Crónica Documental de la Familia Almazul
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"Mientras así se preparaban para la defensa la ciudad de Soria y las villas de Almazán, Medinaceli y Agreda, trayendo armas de Plasencia y no bastando éstas recogiendo las escopetas de todos los vecinos, mientras se uniformaban los cuerpos de milicias y los de voluntarios y se recomponían las murallas abandonadas y faltas de reparos, la fortuna favorecía al Archiduque que contaba ya como suyos el Aragón, Cataluña y Valencia, ayudándole tan solo a D. Felipe, replegado en Burgos con sus Cortes, las Castillas, Andalucía y Extremadura. Si los del Archiduque penetraban en Castilla la Vieja, si lograban llegar a apoderarse de Burgos, su triunfo era seguro. El camino más corto para los sublevados era el de la provincia de Soria; al efecto, en la frontera de Aragón se reunió un cuerpo de ejército de ocho mil hombres y diez piezas de artillería a las órdenes del conde de Sástago. Hasta aquí todos los incidentes de la guerra se habían reducido al alojamiento de tropas francesas y walonas que venían de paso con dirección al Cuartel general, mandadas en auxilio de su nieto D. Felipe por el rey Cristianísimo, y a pequeñas escaramuzas por parte de los aragoneses rebeldes, quienes, penetrando en partidas sueltas por sorpresa cuando en un pueblo u otro de la frontera, recogían su botín y se volvían con él al seguro de su tierra, sin que pudieran impedirlo ni los centinelas avanzados que los de Agreda tenían en diversos puntos del Moncayo, ni el coronel Amorfi, que con los cincuenta caballos de la tierra de Soria y algunas compañías, recorría los demás pueblos de la frontera de la sargentía de Soria. Los apuros comenzaron cuando el conde de Sástago, apoderándose de Borja, Villarroya y demás pueblos aragoneses que permanecieron fieles a Felipe V, amenazó a los de Borobia y otros pueblos con que penetraría en ellos a viva fuerza y les daría fuego, si pacífica y espontáneamente no le abrían las puertas. Los de Tarazona pedían auxilio a los de Agreda, prometiendo mutua correspondencia; pero éstos no podían prestárselo porque el coronel conde de Agramonte, por orden superior, había salido de la Sargentía con el regimiento en auxilio de otras plazas y la villa no tenía más guarnición que la de sus vecinos útiles y algunos voluntarios de la tierra. A la vez Agreda pedía gente a las villas del interior; mas éstas, no cuidándose sin duda de prestarles el socorro, le obligaban a solicitarlo de Soria. Los de ésta harto tenían que atender con los pueblos fronterizos de su Sargentía que reclamaban cada día hombres y municiones, teniéndose que mandar a Gómara los caballos que había de la tierra; mas como los enemigos se dirigieran a Serón, pueblo del cual se apoderaron, y no hubiera ya gente que mandar, se envió a un hijo del caballero Santa Cruz a hacer presente al rey el apuro de la ciudad. Amorfi entre tanto pedía más hombres y dinero; para ello se invitó al Cabildo, que contestó que sus capitulares contribuirían con lo que dieran los de Ayuntamiento y tomarían las armas si era preciso como todos los vecinos. Con esto se mandaron cien hombres a Gómara, pero éstos fueron sorprendidos en Caravantes por mayor número, y muchos cayeron prisioneros. Con esto y la noticia de la entrada del enemigo por capitulación en la fortaleza de Peña Alcázar, ya no estaba la ciudad segura y era preciso pensar en fortificarla lo que se pudiera (Noviembre de 1706). Entonces se armaron todos, muchos con chuzos y lanzas por falta de fusiles, y resueltos a resistir de cualquier modo, cuando la majestad de D. Felipe V contestaba al emisario Santa Cruz que no podía mandar allí ningún socorro."


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