|
|
Una página de Jaime Fuertes |
|
Jaime y Angela go to America Volver a la página principal |
Días 15 al 16. Las Vegas (tres noches). Hotel Las Vegas Hilton
Lunes 15 de junio 18'00 horas Saliendo de Death Valley, encontramos una carretera que no aparece en el mapa, con un letrero que anuncia una ruta directa a Las Vegas, a 100 kilómetros de distancia (además de indicar las millas, y por primera vez en nuestro viaje, el letrero también indica la distancia en español). Esta ruta que debe ser de creación reciente es un atajo que nos ahorra un buen trecho de camino, hasta el punto en que decidimos llegar esta misma tarde a Las Vegas y alojarnos en un motel (la reserva del hotel es para el día siguiente). La carretera pasa por un pueblecito que tampoco aparece en el mapa y que se define en un letrero como "el corazón del viejo Oeste" (he olvidado su nombre). Nada más enfilar esta carretera ya empezamos a ver casinos aislados en mitad de ninguna parte, a la sombra del Reino del Juego. 19'30 horas Llegamos a Las Vegas con las últimas luces del día y, antes que nada, vamos al aeropuerto para confirmar el vuelo que tenemos reservado con la compañía Reno Air con destino a Los Angeles para dentro de tres días. El aeropuerto de Las Vegas -en el que no faltan las máquinas tragaperras- dispone de un amplio aparcamiento con siete plantas, tantas como tiene el aeropuerto, aunque -como es habitual en Estados Unidos- todo está perfectamente organizado, de tal modo que en pocos minutos y con la mayor facilidad localizo el mostrador de Reno Air y confirmo mi vuelo; mientras, Angela me espera en el coche y se entretiene presenciando una disputa conyugal en el vehículo que está aparcado junto al nuestro, con despedida airada de él y lágrimas por parte de ella. Un número. Comenzamos ya a recorrer las calles de la ciudad en busca de un motel. Llegamos hasta el hotel Las Vegas Hilton, donde nos alojaremos a la mañana siguiente, y junto a él se encuentra un motel de la cadena Best Western (hay dos en la ciudad, uno aquí y otro junto al aeropuerto); consultamos precio y decidimos seguir buscando, por si encontramos alguno que esté más cerca del centro de la ciudad. Damos la vuelta a Las Vegas y enfilamos por su avenida principal: Las Vegas Boulevard, conocida como The Strip, la zona de los grandes hoteles-casino. Acaba de anochecer y la avenida está radiante, con la espectacular iluminación típica de Las Vegas. A esta ciudad hay que conocerla por primera vez de noche; es una experiencia impactante circular por ella bajo la luz del Strip. Y mira por dónde, nos topamos con un letrero de La Quinta -la cadena de moteles que hemos conocido en Bakersfield-, entre el hotel New York, New York y el hotel Montecarlo, es decir, en mitad de todo el cogollo de Las Vegas. Dejamos inmediatamente la calle principal y paramos en La Quinta; tras hablar con el recepcionista, consigo el mismo precio que en Bakersfield (55 dólares la habitación); parece que las palabras mágicas han sido "just married" cuando pretendía ofrecerme el mismo precio pero con la condición de camas separadas; al final, tenemos la King Bed y el desayuno también incluido. El MGM Grand, con una efigie del león de la Metro en su exterior, posee en el interior una especie de planetarium por encima de una gran cafetería con escenario en el que actúa un grupo desconocido. En las paredes y columnas han colgado grandes retratos de figuras míticas de la Historia del Cine, como Clark Gable o Grace Kelly; la principal atracción es un safari en el interior del hotel, a través de un parque temático en el que han reproducido un ambiente selvático; junto a esta atracción, hay una frondosa cafetería de la que parece que va a surgir el mismísimo Tarzán. En el MGM se encuentra la actuación de Tom Jones (cuesta unos 50 dólares el concierto), y anuncian para el mes de agosto la actuación de los Back Street Boys. Recorrer por dentro cada uno de los grandes hoteles de Las Vegas lleva su tiempo (entre 30 y 45 minutos cada uno como poco), ya que cada hotel es un mundo en su interior (como los pabellones de una Expo pero mucho más grandes), y estos recorridos proporcionan la principal diversión en Las Vegas para aquellos que no prefieran jugarse el dinero. 22'00 horas Esta noche cenamos a base de pizza dentro del MGM, en una plaza interior que está rodeada por establecimientos de todo tipo, incluyendo a McDonald -la plaza junto con sus sillas y mesas es común a todos los locales-. Estamos algo agotados por el viaje y decidimos dejar la visita del resto de los hoteles para el día siguiente. Martes 16 de junio 9'00 horas Aún es pronto para llegar al hotel que tenemos reservado; y la habitación de La Quinta la tenemos hasta las doce; aprovechamos este tiempo para ver unos cuantos hoteles que tenemos cerca. El Montecarlo tiene una bonita fachada al estilo monegasco, decorada con una fuente de aguas celestes. El interior está ocupado casi enteramente por el casino, y poco más que ver. El Excalibur es como el castillo de Camelot, y en su interior hay escenarios adecuados al mundo fantástico-medieval. Aquí, los niños deben de pasarlo en grande, participando en alguno de los torneos que se celebran o permaneciendo en una de las plantas del hotel que está enteramente dedicada a ellos, con juegos de todas clases (es como el jardín de infancia con el que todos los niños deben de soñar). El hotel Luxor nos lleva al antiguo Egipto, con la gran pirámide y la efigie que están en el exterior. Por dentro, la decoración incluye columnas, estatuas y efigies de la época que se ha querido plasmar. Durante este recorrido, también nos animamos a jugar algo en las mesas de juego; en la ruleta nos hacemos con trece dólares de ganancia, y en el black-jack me embolso veinte. Para los aficionados al black-jack, les diré que hay un clima muy cordial en las mesas (algunos/as croupieres son hasta simpáticos), y en cada mesa figura un pequeño rótulo de metal dorado que indica el mínimo y el máximo para apostar -el mínimo más pequeño suele ser 5 dólares-; en las mesas está permitido fumar (siendo esta la capital del vicio, pasan más la mano con el tabaco), y entre las normas de juego -incumplida una vez por mí- está la de no tocar las cartas para nada (el croupier puede enfadarse bastante). 12'00 horas Abandonamos La Quinta y marchamos con el coche a Las Vegas Hilton, un hotel de lujo aunque algo apartado del Strip. Un botones se hace cargo del coche para dejarlo en el parking (le doy un dolar de propina); nosotros arrastramos nuestras maletas y nos registramos en la recepción. La habitación 1526 (hay 28 plantas) es muy espaciosa y confortable, en la que no falta la King Bed, la televisión, la plancha y toda clase de detalles, y en la tercera planta tenemos una piscina. Angela se queda en la habitación lavando y planchando ropa -falta nos hacía-, mientras que yo me marcho a devolver el coche a AVIS (hoy finaliza el plazo del alquiler), en la delegación que tiene en el aeropuerto; a la vuelta, cojo un taxi (cruzar Las Vegas de una punta a otra sale por unos diez dólares, más uno o dos de propina). 14'00 horas Voy a recepción para contratar una excursión para el día siguiente al Gran Cañón; la excursión favorita es una que dura unas siete u ocho horas, con ida y vuelta en avioneta, recorrido por el parque en autobús y almuerzo incluido; contratarla desde España salía por 30.000 ptas. por persona; en el hotel baja a unas 25.000, y finalmente, opto por un anuncio a doble página que figura en una revista gratuita llamada "What's on in Las Vegas"; llamo al teléfono que aparece en la página (y hay una chica que habla en español); el precio es de 289 dólares los dos (tax incluido) y en efectivo (algunas agencias añaden el 5 por ciento si se paga con tarjeta). Al final, la excursión nos sale por unas 21.000 ptas. a cada uno, recogiéndonos en el hotel y de vuelta a él. Seguidamente, almorzamos en un Pizza Hutt del mismo hotel. 15'15 horas Ya he señalado anteriormente que cada gran hotel tiene alguna o varias atracciones o espectáculos que ofrecer. En Las Vegas Hilton, la gran atracción, anunciada por toda la ciudad en grandes vallas, es "Star Trek, the experience"; de hecho, la llave de la habitación es una tarjeta magnética con la imagen de la nueva generación de la serie, y la manivela para abrir el grifo de la bañera tiene la forma de la insignia de los trekkies. Entramos en el espectáculo a esta hora, tras sacar el ticket de 15 dólares la persona -es algo caro, pero merece la pena-. Star Trek consiste en estar dentro de la nave Enterprise, viviendo una aventura contra los Klingon; el primer tramo del espectáculo consiste en un pasillo-exposición con vitrinas, paneles informativos y monitores de video que nos muestran toda la historia de la serie, contemplando todos los vestuarios empleados, las armas, los artefactos, las máscaras de maquillaje, etc. (en esta galería no hay límite de tiempo, por lo que un trekkie puede pasarse una hora entera o más paladeando con la vista esta exposición). A continuación, varios actores uniformados con el vestuario de Star Trek, y funcionando al mismo tiempo como guías, nos conducen a varios escenarios: primero nos teletransportan a la nave, vemos el puente de mando en el que se recibe el mensaje amenazador de un klingon, sufrimos un terremoto en un ascensor, y todo esto sin salir de la Enterprise, yendo de un lado para otro por los pasillos de la nave. Al final nos montan en un vehículo aerodinámico y nos lanzan al espacio para tomar parte en una batalla galáctica; el sistema de butacas movibles y pantalla de cine envolvente es de lo más perfecto, con una sensación de realidad verdaderamente alucinante. 16'30 Me doy un baño en la piscina del hotel y tomamos el sol un rato. 19'00 Salimos en dirección al Strip para conocer más de cerca el resto de los hoteles más importantes. Decidimos ir andando, ya que el Strip lo tenemos a la vista y no parece estar demasiado lejos. Sin embargo, las apariencias engañan, y el gran tamaño de los edificios producen la ilusión óptica de cercanía; la distancia es más larga de lo que calculábamos, resultando un paseo de más de media hora, y para complicar las cosas, esa tarde se levanta en Las Vegas un viento huracanado (hay momentos en los que nos detenemos a la fuerza junto a algún edificio). Llegamos a la zona que queríamos algo cansados. El Treasure Island (Isla del Tesoro) está construido a semejanza de un barco pirata, con toda la decoración adecuada; en el interior, con sus tabernas de la época, uno se siente como bucanero recién desembarcado. El Mirage es un hotel dedicado a la naturaleza, con mucha vegetación y un gran acuarium con una larga cola de visitantes. El Caesar Palace es el hotel más lujoso de Las Vegas, con fachadas exteriores impresionantes, y recorrerlo por dentro es como pasear por las calles de la antigua Roma, con plazas en las que domina una fuente, grandes columnas, monumentos de estilo clásico y todo ello coronado por la reproducción de un cielo con nubes. Todos los establecimientos del interior respetan el estilo del Caesar (por ejemplo, en la tienda de la Warner, los muñecos de la fachada están vestidos de romanos sobre una entrada del mismo tipo). En este hotel anuncian la actuación del mago David Copperfield, además de contar con dos atracciones cinematográficas: un cine en tres dimensiones con butacas móviles y un Omnimax. Entramos en el de tres dimensiones (algo sencillo pero muy divertido) por el precio de 8 dólares por persona. Después, nos sentamos a cenar en un restaurante italiano (Bertolini's) situado en una de las plazas romanas. Justo enfrente del Caesar se encuentra el Flamingo Hilton, primer hotel-casino que se construyó en Las Vegas, cuando al ganster Bugsy Siegel se le ocurrió en los años 40 montar esta clase de negocio en medio del desierto (la ruina económica hizo que sus compinches le mataran a tiros). Después del Flamingo vinieron los demás, hasta formar esta ciudad que pocos hubieran soñado posible. 22'30 horas Tomamos un taxi de vuelta al hotel. Mañana nos espera el Gran Cañón. |