MERCED VIDA DE BARRIO
Por Enrique Barragán Vargas
titobv@prodigy.net.mx
La merced es un barrio de intensa hermosura donde las frutas
parecen gritar una aroma revuelto con el color del día. Doncellas del talón de muy
diversas edades y físicos, están escotadas hasta el extremo. La impresionante reunión
del pomo. Todos los caserones con museos donde a voz
de inquilino se levanta un niño triste escapando del salitre
Las devotas doncellas del talón muchas son niñas disfrazadas
de mujer embadurnadas de pintura y miseria; otras soportan un cargamento de sufrimiento
pero persisten en esperar al cliente que los frecuenta para intimidar su nostalgia.
Las chicas de talón en la gran ,
popular y bellísima Merced, mujeres que se ganan el pan con la delicioso deseo
del sexo, entalladas en pequeñas minifaldas que regalan a la vista un sentimiento de pecado por la intromisión.
Abundan las lindas
.mejor
dicho, lindísimas ( en la correcta aplicación del superlativo). Muchas arribaron de
provincia, cuando la sequía y los patrones imponen el destierro de las propiedades.
Las trabajadoras sexuales, ese el nombre que reclaman pese a que los
puritanos las califican como el oficio más cansad, difícil y peligroso.
Cansadas por el lapso de las 7 horas que están de pie en femenina pose de
chica de revista, adornando los pasillos y lo edificios en su peregrinar sin meta.
Es una posición difícil ya que
deben sostener a seres ferozmente, bestiales, sudorosos por clientes o acompañantes, además, las insistentes
amenazas de los policías regordetes.
Los teporochos sentados
en las esquinas y recordando el tiempo abandonado, estas personas no son mal vistas, ni bien vistos, más bien son
vistos igual que la cáscara de plátano que
solo está presente para el distraído que la pisa.
El pomo (su chupe) apesta a la
tragedia que parece avecinarse, vivir para ello es un verbo que han olvidado, pero no
están muertos: están en la Merced, en
calidad de pasajeros.
Los chafas edificios de hoy no se
comparan a los demolidos escenarios de piedra con eco de memoria.
En la Merced las vecindades con
escaleras de laberinto, inquilinos que platican de los TIBIRIS y la aventuras de la concha, la lola, la toña.
Los comercios y las bodegas tienen voz de gente, de las
doncellas del talón, los trabajadores que empujan diablitos (que no pecan) y el viento de CANDELA.