En
la víspera de Navidad 2002, un niño de
seis años encontró un esqueleto extraño
en la localidad de Jayuya, centro de Brasil, cuando
se encontraba jugando en las proximidades de una casa
recién construida.
Superado el estupor inicial se determinó (por
las características del animal) que podría
tratarse de un "jutía", roedor de mediano
tamaño (unos 30 cm. de alto) que era el principal
alimento de los indios taínos y su caza intensiva
hizo que se extinguiera en tiempos de la conquista española.
Asociando misterios al paso, inmediatamente hubo entusiastas
brasileños anunciando que "el chupacabras
se parece al animal extinto". El jutía,
futía o hutía (según diversos autores)
era un mamífero carnívoro de dientes afilados
y carne deliciosa -dicen las viejas crónicas-,
los indios solían cazarlo con lanzas y la ayuda
de perros adiestrados. El jutía habitaba parte
de Brasil, Centroamérica y Antillas, pero de
él hoy solo quedan algunos relatos coloniales
que testimonian su existencia. El esqueleto de Jayuya
sería la primera prueba fósil que se ha
encontrado hasta la fecha.