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Leyenda de una
Mariposa
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| Bajo el sol de la primavera y los
vientos dulces que recorren ahora la campiña, tú, ¡oh
mariposa!, eres feliz y revoloteas de flor en flor, y mucha gente compone
versos en chino y en japonés sobre ti... Desde luego, tienen razón;
ahora es la temporada en que tu belleza es deslumbrante; todos los insectos
te tienen envidia, y no solamente los insectos, sino también los
hombres y hasta algunos seres que no tienen alma. Ya sabes que Soshu de
China, en un sueño, asumió tu forma, y que Sakoku del Japón,
después de muerto, se convirtió en mariposa, haciendo apariciones
repentinas.
Y ahí estás tú misma, llena de orgullo. Seguramente tu estarás diciendo: "No hay nada en el mundo como yo". Bien puedo pensar qué es lo que pasa por tu corazón; por eso te dejas llevar de esa manera por el más leve viento. También es ésa la razón de que nunca estés quieta, siempre pensando: "No hay nadie en el mundo tan feliz como yo". Mas ahora consideramos un poco tu propia historia; vale la pena recordarla: tiene una parte muy vulgar. "¿Cómo?", preguntarás tú. Pues bien: bastante tiempo después de tu nacimiento no tenías por qué alegrarte; entonces no era más que una oruga peluda, ni siquiera tenías suficiente pelo para tapar tu repugnante forma. Efectivamente, no poseías nada por lo cual pudieses regocijarte; por lo tanto, cogiste trocitos de madera, barro y basura, y te fabricaste un nido que colgaste de las ramas, para esconderte, y entonces todo el mundo se reía de ti y te llamaba "insecto con impermeable" (minomushi). Durante ese tiempo tu vida fue muy perversa; hacías tus nidos entre las preciosas ramas de los cerezos, estropeando la vista a todo el que quería contemplar plantas tan bonitas. Y a los pobres que estaban cultivando daikon en las plantaciones, bajo un sol tórrido, les estropeabas las plantas; pero no te importaba. Así eras tú y así eran tus obras. Y ahora que tienes forma tan bella,
desprecias a tus antiguos amigos; cuando te encuentras con alguno, haces
como si no le hubieses visto nunca. Te has olvidado de los teimpos antiguos.
También es verdad que mucha gente se ha olvidado de tu origen y
se dedican a componerte versos, y que las bellas damas que antes no te
querían ver, ahora ponen su abanico para ver si te posas sobre
él. Mas esto me recuerda un antiguo cuento chino, que no te gustará:
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