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La ciudad de
los Césares está encantada en la cordillera de los Andes,
a orilla de un gran lago. El día de Viernes Santo se puede ver,
desde lejos, como brillan las cúpulas de sus torres y los techos
de sus casas, que son de oro y plata macizos. Los habitantes que la pueblan
son los mismos que la edificaron, hace siglos, pues en la ciudad de los
Césares nadie nace y nadie muere. El día que la ciudad se
desencante, será el último del mundo, por lo cual nadie
debe tratar de romper el secreto.
Versión
de: Julio Vicuña Cifuentes
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