 3. No me preguntes cosas tristes. Léelas, si quieres, cuando tengas tiempo. (Ya sabes que funjo de poeta). Muchas veces, la tristeza has de ver aunque no lo pretendas. Deja que lleguen, déjalas pasar y no las hagas parte de tí. Cultiva la canción que llevas dentro. Forma tu alma, Sagitariana, junto a esos centauros que cabalgan con tan arisca y ágil piel de sabiduría. Caza, mi pequeña Artemis, como diosa luna entre las Amazonas. Mira al inmenso Júpiter lleno de fuego mutable y controla tu corazón independiente y curioso como el mío, porque un día darás cuenta a tus hijos y juzgarás, con ilusión o con tristeza, tus propios pasos en los bosques del mundo. No me preguntes sobre pasados grises porque tu honestidad amorosa es lo que importa y el optimismo verbal sale sobrando cuando estás tan excelentemente hecha de amor y el orgullo me tiene anonadado... ... mira que orgulloso estoy de tí que escribo que he nacido para que tú nazcas con más esperanzas y sueños que los que yo he tenido y, por tí, se ha completado mi audacia más sublime. Gabrièlle, ¡qué bella es la biología que te dio formas y tu madre en Barcelona que forjó en su vientre tu posibilidad de carne y hueso! ¡Y qué bello el destino que te trajo a mi lado y qué dulces los desvelos que a tu madre y yo, nos incitan a querer en tí lo que, en nosotros mismos, no pudimos! ¡Qué sabio es el amor, después de todo, qué insuficientes las palabras para decirte: ?Te amo, hijita mía! 10 de diciembre/ en su cumpleañosVer página Anterior | |||||||||||||||||||
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