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Años Lux
Cuando se llega a una cierta edad, uno recuerda algunos momentos de la vida como si hubieran ocurrido hace un millón de años, es decir, a "años lux" del presente en que vivimos. Es lo que le ocurre a Amelia, la protagonista de esta novela, una mujer que está entrando en la madurez y que vuelve al lugar de su infancia, un enorme caserón familiar cargado de recuerdos y del que huyó tras la muerte de su padre. Un vecino del lugar, llamado Juan, forma parte de ese pasado; él fue su gran amor y ahora
ambos tienen la oportunidad de retomar aquella historia. Pero hay un impedimento: Juan y Amelia son hijos del mismo padre, debido a una aventura amorosa que quedó oculta y que ahora Amelia le desvela a Juan.
Sin embargo, y debido al gran amor que sienten el uno por el otro, deciden saltar por encima de todas las normas que impone la sociedad y entablar una relación que es pecaminosa a los ojos de mucha gente. La palabra "incesto" les golpea con fuerza, pero no consigue derribar la pasión que brota entre ellos. "Años Lux" es la lucha de dos personas por encontrar la felicidad y fabricarse un universo propio en un lugar aislado del mundo. Ese hábitat es la Pampa argentina, un territorio que
para ellos será un paraíso en el que pueden cumplir el sueño de una larga vida juntos. El entorno natural, presidido por un bosque de pinos, no sólo es el escenario de una hermosa historia de amor, sino que le sirve a la autora para defender el modo de vida rural frente a la deshumanización de las ciudades. La paz y la quietud del campo se contraponen al ritmo frenético de las grandes ciudades; incluso los personajes y las situaciones que se desarrollan en la ciudad constituyen la parte más negativa de la historia.
"Años Lux" también hace hincapié en la importancia de la familia, en la necesidad de afecto y en la alegría de ver a los seres queridos. Las reuniones familiares son descritas con todo detalle y posiblemente son las partes más alegres de la novela, aunque también posean un tinte de nostalgia y algo de tristeza por aquellos que ya no están en este mundo. Es en las comidas familiares donde encontramos la literatura de lo cotidiano, de acontecimientos que ocurren a diario y de pequeños detalles que
cobran una gran relevancia en una vida.
Todo está narrado con una sensibilidad que puede recordar en algunos momentos el estilo de Susanna Tamaro en "Donde el corazón te lleve", con palabras que salen directamente del corazón para conmover en muchos de sus pasajes con una historia de amor que desafía al tiempo, a esos "años lux" a los que alude el título.
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Más allá de Años Lux
Si en "Años Lux" el amor de Amelia y Juan debía enfrentarse a las barreras impuestas por la sociedad, en esta continuación de la historia la lucha es contra un enemigo mucho más temible. Una mortal leucemia es el monstruo al que ambos deben enfrentarse, y la fuerza la encontrarán en el profundo amor que se tienen. El combate es encarnizado, con periódicas visitas a una clínica estadounidense y situaciones desesperadas. El sobrino de Amelia, el pequeño Otto que ya aparecía en el anterior volumen,
se ha convertido ahora en un hombre que les prestará su apoyo, y llegará a ser como el hijo que la pareja protagonista nunca pudo tener.
Pero al margen de esa pelea contra la enfermedad, "Más allá de Años Lux" crea otras tramas paralelas que enriquecen el hilo principal. La autora nos cuenta historias tan atractivas como la de una joven escritora que lo tiene todo en esta vida, menos ese amor verdadero del que le gustaría escribir en una de sus novelas y no sabe cómo describirlo; o bien una preciosa historia de amor imposible entre el joven Otto y una deficiente mental llamada Lizzie -es quizá el pasaje más bello y poético de la
obra-.
"Más allá de Años Lux" acentúa ese amor por la naturaleza, por el regreso constante a ese bosque de pinos que simboliza el amor más puro. Mónica María Volpini no pierde el tiempo ni siquiera en describir el paisaje de Estados Unidos, presentado como un lugar frío y aséptico del que la protagonista sólo recuerda un enorme avión y la sala de un hospital. Lugares tan impersonales no merecen ni una línea descriptiva, no poseen el alma ni el corazón que les da fuerza a sus personajes, y por ello son
despreciados por la autora.
Leer esta segunda parte es emocionarse y sufrir con los personajes, para llegar a unas páginas finales que no sólo cierran la historia de la forma más hermosa, sino que también nos hacen reflexionar sobre el sentido de nuestra existencia.
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