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José Luis García Cruz

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esteban.jpg (669504 bytes)Hola que tal amigos de Contemporanea, aquí les presentamos como se los habíamos prometido al titular de la sección Encuentos Cercanos, su nombre es Esteban Correa Aguilar y está a tus órdenes en ban72@uole.com o bien; en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales ENEP, Campus Aragón.

Sin duda él es uno de los mejores cuentistas que pudo haberse allegado Contemporánea, sus relatos siempre sustentados ya sea en la vida real o en la imaginación, siempre estan llenos de originalidad única e incomparable. ¿lo dudas?. Te invitamos a leerlo seguro estarás de acuerdo con nosotros.

 

El Pequeño Juan 

       El Pequeño Juan va conmigo a todos lados y aunque regularmente su conducta en público resulta ejemplar, algunas veces olvida sus buenos modales y en su afán por llamar la atención de las personas me hace pasar cada vergüenza. Cuando así se comporta intento disuadirlo para que guarde la compostura, pero en ocasiones es tan necio que no me deja sino dos alternativas: ignorarlo o hacer como si no viniera conmigo, aunque claro, a la gente le resulta imposible suponer lo mismo.

       En fin, ambos nos llevamos bien pero debo mencionar que en cuanto a gustos tenemos nuestras diferencias. Por ejemplo, a él le agradan los lugares apartados, los más recónditos y escondidos, a los que se llega entre la penumbra y que sean de preferencia, poco frecuentados. Yo en cambio disfruto de los sitios rodeados de gente, los que están a la vista de todo el mundo y que generalmente se encuentran bien iluminados. Pero en algo sí coincidimos: a los dos nos vuelven locos las mujeres. Y es en este punto donde la suerte le favorece, porque a pesar de ser yo el primero en abordarlas y conquistarlas, siempre terminan haciéndole más caso a él que a mí, cosa que aunque me pone un poco celoso, no llega al grado de disgustarme. Total, dicen que nadie sabe para quien trabaja.

       Aveces los dos tenemos ganas de mujer. Aveces yo tengo ganas y él no, por eso digo que el humor del Pequeño Juan es impredecible. Una vez se negó a cumplir con sus obligaciones haciéndose el “muertito”, gratificándose con dejarme en ridículo frente a una bella chica. O tal vez usó ese truco para atraer la atención de la misma, que con toda naturalidad, se olvidó de mí para dedicarse en cuerpo y alma al citado desfallecido.

       Fue esa mujer de mirada hechicera y sonrisa divina quien le puso el nombre. Cuando lo vio colgando inerte cual ahorcado después de juicio se le acercó despacio, y contemplándolo conmovida le llamó: Juan. Ya con el tiempo el adjetivo de “pequeño” se lo agregué yo, y no con un propósito ofensivo sino movido por un sentimiento de ternura que me invadió en aquel instante.

       Él sabe que no miento, por eso el Pequeño Juan levanta el semblante cada vez que escucha su nombre. Se crece, se crece y se pasea altivo, como diciendo ¿me buscabas? 

Esteban Correa Aguilar 

ban72@uole.com