Vaya al aeropuerto y
vea si hay o no un avión de la NASA que viene
a buscar al Chupacabras –le dijo el gobernador
de El Loa, Francisco Segovia, al entonces abogado jefe
de la Intendencia, Rodrigo Soto, quien que ir al aeropuerto
de Antofagasta para confirmar si la nave había
o no aterrizado, como era el rumor que corría
fuerte por Calama y atosigaba a las autoridades locales.
El
trámite también lo hizo la Policía
de Investigaciones de Calama, remitiendo a Santiago
la misma respuesta que Soto le dio a Segovia.
- No, no hay ningún avión de la NASA.
Segovia, a su vez, también recibió llamados
extraños, como cuando le preguntaron si era verdad
que en el Regimiento de Calama habían muerto
dos soldados después de capturar al Chupacabras.
El rumor era tan fuerte que el comandante de esa división,
Claudio Prohaska, estuvo pegado todo el día al
teléfono explicando a las cientos de madres de
conscriptos de todo el país que a sus hijos no
los había atacado ningún ser.
Era
abril y mayo de 2000, año de psicosis de Calama
por el chupasangre. Cientos de ovejas y corderos amanecían
muertos y desangrados, con un par de agujeros en el
cuello y sin ningún indicio de haber intentado
defenderse de los ataques. Para sumar misterio, todo
ocurría a metros del cementerio.
Y aunque las autoridades gubernamentales enterraron
el tema con el envenenamiento de 220 perros vagos por
orden del Servicio de Salud, la justicia y la policía
aportaron el final abierto a esta historia, luego de
que no lograran acreditar quién o qué
fue el responsable de las muertes.
-Se estableció el hecho, pero no el autor- dice
el magistrado del Segundo Juzgado de Letras de Calama,
Jaime Medina, que sobreseyó temporalmente el
caso hasta no encontrar nuevos antecedentes que ameriten
su reapertura. Algo que Herman Oyanedel, entonces jefe
de la Prefectura de Calama, todavía no descarta.
-Es que quedaron dudas respecto del animal que podría
haber hecho esto. Y a lo mejor quién sabe si
vuelve, porque en Calama siempre ocurren cosas muy extrañas-
dice.
Oyanedel fue el hombre que encabezó las pesquisas
en las parcelas del sector de La Paz por orden del Primer
y Segundo juzgados de Letras de la ciudad, los tribunales
que guardan en sus estantes los expedientes de la desquiciada
historia de cómo Calama buscaba de noche con
palos, armas y linternas al autor indeterminado de los
violentos ataques al ganado. Una época que no
sólo quitó horas/hombre y presupuesto
a Investigaciones y unos cuantos tiros al aire de los
policías ante cualquier movimiento nocturno en
el campo santo, sino también a otras varias instituciones
del Estado: la Gobernación, el SAG, el Indap,
jueces, actuarios, carabineros, militares, el servicio
de salud y parlamentarios.
EL
FACTOR E.T.
“Sabropollo”
es un conocido negocio de venta de pollos asados y papas
fritas que queda a la entrada de Calama. Detrás
del mesón está el ufólogo Jaime
Ferrer, el hombre responsable de que el Chupacabras
siga vigente hasta hoy, cuando ya han pasado exactamente
dos años desde que el depredador matara a 232
animales en apenas 10 días.
Esa
es la cifra oficial a la que llegó Investigaciones
y que quedó consignada en los expedientes de
los tribunales hasta que no haya nuevos antecedentes.
Los números de Ferrer, sin embargo, no coinciden
con las cifras oficiales: “Son más de seis
mil los animales muertos hasta la fecha y los ataques
no han parado”. Y dice que Investigaciones sólo
consigna en su lista a cerdos, ovejas y corderos “pero
no a perros, gatos, gallinas, gansos, chinchillas, cuyes
y canarios”, todas muertes que quedaron en la
impunidad luego de que la prensa, a estas alturas, dejó
de publicar sus extraños fallecimientos. Ahora,
en la agenda noticiosa de Calama son más relevantes
la disputa entre los dueños de las 82 schoperías
de la ciudad y el consejo municipal –que restringió
sus horarios de atención- o el traslado de más
de seis mil familias desde Chuquicamata.
Pero el dueño
de “Sabropollo, que aprovecha el mesón
de su negocio para recoger testimonios de avistamientos
del ser, no para. En sus archivos personales –que
rebotan en la web desde la página Calama UFO
Center a Miami UFO Center- tiene consignado el último
caso, que data apenas del 10 de marzo de este año
y ocurrió en la parcela de una mujer llamada
Mirna. Ha tenido cero publicidad. Cinco conejos fueron
atacados por un depredador al interior de sus jaulas.
El resultado: dos muertos y otros dos polifracturados
que terminaron sacrificados. El conejo sobreviviente
quedó con “evidencias de ceguera”.
Actualmente,
en Internet se puede comprar por 7.000 pesos el CD “Chupacabras
en Chile”, que editó el ufólogo
santiaguino Rodrigo Cuadra y que contiene videos de
las notas periodísticas del tema y gemidos guturales
que simulan los supuestos gruñidos del Chupacabras.
La voz en todo caso es de Ferrer.
-Muuuuuuuuuuuuu, ¡muuuuuuuuuu!-, gruñe
Ferrer imitando los gemidos del Chupacabras. Es un sonido
gutural extraño. Un poco ronco, que emula a una
vaca sufriente, pero parece más cercano a los
ruidos de Chewbacca, el patner de Han Solo en La Guerra
de las Galaxias.
El ufólogo dice
que reconstituyó el gruñido –con
su voz- después de recoger más de 600
testimonios de nortinos que dicen haber visto o escuchado
al ‘bicharraco’, nombre con que el gobernador
Francisco Segovia denomina a eso que le dio tantos dolores
de cabeza. “Es que la cantidad de mentiras y la
alarma pública era impresionante. Incluso había
un ufólogo extranjero de apellido Rodríguez
que cobraba 2.500 pesos por las charlas sobre el Chupacabras.
A nosotros se nos complicó la cosa, porque la
gente estaba muy asustada y había que calmarla”,
dice el gobernador.
LAS
LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN
Pese
a que chupasangre desapareció oficialmente de
la agenda tras la muerte de los perros vagos –también
se cerró el topples de Calama “Chupacabras
Web”-, el ‘gobernador chupacabras’,
como le decían sus colegas a Segovia, dice que
mientras duraron las pericias, “yo siempre dije
que no descartaba nada”.
Las dudas de Segovia se deben a que en las indagaciones
la policía también husmeó en la
posibilidad de que un león, un tigre o un mono
–probablemente un papión o “poto
colorado”- se hubiese escapado de un circo que
visitó Calama. Sin embargo, la única carpa
que por esas fechas había estado en la ciudad
era el Circo de los Hermanos Gasca, que llegó
a los tribunales no por la huida de uno de sus animales,
sino por una causa de lesiones tras una riña
callejera que protagonizó uno de sus empleados
con un taxista en las afueras de una schopería
y a altas horas de la madrugada.
Incluso, consta en los expedientes la ida a Calama desde
Santiago de la Brigada Ecológica de Investigaciones,
funcionarios peritos en temas de tráfico de animales,
que podría haber hallado a la bestia asesina
de ovinos.
“Pero nunca encontramos
un mono”, dice el director del SAG local, Hiber
Martínez, una de las tantas autoridades involucradas
en el tema y quien asegura que “siempre supimos
que los ataques eran de perros”.
Otra
teoría que se manejó en las altas esferas
calameñas y que también rastrearon los
detectives, resultó demasiado difícil
de evidenciar como para que apareciera en el expediente.
Aquí va: el bicho chupasangre no era más
que una operación de inteligencia para sacar
a los campesinos del sector de La Paz, el único
lugar fértil de la ciudad; una vez arruinados
por las pérdidas, se verían obligados
a vender sus terrenos a precio vil. Todo para lograr
que las familias que preparan la mudanza desde Chuquicamata
construyeran sus nuevas viviendas al lado del cementerio.
Pero el gobernador descarta de plano la teoría
porque dice que esa población se está
levantando en otro sector. “Como presidente del
Comité Sustentable de Oasis ni nosotros ni la
municipalidad vamos a permitir que se construya allí”.
Pero son los informes de las pericias y las operaciones
“rastrillo” que encabezó la policía
los que más tiempo y dinero quitaron a los especialistas.
El entonces prefecto Oyanedel fue el encargado de levantar
en yeso una huella que después de ser enviada
a Santiago y reproducida al mundo por la televisión,
resultó ser de un perro cualquiera. Lo mismo
ocurrió con un pelo que más tarde se supo
era sintético.
También
a los tribunales –que tuvieron a la vista el expediente
Chupacabras puertorriqueño, bajado desde internet-
llegó la denuncia de la muerte de tres cerditos.
Pero la necropsia dio como resultado que fallecieron
por puñaladas de manos humanas, sin intervención
marciana ni animal. También figura en la causa
el episodio de unos caballos que presentaban extraños
orificios en el cuerpo ¿Chupacabras, perros hambrientos
de vertedero, un mono papión, un león
de circo? No, el informe concluyó que los orificios
fueron hechos con sacabocados.
Sin embargo, Oyanedel aún recuerda que él
y su equipo hallaron una extraña huella de seis
dedos en el cementerio. Las pericias –remitidas
también a Santiago- dieron como resultado pisadas
de perro superpuestas.
El punto, dice, es que se aclaró sólo
esa huella, pero no las más de cien pisadas iguales
que hacían un sendero en el cementerio. –Es
que en Calama siempre pasan cosas extrañas- insiste.
EL
CHUPAPLATAS
Jaime
Ferrer ha vivido los últimos 24 meses de los
pollos asados, pero toda su pasión ha sido para
el Chupacabras. Sueña con atraparlo y mostrarlo
a Calama y al mundo y demostrar que lo que dicen las
autoridades loínas no es cierto. Es decir, que
los asesinos de animales no son perros vagos del desierto,
como sí aseguran los informes de la Gobernación,
el SAG, el Indap y el Servicio de Salud local, sino
“un ser no natural que es parte de comunidades
que deambulan por la zona norte de Chile y con nexos
OVNI”.
Desde la primera aparición del ser, en abril
del 2000, a la fecha, el ufólogo dice que ha
gastado más de siete millones de pesos en perseguir
los saltos del Chupacabras. Un computador, un scanner,
un microscopio electrónico son parte de su centro
de operaciones. A eso hay que sumarle el ítem
bencina para recorrer Calama, María Elena y San
Pedro de Atacama, entre otros lugares, en busca de evidencia.
Pero Ferrer no es el
único a quien el tema le ha vaciado los bolsillos.
Las pérdidas de masa ganadera de los campesinos
atacados fueron abultadas, sobre todo porque se trata
de gente de escasos recursos que tenía a sus
animales o sueltos o en pequeños y artesanales
corrales. El mejor ejemplo de la tragedia es el caso
que llevó el Segundo Juzgado de Letras de Calama:
una anciana declaró en el tribunal la muerte
de unas 80 ovejas en extrañas circunstancias.
En cifras el drama se
tradujo en los créditos que algunos de los afectados
pidieron al Indap de la zona para reponer sus animales
y arreglar sus corrales. El organismo, ante las denuncias
de los pobladores de ataques extraños, o Chupacabras
a secas, debió omitir el nombre del chupasangre
en sus informes y aprobar los préstamos bajo
el rótulo “ataque de perros”. Porque
fue a esa conclusión a la que llegaron las autoridades
políticas, agrícolas y de salud de El
Loa. No así las investigación judicial
y policial, que acreditó el hecho, pero no al
autor.
“Es que no podíamos
poner como argumento en los informes ‘ataque del
Chupacabras’”, explica el ejecutivo de cuentas
del Indap, Marcelo Miranda, a quien le consta en primera
persona lo terribles y enrabiados que pudieron llegar
a ser los perros vagos que, en la época de la
psicosis colectiva, deambulaban por el vertedero de
Calama cuando iba a botar los desechos de su casa al
basurero. Le saltaban hacia la camioneta como endemoniados.
En total tres parceleros
pidieron préstamos al Indap por el ‘factor
chupacabras’. El primer crédito fue aprobado
el 15 de mayo del 2000 a la señora Silvia Trigo,
quien pidió un millón doce mil pesos al
Indap. El segundo fue para don Pedro Vega, por 812 mil
pesos y, el último y más caro, para José
Salinas Ceballos, quien salió tan dañado
que se endeudó por dos millones 241 mil 735 pesos.
Debe odiar al chupasangre.
Pero las platas suman
y siguen. El jefe del Servicio de Salud y Medio Ambiente
de Calama, Lucas Burchard, calcula que en total su organismo
gastó unos dos millones de pesos. El dinero incluye
las necropsias, la bencina, las horas extras de sus
funcionarios, las pericias para tomar y luego descartar
huellas… además del veneno que se usó
para sacrificar a los perros vagos que la oficialidad
sentenció a muerte.
-Acá la psicosis
fue bastante grande ¡Pero si nadie nos creía
que eran perros! La comunidad no escuchaba las explicaciones
oficiales, porque estaba lleno de ufólogos.
Dada la evidencia científica
que tenía en sus manos, Burchard no tuvo otra
opción que terminar el ‘caso Chupacabras’
con estricnina. Por la fórmula usada sufrió
el rigor de los protectores de animales, pero entre
tanto perro calameño –de los 37 mil que
hay en la ciudad, 9.500 están en la categoría
de vagos-, no podía hacer otra cosa. “Fuimos
muy criticados”, recuerda.
Dos años después,
Burchard sigue en el mismo cargo y preocupado por los
animales. En Calama es la cabeza visible de la campaña
“Mi mascota, mi amiga”, un proyecto que
ya nada tiene que ver con la estricnina. Al contrario,
busca fiscalizar a los perros callejeros y construir
un hotel, un albergue y un cementerio para mascotas.
CHUPACABRAS
EN PUERTO RICO
Era
demasiada la coincidencia el chupacabras atacaba en
Calama y en Puerto Rico, simultáneamente. Por
ello, durante las pesquisas la policía bajó
información de prensa de interne para ver qué
estaba pasando en pueblos como Coamo, Arecibo, Orovis,
y Morobis, los más afectados por las muertes
de animales en extrañas circunstancias en la
isla caribeña.
El último caso que registra el diario Primera
Hora data del 11 de mayo de 2001, cuando en una finca
del barrio de Cuyón de Coamo, la campesina María
Rivera Alvarado, alertada por los ladridos de unos perros,
encontró en su finca dos ovejas muertas y tres
heridas. Todas tenían dos perforaciones en el
cuello y poca sangre en las heridas.
Hasta ahora en Puerto Rico ni los policías ni
las necropsias practicadas a animales han logrado determinar
la causa de muerte. Se baraja, no obstante, el ataque
de un mono salvaje. Pero allá la historia de
la criatura dio para mucho más que en Calama,
luego de que se anunciara la filmación de una
película del Chupacabras, en la que el actor
puertorriqueño Javier Vallellanes actuaría
como el chupasangre, usando un disfraz.
En la película también estaba comprometida
la participación del alcalde de Canóvanas,
José Chemo Soto, quien en su zona ha dirigido
las pesquisas cada vez que ataca el supuesto alienígena
y, según informó el edil a la prensa local,
los productores del filme analizaban “seriamente”
incluir a Jennifer López y Clint Eastwood en
el elenco.
Transcripción:
Rodrigo Cuadra Salazar