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¡QUE TALK SHOW!
En los últimos años, con el falso pretexto de ayudar, los Talk Show han producido un sacudimiento en la sociedad por varias razones:
Atraer a vastos sectores de¡ público, con la finalidad de aumentar el rating.
La atracción que tienen los Talk Show se produce como consecuencia de abordar temas escandalosos, en muchos casos, inclusive mediante el empleo de actores que simulan una realidad, causando que los televidentes no lo tomen como representación sino como realidad.
Se produce una suerte de patología de morbo, en donde los temas que merecen ser tratados por un especialista (psicólogo, psiquiatra, asistente social), pasan a ventilarse de una manera abierta y escandalosa, por lo tanto no pueden resolverse. Se quedan únicamente en el plazo de espectáculo que atrae morbosamente a la gente.
Se crea una marginalidad morbosa, donde sus protagonistas son promovidos como nuevos héroes; sectores que no habían recibido reconocimiento por sus cualidades y sus virtudes, obtienen ahora ese reconocimiento por sus infracciones a las buenas costumbres, a la Ley y Normas existentes.
Paradójicamente un programa como el de Magaly Medina, dedicado al chisme del espectáculo ha sufrido presiones para ser erradicado del canal que la albergaba, porque hería la susceptibilidad de los actores y artistas.
Todas las instituciones estatales y privadas, las ONG, la Iglesia, las Universidades, se dan cuenta que esos programas son dañinos perjudicando a la salud humana. Los editoriales de los diarios, magazines, sociólogos, médicos, maestros piden que esos programas sean sustituidos por otros más educativos; incluso varios colegios privados han desfilado al Congreso por coincidencia el mismo día que Laura Bozzo realizaba su programa 100 (un muerto y varios heridos).
¿Qué solución dar a este
problema?
Primero debe tenerse en cuenta que en relación con el medio de comunicación televisiva al igual que ocurre con otros medios de telecomunicaciones están involucrados varios sectores de la actividad social:
Segundo. La Constitución del Perú garantiza la libertad completa de expresión, de publicación y difusión, sólo con limitaciones que establece la Ley y que deben ser tratados por la vía judicial. Pero presupone igualmente obligaciones a los que gozan de esos privilegios.
«... se crea una
marginalidad
morbosa donde los
protagonistas son
promovidos como
nuevos héroes».
Tercero. Toda intervención abierta del Estado sobre los medios de comunicación social (CC.SS.) pueden originar suspicacias que oficie a un probable control indeseable sobre los medios de comunicación, es decir, amenaza a la libertad de expresión.
Cuarto. Resulta entonces desear lo innecesario, que existan mecanismos de auto regulación en el interior de los propios medios de comunicación, que ellos mismos se elaboren sus propios códigos deontológicos y respeten sus propias reglas, por supuesto dando oído a la opinión pública. Para eso existen, aunque debilitados, tanto la Asociación de Productores de Radio y Televisión (AR y TV), la Asociación Nacional de Anunciantes (ANDA), la Asociación Peruana de Agencia y Publicidad (APAP), el Colegio de Periodistas, faltando únicamente un organismo de los consumidores de los medios que debería ser organizado, aunque de momento sus intereses pueden ser defendidos por el Defensor del Pueblo. Existe también recientemente formada el Consejo de la Prensa Peruana.
Quinto. Hasta el momento la acción autorreguladora no ha demostrado su eficacia, en particular la AR y TV ha dejado de lado su propio código de ética que fue defendido ampliamente en la prensa en julio de 1994.
Sexto. Se había impuesto normas para establecer horarios adecuados a favor de los menores de 18 años, pero eso no lo han cumplido. Es más, en la actualidad hasta los menores terminan siendo utilizados en las entrevistas de estos programas.
«La atracción que tiene un talk show se produce como consecuencia de abordar temas escandalosos.»
Séptimo. No sólo los programas talk show producen rating, un claro ejemplo de ello son los programas documentales de Alejandro Guerrero, el cual tiene muy buena aceptación.
Por todo lo expuesto, la APEUCS, se elige como parte interesada en este problema, tanto en su condición de agrupamiento de futuros comunicadores, como en su condición de organización social juvenil interesada en preservar la salud moral de la juventud y la sociedad, y exige a las empresas televisivas, radiales y de prensa que sean consecuentes con sus propias normas de autorregulación, porque de lo contrario está provocando la intervención política y allí se pondría en riesgo la libertad de expresión que no se puede confundir con el libertinaje.