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LAS PINTURAS MURALES
(situadas en la calle San Pedro)
Por PALOMA RODRIGUEZ PANIZO
Introducción
Descripción
Aproximación interpretativa
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Introducción La primera impresión en nuestro acercamiento a esta pintura mural, conservada en una casa particular de Albares, nos remite a las formas y usos de finales del gótico y principios del renacimiento. Tras un rápido repaso por la pintura del gótico tardío y primer renacimiento español se comprueba que, el arte hispánico del renacimiento, al igual que en la Edad Media, fue esencialmente cristiano, al menos en cuanto a los temas, no existiendo apenas en todo el siglo XVI español, cuadros de inspiración pagana o de tema mitológico, sino motivos piadosos o retratos. Diversos autores también han señalado que en España hubo una falta de directriz real de pintura de Estado, en el sentido en que debe comprenderse la plasmación eterna de hechos políticos y guerreros, no descuidada por los mecenas del renacimiento italiano. Esta ausencia de modelos estatales ha motivado que sólo hayamos encontrado paralelismos del tema del mural que ahora nos ocupa en escasos ejemplos, cuyos mejores exponentes y en esta corriente apuntada serían de destacar la obra anónima con que el señor de Cruzat hizo decorar con pinturas los aposentos de su palacio de Oriz (Navarra), fechado en 1550, aproximadamente. Que con un estilo próximo al de la tapicería, trata el tema de las hazañas del Emperador durante la guerra con los príncipes protestantes de Alemania; con un colorido muy semejante al de las pinturas de Albares, es decir, bistre o sepia y negro. El otro exponente que se puede poner en relación lo encontramos al otro lado del Atlántico; en una puerta de la parte alta del convento de Actopán, en México, hay dos figuras que representan a San Pedro y San Pablo, ambos apóstoles aparecen barbados portando sus símbolos parlantes y rodeados de filacterias, representación que se asemeja bastante a la de San Juan en el mural de Albares. Dicho esto, sólo nos resta dar paso a las breves notas que siguen sobre la pintura mural conservada en el municipio bajoalcarreño de Albares, que no tienen otra finalidad que dar a conocer esta muestra de la escasa pintura mural conservada en la provincia, siendo conscientes de que estas páginas no son sino un primer acercamiento a la misma, quedando el tema abierto a posteriores y más profundos estudios. Descripción Nos encontramos ante una pintura mural realizada con la técnica al fresco. Dicha pintura ocupa un amplio espacio rectangular en lo que podría haber sido el rellano de una escalera. En un primer golpe de vista se nos delata lo que generalmente se conoce como género de batalla. Aparece en primer plano un personaje montado a caballo con espada, aureola y banderín en actitud de avance. En un segundo plano hay otro jinete portando una lanza en la misma actitud. A la derecha, y en un tercer plano, se ve un grupo de personas, algunos de ellos barbados, llevando flechas y lanzas, situados delante de un arco de medio punto dovelado, que semeja una puerta. En la parte inferior de la figura vemos a unos personajes heridos y tendidos en el suelo que, por sus vestimentas y armas, nos hablan de "moros", posiblemente berberiscos. Esta escena descrita ocupa la parte central de la pintura, ya que está encuadrada a un lado y otro por una franja ancha vertical con decoración de candelieri. El lado izquierdo de la pintura se manifiesta incompleto a la vista del espectador, un tabique perpendicular al parámetro del mural trunca éste, consecuencia de las probables reformas efectuadas en la casa. Por el contrario, en el lado derecho de la escena central, nos encontramos con el otro cuerpo del mural en el que aparecen dos personajes. El primero de mayor dimensión está de pie, aparece nimbado y señala al cordero que lleva en uno de sus brazos. Los símbolos parlantes (el cordero, la luz, la aureola, la vestimenta en piel, etc.) de este personaje nos está revelando que estamos ante la presencia de San Juan Bautista. En su parte superior hay una inscripción que dice "ecce annus dei". En la parte inferior de este cuerpo del mural, colocado de rodillas y en actitud de orar, vemos al segundo personaje, quien bien pudiera ser el donante. Toda la composición queda cobijada bajo una leyenda en letras capitales que reza en suspartes legibles así: (...) D. QUINIENTOS (TREINTA E OCHO)) (...) EL YLLmo DON L(UIS) (...) (...) (MAR)QUES DE M(ONDEJAR) TIERRA DE ALMOGUERA y sea para bien El color que presenta toda la pintura es sepia y perfiles en negro excepto, en las carnaciones (rostro y manos) de Santiago, San Juan y el donante, que van en color terroso. El dibujo está muy bien perfilado y al situar a los distintos personajes en una graduación de planos se consigue cierto efecto de profundidad, movimiento en definitiva podemos decir, que no es una composición plana, sino que en la escena central se observa ya cierta perspectiva; ésta se consigue, además por la actitud de avance de los caballos y por las lanzas. En general, el estado de conservación no es bueno. Aproximación interpretativa En una primera situación y datación podríamos encuadrarla en el siglo XVI. Para ellos nos basamos en que en la leyenda en que aparece la palabra "QUINIENTOS", que parece hacer referencia a la fecha. Una lectura detenida de toda la leyenda, combinada con los datos bien conocidos de la evolución histórica de la localidad, Albares, durante el siglo XVI, permite sacar algunas conclusiones más. La mayor parte legible de la leyenda nos llevaría a pensar que el personaje orante fuese el Marqués de Mondéjar, que desde el año 1538 era señor de la tierra de Almoguera, en cuyo territorio estaba incluido el pueblo de Albares. La biografía de los distintos marqueses de Mondéjar nos sitúa en la figura del segundo con este título, Don Luis Hurtado de Mandoza (+1566, ver biografía), hijo de Don Iñigo López de Mendoza, segundo conde de Tendilla y primer Marqués de Mondéjar. Decimos que pudiera ser este Mendoza el personaje del mural porque Don Luis luchó en la conquista de Túnez (1535), donde fue herido gravemente. En la pintura veíamos a dos jinetes cristianos intentando tomar una ciudad, simbolizada en la puerta con arco de medio punto, y distintos guerreros que por sus yelmos y armas nos hablan de "moros" berberiscos. Ya describíamos que enmarcando la composición había decoración de candelieri, motivo típicamente renacentista. Perfectamente podría ser la representación de la toma de la ciudad de Túnez, hecho que se produjo en 1535. Como Don Luis Hurtado de Mendoza fue herido en dicha batalla, podríamos estar ante una pintura de carácter votivo o oferente, también la leyenda nos habla de ello, así como la presentación del donante y mecenas de la pintura situado a los pies de San Juan con el cordero triunfante (ya que porta estandarte), símbolo de la resurrección o triunfo. La figura de Santiago "matamoros" nimbada con la Cruz de Santiago nos podría hablar del triunfo del cristianismo sobre el Islam. Imaginamos que, dado el tipo de composición en el lado izquierdo de la pintura donde termina con un tabique, anteriormente habría otra parte con otro santo y a sus pies y en actitud también de orar estaría la esposa donante, cerrando así la composición a modo de tríptico. En conclusión, podemos señalar que estamos ante un exvoto u ofrenda, reflejándose en el mismo que un nobre caballero (Don Luis Hurtado de Mendoza) ha luchado en la batalla contra el infiel, siendo herido de gravedad, y al recuperarse, en señal de agradecimiento, manda llevar a cabo esta evocativa pintura en cuya escena principal queda resaltada la sensación de movimiento típica del género de batalla. Así como unbien trazado dibujo con una incipiente perspectiva. Por el contrario, en la escena de San Juan y el orante se observa una técnica un tanto arcaizante que nos hablaría de formas aún góticas, ya que los retratos de ambos personajes carecen de realismo y molduración en sus rostros, con trazados muy lineales. Este hecho lleva a desechar de entrada otra hipótesis interpretativa de este mural, que lo pondría en relación con la guerra de las Alpujarras (1568-1571) contra los moriscos granadinos (con los mismos elementos simbólicos de lucha contra el infiel) y en la que el Marqués de Mondéjar y señor de Albares tuvo una significativa participación. La época de esta batalla haría más difícil explicar los rasgos tan arcaizantes como los señalados. |
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