Incluso cuando caminaba por la calle bajo el sol,
su corazón estaba siempre solo en la oscuridad  

=Capítulo: 2   “En la Habitación Oscura.”

   

         "...¿¡Quién soy yo!?” se preguntó a si mismo cuando miró sus manos. El color de su piel era el mismo que el del cielo de las frías tardes invernales, esas pesadas oleadas que gritaba al fuerte viento. No solo había cambiado el color, sino también su propia piel: miró sus manos tan de cerca que sus uñas mordieron el dorso de la mano opuesta, pero no había trace de uñas... La piel era tan dura que no era dañada.
No pudo gritar, tan solo un rugido surgió de entre sus dientes apretados.
-Zelgadiss. –dijo una voz calma.
Se volvió y vio a la persona que le había llamado; el brillante color rojo destacaba  en el verde del bosque: era Rezo, el Monje Rojo, quien le había cambiado a aquella grotesca apariencia. Rezo continuó hablando.
-¡Date prisa o alguien te verá!-
-¿¡Qué!?, ¿Cómo puedes saber qué apariencia tengo!?, ¿¡qué es esto...qué es este cuerpo!? -
-Tú querías poder, así que te he dado el poder mágico de un demonio-brownie y el poder físico de un golem de piedra. Un demonio-brownie tiene una capacidad mágica mucho más grande que un humano, y un golem de piedra tiene un cuerpo invulnerable... Y ahora has conseguido un gran poder de amabas formas.
Zelgadiss pensó una y otra vez en las palabras de Rezo.
- ¡Me lo explicaste antes! Si el demonio-brownie y el golem de piedra me han dado su poder, entonces ¿Qué ha pasado con ellos?, ¿dónde están?-
-Ahora están en ti. –
-¿¡Qué!?
- Los he unido a ti. Ahora eres tú quien tiene una gran capacidad mágica, poder físico y sabiduría de humano. Y eso eres... una furiosa quimera.-
Los ojos del Zelgadiss se abrieron por completo, entonces cambiaron a vacíos y él calló
 
Cuando Zelgadiss volvió en sí, yacía sobre una sólida cama en una extraña habitación de una construcción de piedra. Se incorporó, la cama chirrió y miró hacia abajo, hacia su mano derecha sobre el colchón... La piel de su mano estaba hecha de dura roca azul-negruzca.
¡No es un sueño!¡Estoy cambiado!
-¿Cómo te sientes? -Rezo se sentó en la esquina de la habitación; una cálida luz se filtró a través de una ventana abierta e iluminó la túnica roja del hechicero. Había una pequeña mesa junto a él y un montón de pesados libros, quizás de magia, sobre ella.
-Este edificio es la guarida de mi otra ocupación; aquí acumulo mis subordinados. Deberás quedarte aquí durante un tiempo y estudiar magia y esgrima, y cuando seas mi perfecto furiosos, podrás liderar este lugar. –dijo Rezo y cogió una ancha espada.
Zelgadiss se precipitó para el arma como una bestia capturada y victima; blandió la espada y atacó al hechicero.
-¡OH! -
El atacante gritó al ser afectado por un hechizo de Rezo; no podía mover ni brazos ni piernas, ambos actuaban bajo las órdenes de Rezo. Su mano alzó up el puño, puso la mano en él y le permitió stand contra el muro junto a la cabecera de la cama. Zelgadiss luchó contra el hechizo con todas sus fuerzas, pero acabó por ceder; estaba exhausto y cuando su cuerpo no pudo más, dobló las rodillas en el suelo.
-Una herida parece agudizar a la víctima para morder. Has conseguido el poder, sé listo para usarlo. –dijo Rezo.
- ...¿¡Quieres decir que soy inferior a un perro!? –respirando pesadamente, Zelgadiss miró a Rezo deseando que sus ojos pudiesen matar a esa persona con su furia y su odio. Pero no pudo. Y Rezo estaba tan tranquilo como siempre y simplemente, se alejó.
-¡Maldito! –Zelgadiss se incorporó sobre sus pies y arrojó los libros de la mesa para gritar de nuevo- ¿Usarme? ¿¡Me va a convertir en su herramienta!? ¡Yo soy lo que soy! ¡Y no soy el instrumento de nadie! -
Pateó el suelo de piedra y salió de la habitación, entonces fue cuando vio al resto de las herramientas de Rezo: un hombre-lobo, un enano, un hombre-mono, un elfo oscuro... No había ningún hechicero ni humano.
¿Soy yo uno de ellos?, ¿no soy humano?” Zelgadiss estaba estupefacto.
Caminó a grandes pasos a través del corredor y salió de la guarida; era tal y cómo él esperaba.
¡No quiero ser un instrumento de Rezo! ¡Si me arrojo al agua, este cuerpo tan pesado se hundirá al hasta el fondo  y estaré ahogado incluso si puedo nadar!

 

Zelgadiss iba a suicidarse, para él era la única manera de arruinar el plan de Rezo, pero cuando retiró los tablas que cubrían el manantial y miró la superficie, vio una cara oscura que le contemplaba desde el agua. ¡Esa debía ser su cara!: sus rasgos no estaban demasiado cambiados, pero sus orejas se habían hecho más grandes y afiladas; su pelo negro se había vuelto del frío color plata de hilos. Miró hacia abajo, hacia el manantial durante unos instantes, entonces, de repente, enderezó su espalda y arrojó el puño a la fuente. Las ondas corrieron por el agua y el oscuro rostro desapareció, pero volvió cuando Zelgadiss alzó el puño y lo miró en el agua. Era tan claro y más grande que ser cruel; abrió los ojos ampliamente, miró el reflejo y hizo pedazos las frías aguas sobre si.
Cálmate. No tiene sentido mirar aquí. ¿Voy a desperdiciar mi vida?... Pero si vivo, Rezo hará de mí su herramienta. ¿Puedo endure esa humillación?...Sí; puedo y debo. Aquí está un maestro de la magia y la espada; es el lugar para adiestrarse. Algún día seré capaz de vengarme de Rezo.
El agua goteó por sus plateadas pestañas; frunció el ceño y se sacudió el agua del pelo. Se obligó a seguir viviendo: solo el odio hacia Rezo y la idea de venganza le daba fuerza.
Zelgadiss se tragó todo su orgullo.

 

Un día, Rezo fue a visitar la guarida y vio que Zelgadiss no estaba allí.
-¿Dónde está? –le preguntó Rezo a un hombre-lobo consiguiendo una respuesta: dijo estaba en el bosque.
Rezo conocía a Zelgadiss; si se hecho a la idea de huir, no pasaría de él o de su laboratorio. Tenía que hacer algo, sin embargo, cuando se dirigía hacia allí, Rezo no sintió ningún peligro. ¿Acaso era una trampa? Caminó por el bosque atento a cada ruido. Poco después sintió la onda expansiva de una explosión un poco más allá: era el efecto de un hechizo mágico.
Cuando fue hacia allí, pudo oír el conjuro con el poder de Zelgadiss.
- ¡Freez Bullet! -
-OH; al final te he encontrado.! –dijo Rezo.
Zelgadiss se apartó de un salto y se colocó en posición defensiva, pero rápidamente contestó con voz calma.
-Ah; eres tú! Leí los libros que me diste y ahora trato de practicar algunos hechizos que antes no podía hacer. -
- Has debido estudiar mucho... ¿Cómo te van? -
-Es realmente bueno. Con todo el poder mágico del demonio-brownie puedo usar muchos hechizos poderosos. Dentro de poco seré capaz de aprender el “La-Tilt.” – Hablaba con voz calma, pero su corazón casi iba a explotar de furia y odio.

Rezo era tan perceptivo que podía notar la lucha interna de la mente del chico y sentía emanar el peligro desde su aparente obediente quimera; el Monje Rojo lo evaluó y se preparó para eso. Estaba seguro de si mismo acerca de su magia, incluso si Zelgadiss había conseguido ese enorme poder mágico, él bien seguía pudiendo aplastarlo, podía demostrarle lo fuerte que era el Monje Rojo y podía permitir. que el chico rindiera a él, y si Zelgadiss no le obedecía, entonces le mataría. Rezo estaba satisfecho con la aparente alianza de Zelgadiss, y volvió al laboratorio.

 

Rezo visitó continuamente a Zelgadiss durante tres días seguidos como si sospechara que iba a escapar de él, y cuando el Monje Rojo se convenció de que el chico se quedaría, tan solo iba a verle una o dos veces por semana, hasta que un día le dijo.
- Parece que ya estás bien. Te daré una orden la próxima vez que venga a verte. -
Rezo estaba buscando la legendaria “Piedra de Sarvia” y Zelgadiss estuvo de acuerdo con él en ayudarle en su búsqueda cuando Rezo le dijo al chico “Te daré un gran poder”... Zelgadiss no podía ni imaginar lo que tendría que hacer para encontrar ese objeto legendario, tan solo se mordió el labio y  miró al pálido rostro del Monje Rojo.  
 
Rezo no apareció durante una semana y a Zelgadiss le gustaba que estuviese ausente durante unos días, pero empezó a prolongar las visitas diarias de Rezo.
-Si Rezo viene, avisadme. –les dijo a sus compañeros de la guarida de Rezo.
Dejó de perder el tiempo en practicar con la espada y volvió a su habitación; allí  sentó sobre la cama, se cubrió la cara con las manos y se sumió en sus pensamientos.
¿Por qué?, ¿por qué tengo tantas ganas de ver a Rezo?” Le odiaba tanto que deseaba despedazarlo, De cualquier manera, quería oír su voz y ver su rostro al mismo tiempo. “Rezo es el ÚNICO humano a quien puedo ver ahora... Por eso quiero verle.” 
Los metálicos hilos susurró cuando arañó su pelo con la mano.
Desde que se transformó, le era imposible poder ver a gente normal, allí solo había criaturas que no eran humanas; echo de menos lo que perdió tan malamente.
Si pudiera ver a Ferrisian... ¡No; no puedo!... Estaba... estaba demasiado fácil de negociar con Rezo. No trate de hacerlo lo mejor que pude, y agarró a la oferta de darme un gran poder. ¿Qué pensará Ferrisian sobre mí cuando sepa lo que soy?... No puedo ver a nadie que me conozca; no me gustaría que alguien me viese ahora y estoy avergonzado de mi acción...

Aunque odiaba tanto a Rezo, él era la única persona a quien Zelgadiss podía ver, y Rezo no vino a verle durante días. Zelgadiss sufría en su soledad y sabía la razón por la que quería ver al Monje Rojo; se encontraba dividido entre la esperanza de verle y su odio hacia él.  

Mientras Zelgadiss luchaba consigo mismo, Rezo también lo hacía sobre sí. Sentado en una silla del laboratorio, Rezo luchó consigo mismo por su impaciencia de ir con Zelgadiss una vez. “¿Qué seré?” se preguntó a si mismo; tenía miedo del cambio mental que experimentó cuando convirtió a Zelgadiss en quimera “Es mi único pariente de sangre que tengo. Por otra parte, le crié yo solo desde que nació; pero él no esperaba ser un hechicero y continuar con mi trabajo: deseaba convertirse en un espadachín. Lo sé bien , aunque no me dijese nada de sus esperanzas y entiendo muy bien que debería continuar por su propio camino sin que yo le diga nada.” Rezo sabía lo que debería hacer pero no podía ayudar prolongar eso para hacer que el chico se quedara: eso era por lo que Rezo había ido al bosque a estudiar como Zelgadiss practicaba tan duramente con la espada; fue entonces cuando tuvo la idea de hacer del chico una herramienta para buscar la Piedra de Sarvia. “No necesito a un sucesor; necesito una posible herramienta para buscar la Piedra de Sarvia. Debe ser prudente, decisivo y poseer unos agudos ojos indagadores: un hombre con la habilidad de cumplir completamente sus deberes... Y ese es Zelgadiss. Le necesitaba, así que le transforme en quimera sin importarle lo estupefacto que estuviera, incluso pensando en todo lo que le cuide y me preocupé por él.” Se estrechó a si mismo en sus brazos: cada vez que recordaba la escena Zelgadiss se dio cuenta de lo que le había pasado, sentía un enorme placer... EL placer de saborear el miedo y la desesperación. Era la primera vez que sentía tal éxtasis “Saboreé su miedo y desesperación en esa ocasión; pude percibir sus sentimientos como si tuviesen ciertos tipos... Devoré su miedo y desesperación.” No era solo en esa ocasión, pero Rezo podía comer el miedo y la desesperación de Zelgadiss siempre que visitaba al chico-quimera y eso era muy placentero para él. “¿Por qué siento todo ese éxtasis? Antes podía sentir los sentimientos de los demás pero nunca sentí placer por eso. Y realmente es antihumano sentir placer por la agonía de los demás... ¿Es ese mi placer?

Rezo estaba más y más impaciencia por saborear el desesperación de Zelgadiss, no importaba cuanto odiase su ansiedad y tratase de reprimirlos pensando con lógica. “Es tan extraño.¡No puedo ser yo más veces! Debería erradicar este deseo o perderé la cabeza solo por placer!

 

Resistiéndose a si mismo, Rezo no visitó a Zelgadiss, hasta que entonces, un día, Ferrissian fue a visitar la habitación de Rezo a media tarde.
-Maestro Rezo: acabo de encontrar esto en el patio- Ferrissian llevaba una cuerda con un montón de nudos; era un mensaje para ciegos.
Rezo se dio cuenta out que ese mensaje estaba codificado en un código solo para Zelgadiss y él mismo que había inventado hacía mucho tiempo para que el niño pudiese comunicarse con gente ciega. El mensaje de Zelgadiss, solo decía “Ayuda. Z.”, eso era todo, no había más palabras. Rezo cayó en silencio por un instante, entonces dejó la cuerda del mensaje en el escritorio diciéndole a Ferrissian.
- No pienses en ello más veces. –y continuó probando sus medicinas.

Rezo quería ir a ver a Zelgadiss una vez más, pero estaba ansioso de que Ferrissian estuviese intrigado, así que no sobresaltó esa vez. Había otra ansiedad que le obligaba a quedarse allí, una voz en su interior que le decía que el mensaje podía ser una trampa. Su tranquila mente sabía que Zelgadiss esperaba vengarse.

Después de todo esto, Rezo abandonó el laboratorio por la noche estando alerta en su camino hacia la guarida, pero no pasó nada.. Cuando por fin llegó a donde se encontraba Zelgadiss, vio que todos sus compañeros de allí estaban concentrados en la puerta de la habitación de Zelgadiss.
-¿Qué ocurre?, ¿dónde está Zelgadiss?-preguntó
-Está en su habitación... pero no parece capaz de moverse. –contestó un elfo oscuro tras mirar al resto de los presentes.
Rezo ordenó a los compañeros que se apartaran y se metió en la habitación de Zelgadiss que estaba tendido en el suelo gimiendo; entonces se dio cuenta de que algo le pasaba al chico.
- ¿Qué te pasa?; ¿no puedes levantarte?-
- No... no puedo... Me siento atontado... y me duele... mucho la cabeza. -
Zelgadiss se tumbó sobre su espalda y Rezo se arrodilló a su lado tocándole la frente. Entonces dijo:
- ¡ Oh! Tienes un poco de fiebre ¿Te sientes enfermo?-
Zelgadiss tan solo asintió porque le costaba hablar y Rezo sintió su movimiento con el toque de sus dedos.
El hechicero escuchó la suave respiración sintiéndose aliviado por poder examinar el estado de Zelgadiss quedándose con él durante toda la noche, pero no se recuperaba; no se podía mantener sobre los pies sintiéndose mareado y estaba tan enfermo que no podía beber ni un poco de agua. El fuerte dolor de cabeza le hacía estar desvelado y necesitó un hechizo mágico para poder dormir.

Su estado no mejoró durante días, así que al final Rezo se vio obligado a llevar a Zelgadiss a su laboratorio; si el Monje Rojo ascendía entrando y saliendo tantas veces, alguien se enteraría de su doble vida. Rezo tenía que tener cuidado en llevar a Zelgadiss al laboratorio donde todos le conocían bien: el chico no estaba muy cambiado excepto por sus amplias y puntiagudas orejas.

 

Una noche Rezo usó el conjuro de dormir con todos los miembros del laboratorio para que se quedaran dormidos en sus cuartos; después de que se durmieran, el hechicero llevó a la quimera al sótano del laboratorio. Allí Rezo examinó el estado de Zelgadiss por completo evitando lejos de los ojos de los demás.
Una semana más tarde, llegó a una conclusión.
- Es un problema mental. –le dijo a Zelgadiss.
- ¿Problema mental?-
-Sí; así es... Por ejemplo: los adolescentes, chicos y chicas, sienten un gran stress al ver que sus órganos físicos crecen más deprisa que su estado mental. Algunas veces este stress se manifiesta con lo que tienes tú ahora. Tu mente sufre problemas por el cambio de tu cuerpo.-
- ¿...Cómo me puedo curar? –preguntó Zelgadiss.
- No es un problema que se pueda curar, solo superar. Debes aceptarte tal y como eres, debes superar el problema de tu mente. Cuando lo hagas, volverás a estar bien otra vez; no hay otra forma de que te recuperes de ese problema mental y cada paciente tiene su propia forma de hacerlo, así que yo no puedo decirte “haz esto” o “haz lo otro” Debes hacerlo por ti mismo. –replicó Rezo
No solo Zelgadiss estaba en desacuerdo con esta conclusión, también Rezo. “¡Le necesito como mi instrumento!¡No puedo perderle ahora!” gritó en su mente “Sé bien que está alterado por su transformación, pero ha estudiado magia y practicado con la espada duramente; espero que sea tan fuerte como para superar ese trauma.”
Rezo no sabía lo mucho que el chico confiaba en su único pariente de sangre, y perdiendo a esa persona, perdía su sentido de valves. ¿En qué podía confiar?, ¿en qué se basaría su vida?, ¿había algo por lo que él viviría? Rezo creía que Zelgadiss estaba mal solo por su cambio físico, pero era más por la confusión mental que tenía, y eso él no lo sabía.  

 

 

Rezo sentó por Zelgadiss yaciendo en el agujero del muro. El chico estaba medio tonto y Rezo sintió su débil dolor en su mente; de repente sintió un imperiosos deseo por la desesperación de Zelgadiss “¡No necesito todos esos sombríos sentimientos!¡Necesito pasión fresca!” Rezo saltó sobre sus pies y salió rápidamente de sótano; no quería preocuparse de sus problemas mentales por Zelgadiss.
El Monje Rojo se detuvo en la escalera jadeando “¡No te vayas! Si te quedas más con él, sentirás más deseos de sentir furia, miedo y desesperación otra vez ¡No deberías hacerlo!: él necesita alguna clase de cuidados; ¿hay alguien más que pueda ocuparse de él?¡ No!; ahora no puedo hacer nada por él; déjale solo. Se recuperará por su propio pie.
Subiendo lentamente las escaleras hacia el primer piso, Rezo ascendió pensando, y cuando pasó a través de la puerta, se hizo a la idea.

 

- Mañana me iré de viaje por la mañana. Volveré dentro de un mes. –le dijo a Zelgadiss que aún yacía en el agujero –Nadie vendrá aquí hasta que yo vuelva. Y no te preocupes: he preparado suficiente agua para ti; tienes cuerpo de golem y eso te hará morir de hambre.-
-¿Volverás por mí? –dijo Zelgadiss
El sótano quedó en silencio, hasta que Rezo contestó como solía hacer.
- Sí, lo haré. Eres mi preciosos instrumento.-
Rezo no podía prepararse up consigo mismo ansia por las emociones oscuras de Zelgadiss; quería volver a ser él mismo de nuevo y pensó que debería dejar a Zelgadiss, esa era la razón de su viaje, solo quería estar lejos de él, pero se dio cuenta que no podía apartarse del pobre chico. Le necesitaba para su propio placer. EL Monje Rojo escondió su ansiedad detrás de la palabra “Instrumento"
Zelgadiss tenía miedo de que Rezo le abandonase, no de estar hambriento a morir en un sótano, pero si al miedo de perder al único humano que le conocía. Se había dado totalmente cuenta de que no podía vivir  como un hombre normal al estar en un lugar donde la gente vivía y trabajaba sobre su cabeza; sus agudos sentidos del demonio-brownie percibían un débil sonido y el suave olor de la vida humana que le recordaban la vida fuera de allí... “No puedo volver a vivir así” No podía soportar la soledad, incluso si odiaba a Rezo, él sabía en lo que se había convertido y lo que ahora era.
Rezo era su último señal del mundo humano y le dejó solo en la oscuridad

 

El sótano tenía pesados muros y una sólida puerta de acero preparado para pruebas peligrosas: la entrada al subsuelo estaba cerrada y no se filtraba ninguna luz. Su cuerpo no estaba hambriento como dijo Rezo; pensando que podía vivir para siempre, no podía ser feliz; para entonces no había nadie que conociera al Zelgadiss humano en un futuro lejano.
Yacía en el agujero del  muro teniendo que usarse como si él fuera su medicina; desmontar de las muñecas. Estaba enfadado consigo mismo por ser incapaz de moverse y por la despiadada soledad; si pudiera, le saltarían los ojos llenos de lágrimas, pero no tenía lágrimas que derramar. Quería llorar y dejar que alguien le escuchase.
No quería que le encontraran los ayudantes del laboratorio, no querían que viesen como habían cambiado sus rasgos; pero el muro era demasiado grueso y la puerta de acero demasiado sólida para que su voz fuera oída en el exterior. Rezo había sellado la entrada con un hechizo y Zelgadiss necesitaba otro para anularlo o algún conjuro ofensivo, y con todos esos problemas que poblaban su mente, no podía concentrarse lo suficiente para poder conjurar un hechizo. Era imposible salir de la oscuridad al menos que Rezo volviese y deshiciese el hechizo de la puerta, o que Zelgadiss  recuperase su poder mágico superando sus problemas.

Sin otra cosa que hacer, se forzó a enfrentarse consigo mismo. Miró la oscuridad y se enfureció de él mismo; cuando yacía sobre su espalda, manteniendo continuos abuse de si mismo; cuando se cansó de abuse, se maldijo una y otra vez. Y cuando por fin se cansó de maldecirse, comenzó a observarse con tranquilidad: estaba solo en la oscuridad sin nada que comer y en medio de una mortal soledad; y así su mente se agudizó como si fuese un devoto de las prácticas ascetas. Con su mente agudizada, anuló la disputa mental y su condición física mejoró día a día, y así, una semana después, pudo incorporarse sobre los pies otra vez. “ Aleja un corazón débil. He estado siendo demasiado débil de corazón para poder ver la mente escondida de Rezo. Incluso ahora quiero hablar con el hechicero como en los días pasados. Perdí mi vida humana demasiado mal.” Zelgadiss hablaba consigo mismo mientras cerraba los ojos y descansaba la espalda y la cabeza sobre el muro sentado en el suelo de piedra. “¿Está mal perder mi humanidad? Es natural que quiera recuperar mi cuerpo humano!... Si quiero hacerlo, dejarlo ser mi propósito para vivir. No puedo salir adelante cuando perdí mi pérdida.... ¿Salir adelante? , ¿ ya dónde iré?... A ninguna parte. ¡Hey!: no pienses en lugares a donde ir. Si no quiero irme, me quedaré aquí en la oscuridad toda mi vida. Mira: esto es la oscuridad, y mi corazón, sin la voluntad de escapar, es tan oscuro como la misma oscuridad que ahora veo.

Abrió los ojos y solo pudo ver el color negro. “Entonces, ¿qué puedo hacer?. Seguir viviendo, sobrevivir. Si vivo, tendré la oportunidad de vengarme de Rezo. Vivir hasta conseguir el oportunidad... ¿Vivir como herramienta de Rezo?” agachó la cabeza y los metálicos hilos rozaron con un sonido seco. “...No pienses en eso. Si vivo como instrumento de Rezo podré dominar muchos hechizos poderosos, podré conseguir una pista para recuperar mi cuerpo... O Rezo no querrá darme esa pista... ¿Por qué? Soy yo quien encontrará el camino... ¿Domado por el hombre a quien quiero matar?... No puedo ser domesticado; sé que é me necesita y yo puedo usarle... Quizás sea Rezo y no yo quien me use... No seas tan temed. ¡Hey!, ¿qué pasa con apoderarse la Piedra de Sarvia y usarla para derrotar a  Rezo? Realmente él se arrepentirá siendo derrotado por el objeto que él lleva tanto tiempo buscando.” Sus labios, cubiertos por la piedra azul negruzca, esbozaron una sonrisa. “¿Y dónde está la Piedra de Sarvia ahora?... No hay evidencias de que no exista... pero tampoco de que sí exista... No sea tan pesimista. Si, admito que este cuerpo de quimera es un disgusto, pero soy yo quien esperaba el poder y este cuerpo tiene gran poder. He conseguido lo que esperaba, entonces, ¿seguiré viviendo?, ¿soy tan débil de mente?... Odio decir ¿molesto? Entonces, se fuerte... ¿Por qué digo que soy débil?... Todo lo que soy ES débil. Rezo me ha traicionado y sigo confiando en él. Perdí mi vida humana tan malamente que no puedo pensar en el futuro.

Zelgadiss frunció el ceño y se incorporó del suelo lentamente, apoyó la mano derecha en la pared y comenzó a caminar a lo largo de ella para detenerse frente a la puerta de acero. “Estoy esperando la vez que tenga voluntad de tapar mis cicatrices... ¿Esperar?¡Qué lento puedo ser!... Entonces,, ¿debo darme prisa?... No puedo encontrar la forma solo esperando.
Movido por esas disputas, golpeó con fuerza la puerta. Para él, esa sólida puerta de acero era lo mismo que ser devorado por sus problemas. Zelgadiss repetido interrogativamente y contestando una y otra vez a en la oscuridad; no sabía cuanto tiempo había pasado, pero el tiempo seguía haciéndolo. Gradualmente la voluntad de vivir se hizo más fuerte. “Viviré. Tengo que hacer algo para vivir: no quiero morir aquí de una forma tan miserable.

Finalmente consiguió la voluntad de seguir viviendo; entonces oyó el sonido de una estaca.

Supo que el Monje Rojo había vuelto.

*Notas de la Autora:

 Añadí unas 100 líneas más a este capítulo a la primera versión que escribí en japonés, ya que cuando lo publiqué en Nifty (un servidor japonés), el capitulo se centraba solo en Zelgadiss en la oscuridad.

 Esta historia está basada en mi propia experiencia. Una vez tuve problemas con la relación en mi oficina y me puse enferma. Supe qué pasaba conmigo y me dije que odiaba  esa debilidad mía, así que traté de volver a la oficina. Después de un tiempo, me di cuenta de que solo había unas cuantas personas que me miraban fríamente, y los demás me miraban sin ninguna hostilidad posible. Me acerqué a esa gente por motu propio y al final encontré mi lugar, fue entonces cuando mi mala condición desapareció.


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