" Ojo por ojo "
Por: Esteban Correa Aguilar
lpineda@ine.gob.mx
Me
decepcionó. Definitivamente me decepcionó y la dejé ahí plantada, hablando sola como
loca desquiciada.
A
ella no le importó. Continuó parloteando como si nada pasara; como si bastara su sola
presencia para estar completa. ¡La muy cretina!, sintiéndose el centro de atención
cuando ya nadie estaba con ella, cuando no había quién la soportara. Ni siquiera mi
hermanito, y mira que él le ha aguantado un montón de veces todos sus caprichos. Pero
esta vez definitivamente no pudo. ¡Y es que quién iba a tolerar semejante exceso de
confianza! ¡Tantas burradas en tan poco
tiempo!. Si por lo menos tuvieran un generoso toque
imaginativo. ¡Pero no!, hoy decidió salir con lo mismo de siempre y claro, mi hermanito
se aburrió y me dejó ahí sólo con el paquete.
No es
que yo estuviera clavado con ella. ¡Que va!, si
a mí ni me gusta -aunque he de confesar que alguna vez me llegó a interesar mucho, pero
de eso ya tiene rato-. La causa de mi permanencia fueron las cuentas que me mareaban. Con
tantas sumas y tantísimas restas dándome vueltas en la cabeza, la verdad necesitaba un
poco de distracción. ¡Pero vaya metida de pata!, lejos de distraerme con ella me empecé
a malhumorar, y para cuando nos quedamos a solas mi estado de ánimo lucía tan alterado
que estuve a punto de golpearla.
Gracias
al cielo controlé mis impulsos en el último momento, si no, no me la acabo con mi padre.
Nomás imagino la madriza que me acomoda si se
entera que le puse un dedo encima. ¡Carajo!, ¡si bien que sabe la desgraciada que a ella
se le respeta!. ¡Por eso mismo es que abusa!. Porque está segura de que por muy
fastidiosa que sea a veces, terminamos siempre buscándola.
¡En
fin!. Una vez que me hube calmado decidí poner remedio a aquel tormento de una manera
más simple y eficaz. Los dos sabíamos de quién dependía tal solución. Su gusto por
ignorar a los demás fue el motivo que me inspiró. Pensé que tal indiferencia de su
parte merecía ser correspondida de la misma manera. Así que arrojé el control remoto a
un lado y me levanté del sillón donde me había desparramado, dejándola sola con su
cara cuadrada hablándole a la sala, con su desfile de imágenes moviéndose de
aburrimiento, con su voz enfermiza plagada de anuncios publicitarios.
No hubo queja, no hubo reclamo. ¡Carajo!. ¡No le importó!.