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Una página de Jaime Fuertes |
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Jaime y Angela go to America Volver a la página principal |
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Día 15. Death Valley
Lunes 15 de junio 8'00 horas El desayuno en el motel ha sido bien abundante. Con el estómago lleno, continuamos camino hacia Death Valley, parando unas horas más tarde en un lugar decorado al estilo del Oeste y que dista unos cien kilómetros del desierto. 12'00 horas Hemos entrado ya en el desierto del Valle de la Muerte, con largas carreteras, tierras de rastrojos e impresionantes montañas en todo el horizonte. Hacemos una parada para almorzar en Furnace Creek, un lugar de reposo para turistas, con tiendas, restaurantes y un centro de información. También en Furnace Creek, en medio del desierto, se ubica un campo de golf, un oasis con palmeras incluidas; esta zona también cuenta con un pequeño aeropuerto para aquellos millonarios que gustan de jugar al golf en mitad del desierto (como diría Obélix: "Están locos estos... americanos"). Almorzamos a base de hamburguesas en un local que, tanto en su fachada como en su interior, está enteramente decorado como un viejo Saloon de película del Oeste. El Valle de la Muerte está cruzado por una carretera general; el visitante puede circular todo el rato por esta carretera hasta salir del desierto por la otra punta, o bien puede desviarse en ocasiones por caminos secundarios que llevan a algún sitio de interés -bien señalizados- y volver después a la general. Nosotros realizamos cuatro desvíos a lo largo de todo el camino (altamente recomendables), además de haber pasado cerca de un territorio de dunas. Artists Drive es otra desviación que merece la pena tomar. Las montañas del desierto poseen franjas geológicas de distintos colores; parecen estar pintadas a brochazos y el conjunto es como contemplar un cuadro. Este itinerario, de gran belleza, recorre paredes rocosas de este tipo. El último desvío y sitio de interés que visitamos antes de abandonar el desierto, es Zabriskie Point, uno de los puntos de observación más reputados del valle; para acceder a él hay que aparcar el vehículo y subir una empinada cuesta; desde el observatorio, rodeado por balcones de piedra, hay una vista magnífica de las montañas. |