HISTORIA

 

1       La civilización egipcia. 1

1.1        La figura del faraón. 1

1.2        La sociedad. 2

1.3        Administración y justicia. 2

1.4        El hinterland Africano. 3

1.5        La evolución política. 7

1.5.1    Periodo tinita. (Primera mitad del III milenio a.C). 7

1.5.2    Imperio antiguo (segunda mitad del III milenio a.C). 7

1.5.3    Primer periodo intermedio (Finales III milenio-principios II milenio a.C). 7

1.5.4    Imperio medio. (Primera mitad del II milenio a.C). 8

1.5.5    Segundo periodo intermedio. (Mediados del II milenio a.C). 8

1.5.6    Imperio nuevo (Segunda mitad del II milenio a.C). 8

1.5.7    Tercer periodo intermedio (Finales II milenio- mediados I milenio a.C). 8

1.6        La estructura socioeconómica. 8

1.7        La religión egipcia. 9

2       El estado de Israel. 9

2.1        Los jueces. 9

2.2        Saúl y David. 9

2.3        Reinado de salomón. 10

2.3.1    Obra interior. 10

2.3.2    El cisma. 10

3       Asiria. 10

3.1        Las crisis internas y la formación del imperio (827-785). 11

3.1.1    La guerra civil (827-822). 11

3.1.2    La restauración de Shamshi-adad IV (821-815). 11

4       La civilización fenicia. 12

 

1       La civilización egipcia.

1.1   La figura del faraón.

     Las contribuciones básicas son que rey posee un cargo divino, él "el dios bueno" que es una encarnación de Horus, un antiguo dios-cielo y dios-halcón. A finales del imperio el dios fallecido se identificaba con Osiris, dios de los muertos. Los textos que tratan de la monarquía divina de este periodo son: La teología menphita, el papiro diomatico del Ramseo y Los textos de las pirámides. Su objeto es afirmar la supremacía del faraón como dios, después de su reencarnación en la vida de ultratumba. En la comprensión egipcia de la monarquía era fundamental el concepto "maat", que puede traducirse como "verdad" o "justicia". Es un término cuyo sentido va mucho más allá de justicia legal o de la exactitud fatua. La dinastía IV es el único periodo del Imperio Antiguo en el que es posible obtener una información bastante completa acerca de la familia real. Durante toda la dinastía IV existe una línea de visires, la mayor parte se ocupan de los proyectos de construc­ción, tenían un gran poder, aunque no estaban destinados a sucederle en el trono. Aunque los príncipes ocupasen un lugar de honor, no tenían ningún título, o en algún caso lo poseían de rango sacerdotal. Su existencia pasa más inadvertida en el Imperio Medio. Sin duda el papel reservado a los príncipes, insuficiente, contribuyó a la estabilidad del gobierno, especialmente en el difícil momento de la sucesión. La importancia de los príncipes contrasta con la de las primeras reinas y madres de los faraones. El casamiento y con quien del faraón era un acontecimiento que tendría implicaciones políticas importan­tes, aunque por lo que atañe al Imperio Nuevo no se disponen de datos que permitan afirmar que existía la costumbre de que el faraón aceptase en matrimonio a la hija de un rey extranjero como parte de un arreglo diplomático. Durante todo el imperio antiguo la capital de Egipto continuó siendo Menphis. No hay que considerar automáticamente a los poseedores de títulos como funcionarios civiles sin otra ocupación.

1.2   La sociedad.

     La sociedad egipcia estaba dividida en tres grupos:

Primero)       Hombres cultos que ejercían una actividad derivada del estudio.

Segundo)     Personas que les estaban subordinados.

Tercero)        Campesinos analfabetos.

     El servicio en el gobierno era una fuente fundamental de ingresos. Una importante función del gobierno era la localización y recaudación de los recursos necesarios para la realización de proyectos.

 Los recursos agrícolas de Egipto se dividían en tres clases de propieda­des:

v  Aquellas poseídas directamente por la corona.

v   Las que pertenecían a fundaciones piadosas cuya relación con la corona era muy sutil.

v  Aquellas que se hallaban en manos de individuos privados y que estaban sujetos a impuestos.

     La información que se tiene sobre los impuestos del Imperio medio es muy escasa. Cabe pensar que existía una red de agencias del gobierno extendida por todo el país, que intentaba, mediante medidas burocráticas, la estimación y administración de los recursos, a la vez que supervisaban en sus diferentes escalafones el funcionamiento de las fundaciones religiosas y de las propiedades privadas, cuyos funciona­rios habían tenido como principal preocupación, no el facilitar la transferencia de riqueza a la corona, sino más bien, la operación efectiva de la fundación o de la explotación de la que eran los principales beneficiarios. El segundo aspecto importante del gobierno es el modo de administrar justicia con el maat.

1.3   Administración y justicia.

     Parece claro que lo más normal era que la justicia fuese administrada por individuos que ocupaban una posición de autoridad. Otras veces, las decisiones judiciales y administrati­vas se realizaban de forma colectiva por consejos o comités.

      El cargo más importante era el de visir, responsable último de los asuntos fiscales, administrativos y judiciales. No se sabe con certeza si existían uno o dos visires que se encargarían de cada parte del país, como sucedería posteriormente. Su objetivo era aseguran el mantenimiento perpetuo de los cultos de las estatuas.

      Las rentas se asignaban a quienes mantenían el culto y un personal de mantenimiento específico, pero si se establecía un acuerdo legal, podía ser asignado a cualquier otro.

     La naturaleza y funcionamiento de las fundaciones piadosas en las provincias revela en una serie de textos el estrecho lazo que podía existir entre un templo local y los cultos a las estatuas que había en las tumbas.

     Todo parece indicar que la existencia de una red de fundaciones piadosas para divinidades locales, de las estatuas de los faraones, de los templos locales y de las estatuas de individuos privados, desempeñaba una importante función en la vida económica de Antiguo Egipto, e implicaba a las familias de muchos individuos.

      El templo se convirtió en un centro importante de actividad económica y administrativa. En algunas zonas el cargo de gran sacerdote era desempeñado por el monarca. En ningún momento, durante el periodo antiguo o medio encontramos individuos de destacada posición cuyas actividades fuesen estrictamente sacerdotales.

     Al final de la III dinastía el gobierno provincial se había converti­do  en una parte muy importante de la sociedad. Este hecho puede comprobarse en la disminución del tamaño de las pirámides. Los conocimientos que tenemos sobre la corte real en esta época reflejan la gran importancia que tenían los cementerios de las pirámides a la hora de formar nuestra opinión sobre este periodo.

     Cuando las pirámides y las grandes construcciones desaparecen llegamos a una "Edad Oscura".Toda la parte meridional del Alto Egipto pasó a estar dominada por Tebas. Tebas pasa a ocupar un primer plano. El éxito conseguido por el gobernador Inyotep el grande al sofocar las ambiciones de los gobernadores del norte y del sur le llevó a proclamarse rey con los nombres de Inyotep y Mentuhotep.

     Este poder tebano no alcanzó su culminación hasta el reinado de Vahanj-Inyotep. Su posición provocó guerras con los reyes de las dinastías IX y X en el norte. En ninguna inscripción se hace mención de la victoria, aunque parece que correspondió a Mentuhotep II. Durante su reinado se construye Deir-el-Yalazi, obra con la que comienza el Imperio Medio.

     El primer periodo intermedio constituye la ruptura del equilibrio entre una corte poderosa y unas aspiraciones de las provincias, e indican dónde residía la principal fuente de poder. Se democratiza la vida de ultratumba y se produce una especie de revolución social. Surge una nueva conciencia entre los filósofos a causa de la desigualdad y fragilidad del Estado.

1.4   El hinterland Africano.

     La vida sedentaria en el Valle del Nilo parece haber impulsado la aparición de líderes ansiosos de extender su control sobre otros grupos vecinos del valle y de una cultura funeraria muy desarrollada. En Egipto este proceso había sido el origen de una cultura predinástica, a partir de la cual se desarrolló la cultura faraónica.

     Pero en Nubia el menor potencial natural de esta parte del Valle y la política agresiva adoptada por Egipto, significó que este proceso tuviese un futuro limitado y que pudiese ser alterado cuando se hallaba en una fase incipiente. La evaluación reciente de los datos arqueológicos y de la antropolo­gía física de la baja Nubia tiende a abandonar la teoría de oleadas repetidas de migraciones y a aceptar la de una continuidad cultural y étnica fundada a partir de los primeros momentos.

     Cabe pensar que los contactos entre el desierto y el valle de Nilo se basaron siempre en el intercambio de ganado. Por lo demás estos contactos debieron ser constantes, aunque esporádicos. Los grupos seminómadas se asentarían en campamentos efímeros al borde del desierto, entrando en relación con los grupos sedentarios del Valle del Nilo. La práctica de acampar a los bordes del desierto realizada por los grupos nómadas, que en ocasiones concluyó en asentamientos permanen­tes, se ha perpetuado hasta la actualidad.

     En numerosas localidades del desierto occidental se ha mencionado la aparición de hallazgos arqueológicos que rara vez han sido investiga­dos sobre una base científica. Los ocupantes de estos yacimientos se dedicaban a la cría de ovejas domesticadas y tal vez, también de cabras.

     En cuanto a la cultura material, consistía en una serie de utensilios de sílex, vasos de cerámica de diversos tipos. En ninguno de los yacimientos se encontró ningún cementerio, rasgo importante que les distingue. Cuando los egipcios entraron en contacto con estos pueblos del desierto occidental se refirieron a ellos con una terminología imprecisa. Un término general utilizado era el de Chenehui, o el país de Cheneh.

     Los núcleos de asentamiento más importantes debían hallarse formando oasis. El interés más valioso que suscitan estos pueblos se refiere a la importancia estratégica de los lugares donde se asentaban, para salvaguardar las rutas del desierto que proporcionaban alternati­vas para el comercio y para otro tipo de contactos con Nubia y las tierras situadas más al sur. El rasgo esencial de esta zona es la cadena de montañas y colinas que separan el Valle del Nilo del Mar Rojo. Estas colinas posibilitan una cierta cantidad de precipitaciones anuales. Los antiguos egipcios realizaron expediciones con regularidad para explotar los recursos naturales de esas montañas y al concentrase en algunos vadis debieron estar en contacto permanen­te con la población local. El Valle de la baja Nubia constituía un modo de acceso a las más importantes minas y canteras situadas en el borde de desierto, tanto en Oriente como en Occidente.

1) Vadi Gabgaba: Oro y cobre.

2) Vadi-el- Hudi: Amatista y oro.

3) Canteras del desierto occidental, al noroeste de Toshca: diorita.

      La política egipcia fue siempre de agresión, aunque es cierto que al mismo tiempo los egipcios debían comerciar con estos pueblos, especialmente con los de la Baja Nubia. Los egipcios mantuvieron siempre la esperanza de que finalmente podrían acceder por el río o por tierra a las fuentes de los productos exóticos y a las minas de oro, que alternativamente sólo podían obtener mediante la navegación hasta Opone.

     Los habitantes de la Baja Nubia se refugiaron en un sistema de vida seminómada en una zona situada entre el Valle del Nilo y los manantia­les y oasis de pueblos adyacentes. Uno de los rasgos definidores de estos pueblos es la escasez de cementerios bien definidos.

     En el Imperio Antiguo hubo un intento por parte de Egipto de controlar la Baja Nubia estableciendo centros de ocupación perma­nentes. En cuanto a la cultura material que conocemos la cerámica es el rasgo más aparente, particularmente un conjunto de compleja decoración geométrica.

     El yacimiento de mayor interés es Kemer, una especie de Biblos Africana, durante el segundo periodo intermedio. Era un estado independiente más allá de las fronteras políticas con Egipto, con una monarquía que miraba hacia Egipto. La conquista de la Baja Nubia comienza con el reinado de Mentuhotep II, pero no encontramos allí restos arqueológicos de esta época. Por el contrario, existen numerosas pruebas que indican la presencia egipcia durante el mandato de Sesostris I, en forma de núcleos fortificados. Se sabe que estos núcleos contenían una guarnición que contaba con modestos efectivos, lo que contrastaba con una administración que constituía una variante especializada de la existente en Egipto.

     Las medidas defensivas de los egipcios no se limitaron a la erección de almenas y murallas. También se utilizaban puestos de observación en promontorios rocosos en la zona de la Segunda Catarata. La preocupación por los nómadas de la zona oriental del desierto no explica la orientación hacia el sur del grupo de fortalezas de Semner.

     Aunque la relación entre arqueología y la estructura política siempre es discutible, parece improbable, sobre la base de la naturaleza del país y de la ausencia de vestigios arqueoló­gicos, que la zona de Semner y de Ukmer hubiera tenido tanta importancia. El volumen del comercio nubio era importante. La demanda egipcia de oro e incienso era equivalente en el sur a la demanda de madera que obtenía el norte a través de Biblos.

     Su importancia reside en el hecho de que era el único lugar donde los egipcios podían comerciar directamente con la región que producía artículos de valor y que al mismo tiempo estaba demasiado alejado como para que resultase peligroso desde el punto de vista político. La investigación arqueológica apunta cada vez más hacia la conclusión de que la civilización urbana, acompañada por un orden social relativamente avanzado, fue la situación normal no sólo de Siria, sino también de Palestina. Durante casi todo el periodo que estamos mencionado se extendían hacia zonas desérticas donde no habría sido tan sumamente fácil la vida urbana sin una cuidadosa organización.

     Este periodo se caracteriza por un declive general de la vida urbana, que se atribuye a las perturbaciones provocadas por la aparición de grupos de inmigrantes. El nuevo modelo es una mezcla de aldeas y campamentos de grupos nómadas y seminómadas. En ocasiones se ha dicho que la región del Delta oriental del Nilo no se incorporó al estado egipcio hasta el Imperio Medio. Por otra parte los más recientes trabajos arqueológicos han permitido el descubrimiento de numerosos campamentos por toda la costa septentrional del Sinaí, y que se extendían hasta las proximida­des del delta del Nilo.

     Puede establecerse un paralelismo muy instructivo con la historia de la Baja Nubia en esa época. El flujo constante de productos egipcios hacia el este y en Noroeste sería un incentivo o un indicio de actividad comercial sobre una base local, que escaparía al control de una administra­ción centralizada. La desaparición de núcleos habitables en la costa septentrional del Sinaí durante o después del periodo protodinástico habría dado lugar a un política de dureza en las fronteras. Durante la mayor parte del periodo histórico la península del Sinaí había sido un núcleo de vida tribal nómada, separando dos civiliza­ciones urbanas: Egipto y Palestina.

     Durante el segundo y tercer milenio a.d.c. la diferencia fundamental entre ambas era la que existía entre un gobierno centralizado que canalizaba los recursos nacionales hacia un sólo núcleo de poder y un conjunto de ciudades cuyos recursos estaban más dispersos y que en parte eran empujados a una constante lucha para conservar su independencia. Los egipcios finalmente se hicieron con el control exclusivo del Sinaí a expensas de ese reducto cultural palestino en tierra egipcia. A excepción del Sinaí las fuentes egipcias son extraordinariamen­te parcas en lo que respecta a las relaciones con Palestina y Siria. Con frecuencia, por la terminología que utilizan no permiten una diferencia entre la zona nómada del Sinaí y el hinterland habitado.

     Hay algunas excepciones que parecen referirse a expediciones guerreras contra la zona urbanizada de Palestina, alguna de cuyas ciudades sabemos que eran importantes fortificaciones del tipo que aparece representado en las ilustraciones antiguas. Los hallazgos arqueológicos del sur de Palestina y del Sinaí, así como elevado desarrollo que había alcanzado la arquitectura militar defensiva en Egipto a comienzos del Imperio Medio permite afirmar que cuando los egipcios hacen referencia o representan fortalezas debemos pensar en las ciudades fortificadas del Bronce inicial o medio en Palestina.

     Biblos mantenía una relación muy especial con Egipto y sus restos arqueológicos constituyeron un testimonio de valor incalculable para ilustrar el contacto egipcio con el Mediterráneo oriental. La influencia egipcia es aún más evidente en el equipamiento funerario de algunas princesas o reyes de Biblos cuyos reinados coincidieron con la última fase de la dinastía XII. La única zona del Egeo que recibió productos egipcios en cantidad importante y cuyos productos fueron exportados a Egipto fue Creta. Es probable que el nombre de Creta en egipcio, Keptio, fuera conocido por los egipcios en el Imperio Medio, aunque no aparece en ningún texto que indique un contacto directo.

     El modelo administrativo y cultural de la dinastía XII se perpetuó durante la dinastía XIII.  Se produce una cierta fragmentación en el gobierno del Norte. MANETON excluye por completo la posibilidad de que existieran varios reinados al mismo tiempo y dividió a todos los reyes anteriores en 4 dinastías más a partir de la XIII. La claridad del esquema de MANETON queda invalidada para este periodo: Existió una proliferación de faraones agrupados en:

1) Los que sucedieron a la dinastía XII. Fueron reconocidos en el Alto Nilo, aunque la mayor parte continuó gobernando desde Menfis.

2) Una dinastía de reyes que gobernó el alto Egipto desde Tebas, después de estos.

3) Seis reyes extranjeros: Hicsos. Subyugaron al grupo 1 y gobernaron al mismo tiempo que él.

4) Reyes cliente, de ciudades estado.

     A los hicsos se les ve como un intermedio fundamentalmente destructi­vo en la historia de Egipto. Se presentaron como faraones, utilizando los títulos tradicionales con los nombres compuestos del dios Ra. A finales del Imperio Medio existen pruebas de la existencia de un gran número de "asiáticos" en la sociedad egipcia, más o menos asimilados.

     En Palestina se vivía el periodo de grandes ciudades fortificadas y campamentos militares. Según se ha dicho fue la época de mayor prosperidad que conoció la zona hasta la época romana. Así, el nordeste de Egipto había quedado bajo dominación palestina.

     Al igual que en Egipto en la transición de la dinastía XII a la XIII no se aprecian signos de discontinuidad. Algunas fortalezas muestran signos de enfrentamientos, aunque es muy difícil afirmar si se trata de ataques de las fuerzas loshes nubias, de enfrenta­mientos locales fruto de una situación confusa o de invasores egipcios del Imperio Nuevo.

     La corte de Kerma era rica y los recuerdos del Egipto faraónico darán el tono de la vida civilizada. En la alta Nubia se desarrolló una intensa actividad comercial con Egipto durante el Imperio Medio; aunque se ignora el beneficio que obtenían los nubios. La rica fase clásica de la culturas de Kerma parece haber coincidido con el gobierno de los hicsos en el norte.

     Durante esa época los reyes de Cush tuvieron la oportunidad de conseguir el monopolio del oro nubio. La cultura de Kerna es la de una corte, y en este sentido, es la única. La influencia política de sus gobernantes no puede ser determinada de forma precisa por parte de la arqueología. A la situación compleja de la Baja Nubia y Egipto hay que añadir otro elemento: la inmigración y asentamiento de los pueblos del desierto cuya cultura se conoce con el nombre de Pau-grave.

     Las razones de esa inmigración nos son totalmente desconocidas, así como sus efectos a largo plazo. La cultura del Pau-grave no conservó su identidad más allá del comienzo del Imperio Nuevo, aunque no existen pruebas que indiquen que sus representantes fueron sometidos por la hostili­dad del Alto Egipto. Es evidente que la fase final de la dinastía XIII y el periodo de los hicsos fue compleja y llena de acontecimientos en la Baja Nubia. En el Norte de Egipto se produjo fragmentación de las ciudades, abarrotadas de habitantes debido a la inmigración y el poder quedo en manos de una potencia extranjera, el reino de Cush.

     Una etapa de debilidad interna en Egipto que comenzó un periodo de desarrollo y prosperidad en Palestina y Nubia, de forma que por una vez los egipcios fueron víctimas de la iniciativa política y de los logros culturales de otros pueblos. Ambos reinos fueron destruidos simultáneamente en un periodo de conflictos iniciado por Kanose, último faraón de la dinastía XVII y continuado por sus sucesores de la dinastía XVIII. El éxito definiti­vo de la revuelta tebana no se alcanzará hasta los reinados del Imperio Nuevo. No se limita a recuperar el control del territorio dominado durante el Imperio Medio, sino que se convirtió en conquista y el intento de control de los países de donde habían surgido los reyes de Cush y los reyes extranjeros. Con la excepción de la dinastía de los hicsos las raíces del cambio histórico parecen hallarse dentro de Egipto, en el maat político, particularmente en las relaciones entre el faraón, los nobles de su corte y los hombres más ambiciosos de las provin­cias. Aunque el Nilo tiene un régimen un tanto diferente del sistema Tigris-Eúfrates, habría poseído también la capacidad de producir un excedente agrícola, una vez satisfechas las necesidades de la población.

     La burocracia es un factor fundamental en las primeras civiliza­ciones y en Egipto surgió básicamente para satisfacer las ambiciones de los primeros faraones. Las fundaciones religiosas tenían un papel fundamental en la economía. Un examen a fondo de la historia del Egipto de este periodo sugiere la aparición de una dicotomía política en las épocas en que no existió un gobierno centralizado fuerte. En esos periodos el país tendió a dividirse en dos partes: el delta y los siete o ocho nomos más septentrionales del Alto Egipto por un lado y el resto del Alto Egipto por otro. El siguiente paso en el norte fue la sucesiva fragmentación en ciudades estado para alcanzar un modelo ya conocido con una jerarquía de autoridades entre ellas lo que incluía una capital nominal en Menphis o en otro lugar del Norte, mientras que a finales del Imperio Antiguo fueron los gobernadores provincia­les del Alto Imperio quienes comenzaron a competir por los recursos con la corte.

     Testimonios de muy diferente naturaleza han permitido afirmar que durante los imperios Antiguo y Medio se produjeron una serie de variaciones importantes, tanto en las precipitaciones estaciona­les sobre Egipto como en los niveles de inundación del Nilo. Del periodo que sigue al final del Imperio Antiguo procede un número muy importante de las referencias antiguas a las situacio­nes de hambre en el Alto Egipto.

     Se produce una decadencia de la cultura oficial después de las dinastías VI y VII. El hecho de que se produjera un periodo de debilidad de la monarquía, más esos dos periodos de irregularida­des del Nilo, pueden constituir una prueba de la existencia de grupos de individuos ante los cuales el poder de los monarcas se veía obligado a ceder.

     La cronología absoluta egipcia es de una enorme ayuda para el sistema de radio carbono y otros métodos de datación en la reconstrucción de la historia antigua del nordeste y del este de África en su conjunto. Los cambios políticos, sociales y económicos en el interior de Egipto y la cronología se reflejan con toda intensidad en los datos arqueológicos, que a menudo muestran aspectos de estos fenómenos históricos a los que las fuentes históricas nunca se refirieron.

      Durante el periodo 1552-644 a.d.c. Egipto generó una gran cantidad de datos, todos ellos muy variados, susceptibles de ser analizados por los historiadores.

     Abundan los templos de diferentes clases. Todos los muertos eran enterrados en cementerios. Un amplio espectro de estratos socioeconó­micos y de prefaraones se reflejan en los restos de ciudades de mayor tamaño. Los egipcios creían que el carácter fundamental de su sistema político, económico y cultural había sido fijado con anterioridad por un dios. Este idealismo que domina en los textos antiguos tiene una gran importancia teórica. Uno de los métodos para conocer su historia es la epigrafía: la escri­tura en piedra.

1.5   La evolución política.

1.5.1          Periodo tinita. (Primera mitad del III milenio a.C).

- Unificación del Alto y Bajo Egipto por el faraón Menes. I dinastía (3000 a.C) en Menfis.

- Monarquía teocrática al frente de la cual estaba el faraón (rey-dios).

- Intercesor entre los dioses y los hombres, responsable del orden del mundo.

- Juez, sacerdote y jefe del ejército.

- Existían altos funcionarios: sacerdotes, jueces, tesoreros, militares...

- Enterramientos en mastabas.

1.5.2          Imperio antiguo (segunda mitad del III milenio a.C).

- Cristalización de la civilización forjada en la época anterior.

- Esplendor de la figura del rey-dios, manifestada en las pirámides.

- Influencia egipcia en Nubia y Sinaí, en busca de cobre, oro y piedras preciosas.

1.5.3          Primer periodo intermedio (Finales III milenio-principios II milenio a.C).

- Problemas económicos, poderío de pequeños señores, poder central débil, falto de recursos, tropas y poder.

- Invasión de los pueblos beduinos del norte y rebelión del pueblo contra los señores.

- Comienza a dudarse del carácter divino del faraón.

1.5.4          Imperio medio. (Primera mitad del II milenio a.C).

- Unificación del imperio por medio de príncipes tebanos. Capital Tebas.

- Fuerte centralización y poder absolutista. Los funcionarios residían en Tebas.

- Se coloniza la Baja Nubia y se intensifican las relaciones con Líbano y Palestina.

1.5.5          Segundo periodo intermedio. (Mediados del II milenio a.C).

- Nueva división política de Egipto.

- Invasión de los hicsos que introdujeron el carro tirado por caballos.

- Tebas es gobernada débilmente por sus príncipes.

1.5.6          Imperio nuevo (Segunda mitad del II milenio a.C).

- Expulsión de los hicsos por los reyes tebanos hacia el 1540 a.C.

- Anexión de la cuarta catarata del Nilo para asegurarse el abastecimiento de las caravanas.

- Anexión de Siria y Palestina, alianzas con las potencias asiáticas.

- Enriquecimiento de la casta sacerdotal de Amón que se oponía a la realeza.

- Revolución religiosa de Amenofis IV (Akenatón) que apartó del poder a la casta de Amón e impuso el monoteísmo con Atón.

- Tras la muerte de Akenatón la situación volvió a la normalidad.

- Estos hechos dieron lugar a la pérdida de la hegemonía en el exterior.

- Ramsés II intentan restaurar este poderío mediante la alianza con los hititas.

1.5.7          Tercer periodo intermedio (Finales II milenio- mediados I milenio a.C).

- División interna provocada por la casta de Amón.

- Un gran sacerdote asumió poderes reales. Sólo en Tebas.

- El país se empobreció considerablemente.

- Unificación realizada por los etíopes, que se convirtieron en faraones.

- La unidad duró poco debida a la invasión asiria, el dominio saita y la invasión persa.

1.6   La estructura socioeconómica.

- Base agrícola (cereal) basada en la fuerza motriz de los animales.

- Se esperaba la crecida del río para sembrar las semillas.

- Ganadería bovina, ovina, cerdos y aves de corral.

- La caza era deporte de ricos, y la pesca era practicada por ganaderos con anzuelos y arpones.

- Artesanos como orfebres, carpinteros,  panaderos, carniceros y cerveceros.

- Comercio de intercambio de productos utilizando el Nilo para navegar.

- Se exportaba cereal y se importaba madera del Líbano, lapislázuli.

- El faraón se encontraba en la cima de la pirámide social, tras el sacerdotes, militares y funcionarios.

- El resto vivía precariamente, dando lo mismo que fuesen libres o esclavos.

1.7   La religión egipcia.

- La cultura egipcia era eminentemente religiosa.

- El faraón era el dios sobre la tierra, intermediario entre dioses y hombres.

- Sólo los sacerdotes podían entrar en los templos.

- Se practicaba religión popular que desembocó en magia.

- Tanto la religión oficial como la popular practicaban el culto a los animales.

- Relevancia especial del ámbito de los muertos.

- Las tumbas eran una forma de prestigio entre los vivos y el lugar donde se desarrollaría la otra vida.

- Por eso estaban llenas de alimentos, joyas, estatuas y figuras que actuaban como trabajadores.

2    El estado de Israel.

 

     Hacia el 973 a.d.c. los arameos iniciaron una ofensiva contra diversas ciudades, que terminó con la toma de varias de ellas, aunque Hamat, una de las más importantes del país, resistiría un siglo más. A partir del siglo XII se constituyó en una especie de confedera­ción de 12 tribus, a semejanza de las anfictonías griegas, aunque unidas a causa de su religión. Era más una liga sagrada. No constituían un estado, pues carecían de administración, capital y gobierno central.

2.1   Los jueces

     La autoridad era ejercida por los jueces. Era unos hombres que destacaban sobre los demás e intentaron hacer frente a las amenazas del país. Su autoridad no era permanente ni se extendía en general a todas las tribus, por lo que ninguno pudo conseguir la unión de todas ellas. Gracias a estos hombres hubo un equilibrio con otros países de la zona. Este equilibrio se rompió a causa de la amenaza filistea, que hizo que Israel avanzara en todos los sentidos a un nivel superior Pertenecían a los pueblos del mar, que fueron rechazados por Egipto. Se instalaron en la costa cananea y se fortificaron en los núcleos de Gaza, Gath y Ascalón. Se extienden hacia la zona hebrea sin hallar demasiada resisten­cia. Esta invasión hizo aparecer el estado de Israel.

2.2   Saúl y David.

     El ataque filisteo hizo que un hombre, Saúl, se pusiera al frente de su pueblo para liberarlo de los enemigos. Sin embargo, esta monarquía no llevó consigo la formación de un estado al carecer de administra­ción, corte y capital. A pesar de los triunfos militares, el rey y su monarquía no estaba exenta de tensiones: se rodeó de tropas de oficio, rompiéndose la unidad con el pueblo y usurpando las funciones sacerdotales. El no haber respetado el heren (destrucción total del botín) le hizo caer en desgracia ante Samuel (sumo sacerdote) y Dios. Entró en la corte de Saúl como músico para calmar las depre­siones del monarca. Se hizo importante al vencer a Goliat y poner en fuga a los filisteos. A causa de estas acciones Saúl comenzó a sentir envidia de él y David hubo de huir. Durante varios años sirvió a los enemigos de Saúl, aunque luego se volverá contra ellos. Tras la batalla del monte Gélboe, donde murió Saúl, David fue proclamado rey, tras demostrarse la incapacidad de Isbaal, hijo de Saúl. David conquistó Jerusalén a los jebuseos, la convirtió en su capital y trasladó allí el Arca de la Alianza. Primero fueron los filisteos quienes atacaron Jerusalén. Tras la derrota su poderío duró poco. Posteriormente fueron conquista­dos los territorios de todas las tribus que gravitaban alrededor de Israel. Por último se anexionó Soba y Damasco. Tras estas conquistas su reino se extendía desde el golfo de Acaba hasta las proximidades de Hamalh.  En los últimos años del reinado de David se produjeron rebelio­nes, como la de Absalom, cuyas ramificaciones fueron superadas en el reinado de Salomón.

2.3   Reinado de salomón.

     Para su tranquilidad concertó pactos con los egipcios y se casó con la hija del faraón. Asimismo fortificó Jerusalén y las ciudades principales. Organizó y modernizó su ejército, que llegó a contar con 1900 carros y 1200 jinetes. En el aspecto comercial concertó importantes tratos con Hiram de Tiro y gracias a ello pudo comerciar con Tarsis (Tartesos), Arabia y la costa somalí. El puerto de Erion-Geber se convirtió en un importante centro comercial.

2.3.1          Obra interior. 

     Emprendió grandes obras arquitectónicas, entre las que destaca el templo de Jerusalén. Fue una época de esplendor cultural. Se hizo la primera historia de los orígenes de Israel. La música cobró un gran auge. A causa de todas las obras, los gastos de mantenimiento del gran ejército etc... la economía se fue debilitando. Fueron aumentados los impuestos y se dividió al país en distritos, lo que llevó consigo una desunión entre las tribus.

     Se produjo un cambio en la sociedad: se provocaron tensiones entre los antiguos pastores y los nuevos ricos y acomodados comerciales. Esto propició la aparición de rebeliones contra la corona.-

2.3.2          El cisma.

     Roboam sucedió a su padre. Siguió una política agresiva, lo que le hizo perder el control de Israel, que se apartó de su lado.

3     Asiria.

     A causa de la división, todos los pueblos que habían estado someti­dos, se independizan. Assur-dan (934-911) intentó que su país terminase con la crisis que estaba sufriendo. Sin embargo, no se vieron sus frutos hasta el reinado de su hijo Adad-ninari II (934-911). Inició un proceso de conquista. Venció a Hanigalbal, a los arameos. Hit y Zaggu volvieron a ser los puertos fronterizos de antaño.  Adoptó un nuevo método de ataque, pasando de las rápidas cabalga­das de su antecesores, a un hostigamiento continuo sobre un espacio reducido, almacenado allí grandes contingentes de tropas. El ejército se convirtió en un recaudador de impuestos ambulantes. Tukulti-Ninurta (890-884) se ocupó de los mismos asuntos que su padre: la zona oriental y norte del país. Los saqueos de Asurnasipal II. Desde su reinado el ejército asirio demostró una crueldad sin límites. Este terror indujo a los reinos vecinos a no resistirse ante él. Extendió sus conquistas en dos frentes: hacia el este a causa de la conquista misma, y hacia el oeste, como deseo personal, para acabar con el poder de los arameos.- El renacimiento babilónico. El auge asirio favoreció también a Babilonia. Durante el reinado de Nabu-apla-iddina fueron expulsadas las bandas nómadas de saqueadores. A partir de entonces llevó a cabo una política económica que no tardaría en dar sus frutos. Se restableció la vida religiosa de los santuarios, se repoblaron los centros de culto, renació la vida urbana, y tuvo lugar un auge cultural.- Aram. En esta época se produjo una expansión de Damasco hacia Palestina (Israel y Judá). En ambos países había terminado el periodo de prosperidad y se hallaban sumidos en una gran crisis. Israel fue devastado y Judá se salvó gracias al pago de un rescate. Durante un cierto tiempo el rey de Damasco Ben-hadad fue dueño de la situación. Todo cambió cuando fue vencido en Afec por Acab rey de Israel. Tras la victoria firmó una alianza para intentar contener a una fuerza arrolladora que se aproximaba: los asirios de Salmanasar III.

     El gran proyecto de Salmanasar III. era la conquista de los países mediterrá­neos. Inició su invasión en el 858 a.d.c. Su comienzo fue brillante, arrollaba a todo el que le hacía frente. Sin embargo, no consiguió tomar las ciudades fenicias y sus vecinos se unían para enfren­tarse a él.

     Estas expediciones muestran la táctica de expansión asiria. Utilizaba como método un largo hostigamiento del enemigo, táctica heredada de Assurdan. En el 853 a.d.c. se dirigió a la zona sirio-palestina. En Quaryar se enfrentó a los habitantes de la zona.

     El resultado fue incierto, pero se cree que, al no haber documentos que lo desmienta, se produjo una derrota asiria. Tras un periodo de dos años de pequeñas operaciones hubo de dirigir su vista y sus fuerzas hacia Babilonia; donde sometió una revuelta del hermano del rey. Seguidamente fue contra los caldeos de Iraq, a quienes arrebató un abundante botín.

     Tras cuatro intentos más en el año 841 a.d.c. consiguió que todos los países mediterráneos le pagasen tributos, aunque no pudo apoderarse de Aram. Desde ese momento el rey renunció a dirigir sus campañas personal­men­te y se retiró. Pocos años más tarde se produjo una guerra civil

3.1   Las crisis internas y la formación del imperio (827-785).

3.1.1          La guerra civil (827-822).

     Tuvo sus años cruciales en los últimos años del reinado de Salmanasar y de su hijo Shamshi-adad IV, quien acabó con la revuelta de su hermano Assur-dannin-apli y de otras 27 ciudades importantes del país.                                    El aplastamiento de la revuelta le costó al rey concesiones diplomá­ticas y territoriales, y que perdió los territorios del oeste del Eufrates, así como hubo de pagar la ayuda a los babilonios.

3.1.2          La restauración de Shamshi-adad IV (821-815).

     Tras estos acontecimientos comenzó un periodo de contención de los pueblos de Nairi, a los que expulsó de su reino (821-815). En el 814 a.d.c. se dirigió a Babilonia para vengarse de la humillación pasada con motivo de la guerra civil.     Se enfrentó al ejército babilónico, compuesto exclusivamente por merce­narios, al que derrotó. Al año siguiente hizo el mismo viaje y derrotó en Der al rey de Babilonia, al que hizo prisionero. Aunque no hubo brillantes consecuencias de la victoria de los asirios Asiria gozó de unos años de tranquilidad.   En el 810 a.d.c. subió al trono Adad-Minari III (810-783), tras una breve regencia de su madre Sammuramat. Su más importante labor fue la de restablecer el orden en Siria. Debido a las dificultades pasadas por Shamsi-adad hubo reinos que suspendieron el envío de tributos. Al mismo tiempo comenzaron un proceso de expansión y de alianzas con vistas a posibles represalias. En el sur surgió una país, Damasco, que sometió a toda Palestina, dejándola indefensa. su rey Hazael intentó apoderarse del norte para formar un gran Aram, pero su muerte lo impidió. En un periodo de cuatro años (806-803) Adab-ninari III llegó hasta filistea, pasando por zonas de Siria, Fenicia, Israel y Edom. Incluso Ben-Hadad, hijo de Hazael hubo de someterse y pagarle tributos. De todas formas su marco de operaciones fue establecido en el sur, concretamente en Der y Caldea. Recogió allí los tratados y fue a cumplir sus deberes religiosos en Babilonia como lo habían hecho sus antecesores.

4    La civilización fenicia.

     En todas las zonas del área mediterránea se encuentras vestigios de la civilización fenicia. Fueron intermediarios entre culturas llevando objetos de civilizacio­nes que no viajaban a lugares tan lejanos.

     Los relatos sagrados mencionan una constante relación entre Palestina y Fenicia, propiciada por la proximidad entre ellas. En Tiro se escribieron unos anales históricos, transmitidos por los historiadores griegos Menandro  y Dion a la civilización griega. El historiador romano Flavio Josefo escribió una importante obra sobre los judíos en la que describe la civilización fenicia. Existieron en la zona desde el 3000 a.d.c.

     Son conocidos en un principio como cananeos. La palabra fenicio proviene del griego Phoenix. No tuvieron apenas expansión hacia el interior de su territorio, a causa de la estrechez de su territorio. Se juntaron en asentamientos urbanos, en los que las actividades comerciales tenían gran importan­cia. Entre ellas destacan Biblos, Sidón y Tiro. Esta última fue la más importante, debida a la existencia de un puerto.

     En estas ciudades se desarrollaron una cultura y unas formas religiosas concretas. En ellas subsistía la tradición antigua de aquella feminidad en la religión. Destacaba la diosa Astarté. Los dioses intervenían en la vida social, como lo demuestra la fundación de la ciudad de Biblos por el dios El. Los fenicios mantenían una serie de contactos con otros pueblos, mencionados en diversas escritos de diferentes lugares, como la ciudad de Ugarit.

     En el II milenio (1970 a.d.c.) Sinúe de Egipto tuvo relaciones comerciales con Fenicia. Los fenicios tuvieron guerras con los distintos  pueblos. Eran dependientes de Egipto, a quien debían pagar tributos.

     Con Tutmosis III hubo un especial interés en la madera (cedros del Líbano), importante material de construcción. En el siglo XIV a.d.c. el gobernador de Biblos, acosado por los hititas y los hurritas, pide ayuda al faraón, lo que muestra el vasallaje al que estaba sometido.

     En el año 1295 se produjo una batalla en Kadesh en la que Fenicia queda incorporada a Egipto de una forma absoluta. La invasión de los pueblos del mar hace desaparecer el imperio hitita y el egipcio se resiente de la invasión. Aparecen los pueblos hebreo y filisteo. Los fenicios quedan sometidos al pueblo de Israel, que recuperaran su independencia gracias a la crisis de sus opresores, comenzando una expansión hacia occiden­te. Aparece el nombre de Tarsis, que se ha identificado con Tartesos.

     Según las crónicas, Cádiz, Gadir, fue fundada en el 1100 (80 años después de la caída de Troya), pero los restos hallados son más modernos, de los siglos VI, V a.d.c. De los viajes y expediciones traen metales, no para ellos, sino para sus clientes, los reinos limítrofes.

     Existe una recuperación de los reinos de la región, excepto Egipto. La breve recuperación de Fenicia con Hiram de Tiro finalizará y en el siglo  IX deberán pagar tributos a los asirios de Asurnasipal y Salmanasar III. Más tarde serán invadidos por el asirio Tiolat-Pisalar. Asarhadon destruye en el siglo VII Biblos, Sidón y Tiro.

     Cuando los neobabilonios derrotan a los asirios (Nabuconodosor) destruyen y arrasan el país. Con los persas, Fenicia y Siria, junto con Chipre, son organiza­das como satrapías o provincias. Esta satrapía adquiere una nueva identidad, al construir la marina persa. Esto suavizará su situación con el imperio persa. Participaron en las Guerras Médicas en las que constituyeron el grueso de la marina persa. Alejandro Magno conquistó, tras una dura resistencia, la ciudad de Tiro.

     La expansión fenicia empezó en el siglo VIII. Anteriormente hubo una época de expediciones sin asentamientos, en la que la principal rivalidad era la comercial. Con la llegada de los invasores se produce la salida de fenicios para asentarse en otras tierras. Es la época de la fundación de las colonias, que se convertirán en centros importantes. Por estas fechas comenzará la colonización griega.

     En algunos casos colaboran de forma pacífica, aunque a veces también surgen rivalida­des y luchas. Hacia el siglo VIII los fenicios iniciaron una serie de intercam­bios con Tartesos y crearon una civilización mixta con los tartesios. Paulatinamente el control del Mediterráneo pasó a manos de los griegos, en detrimento de los fenicios. En el siglo V se produjo un fortalecimiento fenicio gracias a su colaboración con los persas. Una de sus colonias más importantes fue Cartago, fundada en el siglo VIII. Los cartaginenses tenían una organización aristocrática.

     Poseían una especie de Senado, con los jefes militares como hombres de poder. Existía una base agrícola. Se fortaleció a algunos sectores de la población. La existencia de un ejército de mercenarios permite el desarrollo de la moneda como forma de pago. Llevarán a cabo una expansión imperialista y terminarán por enfrentarse a Roma. Las primeras noticias sobre este lugar aparecen en la Biblia "naves de Tarsis", aunque existe más información por parte griega. Existen dos teorías:

Primero)       Ciudad rica con abundancia de metales.

Segundo)      Río con "raíces de plata", que tenía plata en sus aguas. Ha prevalecido la primera.

     Era una ciudad grande, como las micénicas y mesopotámicas. No se han encontrado restos de esta ciudad, pero sí de una civilización en el sur de España durante el II milenio. No tiene uniformidad, pero está caracterizada por los muros ciclópeo y la abundancia de metales. Se observan indicios de intercambio de metales durante el primer milenio.

     Se puede hablar más de un horizonte tartésico que de una ciudad. Este horizonte se extiende hasta Extremadura. Está dentro del bronce final, siendo denominado Bronce atlántico. Se cree que la principal actividad económica era la ganadería, ya que no se han encontrado aperos de labranza ni utensilios agrícolas. Existen una gran cantidad de mitos y leyendas que reflejan esa rique­za de Tartesos (Argantonio).