"CONTEMPORANEA"

" Donde lo Relevante Cobra su Verdadera Trascendencia "


Principal

CiberStats. Pincha para estadisticas.

ESTADÍSTICAS Y VISITAS DE LA PÁGINA

El directorio de México

logocontempo2.gif (51526 bytes)

ESTE SITIO ES MEJOR VISUALIZADO CON:

explorer.gif (7090 bytes)

PÁGINAS DEL GRUPO CONTEMPORÁNEA.

INTROVERTIDA

Verás el Mundo  a través de tus sentimientos...( poemas, reflexiones, artículos, música, y mucho más!!!) Sitio de encuentro.

www.introvertida.cjb.net

Contemporánea, 1999, Todos los derechos reservados,  Los artículos aquí publicados son propiedad de sus autores individuales, se permite su utilización y distribución siempre y cuando se mantenga el crédito al autor.  Diseño y código fuente es propiedad de

"Contemporánea Editores

Sitio orgullosamente hecho en :

mexicoanim.gif (8012 bytes)

Por:

escudounam.gif (8853 bytes)

Estudiantes de la ENEP ARAGÓN

Comentarios, peticiones y/o sugerencias por favor dirigelas a nuestro WebMaster

José Luis García Cruz

Equipo de   Contemporánea

* Angel Arellano

*Enrique Barragán

* Adriana Cepeda

* Esteban Correa

* José Luis García

* César Juárez Caudillo

* Edgar Lozano Reyna

* Lluvia Morales

* Esther Romero

* Ariel Ruiz

*Alejandro Santos

* Marisol Quintero

* Rosario Torres

* Alma Rosa Valades

 

 

 

 

 

 

 

 

La Lectura

Hago una pausa y empiezo la lectura de un modo natural, sin asombro ni emoción, aunque en mi interior experimento cierta inquietud, la misma que se tiene cuando se está ante algo desconocido. El inicio no me resulta muy sorprendente, pienso que hubiera podido redactarse de una forma más atractiva para el lector, pero en fin, no le doy demasiada importancia a este detalle.

     Sigo leyendo, y de pronto reconozco en el narrador un rasgo que me parece familiar. Lo raro es que no alcanzo a distinguir de dónde proviene: si de la forma en que va construyendo su relato, o del relato mismo, si es el qué o el cómo lo dice. Abandono tal reflexión y hago un esfuerzo desmesurado por concentrarme. Ansío encontrar la parte medular, aquella que me lleve a descubrir, o por lo menos adivinar, lo que será el desenlace de la historia. No lo consigo y mi paciencia se está agotando. Quiero saber de una vez por todas cuál es la razón de esta ecena introductoria que no tiene ni pies ni cabeza. Incluso pasa por mi mente saltarme unas líneas, total, esta lectura tal vez no merezca ser leída de forma completa. Es más, podría evitarme la molestia de continuarla si avanzo súbitamente la mirada hasta el párrafo final, donde seguramente -dada la actitud del autor por esconder sus intenciones-, se encuentra lo más relevante de todo este lío. Hago una pausa y empiezo... ¡No! Me retracto de este impulso. Mi convicción por respetar el orden lógico del relato me hacen desistir de semejante idea. Regreso la vista a donde me quedé y continúo leyendo. Sigo confundido, sin saber a ciencia cierta a dónde me lleva este enjambre de palabras amañadas. De momento se me ocurre la salida más fácil: abandonar la lectura, hecharla al olvido como se hechan los leños al fuego. Pero no lo hago. Pienso que si el tiempo que me ha consumido hasta ahora de cualquier forma ya no es recuperable, qué más da entonces dedicarle otro poco con tal de saber el final. Solo así podré juzgarla meresidamente, sin que me queden remordimientos por opinar de algo que no conocí del todo.

     Ahora me pregunto cómo ha podido el autor escribir esto. Cómo se ha permitido tantas libertades imprimiendo un texto con errores ortográficos. Además ¿Dónde están los personajes principales, la construcción del ambiente? ¿A qué hora se le va a ocurrir plantear el problema del relato? ¿O es que de veras piensa que me va a sorprender ocultándome lo que esconde?

¡Qué poca seriedad en la redacción! Eso me molesta y me regreso una línea: ocultándome lo que esconde? ¡Qué redundancia!

     Empiezo a creer que todo esto es un juego. Que el autor está en este preciso momento carcajeándose por su travesura. Estará pensando en mi desconcierto y eso lo dejará enteramente feliz. Debí adivinarlo desde un principio. Ahora veo que es demasiado tarde y no hay más remedio que terminar con esto. Ya no falta mucho. Desde aquí puedo ver de reojo las pocas líneas que quedan. Acelero la lectura aunque ello implique dejar de respetar las reglas gramaticales. La velocidad que llevo hace desaparecer los puntos y las comas que permitían organizar oraciones y lo convierte todo en hileras de palabras correteadas por mis ojos en un avance descontrolado que no concede parar un poco para comprender lo que se está leyendo hasta que por fin reflexiono de golpe y !me detengo!

     ¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué la exaltación? ¡No es más que una simple lectura! Ahhhh! Suspiro. Respiro pau-sa-da-men-te. Me tranquilizo. Calmado. Ya estoy calmado. Ahora, reconozco que perdí la compostura, y como un intento por enmendar mi falta, me pregunto si estaría dispuesto a leerlo todo de nuevo. ¿Y por qué no?

     Hago una pausa y empiezo la lectura de un modo natural, sin asombro ni emoción, aunque en mi interior experimento cierta inquietud, la misma que se tiene cuando se está ante algo desconocido.

Esteban Correa Aguilar

lpineda@ine.gob.mx