La cueva de San Julián
En la vecindad de Ovalle está la cueva de San Julián. En una ocasión se encontró un campesino con un antiguo conocido, el que lo invitó a una fiesta en una parte que él sabía. El campesino aceptó y de pronto el amigo sacó de un mate, un ungüento y se lo puso en las axilas. Le aconsejó que diera con él tres pasos hacias atrás y exclamara con él: sin Dios ni Santa María; y salieron volando.

Llegaron a una cueva, la cueva de San Julián, donde se celebraba una fiesta muy alegre y donde el campesino empezó a darse cuenta que allí se encontraban personas que hacía algunos años habían desaparecido de este mundo. Se encontró con una amiga y comenzó a recordar gratos tiempos pasados.

A la mañana suguiente despertó en un escampado, molesto por el sol que le estaba quemando y lo extraordinario es que estaba unido a una osamenta de vaca de huesos albos. Tenía sed y mal gusto en la boca y se acordó que antes de ir a la fiesta tenía unos dulces en el bolsillo y esta era la ocasión para servírselos, y al buscarlos se encontró que estaban convertidos en excrementos de animal.

Autor: Homero Bascuñán

Mitos y Leyendas
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