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La gallina y
la anciana.
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| Hoeglund vivía muy lejos
de toda civilización, entre las montañas más abruptas.
Tenía tres hijas: Vloe, Iremgard y Loe. Hoeglund no tenía
nada en el mundo que apreciase más que una gallina, que la seguía
por todas partes. Un día no hallaba al ave, por más que la
buscaba. Desesperada, llamó a su hija mayor Vloe y le dijo:
- Mira, hija: vete y busca a la gallina; encuéntrala sea como sea, aunque la tengas que sacar de lo más profundo de la montaña. Vloe se arregló y salió en busca del animal. Por mucho que la llamaba, no aparecía. Y ya la iba a dar por perdida del todo, cuando de repente oyó una voz que le decía: - Su gallina está dentro de la montaña; su gallina está dentro de la montaña. Vloe se acercó a una gruta que había en la ladera. No había hecho más que entrar, cuando se cayó por un pasadizo secreto a una gran sala. Pasó por numerosos departamentos, hasta que por fin llegó a uno donde estaba sentado un gigante que era un espíritu del Averno. Klacham se llamaba, y se dirigió a ella con estas palabras: - ¿Quieres ser mi mujer? La pobre Vloe, muerta de miedo, porque el aspecto de Klacharn era repulsivo, le contestó negativamente. No quería nada, decía la pobre chica; no quería más que salir a la luz y buscar a su gallina, que se había perdido. Klacham montó en cólera, la cogió, le cortó la cabeza y la tiró a una fosa. Mientras tanto, la vieja Hoeglund estaba riñendo a la otra hija, diciéndole que la mayor no servía para nada y que ella tendría que salir en busca de la gallina. - Mira -le dijo-: tienes que salir y buscar a la gallina, y de paso llamas a tu hermana Vloe. Iremgard salió, y llamaba a su hermana Vloe. Lo iba a dejar por inútil, cuando oyó una voz que decia: - Su gallina está dentro del monte; su gallina está dentro del monte. Entró por el mismo sitio que su hermana, pasó por los mismos salones que Vloe, y se encontró con Klacharn, que le dijo: - ¿Quieres ser mi mujer? Pero Iremgard estaba tan aterrorizada, que no le pudo contestar. Klacharn se levantó, la cogió y le cortó el cuello, tirándola al mismo pozo en que había arrojado a su hermana. Ahora bien: la vieja estaba muy inquieta, y llamó a su hija más pequeña y le dijo así: - Loe: tendrás que salir a buscar a tus hermanas. Fue una tontería perder la gallina, pero es mucho peor perder a tus dos hermanas. Con todo, no te olvides de llamar a la gallina de vez en cuando. Loe salió y comenzó a llamar a sus hermanas y a la gallina. Por fin llegó a la gruta, en la falda de la montaña, y oyó la misma voz, que decía: - Su gallina está dentro de la montaña; su gallina está dentro de la montaña. Loe penetró en el pasadizo y sufrió las mismas consecuencias que sus hermanas, en cuanto a la caída. Loe no sentía miedo, y avanzó sin hacer ruido y husmeándolo todo, y encontró los cadáveres de sus hermanas, junto con las cabezas. Justo tuvo tiempo de cerrar la compuerta de la fosa, cuando entró el gigante Klacharn, que le dijo: - ¿Quieres ser mi mujer? - ¡Con toda mi alma! -contestó Loe, acordándose de lo mal que lo habían pasado sus hermanas. Cuando Klacharn oyó esto, en el acto le regaló los trajes más bonitos y le enseñó los tesoros que tenía escondidos, diciéndole que eran todos para ella. El terrible Klacharn estaba tan contento de haber por fin encontrado a alguien que le hiciese caso, que le daba todo cuanto pedía. Un día encontró a Loe muy triste y le preguntó qué tenía. Loe le explicó que su madre estaba sola y que no tenía nadie que la cuidase y que seguramente no tendría ni qué comer. - Mira: no puedo dejarte ir a verla, pero tú verás... Llena ese zurrón de comida y yo lo llevaré a tu madre. Loe llenó el zurrón de plata y de oro y encima puso un poco de comida. Cuando el gigante cogió el zurrón, Loe le hizo prometer que no miraría su contenido. Klacharn así lo prometió, y cuando llegó la noche, salió. Loe se puso a mirar por una rendija. Poco habría caminado Klacharn, cuando dijo: «¡Cuánto pesa este saco!». Mas al ir a desatarlo, oyó una voz que le decía: - Estoy viendo lo que haces; estoy viendo lo que haces. El gigante gruñó unos momentos al verse descubierto y se dijo: «¡Vaya unos ojos más perspicaces!» Cogió el saco y prosiguió su camino. Cuando llegó a la casa de la madre, dejó el zurrón a la puerta y gritó: - ¡Eh, los de la casa! Aquí traigo comida y bebida, de parte de su hija; a ella no le hace falta nada. Un día, ya de vuelta en su mansión subterránea, entró una cabra. El gigante montó en cólera, y cogiendo la cabra la decapitó y la tiró a la misma fosa donde estaban las hermanas de Loe. Loe se puso muy triste y le dijo: - Mira: si no hubieses hecho eso, ahora tendría la cabra para jugar con ella. Klacharn la vio tan triste, que le dijo: - Mira, corazón, no te inquietes, porque te puedo devolver la cabra ahora mismo, viva y sana, como antes. Diciendo esto, cogió la cabeza y el tronco de la cabra y los untó con una pasta que había en una redoma, y quedaron unidos, como si nada hubiese pasado. Loe miraba todo esto con mucho interés y se dijo para sí: «Esto es lo que me interesa para salvar a mis hermanas». Aprovechando una noche en que el monstruo estaba fuera, Loe sacó a su hermana mayor, cogió su cabeza y se la pegó de la misma manera que había visto hacer a Klacham. En el instante, Vloe recobró la vida. Loe la metió en un saco, la tapó con cosas de comida y esperó la llegada del gigante. Cuando éste apareció, le dijo: - Mira, querido Klacham: coge este saco y llévaselo a mi madre, que debe estar pasando hambre y fatigas; pero no mires lo que hay dentro del saco. Klacharn dijo que no miraría; se cargó el saco a la espalda y partió en dirección a la casa de la vieja. Poco habría caminado, cuando se dijo: «¡Hay que ver cuánto pesa este saco! Vamos a ver qué es lo que ha metido Loe». Pero en seguida oyó la voz que le decía: - Te estoy viendo; te estoy viendo. «De verdad que esta mujer tiene ojos de águila -se dijo Klacharn, y prosiguió su viaje-. Pero, desde luego, esto es imposible que pese tanto» -refunfuñó, y volvió a bajar el saco para ver qué tenía dentro. La hermana mayor, que estaba dentro del saco, se vio perdida, y repitió la frase de su hermana: - Te estoy viendo; te estoy viendo. Mucho se maravilló el ogro de la vista de su mujer y prosiguió su viaje hasta llegar a la casa de la madre, lo mismo que la vez anterior. Pocas semanas habrían pasado, cuando Loe volvió a hacer lo mismo con su hermana Iremgard, pero esta vez llenó el saco con todo el oro y la plata que pudo, y encima puso una pequeña capa de cosas de comida. Cuando el gigante volvió, le dijo: - Querido Klacharn: haz el favor de llevar esta comida a mi madre, porque ya debe de estar pasando hambre y necesidades, pero no mires lo que hay dentro del saco. El monstruo se comprometió a no mirar; se cargó el saco y partió. Esta vez pesaba más que nunca, y Klacham se dijo: «Debo estar volviéndome viejo; voy a ver lo que Loe ha puesto dentro para que pese tanto». Y en el acto volvió a oír la voz que le decía: - Te estoy viendo; te estoy viendo. - «¡Caramba! -se dijo el gigante-, ve, más que un lince». Y prosiguió su camino hasta llegar a la casa, donde dejó el saco, diciendo las mismas palabras. Pasó el tiempo, y Klacharn decidió salir para pasar el día entero fuera. Loe, entonces, pretendió estar enferma y le dijo que no volviese hasta la medianoche, puesto que ella se encontraba mal y no podría tener la comida antes. No bien hubo partido Klacharn, cuando ella hizo un muñeco de paja y lo colocó delante del fuego. Cargó con un saco lleno de dinero, y salió lo más deprisa que pudo hacia su casa. Por fin llegó, y descolgando una escopeta, se puso a esperar. Klacham volvió, y al ver a Loe delante del fuego, preguntó si estaba la comida. Como es natural, el muñeco no contestaba, y Klacharn, enfurecido, le dio tal bofetada, que el muñeco se espachurró. Dándose cuenta de que había sido engañado, partió en dirección a la casa de Loe, pero por el camino ella descargó la vieja escopeta en sus piernas. Klacharn se creyó que era un trueno, y volvió corriendo a la cueva. Al llegar a ella, el Sol salía, y al tocarle los rayos, Klacharn estalló y se esfumó en el aire. Loe se lamentaba de no poder encontrar el pasadizo secreto por segunda vez y así poder sacar los tesoros que Klacharn. |