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José Luis García Cruz

Equipo de   Contemporánea

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*Enrique Barragán

* Adriana Cepeda

* Esteban Correa

* José Luis García

* César Juárez Caudillo

* Edgar Lozano Reyna

* Lluvia Morales

* Esther Romero

* Ariel Ruiz

*Alejandro Santos

* Marisol Quintero

* Rosario Torres

* Alma Rosa Valades

 

 

 

 

 

 

 

 

251547,

ALGO DIFERENTE 

 

No son meras elucubraciones y teorías de un resentido, lo piensa y lo dice porque ha sentido y resentido la ineficacia, él es el epicentro de la injusticia, y esa es la paradoja pues se supone él será un abogado, pero sucede que no cree en el derecho, su eficacia es nula, por eso considera que su carrera, la licenciatura en derecho, es el conjunto de los sofismas mejor elaborados a lo largo de la historia de la filosofía, su materia de estudio lo es del pensamiento, "ideas", pura mala literatura y no más; así el derecho constitucional es la metafísica, la teoría del derecho es la estética y el derecho agrario es un tema digno de Issac Asimov, algo de la más depurada ciencia - ficción. Sólo los exámenes importan en la medida que son el medio que habrá de franquearse para alcanzar el fin, es decir, el estúpido título. Por eso él es el gran desertor de las cátedras, prefiriendo pasar sus horas en la banca.

 

Son muchas las ocasiones que ha estado sentado, incluso acostado en esta banca. La fascinación y el atractivo que este lugar ejerce sobre él son razones arcanas que aún no comprende, quizás sea el árbol, inmenso, o el simple panorama, o a lo mejor el camino tan transitado por estudiantes en todo momento, lo cierto es que esa banca, ese árbol con su sombra y ese sencillo panorama son el sitio predilecto de sus lecturas y cavilaciones.

 

A últimas fechas sus pensamientos pasean en derredor de todas aquellas circunstancias que han hecho de eso que se llama "su vida", una mierda inconmesurable, la gran decepción de amigos y familiares quienes vislumbraban su destino como algo diferente. No sabe cuántas veces ha repasado la configuración  de acciones y omisiones que lo han llevado hasta donde se encuentra y de dicho análisis no se desprende otra cosa que el continuo de imprecisiones y perplejidades, el cúmulo de expectativas incumplidas,  de incertidumbres impostergables, el error vitalicio, el fracaso siempre renovado.

 

Ahora no piensa en el derecho inexistente, ni en su situación tan dislocada, tampoco  piensa en todos esos estudiantes con mirada de gato intoxicado que pasan frente a él.  Ahora lo que busca su pensamiento es no pensar, sólo sentir. El, sentado en esta banca,  únicamente sintiendo el descomunal y experimentado  sexo oral que ella, hincada, le está regalando sin miedo ni cautelas.

 

Apenas ayer se conocieron, apenas  recuerda su nombre (el de ella),  pero esos datos son completamente prescindibles para sus fines (los de él) en cambio es indispensable saber que después de la corta plática de ayer, después del recorrido que las manos  (las de ambos) efectuaron sobre el cuerpo del otro y una vez culminados los besos acordaron un reencuentro para hoy. Después de que ella visitara al doctor, al ginecólogo,  irían a la casa de él, y ahí conjugarían sus cuerpos.

 

Es un buen plan  - pensó él -   recordando la lástima que le inspiraban todos aquellos que pagan por la visión de la carne expuesta, por el sabor de la piel en combustión.  Pero el plan podía desviarse a la tangente, otro día será mejor  - pensó y dijo ella -  el doctor acababa de diagnosticarle enfermedad, grave. Y por eso el sexo oral,  como una omisión al riesgo para él  y especialmente como agradable indemnización al cambio de proyecto. Inconveniente  - pensó él -   así es que la dejó acabar con la indemnización, que llegó placenteramente a su fin dentro de ella que tragó, después la convenció de no claudicar echando mano de todos los posibles artilugios: el faje preciso, el toque más óptimo, la lengua estratégica y por último (al fin y al cabo, abogado) las palabras certeras.

 

Buen resultado. Ahora están los dos en el cuarto de él, metidos en el fragor del cuerpo contra cuerpo. Lo hacen una vez, luego otra y descansan toda la musculatura, mientras  tanto fuman, él sus bohemios, ella sentada y con dedos exactos le da forja con pastito vacilador a su cigarro. No dicen nada, sólo chupan cada uno su respectivo cigarro. Alternativamente él mira, ora el humo, ora el sexo de ella, rasurado, como de infanta.  Poco tiempo después ella comienza su monologo:

 

Estamos en el desierto  - dijo ella -   y es amarillo y grande y caliente, sobretodo caliente: Mira los cactus hirsutos de espinas. Los cactus son feos y toda fealdad es extraordinaria así como toda belleza es simple… es amarillo y caliente. Las serpientes y las águilas; la serpiente larga y sabiduría… por eso Cristo es extraordinario, porque supo morir de pié y no llorar jamás y la sangre, eso es todo, ¡la sangre! ¿sabes cuántos han muerto por ella?, quiero sangre, sangre y semen… Estamos en el desierto, es como el mar pues tiene olas pero de arena y es grande y es amarillo y caliente.

 

El la miró con cierta envidia y perplejidad, pues no sabía que la canabis tuviera atributos alucinatorios. ¿Dime cuál es el vínculo entre Cristo y el desierto?   - le preguntó él -

 

¿Cristo?…  ah, ese ni me conoce  - dijo ella -   pero hay una mujer pequeñita que viaja en olas, tal parece que trae una tabla adherida a los pies y cuando en las mañanas quiero abrir los ojos mueve la pestañita de mi despertador para que yo siga con mis sueños y yo continúo durmiendo sin parar porque la mujer pequeñita… la pestañita y entonces el sol… es el astro máximo porque da luz y además da la vida.

 

La respuesta lo dejó todavía más perplejo, pinche sol  - pensó él -   sin embargo, ahora tenía casi la completa certeza de que ella con esa oquedad tan pródiga en jugos era el medio perfecto y eficaz para dar cumplimiento a su fin, así es que la penetró una vez más, tan sólo para consolidar su expectativa, la única.

 

Desde entonces han pasado tres meses y medio, los necesarios. Hace dos semanas él estaba dentro de ese cuarto con diáfanas paredes de color blanco, sentado en el banquillo, con la liga en el brazo, mirando como se dilataba, se inflamaba  la vena, sintiendo como la aguja le horadaba la piel que vomitaba ¡la sangre! (¿cuántos han muerto por ella o a través de ella?). Ha estado contento, mucho, cavilando cómo nadie le pudo arrebatar el único y verdadero derecho…   el de abolir los estorbos del alma. Los medios no importan, el fin es la infinitud - pensaba él - Ahora estaba expectante, aguardando el resultado de su último examen, el realizado con ella, el medio. Y ahí está   el papel, el resultado, lo lee y sonríe, ya tiene otro nombre, esta impreso en su carnet, de aquí en adelante él se llama 251547. Sale, camina y sonríe, pensando que ha hecho efectivo el derecho a suprimirse, a borrarse, despacio y con paciencia;  ha hecho eficaz el derecho, el único y verdadero, anularse. Eso paradójicamente, hace de su destino lo que familiares y amigos miraban y querían, es decir,  algo diferente (muy igual al de ellos). Sigue caminando y vuelve a leer "positivo" por fin,   - piensa 251547 -  algo positivo en mi vida y se ríe cómo nunca antes, pensando en que comienza el siglo siendo algo muy diferente… entonces dice en alta voz:   ¡Hola, mi nombre es 251547 el único jodido muerto parlante de entre todos sus conocidos y familiares! 

Jorge Antonio Solís López

Octubre del 99