| Varios obreros construían
un fuerte en Corral. Uno de ellos era muy rendidor en el trabajo, a la vez
que un tanto silencioso. No se sabía de dónde había
llegado ni cuál era su nombre. En fin, sería uno de esos tantos
patiperros. A la hora del comida, siempre sobraba el puesto que le correspondía
al individuo aquel. Le buscaban; pero no se le encontraba por ninguna parte.
Pronto las sospechas empezaron a actuar; y fue así como en cierta
ocasión, los trabajadores hicieron una pequeña cruz y mostráronsela.
El diablo, que éste era el personaje en cuestión, se enojó
mucho; lanzó un puntapié y ahí quedó la señal,
y reventó dejando un olor a azufre.
Autor: Abdón Andrade Coloma
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