Un Tercio Humano

3ª Parte

por Shell Presto 

Propiedad:  No soy la dueña de Slayers, sino varias compañías, PERO esta historia es mía y me gustaría dejarlo así. ¿Tener honor? ¿De acuerdo? ¡Disfrutad!

Escribidme a mangetsu@email.com con algún comentario. Por favor, decidme algo aunque sea que solo lo estáis leyendo, eso me ayudará. De forma alternativa podéis usar dienwind@golem-fan.co.uk si estás en mi página “Inspiration Stemming from Sleeep Depravation” para el fan-cómic (doujinshi) que va con esta historia. 

Este ya es el cuarto capítulo que escribo, ¡Y solo he recibido un email! Venga, hombre, ¡Sé que estáis ahí fuera! Escribidme con algún comentario, por favor. Incluso la menor de las sugerencias será apreciada, y los comentarios más críticos son indispensables; escribidme aunque solo sea para saber que estáis leyendo esto. Por otra parte, podéis escribidme a mangetsu@email.com si es por mi sitio web “Inspiration Stemming from Sleeep Depravation” Haré lo que mejor pueda para responder.

Bueno, ya es suficiente, adelante con la historia… 

Solo quería añadir aquí un pequeño agradecimiento que no he hecho en largo tiempo. Me gustaría agradecer a Des, que probablemente no esté leyendo esto, por todo lo que ha hecho por mi; sin haberme animado desde el principio, probablemente hoy no estaría escribiendo esto.

Gracias.

 

Era una noche sin estrellas; en esas raras ocasiones que un rayo de luna escapaba a las nubes, se le podía haber visto como les contemplaba a través de los oscuros y rasgados ojos. El Sacerdote Bestia sostuvo una risotada, sin dejar de sonreír mientras observaba la escena. Él disfrutaba de la agonía de la joven, y deseaba bailar por las luchas internas de la quimera.

-Encontraremos una forma de curarte- hizo voto Amelia. Las lágrimas corrían por sus mejillas pero un resplandor hizo erupción en su interior dándole la fuerza necesaria para ayudar al hombre maldito que había ante ella.

Él dejó que su mano, aún cubierta por la manga,  acariciara suavemente su piel una última vez antes de dejarla caer a un lado.

-No quiero que lo hagas, es demasiado peligroso.-

-Pero…-

-No quiero que me hables de ello. Mañana me iré.- lago oscuro asaltó su mente. Zelgadiss quedó horriblemente trastornado y furioso; apretó el puño de la mano que hacía unos instantes había sido tan gentil con Amelia. Todo se había venido abajo por poder. Zelgadiss era una quimera, parte demonio y parte golem; lo primero le daba una rapidez sobrenatural, así como agilidad, además de aumentar su potencial mágico. Lo segundo le hacía invulnerable a un gran número de ataques físicos. Rezo le había dado el poder que él había pedido hacía tanto tiempo, pero al final resultó no ser tanto como deseaba: Zelgadiss aún carecía del poder necesario para volver a ser normal. Deseaba haber sido él mismo, y no Lina, quien hubiese matado a Rezo.

Amelia permaneció inmóvil mientras estudiaba la figura de Zelgadiss en la oscuridad. Escudriñando, trató de imaginar su expresión, inútilmente. Era como si a la inversa, tratara de descubrir el centro del sol.

-¿Sr. Zelgadiss?- le asustaba cuando él no respondía.

Alzó la mano con cuidado para tocar su cara. Inmediatamente los dedos de Zelgadiss asaltaron la muñeca de Amelia justo antes de hacer contacto; sus ojos se ampliaron, en la borrosa luz de la luna que llegaba filtrada por las copas de los árboles, él podía ver brillar sus lágrimas. Empezó a murmurar una maldición mientras soltaba esa mano. Se odió mientras e deshacía en vergüenza. Él ya había estado así de deslumbrado anteriormente, se había dado cuenta de que podría haberla golpeado si no se hubiese detenido, y se odió por ser tan irracional. Allí, frente a él, se encontraba una joven mujer, preocupada y tratando de ser fuerte por su objetivo, y él la estaba torturando a través de sus palabras y sus actos “Realmente sí soy un monstruo” Exhaló un largo y pesado aliento, empujando al exterior todo sentimiento negativo junto a cualquier estupidez que hubiese podido decir.

-Por favor, no toques mi cara.- pidió con calma.

-Haz tú lo mismo.- ella tuvo el valor de decir.

-¿Qué haga yo lo mismo sobre qué?-

Esas palabras resonaron en su mente en voz más alta de lo que él lo había dicho “Yo no tengo tanta suerte”.

-Lo que dijiste antes, cuando yo…-

-Yo hice lo mismo- denegó su afirmación con frialdad.

Aquello enfureció a Amelia.

-¡No mientas!-

Zelgadiss casi se cayó por la sorpresa.

-Pero tú dijiste…-

-¡No lo digas si no lo pretendes!- señaló Amelia- ¡Mentir así es aún pero que lo que dijiste!-

El reflexionó un momento.

-Yo solo quería…-

-¡Tú solo querías mentir, así que yo… nosotros no te dejaremos  que te escurras tú solo! Y bueno, yo no voy a dejarte que te apagues así para que te mates, Sr. Zelgadiss. Yo…-

-¡Eh!- exclamó él- Para un poco, ¿Quién ha dicho nada de que yo vaya  a matarme?-

-Tú…-

-Yo dije que ya no quería vivir más.- la corrigió- Pero no que fuera a matarme. He sufrido durante años, ¿Qué tendría eso de bueno si me detengo ahora? Si voy a morir será por una buena razón…- rebuscó tratando de encontrar un buen ejemplo- Tratando de buscar una cura, tal vez.-

La voz de Amelia rezumaba frustración.

-¡Eso no hace que me preocupe menos! No importa si tú hace algo por ello o no, no deberías querer morir. Y tampoco deberías mentir… mentir a tus amigos.-

-Solo quería que dejaras de llorar.-

-Eso no lo mejora.-replicó ella, aunque de alguna forma “Él quería que yo dejara de llorar”… aquel pensamiento trajo una pequeña sonrisa a su rostro, y deseo que la visión de él fuese tan mala como la suya propia en la oscuridad: él no se creería ni una palabra de lo que ella acababa de decir si la veía sonreír.

-De todas formas sería mejor que volvieras ahora…-

Justo cuando ella creyó que ya le había alcanzado, el sueño se hizo pedazos.

-No,  quiero ir…-

-Volveré en un momento. Y cuídate de los trolls.-

-Claro.- aún rechazada, Amelia volvió sobre sus pasos al campamento con los pies de puntillas todo el camino.

Sin que ella lo supiera, él sonrió mientras ella se iba.

Al igual que Xelloss.

 

***

 

-¿Preparado para ser colchón ora vez, Zel?- bromeó Lina al ver que Zelgadiss entraba en el claro.

Él sonrió apartándose la capa,

-Ahora sí... ¿Cuál de vosotras es lo bastante afortunada para quedarse con esto?- las tentó manteniendo la capa en algo mientras tanto Lina con Amelia se frotaban los brazos para calentarse- ¿No vais a luchar entre las dos para conseguirla?-

-¿Por qué no escoges tú, Zel? -preguntó Lina con aire inocente pero con una siniestra sonrisa.
Su sonrisa creció más, casi llegando a mostrar los dientes, pero no tanto. Arrojó la capa sobre Amelia, que la sujetó un tanto sorprendida: parecía casi irreal que estuviera sujetando su capa, y la mantuvo firmemente contra su pecho, arrastradota lentamente hacia su cara para esconder el rubor. Cuando la niebla de su mente se deshizo, perdió el aliento, y eso ocurrió al mismo tiempo que Zelgadiss también se quitaba la camisa.

-Ah... uh...- exclamó- Srrrrr. Zelgadiss...-


La quimera se volvió a tumbar con el brazo izquierdo cerca de la fogata, esperando a una correcta conducción del calor pudiera expandirse por su cuerpo. Cuidadosamente, con su mano libre, sujetó la camisa y la apoyó contra su pecho. Estuvo por decirle a Amelia que se tumbara con él, pero luego se lo pensó mejor; se levantó, se quitó la sobre-capa de los hombros, y la tendió sobre sus hombros, la llevó hacia el fuego y colocó su camisa concienzudamente bajo su suave pelo mientras lo hacía, soltándola de de él. Finalmente, tras colocar un brazo cerca del fuego y envolver un cómodamente al rededor de la princesa, se permitió mirarla.


Afortunadamente, ella no le estaba mirando en ese momento, o si no ella habría visto como su mirada se hacía más suave, de lo que él estaba convencido que era algo terrible. La verdad es que no deseaba animarla, dándole una falsa esperanza. Amelia, por su parte, hundió la cara en su camisa, tratando de esconder su rubor, del color de un tomate. Su interior saltaba como loco, y sentía que podría explotar si había algún contacto visual con él.


-Yo vigilaré- ofreció, aparentemente si dirigirse a nadie en especial.

 
Amelia no prestó atención a sus palabras, no significaban nada mientras vibraban en su pecho. Quería que él hablara más, tan solo para mantener ese sentimiento, cada elocución suya pasaba a través de ella como una cálida y vibrante onda, y con su aliento de un ritmo agradable. Ella habría podido jurar que él respiraba a un ritmo más lento que los demás, según recordaba.

 

Sus especulaciones fueron interrumpidas cuando Gaury depositó su cabeza en el muslo de Zelgadiss, echando el brazo sobre el estómago de Zelgadiss para amortiguar la cabeza de Lina sobre la dura superficie. Eso calmaba a Amelia de forma significativa al saber que ella no se iba a quedar sola con Zelgadiss tal y como ahora estaban, aunque una parte de ella deseaba que así fuese.


"Aún así..." sus pensamientos rompieron la pesadez del suelo "La camisa de Zelgadiss es suave.”

-A mi me solían gustar las noches frías.- Zelgadiss compartió sus vagabundos pensamientos con el esmaltado vacío de por encima.

Amelia suspiró de felicidad cuando sus palabras se movieron a través de ella, calmando su sueño como  si fueran olas.

-Colchón, no hables. -se quejó Lina.

Amelia medio bostezando, medio murmurando, contestó:

- Deja solo... al... Sr. Zelll-gadiss, Srta. Lina... Él puede hablar... si quiere...-

Ella sintió como le agarraba el hombro por un momento en un signo de aprecio mientras ella adormilada.

-Dame un toque al alba para que puedas dormir un poco entones.- le recordó Gaury a su cama.

- De acuerdo. Buenas noches, chicos.-



****

Él no se podría haber dormido aunque hubiese querido. Su mente vagaba constantemente por pensamientos relacionados con su cura y otros relacionados con Amelia. Había una calidez en su interior cada vez que acariciaba su capa sobre el brazo de Amelia por lo que ya debía ser la centésima vez que lo hacía. La sensación de ella yaciendo sobre él traía cierta paz con ello cuando sabía de su presencia. Por supuesto, este proceso de pensamientos comenzaron a moverse por espacio de una hora; cuanto más pensaba en Amelia y lo que posiblemente pensaría por ella, más convencido estaba que algo más allá de la amistad era imposible para un monstruo, y eso le conducía a un mayor deseo de conseguir una cura.


"Cómo podría alguien amar a un monstruo como yo…" se preguntó a si mismo. La palabra "amor" le incomodaba "Nadie podría amar a un monstruo como yo."

"Amor, amor, amor", odiaba esa palabra, realmente la odiaba.

Soltó el abrazo sobre Amelia, apoyándose sobre un brazo para mirar a Lina y Gaury.

Los dos sonreían mientras dormían, Lina se acomodó cerca de su protector. Zelgadiss frunció el ceño a esa señal; su humor gastó los últimos tres segundos antes de volver a caer en la suciedad.

"¿Qué me ocurre?" gimió, "Lina y Gaury son mis amigos. Me alegro que sean felices, quiero que lo sean."


Contempló las nubes cambiando sobre él, esperando pacientemente un vistazo en su rostro. Durante un largo rato, miró a las estrellas según ellas iban apareciendo ante sus ojos, como si tratara de aclarar su mente y dejarla clara como el cielo. No había ninguna respuesta en las estrellas, solo vacío, pero ese mismo vacío era plácido... Tanto que no percibió los débiles sonidos de ramas desencajadas ni los bajos gruñidos a su alrededor que su agudizado e inhumano sentido del oído habría percibido en otras circunstancias.

Siendo así, no fue hasta que oyó un fiero aullido de un troll que se aproximaba hizo que la quimera se diera cuenta que él sus amigos eran sus presas. Una manada de trolls calló sobre ellos como un relámpago, preparados para aplastar a la pequeña partida con su peligroso número.


Sin tener mucho tiempo con qué reaccionar, Zelgadiss invocó rápidamente un "Ray Wing" con la esperanza de hacer una fea retirada en el aire. El conjuro finalizó tan solo un poco demasiado tarde, y Zelgadiss se encontró completamente engullido por un mar de rugientes bestias, todos golpeando salvajemente el escudo, y él, con los brazos extendidos, temblando a cada golpe sobre el escudo, que resonaban por todo su cuerpo.

 -¡Todo el mundo arriba!- gritó imperiosamente- ¡Lina, Gaury, Amelia!-

 Un gran golpe contra el escudo de aire hizo que soltara el aliento, y temblando, comenzó a maldecir su suerte. Destruir una pequeña banda de trolls no debía ser problema, por el contrario: aniquilar a una pequeña banda de trolls mientras flan sobre su espalada sujetando el escudo para proteger a sus amigos, quienes pudieron ser abrasados, aplastados o empalados si él no hubiese usado un hechizo apropiado para esa situación, era algo ligeramente más complicado de lo que a él le hubiese gustado tener que afrontar.

-¡DESPERTAD! –alguien hizo un sonido, pero no pudo saber quién.

Consideró sus opciones, y finalmente ideó un plan justo cuando el dolor de su cabeza alcanzaba el cenit. Sujetó a Amelia por la cadera, y entonces echó una pierna sobre Lina y Gaury, esperando así poder sujetarlos.

“Por favor, espero que no se queden atrapados en este hechizo.”

Los trolls cayeron hacia delante, sobre sus víctimas por un apurado segundo cuando el escudo se vino abajo. Ahora ellos eran las víctimas. Un brazo se alzó firmemente hacia el cielo, y el mago invocó de nuevo al aire.

-¡BOMB DI WIND!-

 

Los cascados monstruos fueron alzados violentamente por ráfagas de aire antes de que fueran desperdigados por el bosque junto con pequeños árboles, leña incendiada y multitud de hojas. Zelgadiss tensó su cuerpo cuando la fuerza del viento amenazó con llevase a sus amigos junto con sus adversarios. Antes de que la corta tormenta se calmara, sus amigos se despertaron, gritando sangrientos juramentos de asesinato y apretando al aplomado peso de un hombre para evitar ser arrojados. Excepto Gaury, que resopló a través de la experiencia y se despertó justo cuando el vendaval desapareció y Lina cayó sobre él.

-¿¡Qué demonios…!?- resopló Lina, de forma tan basta que parecía que estaba dispuesta a reventar el cráneo del hechicero con su puño balanceante.

-¡Trolls!- él espetó nerviosamente a la diabólica mirada de sus ojos.

La pelirroja no era una persona madrugadora, y definitivamente, no alguien que se levanta horas antes de que salga el sol.

-Hay un montón de trolls; nos rodearon y no os despertabais, así que no tuve otra elección.-

-Tienes suerte- gruñó Lina – Y ahora túmbate para que podamos dormir un poco.

-Claro, lo que tú digas.- bromeó con ella conteniendo la risa.

- ¿Qué ha pasado?-

Amelia ignoró a Gaury mientras que veía como la quimera se tumbaba sobre los codos.

-¿No está cansado, Sr. Zelgadiss?-

Por primera vez, él la miró envuelta en la capa: parecía pequeña, así arropada en ella, con la prenda sobre sus hombros y los bajos arrastrando por el suelo alrededor de sus pies. Su camisa estaba en la mano de Amelia, y una de sus mangas también arrastraba por el suelo. Parecía cansada y gastada, pero sus grandes e inocentes ojos solo mostraban preocupación.

Él tragó con dificultad.

-Nah… no especialmente.-

-Pareces cansado, ¿cuánto tiempo hace que no duermes?-

-Tres días. Alguien tenía que vigilar.-

Gaury se levantó, estirando los brazos hacia el cielo.

-Yo vigilaré. Amelia está en lo cierto, Zelgadiss, tú sí que pareces cansado. Tienes ojeras bajo los ojos y manchas por todas partes.-

-Eso son esquirlas de piedra.- replicó Zelgadiss sintiéndose enojado de alguna forma porque Gaury se lo recordaba.

-Lo que sea.- interrumpió Lina mientras se ponía en pie- No me importa cuánto tiempo puedas aguantar sin dormir. Te necesitamos espabilado para mañana en caso de encontrarnos con más problemas. Y más que eso, si te desmayas exhausto o algo, luego no tendremos ninguna forma para poder levantarte.-

-… Yo sí podría llevarlo.- murmuró Gaury para sí.

 Sintiendo no tener ninguna urgencia por protestar, Zelgadiss permitió que Lina y Gaury dieran vueltas sobre alguna ventaja y se sentó mientras Amelia se arrodillaba a su lado lista para tener preparada su cama. Su mano se deslizó hacia su hombro y se encontró solo con la capa; Zelgadiss la envolvió de nuevo sobre sus hombros, sujetando su camisa contra su pecho mientras se preparaba para descansar de nuevo.

 Ella examinó la situación de forma que la ropa la envolviera de modo que sus brazos no se salieran, al no ser que ella deliberadamente lo quisiera así.

Me está evitando. De verdad no quiere que le toquen.”

Más allá del contacto visual, el primer reflejo turquesa era curioso, pero el segundo era triste.

-Ya te dije que no quería que lo hieras, y así sigue siendo.-

-Pero estaba durmiendo sobre ti.-

Zelgadiss deslizó la mano sobre su cabello plateado.

-Lo sé, pero… no quiero meterte en esto… Por favor, no me toques, ¿De acuerdo?-

Ambos se tumbaron con la mitad de Amelia cubriendo la mitad de Zelgadiss.

-De acuerdo. No lo haré si no quieres que lo haga. –murmuró ella.

Él la sujetó por el hombro, arrimándolo de forma tranquilizadora, y ella se dio cuenta de que nunca le había tocado la piel. Sí, sus ropas; sí, ella había caído sobre él y Zelgadiss la había llevado en brazos muchas veces; ella había jugado con su pelo arrancado por cortesía de una mesa. Aunque ayer, por un instante, él había pasado la mano por su mejilla, el palpitar de su cabeza no le había permitido sentir esa sensación. Ella pensó que nunca había sentido el contacto de la piel de piedra de la quimera.

 

Pasaron largos minutos y ninguno podía dormir. Amelia suspiró pensando en algo que decir.

-Gracias por protegernos de esos trolls.-

-No tienes por qué darme las gracias. Cualquiera habría hecho lo mismo.- ese fue el abrupto final del intento de conversación.

Y mucho rato después, Amelia habló una vez más:

-Sr. Zelgadiss… por qué no… quiero decir… si buscas una cura--- deberías quedarte en Seillon.-

-¿Qué te hace decir eso?-

-Bueno…-ella trató de defenderse- Su aprendieras a ser un monje, eso sería una buena oportunidad para que pudieses curarte tú mismo, ¿verdad? Seillon es la capital de la magia blanca, después de todo.-

-¿Sabes tú cómo curarme?- cuestionó él.

Ella empezó a tartamudear.

-Eh… bueno… no-no. Pero tampoco he estudiado magia con tanta intensidad.-

-¿Conoces algún hechizo que pudiese ayudarme?-

-Bueno… no.-

-Entonces, ¿cómo sabes que la Magia Blanca podría ayudarme?-

-No te haría daño aprender.- razonó ella.

-Quizás el “Resurrección” – él sugirió- Realmente sí me gustaría aprender ese conjuro alguna vez, pero no tengo un verdadero deseo de aprender Magia Blanca.-

- ¿Por qué?-

-Amelia, ¿Qué pasaría si aprendiese Magia Blanca, me convirtiese en un maestro en ella, y aún así, no pudiese curarme?-

Ella reflexionó un momento echando la cabeza hacia su pecho mientras pensaba. Trató de mirar a la cara de Zelgadiss, pero el ángulo en que yacía, lo hacía imposible. Se rindió en tratar de mirarle.

-No lo sé.-

De forma clama y sin notar los esfuerzos de Amelia, él continuó.

-Me haría un maestro en Magia Negra, ¿verdad?-

-No lo entiendo.-

-Bueno, si yo lo intentase todo con la Magia Blanca y no funcionara, al menos luego aprendería Magia Negra. O si no, el haber aprendido Magia Blanca habría sido una completa pérdida de tiempo. Si iba a aprender solo algún hechizo en solitario para curarme, entonces tendría que haber seguido aprendiendo hasta encontrar alguno.-

-¿Y?- preguntó Amelia, aún confundida.

-Después de gastar toda mi energía en la Magia Negra y seguir sin encontrar una cura, tendría que haber buscado otro hechizo, ¿correcto? Tal vez algo más monstruoso…-

-¡No!- Amelia se levantó de golpe mirándole estupefacta -¡Nada de eso!¡No puede ser!¡Tú no…!-

-Esa es la razón por la que no voy a aprender magia solo para encontrar una cura, porque tengo miedo de que no la haya.- concluyó él-No me convertiré en el próximo Rezo.-

Los ojos de Amelia se abrieron, y su voz enmudeció.

-¿Re~zo?-

-Rezo se volvió loco tratando de encontrar una cura a su ceguera. Se hizo un maestro en todos los tipos de magia imaginables, y finalmente resucitó al Señor de los Demonios para conseguir su objetivo.- le recordó él- Me niego a que lo que le pasó a él también se convierta en mi destino. Eso es por lo que prefiero encontrar a alguien que cure, o descubrir algún conjuro definitivo que lo haga casualmente.-

- Sr. Zelgadiss…- había una amabilidad en sus ojos, un anhelo por ayudarle que le invadían. No lo esperaba así.

-¿Vas a dormirte o no?-pregunto con brusquedad.

-No…no creo.-

Él suspiró.

-Bien, pues yo estoy cansado, así que buenas noches… o días.-

Si dio la vuelta hacia el fuego, y casi de forma instantánea, cerró los ojos y perdió la conciencia.

 

***

 

-Sé que se suponía que abanicar el fuego y mantenerlo encendido, Lina… pero…-

-¿Quieres desayunar o no?-

-No me gusta el pescado, Lina. ¿No podríamos solo esperar hasta la próxima ciudad?-

-¿Por qué quieres que Lina mantenga el fuego encendido, Amelia?-

-Bueno, yo tengo hambre, Gaury, pero el Sr. Zelgadiss está justo ahí, y…-

-Y también tenemos comida para él, sí no de…-

-¡Ya veo! Ah… eh ¡Oh, no!-

-De eso es de lo que estaba hablando.-

Él osciló cuando el calor empezó a correrle pierna arriba, y lentamente abrió los ojos.

-¿Qué vas a hacer, Lina?-

-Ah… CREACIÓN DE AGUA!- Lina torció la muñeca con la mano abierta y el agua surgió en forma de geyser desde ninguna parte.

Zelgadiss se despertó sobresaltado al empaparle el agua, y acabó con el pelo chorreando y las ropas encharcadas, aunque la piel solo se le mojó un poco.

-¿¡Pero qué…!?-

-Jejejeje… Perdona, Zel. Solo tratábamos de mantener el fuego encendido.-

Zelgadiss se sentó, jadeando desde el charco donde se encontraba, para descubrir un gran agujero quemado en sus pantalones y que dejaba parte del muslo de la pierna al aire. Se cubrió la cara con la mano y suspiró, aunque el agua siguió escurriéndole desde el pelo por la cara.

-¿Qué he hecho yo para merecer esto?-

-Tú eras el que quería largarse.-señaló Lina – El hecho de que todos estemos aquí y ahora, es por tu culpa.-

-No, todo esto es culpa tuya.- repuso Zelgadiss- Tú eres la que quiso que anoche nos quedáramos aquí.-

Lina sonrió.

-Deberías saber qué ocurre por dormir tan cerca del fuego. Si insistías tanto en hacerlo, deberías haberte deshecho de todo lo inflamable.-

Zelgadiss se quedó sin habla y Amelia se sonrojó para luego apresurarse a gritar:

-¡Lina, has apagado el fuego con ese hechizo!-

 

Tras una flecha de fuego, treinta pescados abrasados, y unos cinco kilómetros de viaje, alcanzaron la siguiente población.

 

*****

 

Whoooo---yujuuuuuu! Es hora de un verdadero desayuno!- canturreó Lina acelerando el paso.

-Es la hora del almuerzo, Lina.-

-Lo que sea; solo quiero comer.-

-… Lina, ¿a dónde ha ido Zelgadiss?-

Los tres viajeros se dieron la vuelta mirando en todas direcciones para encontrar a su compañero desaparecido.

-Si se ha escapado otra vez, lo voy a…-

-Vosotros iros a la posada y dejadme a mi que lo encuentre.- ella les bid- Creo que sé dónde hacerlo.-

 

Como ella había pensado, él se había quedado en un claro al final de la ciudad, tendido al sol sobre la hierba, con su camisa y su capa enroscadas a un lado. Ella sonrió al verlo allí tumbado. Literalmente parecía cincelado, lean minúsculos, horneándose al sol de mediodía y con los ojos cerrados. Parecía estar totalmente en calma.

 

-¿Todavía sigues mojado?-

So olvido desanimado, y contestó fríamente con los ojos aún cerrados.

-Sí. Parte del problema de tener la piel hecha de roca, es que absorbe el agua.-

Ella se sentó a su lado separando las piernas como una gimnasta.

-Podría haber sido peor.- señaló- Podrías haberte herido gravemente por el fuego.-

Él asintió.

-Es verdad. Pero, si no hubiese sido una quimera, en primer lugar no habríamos salido fuera, y yo no estaría buscando una cura.-

Ella se rascó la cabeza buscando una escapatoria. “Me ha pillado.” concluyó, y se encogió de hombros.

-¿Y qué vas a hacer con esos pantalones?-

- No lo sé. Normalmente me los remiendo yo mismo, pero esto es demasiado. Supongo que tendré que conseguir unos nuevos. El único problema es que tendré que ir a una sastrería, y si tienen que tomarme las medidas me verán la pierna desnuda, y bueno…-

-¿No crees que tal vez alguien no se preocupe por tu apariencia?- comenzó a replicar Amelia.

- No.-

-Ni siquiera has tratado…-

-Tratarlo haría que me expulsaran de la ciudad- entonces se lo pensó mejor- Hacerlo me HA HECHO ser expulsado de las ciudades.-

- ¿Sabes qué?- la princesa comenzó a reprimirle- No todo el mundo juzga a la gente por su apariencia.-

El se levantó hasta ponerse a su mismo nivel, mirándola con incredulidad mientras reía,

-¡Ah!, ¿cómo tú?-

Amelia le dedicó una mirada que podría haber congelado el “Dragon Slave”

-¡Por supuesto que yo!¡Te he estado diciendo que tú estás bien durante años!-

Él sonrió, y sin moverse, miró hacia las nubes,

-Claro, eso es ahora. Pero cuando nos conocimos, tú fuiste la que gritó que yo tenía un aspecto que daba miedo.-

Medio anonadada, Amelia hizo crujir sus nudillos.

-Y… yo no sabía entonces.-

- De acuerdo. Entonces la gente de los pueblos y ciudades tampoco lo sabe y a mi me han seguido tratando como a un monstruo. Tampoco es que pueda culparles.-

Él se quedó mirando sus manos con repugnancia antes de que ella lo interrumpiera.

-Si me das tus pantalones, iré a que los arreglen a la ciudad.-

Una vez más sus ojos se desviaron hacia ella, de alguna manera sorprendido por su amabilidad. Además de eso, él se sonrojó; recordó que ella le había visto en ropa interior ya una vez, cuando rescataron a Miwan de aquel monstruo acuífero. Recordando su breve encaprichamiento con la falsa princesa del Reino de Femenill, hizo que su piel azul se volviera realmente violeta. Con una fingida calma, se deshizo de lo que quedaba de sus ropas y se las pasó a ella, que las tomó cuando se puso en pie.

-¿Qué?- él preguntó.

Amelia echó su capa al viento, sujetándola para una inspección más detenida.

-Esto está lleno de rasgaduras y remiendos… ¡y está destrozada! Todas tus ropas lo están.- Amelia hizo un ovillo la ropa mientras le reprendía- Has estado llevando estas mismas ropas por dos añ--- ¡No, desde que te conozco! Es como si hubieses crecido con ellas puestas. Hasta estoy viendo que tus botas ya no te quedan bien.-

Zelgadiss rió suavemente y se encogió de hombros.

-Nunca pensé en eso realmente. Y tampoco es que pueda. Mi piel es demasiado…- luchó por encontrar la palabra apropiada- ¿Insensible? Dura… tampoco puedo sentir mucho cuando…-

-¡Consigue unas ropas nuevas!-

-Esas me gustan.-

-Lo que sea- gruñó ella- Voy a hacer que te las arreglen. Espera aquí.-

Incapaz de contenerse, él la gritó mientras ella abandonaba el claro:

-¿Alguna cosa más, mamá?-

Y ella le devolvió el grito:

-¡No empieces así!… ¡Y ALÉGRATE DE UNA VEZ!-

La quimera parpadeó; no esperaba que ella le fuese a gritar eso.

 

Se tumbó de nuevo mirando al sol a través del rojo de sus párpados mientras una pequeña sonrisa se formaba en sus labios al pensar en la forma que Amelia trataba de confortarle.

“Esto es realmente patético. ¿Yo, enamorándome de ella?” apretó los párpados y un dolor semejante a la punzada de un alambre, los atenazó. “No, yo no me estoy enamorando de ella. No la amo. Esa no es la opción. Ella es una princesa y yo… por encima de todo, yo soy un monstruo.

Varios pensamientos acerca de ser un príncipe cruzaron su mente---tendría que ser un príncipe, se percató. Amelia trataría de alejar los miedos de la gente acerca de su futura pareja real producidos por su aspecto de villano, tan cercano a los que asaltaban la paz en su reino. Probablemente sería asesinado, o peor aún, Amelia sería asesinada y él tendría que exiliarse sin ella. No, no era tanto que él no la amase como que no pudiese amarla, de la misma forma que él no podía ir a una ciudad a por ropas nuevas por mucho que él quisiese.

Se dio la vuelta y se ocultó en la sobre de unos árboles de su alrededor. La brillante luz del sol no era para él; Zelgadiss pertenecía a las sobras. Se quedó mirando a un árbol mientras su vista se nublaba, e hizo un agujero de unas (5 pulgadas) en el árbol antes de caer de nuevo con su pecho y estómago doloridos.

Ni siquiera debería pensar en eso.” se dijo, y recordó vagamente cómo Amelia había recogido su cantimplora mientras que él se sumergía en un ligero e intranquilo sueño.

 *** 

Xelloss tamborileó los dedos sobre la extremidad sobre la que se sentaba.

Qué aburrido. Zelgadiss es divertido de observar, pero ni siquiera necesitaría estar aquí. ¡Amelia está haciendo todo el trabajo por mí.”

Frunció el ceño al ver cómo Zelgadiss dejada de moverse con todas las oleadas de dolor que hacían crecer y lucir al mazoku en pequeñas vibraciones, pero que era aún menos entretenidas para el sacerdote  tramposo.

Quizás debería ir a vigilar a Lina ¡Ella siempre es divertida!

Sonriendo de oreja a oreja, Xelloss se tele transportó, evaluando si debería mostrarse ya a los viajeros, o no.

 


 

Anterior-2
Volver a "Un Tercio"