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El sitio de Oscar Leone "El Diablo" Desde la antigüedad más remota, el hombre ha creído en la existencia de una fuerza buena y todopoderosa creadora del mundo, la cual siempre es amenazada por una fuerza maligna y destructora surgida luego de la creación del mundo. |
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La mentira, la malevolencia, la libido desbordada, son las armas que usa para rebajar a los seres humanos a su condición más primitiva y corromper su espiritu.
Esa polaridad entre el bien y el mal, es adoptada por el cristianismo, si bien se afirma que existió un tiempo en que el mal no existía: este aparece con la caída de los ángeles rebeldes quienes, al convertirse en demonios, se sitúan en el polo opuesto a Dios y al bien. Dejando a parte esta esencial diferencia, existen muchos puntos comunes. Tanto en Persia como en Occidente, la figura demoniaca habita en un reino distinto al divino, y así surge la noción del reino celeste y el reino terreno; en ambas regiones se empuja a los justos a luchar por la victoria del bien, y se habla de un Apocalipsis que significará la derrota definitiva del mal.
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Los demonios persas fueron transmitidos al mundo cristiano a través de diversos canales pero, sobre todo, por el gnosticismo, conjunto múltiple y polifónico de los "herejías" que alcanzó su máxima expansión entre los siglos I y II y que perduró hasta el siglo XIII, con los cátaros o albigenses del sur de Francia y los bogomilos de Bosnia y Bulgaria. Con el fin de simplificar la compleja filosofía del gnosticismo, la dividiremos en dos vertientes. Una afirma que la creación del mundo material originó un estado de maldad primigenia, provocado por el demiurgo, ser demoniaco enemigo acérrimo de la perfección original. La segunda maneja la idea de que el demurgo también le abre al hombre las puertas de la gnosis, es decir, de una vía que le permitirá tener un conocimiento igual o mayor que la de los ángeles que han creado las leyes de este mundo.
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La primera de estas dos vertientes pone especial énfasis en el concepto del mal. La segunda en cambio, considera iguales al bien y al mal, porque ante la eternidad no tienen ningún significado, y considera al Diablo como el señor del conocimiento. Esta vertiente hereda de la Grecia clásica, fue adoptada por algunos hombres del renacimiento, y más tarde por los rosacruces y francmasones en Italia y Francia durante los siglos XVI y XVII.
El nombre del Diablo es el mas popular, y la palabra Demonio viene de daimones, acompañantes etéreos de los griegos, que podían ser buenos, malos o neutros. Los antiguos hebreos creían que , el Diablo era un solo ser, pero ello no les impedía mencionar los numerosos demonios que poblaban los desiertos de Judea, o aquellos que gustaban de posesionarse de los cuerpos de cualquier ser humano. Los demonólogos del Renacimiento negaron que existieran muchos demonios, afirmando que la inmoralidad de éstos hacía innecesaria su reproducción. Con todo, Alfonso de Spina (1430-1491), profesor de Salamanca y confesor de Juan II de Castilla, cifró el número de ángeles caídos en exactamente un tercio de loa ángeles celestiales, es decir en la friolera de unos 130 millones. Poco después, el médico alemán Joann Wier, contemporáneo del doctor Fausto y discípulo de Cornelius Agrippa, hizo otro cálculo basándose en las visiones de Juan "el evangelista", intentando sistematizar las jerarquías de los infiernos. Según el Pandemonium de Wier, a las órdenes de Satán habrían 66 príncipes infernales, cada uno con 666 legiones al mando de 6,666 demonios por unidad.
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