Un Tercio Humano

2ª Parte

por Shell Presto

 Propiedad:  No soy la dueña de Slayers, sino varias compañías, PERO esta historia es mía y me gustaría dejarlo así. ¿Tener honor? ¿De acuerdo? ¡Disfrutad!

Escribidme a mangetsu@email.com con algún comentario. Por favor, decidme algo aunque sea que solo lo estáis leyendo, eso me ayudará. De forma alternativa podéis usar dienwind@golem-fan.co.uk si estás en mi página “Inspiration Stemming from Sleeep Depravationpara el fan-cómic (doujinshi) que va con esta historia

 

El quería verla, deseaba verla. Al menos seguía tratando de decirse a si mismo que no, pero su cuerpo solo respondía con un mal, vacío sentimiento en su casi lleno escudo. Había estado fine up hasta que hubieron comido, ahora se sentía tan lleno que se desmayaría. “Ha tenido que ser la comida” se dijo a si mismo, y entonces “No la he visto en dos años. ¿Qué dirá ella sobre eso? ¿Y si está furiosa conmigo, o confundida? No la he escrito siquiera, debería haberlo hecho” Restregó hacia abajo las yemas de los dedos suavemente por la cara, las abrasivas yemas se resistían el movimiento como si su mano rozara una lija. Lamió las yemas de sus dedos para saborear el ligero sabor a sal; la transpiración no podía vaciar su rostro como los demás. Lo más cercano que él podía sudar  era el más ligero film de agua salada que más allá podría su piel de roca. A su manera estaba sudando, y no lo había hecho desde que lucharon contra Estrella Oscura, o quizás contra Shabranigudú, no estaba seguro.

Cuando pasaron las puertas y se dirigieron al Palacio de Seillon, la guardia los detuvo. Zelgadiss sabía que parecería sospechoso yendo todo cubierto con una capa de un tejido tan espeso, con miedo a que una simple mirada les horrorizara si él no lo hacía, pero Lina les explicó. Le estaría permitido seguir escondido.

El Palacio nunca antes había parecido tan grande, con dos enormes torres alzándose sobre él, casi tocando el cielo. La Capital Pacifista arrojaba una maliciosa vista, haciéndole sentir que no era bienvenido.

Ella me puede odiar con todo derecho

 

-Amelia estará emocionada de verte de nuevo.- la joven de brillante cabellera roja afirmó al poner la mano en la puerta que iba la habitación de Amelia.

-Sí…-afirmó Zelgadiss vagamente.

-¿Zel?-

Se giró con rapidez y comenzó a caminar de vuelta por el pasillo.

-He decido que será mejor que espere por aquí. No tengo tiempo para todo esto.-

Gaury le capturó por el hombro.

-¿No puedes incluso decir “hola”?-

-No –era un apalabra fría, carente de toda emoción.

Lina frunció el ceño.

-¿Ni quieres saber cómo le va?-

Ya no podía forzarse a soltar otra mentira de una sola sílaba. Permaneció tras una de las hojas de la doble puerta de la habitación de Amelia, y permitió a sus amigos abrir la otra y ofreciéndose a dejarla abierta “Me iré después de saber que le va bien” tampoco se atrevió a pensar “sin mi”---“Pero eso no importa. Quiero una cura, eso es todo, es lo más importante” Aún así, por alguna extraña razón. Sintió la urgente violencia de acabar con él, y pensó el hombre que le había engañado en el bar.

Esos pensamientos se derritieron cuando oyó una burbujearte, cálida, aunque no familiar, voz suave.

-¡Srta. Lina, Sr. Gaury, habéis venido! Sabía que lo haríais hoy, tenía esa sensación.-

Hubo un abrazo, incluso aunque no lo viese, sabía que eso sucedería.

-¿Cómo están as cosas en el reino, Amelia?-

-Van bien- su voz desapareció en un ataque de minúscula confusión.

-¿Qué pasa, Amelia? ¿Qué buscas?-

-Nada, Sr. Gaury, es solo que… sentí... pensaba que…-

Lina hizo como que mejor pudo para no sonreír. Sabía que esto pasaría, siempre pasaba. Pronto Amelia se interrumpió y ahuyentó la total, tonta pero respetable idea. Sería olvidado, o al menos ocultado, a su presencia. “Hoy no, Amelia” pensó Lina riendo para sí.

-Puedes decirlo, Amelia. –engatusó a su amiga.

Amelia, siendo una princesa, nuca se permitía decirlo, pero hoy esa emoción era muy intensa, como la niebla en el aire. Hoy quería romper la barrera.

Y así lo hizo, gracias ala invitación de Lina.

-¿Sa... sabéis algo de él?-

-¿Quién?- preguntó Gaury genuinamente confuso.

-¿No sabéis nada de Zelgadiss, verdad?-

La tristeza les miró desde sus ojos por el reconocimiento, ellos no dirían una palabra.

-¿No sabéis nada, verdad?- concluyó Amelia, no sentía la felicidad que había esperado tras dos años.

Sus ojos se llenaron de pánico “¿Por qué no me lo dicen?” y luego se ampliaron:

-¡Está mal!-gritó histérica -¡No me lo decís porque está mal! ¿Cómo está…? ¡No estará… no puede estar!-

Sus dedos se retorcieron, las uñas afeitaron el escudo dura madera de la puerta cuando oyó la agonía de sus propias preguntas. Él imaginó uno grandes ojos azules en un pequeño rostro donde una impoluta esperanza se rompía en ellos. Aquello se rasgó a través del una vez, insensible pecho.

-Estoy bien- raspó tratando de evitar que su voz la inspirara, mailing.

Se permitió dar unos pasos para entrar por la puerta, capturando una leve ojeada de ella antes de poder hablar.

-…Estoy bien, Amelia.-

La sorpresa brilló en sus ojos como una batería cuando ella volvió la vista hacia él.

Un fino rostro y unos ojos más pequeños se tensaron durante un gélido instante. El más ligero tono rosa tropezaba con el resto de sus labios, el ligero cabello bailó más suavemente con flotantes blancas túnicas contra el viento y alejarse así a toda velocidad. La total luz de Amelia se dirigió hacia él y sus delicados labios de pastel liberaron su nombre.

-¡Sr. Zelgadiss!-

Durante una fractura de segundo, todo fue maravilloso y magníficamente sellado en un instante. Entonces la agradable sorpresa se convirtió un pequeño fragmento de dolor cuando los talones se detuvieron momentáneamente en su camino y ambos pies se alzaron  del suelo al mismo tiempo.

-¡Amelia, NO!-

A pesar de sus mejores esfuerzos para cogerla, la frente y su mejilla sin no poco entusiasmo, se encontraron de golpe con lo que ellas mismas esperaban, y un rastro de sangre atravesó su ceño hacia su ojo. Zelgadiss maldijo su inhumanidad cuando se separaron una vez más, limpiándolo tan suavemente como su basta piel lo permitía, el rastro carmesí del melocotón que era su rostro. En vez de un agradable y normal saludo, el susurró de nuevo con suavidad:

-¡Recuperación!-

Ella no dejó de sonreír en ningún momento.

-Perdón, Sr. Zelgadiss, es solo que estoy muy contenta de verle de nuevo. He…- el rojo que había desaparecido ya de su frente, ahora se desparramaba por toda su edad- …Quería decirle, “estamos” preocupados por ti, y ¿No te vas a quitar la máscara?-

Unos verde-azules rastros evitaron la atención de ambos desde el suelo. La mano de Lina apareció entre los dos y su delgado dedo se enganchó en la máscara de la quimera.

-Venga, Zel, enséñale lo guapo que te has hecho.- bromeó Lina bajándole la máscara.

Al principio frunció el ceño, pero cuando se dio cuenta de que Amelia se estaba tomando en serio el comentario y realmente estudiaba su rostro lavanda casi azulado.

Entonces el no siempre confundido espadachín, inquirió.

-¿Por qué tiene toda la cara púrpura? Pensé que era azul…-

El cuerpo de piedra de Zelgadiss se derrumbó e irguió, tieso como una piedra.

-¿Se recuperará, Srta. Lina?-

 

***

Venga, despierta ya!

Él abrió los ojos hacia una intensa mirada de azul y amarillo.

-¡Despierta, Zelgadiss!

Le llevó un momento aclarara la mente.

-Gaury… ¿Dónde está Amelia?... ¿Y Lina?-

-¡Eso era lo que te estaba diciendo!- exclamó Gaury frustrado por tener que explicarlo todo otra vez.

-No estaba despierto, no puedo recordarlo.-

Dos grandes manos le cogieron por la pechera hasta levantarlo del suelo.

-Tío, cómo pesas-

-Soy una piedra- informó Zelgadiss embotado.

Gaury le dirigió una mirada confundida.

-Yo pensaba que eras una persona. O una… una… cimera.-

-Quimera.-

-Quimera… Bueno, venga, vamos.-

-¿A dónde?-

Gaury apretó los dientes.

-¡Ya te lo he dicho!-

-No he podido oír nada, estaba inconsciente.-

Gaury resopló

-Lina y Amelia están abajo, comiéndose la cena. Me hicieron quedarme para asegurarse de que tú estabas bien, ¡Y ahora Lina se lo comerá todo!-

-¡Oh!-Zelgadiss parpadeó un par de veces- Bueno, yo ya estoy bien, así que puedes irte.-

Los pesados pasos de Gaury resonaron por el pasillo mientras él bajaba las escaleras.

-Ahora qué- comenzó a planear Zelgadiss mientras se cubría la cara y bajaba la capucha sobre sus cabellos metálicos- Aunque ha sido mejor de lo que esperaba, tengo miedo de que no pueda quedarme más tiempo. Tengo que concentrarme en encontrar mi cura.-

Tomó unos pasos por un camino diferente a través de un corredor lejos de las puertas de palacio.

-Lo siento, chicos- se disculpó en el aire- Esos guisos de dragón realmente parecían tentadores, pero no es para que os siga molestando. Lo siento, Amelia. –sonrió con un torpe sentido del orgullo.

Un orgullo que se hizo pedazos justo cuando oyó:

-Amelia no puede oírte cuando estás tan lejos.-

-¿Lina?_

Un cortante y angustiado grito se oyó desde el comedor.

-¡.. Se lo ha comido todo!-

Y entonces:

-¡No te preocupes, Sr. Gaury, el cocinero no s traerá más en un momento.-

La pelirroja hizo un guiño y sacudió el dedo de una forma familiar.

-Sabía que tratarías algo así, Zel. Aún así sabes que no te dejaremos marcharte solo de nuevo.- ella permaneció apoyada contra la puerta, pero echó los hombros hacia delante y suavizó su egoísta mirada. –Somos tus amigos, Zelgadiss, y realmente queremos ayudarte. No nos estas molestando, y de todas formas, tus posibilidades de encontrar una cura son mejores si vienes con nosotros.-

Zelgadiss se quedó sin palabras, su boca se abrió ligeramente tratando de poder decir algo. Una parte de él quería  echarla a un lado y se las apañó para decir algo. La otra mitad quería murmurara una disculpa como “gracias” e ir al comedor a cenar. Y luego estaba el minúsculo 0’000.000.000.1% que quería romper a llorar y abrazarla. Entonces se rió de si mismo simplemente porque ese pensamiento pudiera estar en alguna parte de su mente.

Lina le devolvió una sonrisa de reconocimiento y caminó hacia él.

-Además, todos estamos aburridos aquí, así que solo queremos ir contigo si es para hacer algo diferente.-

Él asintió estando de acuerdo mientras se dirigían hacia el comedor y se sentaban en la mesa.

-¿Así que vas a unirte a nosotros por los guisos de dragón esta semana, Sr. Zelgadiss?-preguntó Amelia cuando Zelgadiss se comía su cena lánguidamente.

Él masticó lenta y largamente durante un minuto antes de tragar.

-Tal vez.-

Amelia frunció el ceño, él había parecido estar tan feliz de verla antes, pero ahora estaba tan distante como de costumbre. Ella quería verle sonreír.

- ¿Y ya has mirado en las bibliotecas de Seillon?-

-Todavía no, no en esta visita.-

-Deberías hacerlo, Zelgadiss. –sugirió Lina- Esta es la Capital de la Magia Blanca. Si puedes encontrar una cura, es aquí.-

Tras una larga pausa para considerarlo, Zelgadiss reveló:

-Después de que Rezo me convirtiera en quimera, me pasé tres meses en Seillon buscando una cura en cada libro. La última vez que estuvimos aquí, di otro vistazo y no encontré nada.-

El resto de la cena transcurrió en un incómodo silencio, la gente fue dejando uno a uno la mesa hasta que solo quedaron Zelgadiss y Amelia. Aunque en cierto momento Amelia pensó que sería mejor dejarle a él solo también y abandonó la mesa sin mirara, tan solo con un leve toque en el hombro.

Él no sabía que le pasaba, era normal que estuviera callado, pero sentía lago muy dentro de él,  regañando, al acecho, esperando por salir. Lo devoraba. Todavía no sabía qué era, solo que quería que desapareciera. Sus pies  se arrastraron a lo largo de los suelos de piedra cuando abandonó el comedor. Para su gran sorpresa, sus amigos estaban esperándolo, todos estaban arreglados y preparados para salir.

Zelgadiss devolvió la sonrisa que aparecía en el rostro de Lina.

-Sé que hemos cenado pronto, pero ahora ya es tarde para irse. Nuca llegaríamos a la siguiente ciudad antes de que anocheciese.-

-Seguro que lo haremos. – le corrigió Lina con un guiño.

-¡Venga, Sr. Zelgadiss, vayámonos!-

 

***

 

Al principio él no hizo ninguna pregunta, pero cuando dejaron las puertas de Seillon, él no pudo suprimir la incredulidad de su plan: tenía que estar pasando algo por alto.

-¿Tomaremos caballos?- inquirió.

Lina sonrió y sacudió la cabeza en un “no”

-¿Intentaréis ir volando todo el camino hasta la próxima ciudad?-

-Por supuesto que no, Sr. Zelgadiss, eso sería una tontería.-declaró Amelia con alegría. Sus rápidos pasos se incrementaron despedidos a toda velocidad y casi estuvo brincando todo el camino abajo con desbocada alegría.

Zelgadiss se subió la máscara para esconder su sonrisa, entonces se bajó la capucha para que nadie pudiera notar cómo la miraba. Su estado del humor era infeccioso.

-¡Os dije que nunca llegaríamos a tiempo!- resopló, el sol ya se estaba poniendo- ¿Por qué no me escuchasteis en primer lugar?-

Gaury suspiró como si se lo preguntara a si mismo.

- Lina dijo que era importante que nos fuéramos hoy para que vosotros no…-

Un fino y enguantado brazo se precipitó cortante entre sus costillas justo bajo su armadura. Antes de que pudiera, como mucho, quejarse, Lina intervino.

-Ya no vale la pena quejarse. Solo tendremos que dormir aquí.-

Zelgadiss no tuvo tiempo de digerir el comentario de Gaury antes de que él la regañó otra vez.

-Sí, aquí, en medio del bosque donde nos atacaron los trolls justo esta mañana, y ha hecho frío estas noches pasadas. ¡No tendréis el cuerpo preparado para dormir fuera y todos cogeréis frío!-

-¡No deberías quejarte! –le espetó Lina- ¡No tendrías  frío de ninguna manera! Nosotros seremos los que tendremos frío, Zelgadiss, y solo puedes…-

-¡Y yo tendré que ser el que esté toda la noche haciendo que los tres estéis calentitos! No seré capaz de estirarme, dejar solo…-se calló y las parásitas palabras de Gaury ganaron perspectiva.

-¿Dejar solo?-Dejó que su cabeza se quedara colgando.

-Estaremos aquí fuera para que yo no tenga ninguna oportunidad, sino para ser vuestro propio calentador. Imagina…-

-La Srta. Lina pensó que tú lo necesitarías, no tratarías de abandonarnos en medio de la noche.-

Sus manos cubrieron la apenas última parte visible de su rostro mientras suspiraba con una combinación de frustración, dolor y cierto sentimiento cálido que no podía identificar.

- Ya veo. Entonces de acuerdo, prended un alumbre; yo volveré dentro de un rato.-

Con eso, se volvió y se dirigió al bosque.

-¡Sr. Zelgadiss! –le llamó Amelia medio ahogada.

-Estaré de vuelta-le dijo embotado- No me dejarás sin una pista.-

La princesa sollozó ligeramente sin permitir que la humedad cubriera sus ojos.

-Sr. Zelgadiss. –dejó que su pie derecho se adelantara un paso antes de detenerse.

Lina lo supo mejor; se acercó a su amiga por detrás, y le dijo quieta pero firmemente al oído:

-Creo que tenías la idea correcta, Amelia.-

-¿Así lo crees?- exclamó sin esperar una respuesta antes de permitirse que sus temblorosos labios se tensaran con una fuerte sonrisa. “Por supuesto, la Srta. Lina está en lo cierto” Y siguió el camino que Zelgadiss había tomado a través de los espesos arbustos, perdida, pero con la confianza de que podía encontrarle.

-Eh… ¿Qué ha pasado?-

-Una medusa por cerebro.- dijo ceñuda Lina mientras le daba un capón a Gaury.

 

-¡No es precavido andar por la oscuridaaaaad!- gritó Amelia cuando la hoja de la espada de Zelgadiss presionó contra su cuello.

-¡Amelia! -bajó la espada asustado- ¿Qué demonios estás haciendo aquí?, ¿No te habré cortado, verdad?-

El corazón de Amelia latía en su cabeza, y su aliento rezumaba. Le llevó unos segundos de esfuerzo para darse cuenta de que no estaba herida, y un poco más para recordar por qué había ido tras él. No podía ver sus rostro en a oscuridad del bosque, pero por la claridad de su voz, sabía que se había bajado la máscara.

-Estoy bien, solo quería sorprenderte- demasiado para eso.

- No hay que espiar a la gente cuando puede haber un monstruo alrededor.-

-Pero tú…-

Él la detuvo.

-Eres uno. Lo sé. Buen punto. Lo siento.-

-¡No digas cosas por mí!- le advirtió claramente. Su relampagueante, inocente, hastío no se vieron en sus ojos- Como estaba diciendo, tú eres tan serio y distante que pensé que podrías usar una distracción-

Hubo un largo silencio, salvo por el sonido de una roza raspando a través del alambrado. Ella pensó en añadir “Y tú no eres un monstruo”.

-Un tercio monstruo, golem, demonio y todo al mismo tiempo. Soy algo así- replicó en un murmullo algo más alto- Es solo que no quiero que tú, ninguno de vosotros, se vea envuelto en esto. Algunas veces no es precavido, y este es mi problema, no el de nadie más.-

-¡Pero somos tus amigos!-

-Una razón más para dejarme ¿Por qué tendríamos que compartir el sufrimiento y el desacuerdo?-

-Sufrimiento y desacuerdo- Amelia imitó esas palabras inocente, suavemente, como si fueran nuevas para él. La rápida paz del latido de su corazón no había disminuido de velocidad desde que su espada le presionase el cuello.

-He estado buscándola durante años, Amelia, y cada nuevo fallo no me hace sentir mejor. –confesó- ¿Por qué prologar el dolor?-

De repente la ingenua joven ante él supo qué decir, alta, confidente y llena de amor hacia la justicia.

-¿Y qué hay del desacuerdo de perder a un amigo? ¿O del sufrimiento por n saber cómo está?¡ Podrías morir ahí fuera y nosotros nunca nos enteraríamos!-

Amargamente, él murmuró:

-Yo no tengo esa suerte.-

Él oyó su voz asombrado, entonces esperó la respuesta. Después de un largo momento de silencio, dedujo que ella no debía haberle oído. Se alegró por ello “Era decir algo muy egoísta por mi parte” se reprochó “No tenía derecho a decirlo”

Un suave hipido de sollozos detuvo sus pensamientos. Todavía era todo como el débil sonido estrangulado, tirante, suprimido, reverberó en sus puntiagudas orejas.

-¿Amelia?-

Su tensa garganta no permitía más apenas que una audible vibración de alta frecuencia en el fondo de ella. Las lágrimas se acumularon en sus ojos como veneno “No puedes decir eso” protestó para sí, pero lo sabía. Los sentimientos de Zelgadiss, su situación por sus continuos fallos se hicieron claros para ella. La lógica le confirmó su declaración, todo tenía el sentido que él ya quería demostrar.

Su mano fue al encuentro de su mejilla, pero sus dedos estaban contraídos en su manga. El liso tejido de algodón era frío al contacto con su cara, secando sus lágrimas. Si no fuese por la sutil vibración de su fieramente sacudida mano, ella habría jurado que no era parte viva de él. Era lo más cerca que nunca habían estado, el contacto más íntimo que nunca habían compartido, pero eso no disipaba la mirada de sufrimiento, desacuerdo, miedo y dolor del corazón que apuñaló los ojos de Amelia. Sentía que su corazón se había desgarrado en aquella mano, y después de dos años, ella supo que no era la luz del corazón de un achica colada por alguien, sino el corazón de un hombre sofocado por demasiado tiempo que permaneció lejos de ella.

Él lo sabía también, como una irresistible fuerza arañando un agujero a través de un sólido pecho. Como lentamente sus palabras, habría sido mejor no decir nada. Y él lo sabía, y ella también lo oyó, cuando se sofocó con espesa voz.

-Zelgadiss-

 

Tsuzuku…

 


 

Siguiente-3
Anterior-1