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"Salvado
este conflicto, Dª María tuvo que pensar en rechazar al infante D. Alfonso de
la Cerda, que ayudado del infante D. Enrique de Aragón había entrado en la
provincia de Soria, titulándose rey de Castilla (1296). Sin dificultad se
apoderó el de la Cerda de las plazas de Serón, Soria y Osma, y, por entrega
desleal de sus defensores, de las de Almazán y Deza, manteniéndose en ellas
por dos años, al cabo de los cuales D. Juan Núñez, su principal sostenedor,
cayó prisionero de las tropas de doña María, y para obtener su libertad tuvo
que devolver las de Soria, Osma y otras fuera de la provincia; viéndose
obligado con esto D. Alfonso a pedir la paz, sobre cuyos preliminares se concertó
en Soria que se trataría en Santo Domingo de la Calzada.
Mas
esta paz no llegó a celebrarse, y el infante D. Enrique recibió orden de
atacar a Almazán, plaza más importante de D. Alfonso. Aquí ya D. Enrique faltó
a la lealtad que debía a la reina, pues a juicio del cronista, aunque pudo, no
quiso tomarla, por interés de que la guerra durase más tiempo y hacer más
necesarios sus servicios. Aún hizo más: pasando con los nobles señores que le
acompañaban a Ariza para tratar otra vez de paz, se convino con el rey de Aragón
y con el infante D. Alfonso en que todo se arreglaría de modo que el de Aragón
fincara, es decir, conservara las plazas de Castilla que tenía tomadas, y en
cambio a él le ayudaran en el caso posible de que el rey don Fernando, cuando
llegara a la mayor edad, quisiese retirarle del gobierno de Castilla.
De
vuelta ya D. Enrique en Berlanga, llegó a él un monje diciendo que en Soria se
necesitaban refuerzos para defenderla, a lo cual no pudo menos de acudir con sus
gentes; mas debió hacer aquí lo mismo que en Almazán, porque Soria aparece
después en poder de D. Alfonso. Por fin el de Aragón envió a Dª María
mensajeros pidiendo la paz y con esto se convino en que los preliminares se
tratarían en Tarazona. Para esto no se fio la reina del infante D. Enrique y
nombró por su parte al rey de Portugal, quien aceptó el encargo, pero
insistiendo en que Dª María fuera también con él. Accedió a esto la reina
viniendo a Soria, y de aquí pasó a la villa de Agreda con su hijo D. Fernando,
en cuyo punto se adelantó el rey de Portugal hasta la villa de Tarazona, a
donde acudiendo el rey de Aragón, concertaron que éste conservaría las plazas
de Murcia y Lorca, tomadas a Castilla, y D. Alfonso de la Cerda entregaría
todas las que tenía, principalmente las de Almazán, Serón, Deza y Soria, quedándose
con algunas en recompensa de su renuncia a la corona de Castilla.
Firmados
los capítulos se celebró la paz con grandes fiestas que duraron tres días en
Agreda y dos en Tarazona, viniendo a ellas antes la reina de Aragón y la de
Portugal.
Poco
después tuvieron el de Aragón y D. Fernando de Castilla otra entrevista en el
monasterio de Huerta, en la cual convinieron el librar fuero (obligar) a D.
Alfonso para que entregara las plazas de Serón y Deza que conservaba aún,
contra lo convenido en la paz de Tarazona; y el aragonés solicitó la mano de
la infanta Dª Leonor para el infante D. Jaime, a lo que don Fernando accedió.
La reina, que esperaba a D. Fernando en Almazán, aprobó estos convenios y
antes de volver a la corte trataron de remediar los males que la guerra había
causado en esta tierra.
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Crónica
Documental de la Familia Almazul