Conducir por Escocia
Al principio es difícil acostumbrarse a la nueva forma de conducir: por la izquierda, sentado en la parte derecha, cambiando de marchas con la mano izquierda,... o sea: todo al revés. Lo más complicado son las rotondas (en sentido inverso) y circular por la ciudad; incluso un peatón se siente confundido al cruzar las calles -miras a la derecha cuando los coches te vienen por la izquierda-. El primer día estás en tensión, luego ya le vas cogiendo el tranquillo.
Las carreteras las hay de todos los colores, desde una autopista al más endiablado camino, y a veces se puede elegir un camino u otro, sólo que las rutas más atractivas para un turista suelen transcurrir por las peores carreteras. Es normal circular muchas veces por una carretera que sólo tiene el ancho de un vehículo, y en sus márgenes, cada cierto número de metros y cuando la geografía lo permite, hay pequeños ensanches llamados "passing places"; sirven para detener el coche en ese ensanchamiento y ceder el paso. Siempre que esto ocurre, los conductores levantan ligeramente la mano en señal de saludo (norma de cortesía que nadie se salta).
Además de dar el paso a otros vehículos, también hay que tener en cuenta a las ovejas que pastan en los márgenes y que cruzan la carretera cuando les da la gana (rebaños hay por todas partes, y no sólo de ovejas y cabras, también hay vacas y pequeños terneros). Es sorprendente que nunca hayamos visto a alguno de estos animales atropellados.
Los escoceses son buenos conductores, y bastante prudentes. A pesar de haber circulado por peligrosas carreteras a lo largo de casi 2.000 kilómetros, sólo hemos visto un accidente (en la isla de Skye), y no fue nada serio.
En Escocia, el coche es un lujo para cualquier ciudadano: comprar uno cuesta el doble que en España, y el litro de gasolina sale al cambio por unas 200 ptas.
Todas las gasolineras son de autoservicio; sin tener que avisar a nadie, el viajero para en el surtidor que desee y se sirve la gasolina que quiera; al acabar es cuando se pasa por el interior y se le paga a un cajero (nadie piensa en que alguien se vaya a ir sin pagar, cosa que sería bien fácil). Este sistema es prueba del carácter confiado y amable de los escoceses.