La Añañuca
En Monte Patria, desde los tiempos en que ésta se llamaba Monte Rey, vale decir, antes de la independencia, la Añañuca era una flor de carne y hueso.

Un día entre los días hizo alto en el poblado un minero extraño, hermoso y gallardo que cruzaba los caminos en busca del eterno derrotero perdido. Y entonces floreció el romance del minero y la Añañuca. El mancebo, hechizado por la niña morena, se quedó en el poblado. Una noche tuvo un sueño: un duende de la montaña le dió en la duermevela de ese sueño, el sitio preciso en que se hallaba un tesoro, una veta perdida. Y el minero partió.

La niña de Monte Patria quedó esperando la vuelta de su amor. El minero no volvió jamás, se lo tragó el espejismo de la pampa. La muchacha murió de pena, de ese mal de amores que aún existía cuando Monte Patria se llamaba Monte Rey.

La enterraron un día de agüacero en el valle. Al día siguiente alumbró el sol, y el valle se cubrió de flores rojas. Así nació la Añañuca.

Autor: Manuel Gandarillas

Mitos y Leyendas
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