LOS ARCHIVOS X DEL CHUPACABRAS: DOS AÑOS DESPUÉS
Semanario Siete + 7 (Chile)
Viernes 10 de Mayo de 2002
Por: Ana María Sanhueza

Vaya al aeropuerto y vea si hay o no un avión de la NASA que viene a buscar al Chupacabras –le dijo el gobernador de El Loa, Francisco Segovia, al entonces abogado jefe de la Intendencia, Rodrigo Soto, quien que ir al aeropuerto de Antofagasta para confirmar si la nave había o no aterrizado, como era el rumor que corría fuerte por Calama y atosigaba a las autoridades locales.

El trámite también lo hizo la Policía de Investigaciones de Calama, remitiendo a Santiago la misma respuesta que Soto le dio a Segovia.

- No, no hay ningún avión de la NASA.
Segovia, a su vez, también recibió llamados extraños, como cuando le preguntaron si era verdad que en el Regimiento de Calama habían muerto dos soldados después de capturar al Chupacabras. El rumor era tan fuerte que el comandante de esa división, Claudio Prohaska, estuvo pegado todo el día al teléfono explicando a las cientos de madres de conscriptos de todo el país que a sus hijos no los había atacado ningún ser.

Era abril y mayo de 2000, año de psicosis de Calama por el chupasangre. Cientos de ovejas y corderos amanecían muertos y desangrados, con un par de agujeros en el cuello y sin ningún indicio de haber intentado defenderse de los ataques. Para sumar misterio, todo ocurría a metros del cementerio.

Y aunque las autoridades gubernamentales enterraron el tema con el envenenamiento de 220 perros vagos por orden del Servicio de Salud, la justicia y la policía aportaron el final abierto a esta historia, luego de que no lograran acreditar quién o qué fue el responsable de las muertes.

-Se estableció el hecho, pero no el autor- dice el magistrado del Segundo Juzgado de Letras de Calama, Jaime Medina, que sobreseyó temporalmente el caso hasta no encontrar nuevos antecedentes que ameriten su reapertura. Algo que Herman Oyanedel, entonces jefe de la Prefectura de Calama, todavía no descarta.

-Es que quedaron dudas respecto del animal que podría haber hecho esto. Y a lo mejor quién sabe si vuelve, porque en Calama siempre ocurren cosas muy extrañas- dice.

Oyanedel fue el hombre que encabezó las pesquisas en las parcelas del sector de La Paz por orden del Primer y Segundo juzgados de Letras de la ciudad, los tribunales que guardan en sus estantes los expedientes de la desquiciada historia de cómo Calama buscaba de noche con palos, armas y linternas al autor indeterminado de los violentos ataques al ganado. Una época que no sólo quitó horas/hombre y presupuesto a Investigaciones y unos cuantos tiros al aire de los policías ante cualquier movimiento nocturno en el campo santo, sino también a otras varias instituciones del Estado: la Gobernación, el SAG, el Indap, jueces, actuarios, carabineros, militares, el servicio de salud y parlamentarios.

EL FACTOR E.T.

“Sabropollo” es un conocido negocio de venta de pollos asados y papas fritas que queda a la entrada de Calama. Detrás del mesón está el ufólogo Jaime Ferrer, el hombre responsable de que el Chupacabras siga vigente hasta hoy, cuando ya han pasado exactamente dos años desde que el depredador matara a 232 animales en apenas 10 días.

Esa es la cifra oficial a la que llegó Investigaciones y que quedó consignada en los expedientes de los tribunales hasta que no haya nuevos antecedentes.

Los números de Ferrer, sin embargo, no coinciden con las cifras oficiales: “Son más de seis mil los animales muertos hasta la fecha y los ataques no han parado”. Y dice que Investigaciones sólo consigna en su lista a cerdos, ovejas y corderos “pero no a perros, gatos, gallinas, gansos, chinchillas, cuyes y canarios”, todas muertes que quedaron en la impunidad luego de que la prensa, a estas alturas, dejó de publicar sus extraños fallecimientos. Ahora, en la agenda noticiosa de Calama son más relevantes la disputa entre los dueños de las 82 schoperías de la ciudad y el consejo municipal –que restringió sus horarios de atención- o el traslado de más de seis mil familias desde Chuquicamata.

Pero el dueño de “Sabropollo, que aprovecha el mesón de su negocio para recoger testimonios de avistamientos del ser, no para. En sus archivos personales –que rebotan en la web desde la página Calama UFO Center a Miami UFO Center- tiene consignado el último caso, que data apenas del 10 de marzo de este año y ocurrió en la parcela de una mujer llamada Mirna. Ha tenido cero publicidad. Cinco conejos fueron atacados por un depredador al interior de sus jaulas. El resultado: dos muertos y otros dos polifracturados que terminaron sacrificados. El conejo sobreviviente quedó con “evidencias de ceguera”.

Actualmente, en Internet se puede comprar por 7.000 pesos el CD “Chupacabras en Chile”, que editó el ufólogo santiaguino Rodrigo Cuadra y que contiene videos de las notas periodísticas del tema y gemidos guturales que simulan los supuestos gruñidos del Chupacabras. La voz en todo caso es de Ferrer.

-Muuuuuuuuuuuuu, ¡muuuuuuuuuu!-, gruñe Ferrer imitando los gemidos del Chupacabras. Es un sonido gutural extraño. Un poco ronco, que emula a una vaca sufriente, pero parece más cercano a los ruidos de Chewbacca, el patner de Han Solo en La Guerra de las Galaxias.

El ufólogo dice que reconstituyó el gruñido –con su voz- después de recoger más de 600 testimonios de nortinos que dicen haber visto o escuchado al ‘bicharraco’, nombre con que el gobernador Francisco Segovia denomina a eso que le dio tantos dolores de cabeza. “Es que la cantidad de mentiras y la alarma pública era impresionante. Incluso había un ufólogo extranjero de apellido Rodríguez que cobraba 2.500 pesos por las charlas sobre el Chupacabras. A nosotros se nos complicó la cosa, porque la gente estaba muy asustada y había que calmarla”, dice el gobernador.

LAS LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN

Pese a que chupasangre desapareció oficialmente de la agenda tras la muerte de los perros vagos –también se cerró el topples de Calama “Chupacabras Web”-, el ‘gobernador chupacabras’, como le decían sus colegas a Segovia, dice que mientras duraron las pericias, “yo siempre dije que no descartaba nada”.

Las dudas de Segovia se deben a que en las indagaciones la policía también husmeó en la posibilidad de que un león, un tigre o un mono –probablemente un papión o “poto colorado”- se hubiese escapado de un circo que visitó Calama. Sin embargo, la única carpa que por esas fechas había estado en la ciudad era el Circo de los Hermanos Gasca, que llegó a los tribunales no por la huida de uno de sus animales, sino por una causa de lesiones tras una riña callejera que protagonizó uno de sus empleados con un taxista en las afueras de una schopería y a altas horas de la madrugada.

Incluso, consta en los expedientes la ida a Calama desde Santiago de la Brigada Ecológica de Investigaciones, funcionarios peritos en temas de tráfico de animales, que podría haber hallado a la bestia asesina de ovinos.

“Pero nunca encontramos un mono”, dice el director del SAG local, Hiber Martínez, una de las tantas autoridades involucradas en el tema y quien asegura que “siempre supimos que los ataques eran de perros”.

Otra teoría que se manejó en las altas esferas calameñas y que también rastrearon los detectives, resultó demasiado difícil de evidenciar como para que apareciera en el expediente. Aquí va: el bicho chupasangre no era más que una operación de inteligencia para sacar a los campesinos del sector de La Paz, el único lugar fértil de la ciudad; una vez arruinados por las pérdidas, se verían obligados a vender sus terrenos a precio vil. Todo para lograr que las familias que preparan la mudanza desde Chuquicamata construyeran sus nuevas viviendas al lado del cementerio.

Pero el gobernador descarta de plano la teoría porque dice que esa población se está levantando en otro sector. “Como presidente del Comité Sustentable de Oasis ni nosotros ni la municipalidad vamos a permitir que se construya allí”.

Pero son los informes de las pericias y las operaciones “rastrillo” que encabezó la policía los que más tiempo y dinero quitaron a los especialistas. El entonces prefecto Oyanedel fue el encargado de levantar en yeso una huella que después de ser enviada a Santiago y reproducida al mundo por la televisión, resultó ser de un perro cualquiera. Lo mismo ocurrió con un pelo que más tarde se supo era sintético.

También a los tribunales –que tuvieron a la vista el expediente Chupacabras puertorriqueño, bajado desde internet- llegó la denuncia de la muerte de tres cerditos. Pero la necropsia dio como resultado que fallecieron por puñaladas de manos humanas, sin intervención marciana ni animal. También figura en la causa el episodio de unos caballos que presentaban extraños orificios en el cuerpo ¿Chupacabras, perros hambrientos de vertedero, un mono papión, un león de circo? No, el informe concluyó que los orificios fueron hechos con sacabocados.

Sin embargo, Oyanedel aún recuerda que él y su equipo hallaron una extraña huella de seis dedos en el cementerio. Las pericias –remitidas también a Santiago- dieron como resultado pisadas de perro superpuestas.

El punto, dice, es que se aclaró sólo esa huella, pero no las más de cien pisadas iguales que hacían un sendero en el cementerio. –Es que en Calama siempre pasan cosas extrañas- insiste.

EL CHUPAPLATAS

Jaime Ferrer ha vivido los últimos 24 meses de los pollos asados, pero toda su pasión ha sido para el Chupacabras. Sueña con atraparlo y mostrarlo a Calama y al mundo y demostrar que lo que dicen las autoridades loínas no es cierto. Es decir, que los asesinos de animales no son perros vagos del desierto, como sí aseguran los informes de la Gobernación, el SAG, el Indap y el Servicio de Salud local, sino “un ser no natural que es parte de comunidades que deambulan por la zona norte de Chile y con nexos OVNI”.

Desde la primera aparición del ser, en abril del 2000, a la fecha, el ufólogo dice que ha gastado más de siete millones de pesos en perseguir los saltos del Chupacabras. Un computador, un scanner, un microscopio electrónico son parte de su centro de operaciones. A eso hay que sumarle el ítem bencina para recorrer Calama, María Elena y San Pedro de Atacama, entre otros lugares, en busca de evidencia.

Pero Ferrer no es el único a quien el tema le ha vaciado los bolsillos. Las pérdidas de masa ganadera de los campesinos atacados fueron abultadas, sobre todo porque se trata de gente de escasos recursos que tenía a sus animales o sueltos o en pequeños y artesanales corrales. El mejor ejemplo de la tragedia es el caso que llevó el Segundo Juzgado de Letras de Calama: una anciana declaró en el tribunal la muerte de unas 80 ovejas en extrañas circunstancias.

En cifras el drama se tradujo en los créditos que algunos de los afectados pidieron al Indap de la zona para reponer sus animales y arreglar sus corrales. El organismo, ante las denuncias de los pobladores de ataques extraños, o Chupacabras a secas, debió omitir el nombre del chupasangre en sus informes y aprobar los préstamos bajo el rótulo “ataque de perros”. Porque fue a esa conclusión a la que llegaron las autoridades políticas, agrícolas y de salud de El Loa. No así las investigación judicial y policial, que acreditó el hecho, pero no al autor.

“Es que no podíamos poner como argumento en los informes ‘ataque del Chupacabras’”, explica el ejecutivo de cuentas del Indap, Marcelo Miranda, a quien le consta en primera persona lo terribles y enrabiados que pudieron llegar a ser los perros vagos que, en la época de la psicosis colectiva, deambulaban por el vertedero de Calama cuando iba a botar los desechos de su casa al basurero. Le saltaban hacia la camioneta como endemoniados.

En total tres parceleros pidieron préstamos al Indap por el ‘factor chupacabras’. El primer crédito fue aprobado el 15 de mayo del 2000 a la señora Silvia Trigo, quien pidió un millón doce mil pesos al Indap. El segundo fue para don Pedro Vega, por 812 mil pesos y, el último y más caro, para José Salinas Ceballos, quien salió tan dañado que se endeudó por dos millones 241 mil 735 pesos.
Debe odiar al chupasangre.

Pero las platas suman y siguen. El jefe del Servicio de Salud y Medio Ambiente de Calama, Lucas Burchard, calcula que en total su organismo gastó unos dos millones de pesos. El dinero incluye las necropsias, la bencina, las horas extras de sus funcionarios, las pericias para tomar y luego descartar huellas… además del veneno que se usó para sacrificar a los perros vagos que la oficialidad sentenció a muerte.

-Acá la psicosis fue bastante grande ¡Pero si nadie nos creía que eran perros! La comunidad no escuchaba las explicaciones oficiales, porque estaba lleno de ufólogos.

Dada la evidencia científica que tenía en sus manos, Burchard no tuvo otra opción que terminar el ‘caso Chupacabras’ con estricnina. Por la fórmula usada sufrió el rigor de los protectores de animales, pero entre tanto perro calameño –de los 37 mil que hay en la ciudad, 9.500 están en la categoría de vagos-, no podía hacer otra cosa. “Fuimos muy criticados”, recuerda.

Dos años después, Burchard sigue en el mismo cargo y preocupado por los animales. En Calama es la cabeza visible de la campaña “Mi mascota, mi amiga”, un proyecto que ya nada tiene que ver con la estricnina. Al contrario, busca fiscalizar a los perros callejeros y construir un hotel, un albergue y un cementerio para mascotas.

CHUPACABRAS EN PUERTO RICO

Era demasiada la coincidencia el chupacabras atacaba en Calama y en Puerto Rico, simultáneamente. Por ello, durante las pesquisas la policía bajó información de prensa de interne para ver qué estaba pasando en pueblos como Coamo, Arecibo, Orovis, y Morobis, los más afectados por las muertes de animales en extrañas circunstancias en la isla caribeña.

El último caso que registra el diario Primera Hora data del 11 de mayo de 2001, cuando en una finca del barrio de Cuyón de Coamo, la campesina María Rivera Alvarado, alertada por los ladridos de unos perros, encontró en su finca dos ovejas muertas y tres heridas. Todas tenían dos perforaciones en el cuello y poca sangre en las heridas.
Hasta ahora en Puerto Rico ni los policías ni las necropsias practicadas a animales han logrado determinar la causa de muerte. Se baraja, no obstante, el ataque de un mono salvaje. Pero allá la historia de la criatura dio para mucho más que en Calama, luego de que se anunciara la filmación de una película del Chupacabras, en la que el actor puertorriqueño Javier Vallellanes actuaría como el chupasangre, usando un disfraz.

En la película también estaba comprometida la participación del alcalde de Canóvanas, José Chemo Soto, quien en su zona ha dirigido las pesquisas cada vez que ataca el supuesto alienígena y, según informó el edil a la prensa local, los productores del filme analizaban “seriamente” incluir a Jennifer López y Clint Eastwood en el elenco.

Transcripción: Rodrigo Cuadra Salazar

 

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