Edipo en la UNAM

Guillermo Sheridan

Desde hace años, el PRD ha utilizado a la UNAM como base de operación política, reserva de militantes, zona de entrenamiento de cuadros, experimentos sindicales. La energía con que los líderes del PRD insisten en estos días en que no han tenido "nada que ver" con el conflicto actual, resultaría risible si no constatara algo muy grave: la inacabable adolescencia de la izquierda democrática mexicana, y si no implicara un nuevo traspiés en la larga y laboriosa batalla de la UNAM por hacerse de una autonomía cabal. Es hora de que esa autonomía opere también en el otro sentido: sería importante que el PRD se autonomizara de la UNAM, que asumiese las responsabilidades propias de un partido político moderno y acabara de parirse, de una buena vez y para siempre, de entre los muslos muníficos de la Gorda de Copilco. El PRD tendría que preguntarse si las costosas reservas de inteligencia y de creatividad depositadas en la UNAM, y financiadas por el pueblo de México en espera de beneficios sociales, pueden seguir hipotecadas a los apetitos de unos cuantos líderes que se riñen diputaciones, delegaciones o regencias en su precario y dividido baratillo de poder.

Es urgente que la izquierda democrática mexicana revise su Edipo, su autonomice de las universidades públicas, substituya los cuadros unamitas con la sociedad civil que tanto celebra, y asuma las responsabilidades de la modernidad política. Es urgente que el PRD salga de su obstinada adolescencia, que advierta que su comportamiento en la UNAM ha engendrado hijastros atroces que avanzan por brechas que el mismo PRD trazó y que amenazan seriamente a la incipiente democracia mexicana. Es urgente que el PRD repare en que, como lo demuestra este conflicto, si se obstina en portarse como un adolescente, siempre habrá unos más adolescentes que ellos, que aspiran a desplazarlos

Me temo que el PRD no va a analizar su Edipo: ni reconocerá la autonomía de la UNAM ni será autónomo de ella. Haber perdido su único municipio seguro —en el que no se vota— a manos de la ultra, lejos de llevarlo a la reflexión, le ha picado la cresta. Se perpetuará en su convicción de que la UNAM es "históricamente" suya y de que tiene el derecho a usarla en su provecho sin tener que dar explicaciones a nadie, ni siquiera cuando el tiro le sale por la culata. Ese partido, juez empeñado en que todas las demás instancias políticas no olviden la historia, expliquen sus razones o digan la verdad, se ha otorgado una exención de responsabilidades similares.

La deliciosa frescura con la que sus líderes declaran que "nada tienen que ver" con el actual conflicto, es un acto de prestidigitación moral al que todos —y ellos los primeros— no le creen nada, como el viejo "Magazo" de la tele, cuyo arte consistía en evidenciar su fracaso y salvar su impericia con la risa. Que el discurso del PRD contradiga así sus actos, ha acabado por equipararlos en el rubro del cinismo con el de sus enemigos históricos. Izquierdistas inteligentes como Carlos Monsiváis han convocado al PRD a que ejerza una autocrítica seria y enmiende sus errores en la UNAM. Monsiváis escribió que la izquierda "se ha dividido, ha cometido torpezas políticas, se ha deslindado hace muy poco y en medida insuficiente del proceso de irracionalidad, y lo definitivo, insiste en no clarificar razones y comportamientos a estas alturas enturbiadas por su uso irresponsable" (La Jornada, 21 de septiembre). Lejos de atender ese llamado, la irresponsabilidad del PRD se agrava en un batiburrillo de mentiras oficiales y arreglos en lo oscurito.

El asombroso costo económico de sus añejas incursiones en la UNAM, la pérdida de tiempo, de respetabilidad nacional e internacional de la institución, el colapso de las expectativas de cientos de miles de jóvenes han servido, luego de años y años de grilla ¡para que el PRD se vanaglorie de (aún) estar en control de la asamblea del CUEC!

Casi da pena recordar a estos adultos pensantes, que ellos crearon esmeradamente, durante años, las condiciones del conflicto actual. El PRD le inventó a la ultra sus enemigos: el horroroso neoliberalismo y el dictado de políticas de las agencias foráneas. Le redactó sus reivindicaciones: la universidad democrática, gratuita y popular; el rechazo a los métodos de elección de las autoridades; el congreso democrático como forma de gobierno; el aumento indiscriminado de la matrícula; el fortalecimiento y el crecimiento del sindicato; el aumento del presupuesto federal hasta el 8% del PIB; el rechazo a los exámenes del Ceneval; la defensa del pase automático; la defensa de la estancia a perpetuidad. Y sobre todo, les enseñó el método.

Por más que muchas de esas posturas me parezcan oportunistas y/o contradictorias, comprendo que un partido urgido de causas y chambas las convierta en principios políticos. Cárdenas declaró el 26 de febrero de 1998 que "la gratuidad de la universidad es una postura política del PRD", lo que me parece bien. Luego agregó que por respeto a la autonomía "su administración no discutirá con las autoridades universitarias el tema de la elevación de las cuotas", lo que me hubiera parecido mejor. Pero alguien en el PRD, decidió en cambio discutirlo con sus operarios universitarios que, a su vez, optaron por paralizar a la UNAM y ponerle la mesa a los radicales. En todo caso, de las promesas de mutua colaboración en febrero de 1998 —cuando Cárdenas visitó a Barnés acompañado por Rosario Robles y Salvador Martínez della Rocca— culminaron hace unos días en una estrepitosa cámara húngara que los diputados perredistas le dedicaron al rector en San Lázaro, al tiempo que insistían en que "nada tienen que ver con el conflicto" (como los marcianos de Tim Burton que lassereaban gente al grito de "¡Venimos en son de paz!").

El método del PRD, heredado y mejorado por los ultras, ha consistido en que en la UNAM todo se vale. Me parece legítimo que el PRD quiera la educación superior popular y gratuita; lo deplorable es que sostenga esas posturas no con argumentos racionales sino violentando los reglamentos, las leyes (sobre todo en las que afectarían inevitablemente su naturaleza académica) y hasta el espíritu de la misma institución que tales posturas pretenderían "mejorar". Porque también estoy de acuerdo en que todo ciudadano tiene derecho a una vivienda digna, pero no veo al PRD paralizando barrios para derribar por incompetentes a las autoridades del gobierno del DF... Los hijos de Yocasta convirtieron a la UNAM en un pequeño municipio al que le podían hacer lo que el PRI dinosáurico solía hacerle a México. Jamás les preocupó que, para conseguir votos en las urnas, fuese necesario aplastar, ni siquiera conocer, la opinión de la mayoría de los universitarios. La indignación es la ultima ratio.

Y lo que me parece censurable es que el PRD haya procurado implementar sus legítimas convicciones políticas por medios que en la UNAM son practicables —toda vez que, inerme por naturaleza, carece de formas e instancias para rechazarlas— pero que en el ejercicio democrático real, extramuros, habrían resultado ilegales, intolerables, antidemocráticos y autoritarios. Durante años, el PRD otorgó al activismo en la UNAM una extraterritorialidad que hubiera sido intolerable en cualquier otro ámbito: El PRD se autorizó (parafraseando el lugar común) portarse como guerrilla en la UNAM y como democrático en el país: legitimó las "tomas" de instalaciones, el desdén a la opinión de la mayoría, las soluciones de fuerza, la convicción de que toda asamblea, por el simple hecho de serlo, era autoridad representativa legítima.

Esos amaneramientos mentales se convirtieron con los años en hábito, y luego en uso y costumbre. El problema fue que esto fue así no sólo para los operarios del PRD, sino también para sus contrincantes radicales, a quienes, con los mismos procedimientos, no les costó mayor trabajo despojarlos del control del movimiento. El PRD hizo el carrito y le puso ruedas. Llegó la "ultra" —como tantas veces antes—, les quitó el volante y los declaró personas non gratas.

También es deplorable que el PRD estuviera consciente de los riesgos que tales tácticas representaban desde hace muchos años y, en la ebriedad de su infatuación, no se precaviera de sufrir en carne propia lo mismo que el PRD le hacía a la UNAM. ¿Se habría imaginado Rosario Robles en 1982, cuando decidió cerrar revolucionariamente la Facultad de Economía, que le preparaba la mesa a su entonces aliado, el ahora desenmascarado líder Mario Benítez? ¿Recordará el partido que nada olvida que desde agosto de 1995, por lo menos, ya existían "ceuistas radicales" que se oponían a los "históricos" y les peleaban la dirección del movimiento?

Durante años, el PRD defendió en la extraterritorial UNAM sus legítimas convicciones políticas con métodos adversos a leyes, reglamentos y sentido de la democracia, por medio de avatares como el Consejo Estudiantil Universitario (CEU), la Red de Estudiantes Democráticos (RED), el Comité Estudiantil Metropolitano (CEM), la Comisión Trilateral en Defensa de la Educación Pública, el Movimiento de Estudiantes Excluidos y Rechazados, el Frente Promotor Universitario en Defensa de la Educación Pública y Gratuita, el Frente Amplio para la Construcción del Movimiento de Liberación Nacional Contra el Neoliberalismo, y no pocas veces como aliado de otros grupos como el Frente Popular Francisco Villa o el EZLN.

Un grupo de omnipresentes operarios de las buenas intenciones salta a la vista de cualquier lector curioso que consulte La Jornada en Internet: Adolfo Llubere, Carlos Imaz, Rosario Robles, Martínez della Rocca, Fernando Belaunzarán, Óscar Moreno, Gonzalo Badillo, Víctor Valero, Higinio Muñoz, Alexis Forcada y muchos otros estudiantes, profesores, exestudiantes y exprofesores, delegados, prediputados, diputados y exdiputados que en muchos casos devinieron, ya con Cárdenas en el poder, "funcionarios del GDF", como firmaban sus desplegados, y ya en esa calidad continuaban su militancia en la UNAM mientras Cárdenas declaraba que él mismo había dado órdenes de que "ningún funcionario se metiera donde no tuviera que meterse" (ÁÁVenimos en son de paz!!).

* * *

Una muestra rápida, pepenada aquí y allá, documenta lo anterior en algunas escenas de los últimos cinco años.

Durante el movimiento de rechazados del CCH en 1995, ya con la Rectoría tomada por Llubere y Belaunzarán, Rosario Robles exige financiar el aumento de la matrícula dejando de pagar la deuda externa; Llubere declara que las políticas de ingreso a la UNAM están siendo dictadas por las agencias extranjeras; Rosario Robles convoca a un "frente amplio de oposición que debe sumar a todas las organizaciones sociales emergentes como los zapatistas y los rechazados de la UNAM"; Llubere y Belaunzarán exigen diálogo público televisado; el diputado Pablo Gómez se pregunta en un editorial "¿Por qué no ha convocado el rector a estudiantes y profesores a marchar hacia la Cámara de Diputados o a la SHCP en demanda de un mayor presupuesto para la UNAM?"; el STUNAM pide un "congreso universitario" que discuta una "reforma a fondo de la UNAM"; Llubere declara: "Responsabilizamos a las autoridades universitarias de cualquier acto de provocación" y advierte que, de no haber diálogo, "se realizarán interrupciones intermitentes de las principales arterias de la ciudad"; Carlos Imaz manifiesta que las clases extramuros "son un fraude" y que no existe impedimento jurídico para realizar un congreso universitario en el que participen los alumnos; se inicia en la Facultad de Economía el "Primer Foro de Discusión del Conflicto del CCH" en el que Imaz denuncia que el "plan modernizador" del CCH es una estrategia que viene "del BID, de la OCDE y del Banco Mundial", que procura efectuar "una recomposición social que dé preferencia a los egresados de las instituciones particulares".

En 1996, el PRD/CEU necesita una nueva justificación para revivir el activismo, si bien ese mismo año, Imaz dirá que "no se necesitan condiciones específicas para formar un movimiento estudiantil". Esa justificación la otorgará el examen del Consejo Nacional de Evaluación (Ceneval), suscrito por la UNAM.

En mayo, Imaz y Llubere aseguran que el Ceneval miente sobre la matrícula disponible y advierten que el previsible número de rechazados "puede originar un nuevo movimiento de estudiantes excluidos en el área metropolitana"; el diputado Martínez della Rocca declara que el Ceneval es antidemocrático porque "pretende homogeneizar lo diverso"; una manifestación contra el Ceneval bloquea el Eje Central y el cruce de Reforma y Bucareli; al grito de "¡sí se puede!", en noviembre, se celebran 10 años del CEU exigiendo la "democratización del proceso de elección del rector"; el CEU advierte que si el nuevo rector, Francisco Barnés, "repite el modelo de José Sarukhán, se empezará nuevamente la movilización estudiantil"; Imaz ("hoy profesor universitario"), acompañado por Alfredo Velarde, Martínez della Rocca e Imanol Ordorika (por Internet), define a los movimientos estudiantiles como "intentos civilizatorios de la sociedad", y dice que el actual (1996) está mejor preparado que el de 1986 "porque tiene la experiencia de los movimientos pasados, de los procesos electorales y de la aparición de los zapatistas".

En 1997, la excusa la aportaron las modificaciones al "pase reglamentado". La prepa popular Fresno organiza serios desmanes en una protesta que Barnés responde, el 23 de abril, con el apoyo de la policía. El diputado Martínez della Rocca declara que esa decisión demuestra que Barnés es "incapaz de administrar y gobernar a la UNAM". En julio, la "ultra" vuelve a alzar la cabeza: el CEU advierte que aparecen grupos dentro de la UNAM "que podrían ser utilizados como instrumentos de presión contra el gobierno de Cárdenas". Llubere le explica a Barnés que el triunfo del PRD en el DF le exige "ser más tolerante" y le entrega un ejemplar del programa de gobierno de Cárdenas. En octubre, la UNAM anuncia que se inician los debates para analizar el "Plan Barnés", que incluye discutir el aumento de las cuotas. El CEU declara que no participará "porque ese debate es una cortina de humo calculada para hacer creer a los universitarios que las decisiones que los afectan se toman por consenso" (¡¡Diá-lo-go!! ¡¡Diá-lo-go!!). Higinio Muñoz anuncia el apoyo al STUNAM en su emplazamiento de huelga por aumento salarial. Se inicia la "campaña contra el Plan Barnés. Varios militantes del CEU ocupan cargos en el nuevo gobierno del DF, sobre todo en la Dirección General de Participación Ciudadana.

A principios de 1998, ya desde sus oficinas en el gobierno del DF, varios ceuistas reconocen que el movimiento estudiantil se encuentra "atomizado" y deciden reorganizarse en un Frente en Defensa de la Educación Pública y Gratuita que tiene como objetivo "modificar la ley orgánica y las estructuras de gobierno, revertir el Plan Barnés e impedir el aumento de las cuotas". Los organizadores se reconocen "herederos del CEU" que tienen en común "su simpatía y apoyo al EZLN". En noviembre, Imaz y Llubere publican una declaración: "Universidad se escribe con V de Victoria. Contra la disminución del presupuesto federal a la educación, un Goya. Por la justicia y contra la impunidad en Chile, Argentina y, sobre todo, en México, un Goya. Hoy, todos los universitarios con garra, alegría y dignidad, que apenas comienza la lucha". En diciembre, Llubere ("funcionario del gobierno del DF") le dice a Zedillo en carta a La Jornada: "¡La Universidad no se rinde ni se vende!" y explica a los diputados que "no aceptaremos una nueva reducción al presupuesto educativo. El modelo económico y tecnocrático ya se acabó. Estamos construyendo el futuro. ¡Que vivan siempre los Pumas de la Universidad".

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Y así hay más, bastante más. Resulta pues inverosímil el tenaz afán perredista de distanciarse de lo que provocaron; resulta lamentable que no hayan calculado que sus métodos legitimaban el propio accionar de los activistas radicales y que no hayan sabido precaverse de su fuerza; y resultan fantásticas sus declaraciones en el sentido de que "nada tienen que ver" con el conflicto.

Nunca les interesó lo que su actuar en la UNAM pudo significar para estudiosos, estudiantes, investigadores y maestros que amaban a México de otra manera, para los que hacer su trabajo era importante y que habían elegido al largo camino de la investigación, o el magisterio, para demostrar ese amor. Su convicción de que obraban por mandato de la historia era más fuerte que los derechos de los demás. Su convicción de que su prisa bien valía destruir la lentitud de la academia, se enfrenta ahora a un hijito respondón cuya propia prisa no tiene paciencia para la democracia.

Ahora el PRD, o al menos una de sus facciones, prepara su regreso a la UNAM. La segura ruta de lo oscurito subsana sus torpezas. Ante los riesgos de las elecciones del 2000, le urge regresar a terreno seguro, a un "palacio de invierno" en el que, gracias a dios, no se necesitan votos, ni ideas, ni nada mas que su perpetua indignación redituable. Para lograrlo va a necesitar —¡quién lo diría!— no el apoyo de sus "bases", sino de ambos gobiernos, a los que corresponderá la tarea incómoda de expulsar a la ultra. El PRD hará lo necesario para poner como rector en el 2000 a algún doctor en "participación ciudadana" por medio del eventual Congreso Resolutivo que hará realidad su viejo sueño de "democratizar a la UNAM" (¿quién se acuerda ya de los experimentos de Puebla, Guerrero o Sinaloa?). Este congreso, imaginado e impulsado por el PRD desde hace años, ya se incluye en la "iniciativa de ley" promovida por el diputado (y precandidato al gobierno del DF) Pablo Gómez. Un congreso lleno de iniciativas políticas y ayuno de reivindicaciones académicas. Un congreso no diseñado para el bien de la educación, gratuita o no, de la UNAM, sino para el del PRD y, sobre todo, de sus líderes. La consagración constitucional de un municipio sin leyes. (Lo más gracioso es que —apuesto— el primer acto de gobierno de ese nuevo rector ciudadano va a consistir en denunciar a Mario Benítez ante la PGR por haber tomado la Rectoría.)

Ante el miedo de trasladar la lucha electoral a la plaza pública de la modernidad, el PRD optó por apretar el cordón un(am)bilical. Es una pena. Una de las pocas cosas buenas que podrían haber salido del conflicto era que el PRD reconociese, de una buena vez y para siempre, que (para decirlo con decoro) con quien infantes pernocta, excrementado alborea.

De la UNAM de 1968 surgió la legitimidad del prestigio democrático del PRD. A 30 años de distancia, parece que es en la UNAM donde ese prestigio será encerrado.

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