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ˇJurasi! ˇJurasi!
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| Una ñusta o princesa gobernaba
la región de Atacama en años remotos. Tuvo la suerte de no
envejecer nunca, porque le fue revelado el poder misterioso de ese manantial
de la montaña, cuyas aguas discurrían sin cauce, agradablemente
templadas.
La princesa enterró a numerosos maridos que se hacían viejos a su lado, mientras ella mantenía una envidiable juventud. Como era de buen corazón, cuidó a un niño sin hogar y lo educó con el mayor esmero. Creció fuerte y gallardo y, ya mozo, se enamoró de él y se desposaron. Como notara el joven que su consorte no aumentaba en años, y en cambio él ya le estaba superando la edad, se puso receloso y trató de averiguar la causa de tan prolongada lozanía. Descubrió sus furtivas escapadas a la fuente y dedujo que, dado el secreto con que procedía, debía existir en ella algún poder. A su vez, usó de esas aguas y consiguió disfrutar los dones de la edad juvenil sin menoscabo físico ni incertidumbre del mañana. No se escapó a la princesa la influencia del hechizo vital en su compañero, y sus sospechas la condujeron a espiarlo hasta que lo encontró sumergido en las tibias aguas. Ciega de indignación se puso a gritar: ¡Jurasi! ¡Jurasi!, que quiere decir: ¡Hirviente! ¡Hirviente!, logrando que se caldearan hasta producir vapor, característica que todavía subsiste y que ocasionó al infeliz marido la muerte más dolorosa. Ya la princesa no pudo bañarse más y se marchitó casi de golpe su inexplicable juventud. |