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"CONTEMPORANEA"
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el Mundo a través de tus sentimientos...( poemas, reflexiones, artículos, música,
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Estudiantes de la ENEP ARAGÓN Comentarios, peticiones y/o sugerencias por favor dirigelas a nuestro WebMaster Equipo de Contemporánea * Esther Romero * Ariel Ruiz
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Sin duda él es uno de los mejores cuentistas que pudo haberse allegado Contemporánea, sus relatos siempre sustentados ya sea en la vida real o en la imaginación, siempre estan llenos de originalidad única e incomparable. ¿lo dudas?. Te invitamos a leerlo seguro estarás de acuerdo con nosotros.
El
Pequeño Juan
El Pequeño Juan va
conmigo a todos lados y aunque regularmente su conducta en público resulta ejemplar,
algunas veces olvida sus buenos modales y en su afán por llamar la atención de las
personas me hace pasar cada vergüenza. Cuando así se comporta intento disuadirlo para
que guarde la compostura, pero en ocasiones es tan necio que no me deja sino dos
alternativas: ignorarlo o hacer como si no viniera conmigo, aunque claro, a la gente le
resulta imposible suponer lo mismo. En fin, ambos nos
llevamos bien pero debo mencionar que en cuanto a gustos tenemos nuestras diferencias. Por
ejemplo, a él le agradan los lugares apartados, los más recónditos y escondidos, a los
que se llega entre la penumbra y que sean de preferencia, poco frecuentados. Yo en cambio
disfruto de los sitios rodeados de gente, los que están a la vista de todo el mundo y que
generalmente se encuentran bien iluminados. Pero en algo sí coincidimos: a los dos nos
vuelven locos las mujeres. Y es en este punto donde la suerte le favorece, porque a pesar
de ser yo el primero en abordarlas y conquistarlas, siempre terminan haciéndole más caso
a él que a mí, cosa que aunque me pone un poco celoso, no llega al grado de disgustarme.
Total, dicen que nadie sabe para quien trabaja. Aveces los dos tenemos
ganas de mujer. Aveces yo tengo ganas y él no, por eso digo que el humor del Pequeño
Juan es impredecible. Una vez se negó a cumplir con sus obligaciones haciéndose el
muertito, gratificándose con dejarme en ridículo frente a una bella chica. O
tal vez usó ese truco para atraer la atención de la misma, que con toda naturalidad, se
olvidó de mí para dedicarse en cuerpo y alma al citado desfallecido. Fue esa mujer de
mirada hechicera y sonrisa divina quien le puso el nombre. Cuando lo vio colgando inerte
cual ahorcado después de juicio se le acercó despacio, y contemplándolo conmovida le
llamó: Juan. Ya con el tiempo el adjetivo de pequeño se lo agregué yo, y no
con un propósito ofensivo sino movido por un sentimiento de ternura que me invadió en
aquel instante. Él sabe que no
miento, por eso el Pequeño Juan levanta el semblante cada vez que escucha su nombre. Se
crece, se crece y se pasea altivo, como diciendo ¿me buscabas? Esteban Correa Aguilar |