Principio del Ramayana

Fue Valmaki un ermitaño solitario que consultó con el Rishi -jefe supremo de los sacerdotes budistas y representante de la Osa Mayor- si existía un hombre perfecto que reuniese las tres cualidades divinas: virtud, valor y benevolencia. Narada, pues así se llamaba el Rishi, le narró lo que más tarde había de ser el Ramayana, o sea la historia de Rama, el Perfecto.

Valmaki volvió a su choza, atravesando los lugares más solitarios, y en uno de los claros del bosque vio cómo un hombre-pájaro jugueteaba con su hembra. Entonces aconteció que un cazador perverso que acertó a pasar por aquel lugar le disparó su flecha, hiriéndole de muerte. La hembra, desconsolada, aleteaba a su alrededor, gimiendo tristemente. Valmaki, lleno de cólera, maldijo al cazador y prosiguió su camino.

Iba andando lentamente, cuando se acordó de la maldición que acababa de echar al cazador. El ermitaño se dio cuenta que había compuesto un método nuevo y dijo en voz alta.

- A esto le llamaremos un sholka.

Sentado estaba Valmaki en su choza, cuando se le apareció Brahma con sus cuatro caras lustrosas. El sabio ermitaño inmediatamente se postró a los pies de su dios y señor, adorándole en silencio. A pesar de que quiso abstraer de su mente toda idea humana, no podía borrar de su imaginación la muerte del hombre-pájaro y la maldición que él había echado al cazador. Brahma, que todo lo sabía, mirábale con una sonrisa enigmática, y por fin le dijo:

- Escucha, Valmaki, y convéncete de que por mi voluntad fue que tú pronunciases aquellas palabras. Esa nueva rima se hará famosa en el mundo entero. Tú serás el encargado de escribir la historia de Rama e incluirás la historia entera de su tribu, así como la de Lakshamana, y la hija de Janaka, y todas las tribus de los Rakshasas. Donde tus conocimientos fallen, serás ayudado por mi sabiduría infinita, y todo lo que tú escribas será verdad desde el principio hasta el fin. Te hago saber, Valmaki, que el Ramayana será conocido en todos los rincones del mundo mientras los océanos y las montañas existan.

Pronunciadas estas palabras, Brahna desapareció. Valmaki estuvo largo tiempo meditando la noticia que Brahma le había comunicado. Se retiró, por fin, a las soledades con sus discípulos para escribir la gran obra del Ramayana. Valmaki, sumido en la contemplación, llegó a ejercer tal poder de ensimismamiento, que vio a Rama y Sita, Lakshamana y Dasharatha, con sus mujeres, en su reino, riéndose, haciendo y deshaciendo, como en la vida verdadera. No sólo consiguió ver lo pasado, sino que también le fue dado observar el futuro.

Cuando, por fin, después de trabajos laboriosos, consiguió terminar el Ramayana, se reunieron veinticuatro mil slokas. Terminada la obra, se puso a pensar cómo sería posible llevar la nueva al mundo entero y escogió a los hijos de Rama y Sita: Kusi y Lava. Les enseño el Ramayana, de tal manera que se lo sabían desde el principio hasta el final, y viceversa, mandándoles a Ayodhya, donde reinaba Rama. Les envió como ermitaños y de tal manera disfrazados que su propio padre no los reconoció y los recibió como a ermitaños verdaderos. Fue la primera vez que el Ramayana se leyó en la corte.

Hacía cientos de siglos que existía la bella ciudad de Ayodhya, cuyo nombre quiere decir "la Invencible". Los moradores de aquella ciudad eran santos; jamás mentían y se dedicaban a la contemplación y al estudio. El rey se llamaba Dasharatha y era un rey entre reyes. Dasharatha era un hombre feliz en todo, menos en una cosa: no tenía hijos varones para perpetuar su dinastía. Después de muchas consultas, decidieron hacer el gran sacrificio de su caballo, para ver si de esta manera los dioses le concedían el privilegio. Pasó un año, y el caballo que había sido libertado, volvió. Los regocijos fueron inenarrables, y entonces Rishyasringa, que era el sacerdote mayor, comunicó al Monarca que tendría cuatro hijos, que continuaría su raza hasta el infinito. El Rey mandó engalanar la ciudad y se celebraron toda clase de fiestas y de actos deportivos.

Dicen que hasta la naturaleza se vistió de gala y que las flores de loto aparecieron en todos los jardines, a pesar de no ser la temporada.


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