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TINA MODOTTI UNA VIDA DE PELÍCULA

Por Adriana Cepeda

ligei@uol.com.mx 

     Ah... aquellos años veinte, México era un país prácticamente rural, la palabra modernización era ajena para la mayoría, sólo en la ciudad de México existían rasgos de "progreso". La provincia mexicana era fresca, de aires limpios y fulgurosos, era una tierra inesperada e inmensa; un país para explorarse, admirarse y gozarse. Muchas de las personas de aquel entonces eran de origen indígena; hombres con ropas de manta y sombrero de paja, las mujeres con faldas largas y blusas multicolores.

      En el ámbito político, había muerto Carranza y Francisco Villa firmaba un cese al fuego en 1920. Vasconcelos era Secretario de Educación Pública, puesto que le permitía difundir actividades culturales, de las cuales, con su apoyo, provino el Muralismo; José Clemente Orozco pintó los muros de San Ildefonso y Diego Rivera hizo lo mismo con el edificio de la Secretaría de Educación Pública.

      En esa época comenzaba a nacer un fuerte sentimiento nacionalista que inundaba a todo el territorio mexicano; la ideología de la sociedad estaba contagiada por todo lo que se relacionara con "las raíces mexicanas".

      Era la década del desarrollo tecnológico, claro que, a diferencia de las primeras potencias mundiales, en México siempre tardaba un poco más en llegar. El interés por la tecnología siempre mantuvo ocupado principalmente al sector militar, aunque no por ello la gente dejaba de entusiasmarse con el rápido avance de la tecnología, esto a pesar de que el pueblo, o sea ellos, no recibieran beneficio alguno, más que la radio y el  cine.

      Los ricos tenían todas las comodidades que su capital les permitía. Por su parte, los pobres -que eran la mayoría- vivían marginados, acostumbrados casi por completo a sentir el hueco en su estómago, ocasionado por la condenada hambre. La revolución mexicana parecía no haber logrado su objetivo, pues los campesinos seguían dependiendo de los latifundios. Los pobres esperaban que les fuera concedido el derecho a la vida, es más a veces ni lo exigían ¿para qué? Con los obreros ocurría lo mismo, las ocho horas junto con las prestaciones que la ley les otorgaba parecía importarles poco a los dueños de las fábricas y empresas que abusaban de sus empleados.

      Era increíble el contraste -lo es todavía-, México un país tan rico y tan pobre al mismo tiempo; rico en su figura, tenía un esplendor del que muy pocos lugares podrían presumir, paisajes que la vista y la mente no hubieran imaginado y disfrutado jamás; pobre porque su gente padecía en carne propia los peores castigos: la miseria y la ignorancia.

      Los movimientos obreros y campesinos, ya conformados como comunistas, en contra del gobierno corrupto y aliado de los imperialistas, comenzaban a hacer sus primeras apariciones.

      En el movimiento comunista las mujeres logran una fuerte presencia, en algunas ocasiones mayor que la presencia masculina.

      En la década de los veinte la mujer sólo servía para estar en su casa, para atender a su marido, servirle en el plano doméstico y el plano sexual. La mujer mexicana de esa época "sólo se ponía", no disfrutaba, mucho menos se atrevía a experimentar, se avergonzaba de que la vieran desnuda o se avergonzaba de comulgar con otro cuerpo desnudo. La sociedad de ese entonces era muy "decente", para todo empleaba la decencia "la mujer tiene que ser decente", "esta familia es decente", etc., todo es bajo la visión de la decencia. Compartían unos con otros una mentalidad puritana.

      Las indígenas parecían no entender el pudor, no se avergonzaban de sus pechos redondos, tostados, con sus grandes pezones, ellas se ponían a amamantar a sus hijos en plena vía pública. Existía mucha diferencia entre las mujeres capitalinas y las mujeres de provincia, aunque también las divido en ricas y pobres. Muchas de las mujeres que en esos años estaban "adelantadas a su época" provenían de familias ponderadas, ricas e intelectuales, en las que la desnudez y la sexualidad no eran reprimidas, el acervo de conocimiento les permitía ser libres, claro también no todas las mujeres que tenían recursos económicos poseían inteligencia, pero prácticamente mujeres como Antonieta Rivas Mercado, Concha Michel, Lupe Marín, las hermanas Amor, Nahuí Olín, María Orozco Romero, Luz Ardizana, Tina Modotti entre otras, tenían un antecedente bastante fuerte como para trasmitirles esa fortaleza de pensamiento y acción.

      Estas mujeres fueron calificadas, en su momento, como locas, coquetas, pirujas, rameras o indecentes, todo por el simple hecho de pensar distinto; ser dueñas de sí mismas, no, eso era una blasfemia.

      Digo blasfemia por el movimiento cristero que tuvo lugar en esos años. Desgraciadamente el pensamiento religioso predominaba en la mentalidad  del mexicano, eran muy pocos (as) los que se aventuraban a ser diferentes. Sobre todo las mujeres, ellas no podían romper un esquema religioso y moral que se les había establecido desde siempre. Actualmente todavía prevalecen ciertos rasgos de aquella época, para una mujer el querer ser libre era una actitud que se le había reprimido desde no sé cuánto tiempo, esto me recuerda la vez que vi en el cine, con dos amigas, una escena de la película Como agua para chocolate de Alfonso Arau en la parte en la que el enamorado de Tita se casa con la hermana de ésta para poder estar junto a ella, en la noche de bodas la hermana tiende sobre la cama amplia y blanda una colcha que tiene un orificio en el centro, posteriormente ella toma su lugar debajo de la colcha y espera a su hombre, en ese momento la voz de mi amiga me cuestionó "¿para qué es el agujerito? Ahora me da risa recordar la pregunta ingenua de mi amiga, pero al reflexionar sobre ello me doy cuenta de la magnitud de la escena: la mujer no debía gozar su sexualidad, el acto amoroso; era más grande el pudor que el placer.

      La mujer se tenía que preocupar por no cometer el mismo pecado de Eva. En un pobladito del interior de la república se acostumbraba que la familia, después de la noche de bodas de los novios, sacaran las sabanas manchadas de sangre a la ventana para que todo el pueblo la viera y seguir, de esta manera, con las buenas costumbres.

      Una de las mujeres que desafió a la sociedad mexicana decente de la época de los veinte fue Assunta Adelaida Luigia Modotti, o Tina Modotti como muchos la conocemos.

      En 1923 llegó a México esta extranjera de nacionalidad italiana, pero que había emigrado desde los 16 años a los Estados Unidos junto con su familia. Hizo su arribo al suelo nacional cuanto tenía veintiséis años.

      En su estancia en los Estados Unidos había trabajado en algunas películas de Hollywood y estaba casada con el pintor Robo, Roubaix de I'Abrie Richey, quien vendría a México primero que ella y le escribiría en sus cartas maravillas sobre el exquisito país, mismas que motivarían a Tina a viajar a tierras mexicanas..

      Tina comenzaba a interesarse en la fotografía, y para ese momento  estaba enamorada de Edward Weston, amigo de su esposo, fotógrafo estadounidense, a quien admiraba plenamente.

      Robo muere de viruela en México en 1922, Tina tiene su primer contacto con México en ese año, pero no sería hasta agosto de 1923 cuando se establecería en el país. Esta vez llegaría acompañada por Weston.

      Tina estaba en plenitud de su sexualidad, no se inhibía por su desnudez, a ella le gustaba juguetear desnuda; le molestaban las ataduras, los botones, los cinturones o cualquier prenda que le estorbara para moverse. Tenía una forma muy especial de caminar, de hablar, todo en ella era llamativo, y más para los mexicanos poco acostumbrados a una mujer con  esas características. La mayoría de las mujeres del país ni pensarlo, ellas no podrían ser como Tina.

      Tina se impresionó tanto con México, que quiso plasmarlo en imágenes fotográficas como un homenaje, aunque no sólo captaba sus formas estéticas, sino que retrataba la visión de un país lleno de miseria e injusticia.

      En México conoció a los hombres que trazarían el curso de su vida, primero la amorosa y consecuentemente a su vida política y humanitaria.

      Cada uno de sus amores la amaron a su modo, ella de la misma forma les designo un lugar en su pequeño cuerpo, no así en su corazón.

      Con Weston aprendió a sentir, con Xavier Guerrero a pensar en los demás, con Julio Antonio Mella comprendió lo que era amar más allá de su propia existencia y supo ser fuerte cuando lo asesinaron, con Vittorio Vidali sintió lo que era nacer de nuevo, a todos los amó, pero a Mella lo inmaculó.

      Tina nunca se avergonzó de lo que hacia, ni siquiera cuando las personas decentes la tacharon de hacer pornografía en los desnudos que Weston le tomara. Siempre supo que ella quería vivir ayudando a los demás.

      Bien dice Elena Poniatoska "fue inteligente, cualidad que le permitió hacer en 46 años más de lo que otros hacen en 80 años".

      Supo defender su integridad y nunca se avergonzó de su sexualidad, al contrario la disfrutó más que a la propia vida.

      Seguir hablando sobre Tina sería escribir hojas y hojas sobre su vida, sólo me resta proclamar mi admiración a tan fuerte mujer, que vivió en una época durante la cual ser mujer parecía minimizar tu importancia como ser humano dentro de la sociedad. 

      Como no soy la única que admira su vida y su obra como fotógrafa, me entere que Manuel Ávila Camacho hijo, quien se dedica a la realización cinematográfica, piensa rendirle un tributo a Tina, por lo que se encuentra trabajando en Hollywood en el proyecto para filmar una película sobre su vida. Me da mucho gusto que este proyecto finalmente se concrete y estaremos pendientes para darle seguimiento.