Deseo lo Imposible.

 

A veces me veo dando vueltas sobre mí misma, sobre mi propio centro existencial. Mi mente se siente atrapada en el giro atormentado de deseos inalcanzables, de sueños que parecen que jamás dejarán de ser tan sólo eso, sueños de un anhelo que se pierde en imágenes creadas por la propia frustración, ilusiones que jamás serán vividas en realidad, ni tampoco compartidas con otro corazón.

Es como gravitar sintiendo a la vez las cadenas que nos mantienen sujetos a un suelo que ni reconocemos a veces y que, sin embargo, es duro y lleno de afiladas piedras, que nos lastiman sin piedad cuando la realidad tira con fuerza de esa cadena que nos mantiene presos a su entorno, y caemos pesadamente sobre su superficie. Es desear escapar a todo y no saber salir de nada. Es vivir una vida que nos sabe a poco porque no podemos tener aquello que queremos, aquello que anhelamos, nuestros deseos imposibles.

Para algunos sólo son objetivos materiales, para otros sólo son deseos del corazón. Para todos, esperanzas que nos darían una satisfacción especial, un impulso de vida a nuestro interior y nos alejaría un eslabón más de esa realidad que nos asfixia tan a menudo.

Y yo, yo te deseo a ti.

Y tú, tú eres mi deseo imposible.

Eres tú ese sueño bordado de azul y vida que tanto añoro, que tanto persigo, que tanto necesito y ansío. Eres tú, sí, pero eres imposible de alcanzar. Giras en un mundo distinto del mío, a otra velocidad, en otra dirección incluso. Quien diseñó este Universo dispuso que nuestras órbitas apenas se rozaran un instante, que nos encontráramos fugazmente y por aparente casualidad. Al igual que un eclipse de sol o de luna, que sólo durante un momento se funden en un solo astro. Así será acaso nuestro amor, nuestro encuentro y puede que nuestras vidas.

Me siento como si fuéramos aves de paso que nos hallamos trazando un mismo vuelo pero sólo durante ese trayecto coincidiremos. Será un viaje sin retorno, pues tal vez ya no nos veremos, tal vez retorne a mi mundo con otras aves, unas distintas a ti. Y, sin embargo, tú seguirás siendo mi sueño imposible, mi horizonte lejano. Esa punzada del corazón que aún doliendo tanto y de un modo tan agudo, la adoro porque me recuerda a ti y a cómo te sigo deseando, aun sabiendo que puede que jamás te vuelva a tener conmigo, cerca de mí, entre mis labios. Es un dolor que me dice que aún sigo viviendo y que te sigo queriendo, aun en la distancia, aún en el tiempo y pese a todo aquello que nos mantiene alejados.

Otras veces siento que te pierdo, pero hasta eso me produce desaliento, pues acaso nunca te tuve en realidad. Acaso tan sólo besé el rostro de un sueño y supe que mi tortura quizás fuera entonces peor, al saber que era aún más hermoso e intenso su aroma y su sabor de lo que nunca imaginé. Tortura al saber que probablemente nunca más lo tendré, que ese manjar creado por los dioses no está destinado para mí y, por ello, es como haber comido de ese fruto prohibido, aun sabiendo que moriré en el peor de los Infiernos sabiendo que nunca más te tocaré, sabiendo que arderé en el propio fuego de mi deseo desesperado, sabiendo que me faltará por siempre el calor de tu piel.

Y aún así, aun sabiendo todo eso, aún sabiendo cuál será mi tormento, te sigo soñando, te sigo queriendo, te sigo deseando, a ti, mi amor imposible. Jugaré con mis recuerdos, retazos de una realidad que sólo lo fue un breve instante. Jugaré con esas imágenes y sensaciones aprendidas para jamás olvidarte y serán, tal vez para siempre, el más preciado de mis tesoros. Limpiaré continuamente cualquier mota del polvo del Olvido que pretenda alojarse sobre la límpida superficie de esas emociones que me regaló el Destino en un momento casual, si es que acaso existe la casualidad...

¿Quién sabe lo que ocurrirá mañana?

Tal vez sigamos girando, tal vez nuestras órbitas un día se sincronicen y nos permitan seguir dibujando nuestra estela en los cielos a un mismo tiempo. Tal vez los dioses se apiaden de nosotros y nos concedan lo que tanto deseamos, tal vez nos permitan cambiar ese Destino y unan tu cadena a la mía y pertenezcamos así a la misma realidad.

Por esa razón, porque no pierdo ese tal vez de mi mente, porque mi esperanza jamás dejará de latir en mi corazón mientras me quede un soplo de vida en este cuerpo, yo seguiré deseándote, aún sabiendo todo cuanto sé, y aun sufriendo en silencio o gritando al viento este intenso tormento.

Tú seguirás siendo mi deseo imposible, sí. Pero igualmente imposible será que deje de quererte y que deje de soñarte y desearte. Mi esperanza es inquebrantable y seguirá pintando tu recuerdo en ese horizonte que nos separa en la distancia y en el tiempo.

Quizás un día no nos separemos. ¿Quién puede acaso saberlo?

El día que eso ocurra, estaré esperándote con los brazos abiertos. Tú eres lo que más anhelo, tú eres lo que más quiero. Tal vez, sólo tal vez, un día dejes de ser tan imposible, y por esa razón, por esa esperanza sigo viviendo y sigo sintiendo todo lo que por ti siento.