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Capítulo-6 “La Lista de Zaidos”
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“Te quería a ti” había dicho Rezo. Zelgadiss pensó en ello una y otra vez sentado en su habitación “¿Qué quiso decir?, ¿por qué me quería tanto tiempo antes de yo nacer?... Él no me quería antes de que yo naciese, sino a alguien que le sirviese como hago yo ahora... ¡Ah!, ¡Entonces Lo que rezo quería era a su propio esclavo-quimera?.. Quizás sí, quizás no; tal vez solo quisiese a un buen asistente” Zelgadiss sacó la corta espada que había obtenido del pueblo de su primera masacre; era el símbolo de su comienzo como Furia de Rezo. “... Rezo quería su propio berserker y ahora lo soy yo.. El podría ser cualquier cosa que quisiese, pero... ¿cómo se atreve a hacer de su único pariente de sangre su peón?... Todos los ancianos quieren tener a sus parientes de sangre a su alrededor, y Rezo también,,, pero, ¿por qué me convirtió en quimera?” No podía tener ni la más remota idea, y para él, el significado de la última sonrisa de Rezo también era un misterio. Zelgadiss sintió un escalofrío recorriéndole la espalda cada vez que recordaba esa sonrisa que él vio por primera vez. De cualquier forma Rezo siempre tuvo una gentil sonrisa que evitaba que todo el mundo percibiese sus verdaderos sentimientos. Zelgadiss podía diferenciar algunos de ellos gracias a un ligero matiz en sus labios. Pero esa sonrisa... no había forma de saber qué sentimientos guardaba y él tenía miedo de ella aún sin ser un cobarde. Zelgadiss pensaba en esa sonrisa porque tenía curiosidad por los sentimientos que Rezo tenía tras ella. ¿Estaba relacionada con él? De repente sintió que alguien le observaba y concentró sus sentidos: el olor de una bestia.. sigilosos pasos. “¡Ah... Zaidos.” Zelgadiss recordó sus sospechas por el hombre-lobo y ahora era el momento de solventarlas. Ya se estaba cansando de sus auto-preguntas que no le daban ninguna conclusión, así que se incorporó y guardó su corta espada en su cinturón. A la mañana siguiente Zelgadiss fue al cuarto donde Zaidos trabajaba; el hombre-lobo trabajaba duramente y había conseguido otro cuarto más para trabajar además del suyo propio. Estaba ocupado en la elaboración de la lista de artículos relacionados con la Piedra de Sarvia y ya había efectuado la mitad de ella. -¿Va todo bien, Zaidos? –dijo Zelgadiss. Zaidos se sorprendió porque el líder solo le había hablado rara vez de esa forma; le miró y dijo: - Tan bien como siempre.- - Vale; el Maestro Rezo vendrá el día de Luna Nueva de la semana que viene. Espero que tu trabajo sea satisfactorio.- - ¡Ah! Yo pesaba que el Maestro Rezo vendrá un día de Luna Creciente dentro de dos semanas.- - ¿Dentro de dos semanas?, ¿es cierto eso? –preguntó Zelgadiss. - Bueno, normalmente el Maestro Rezo viene el día de Luna Nueva, pero este mes vendrá una semana más tarde.- - Hummm; ya veo – dijo Zelgadiss y abandonó la guarida. Zaidos asintió a la entrada y supo que el líder y supo que había ido a comprobar el plan. Esa noche Zelgadiss volvió a salir fuera y encontró a Zaidos esperándole en el comedor; el líder se sentó en una silla ante su comida cuando Zaidos se incorporó y le sobrepasó diciendo: - El Maestro Rezo vendrá dentro de dos semanas como dije. - - De acuerdo –contestó Zelgadiss pero no empezó a cenar hasta que Zaidos no abandonó el comedor.
Al día siguiente Zelgadiss fue a llamara a Rezo para encontrarse con él en los bosques cercanos al laboratorio del Monje Rojo. Las hojas ya habían caído dejando desnudos a los árboles y la túnica roja de Rezo parecía carne entre los grisáceos troncos de los árboles. - ¿Cuál es el problema? –preguntó Rezo- Es raro que tú me llames. - Quiero decirte algo sobre Zaidos. –contestó Zelgadiss. - Ah... ¿qué pasa?- Zelgadiss le contó la conversación entre Zaidos y él el día anterior. - Sospeché de él porque dijo “como he dicho” por la tarde.- - ¿Y qué sospechabas?- - Él tiene un memoradum de nuestro plan –explicó Zelgadiss- Cuando le pregunté por primera vez sobre el plan, contestó con sus recuerdos pero luego leyó su memo para ver si sus recuerdos estaban bien o no. Se puso confidencial y dijo “como he dicho”- - Así que como dices tienes ciertas pruebas de ello, ¿no?- Zelgadiss excitó con la conversación con Rezo; el hechicero y él se conocían muy bien el uno al otro para saber qué querían decirse con facilidad; el líder de la guarida no podía tener semejante prontitud en las contestaciones de sus subordinados. - Sí, así es. –dijo Zelgadiss- Anoche usé “dormir” con él y registré su habitación; entonces encontré un fardo de memorandus.- - ¿Es cierto eso? –Rezo frunció el ceño- Pero yo solo le di los suficientes papeluchos que necesitaba para la lista. ¿Cómo hizo los memorandus sin papel?- - Es muy hábil en la fabricación de papel. Usa finas cortezas, trozos de ropa y consigue fabricar papel con fibras de hierbas.- - ¡Oh; qué obsesivo es...! –suspiró Rezo - Estoy de acuerdo contigo. –dijo Zelgadiss. - No puedo opinar, pero si hace memorandus... podría ser un memo-maniático.- - Ya veo. Quieres decir que él debe tener sus viejos memos, ¿verdad?- - Sí. ¿Por qué dejó el jefe de Zaidos que hiciese él la lista? Debe haber una buena razón.- - Entonces él debe tener la lista original... –Rezo pensó durante unos minutos y preguntó- No pudiste encontrar la lista original, ¿verdad?- - No; no pude.- Rezo murmuró algo pensando profundamente hasta que finalmente le dio algunas órdenes a Zelgadiss; tras eso volvió a su laboratorio y Zelgadiss hizo lo mismo a la guarida. |
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Esa noche Zelgadiss fue a despertar a Zaidos y le dijo que le siguiera afuera de la habitación; Zaidos se vistió con prisa y siguió los pasos de su quimérico líder. La Luna ya se había ocultado y las estrellas brillaban a través de las desnudas ramas de los árboles. Ambos caminaron a través del frío aire helado en tal paz que parecía que lo hiciesen bajo el sol. - ¿Es algún trabajo? –preguntó Zaidos a Zelgadiss solo para obtener un mortificante silencio como respuesta. Zelgadiss no había hablado mucho con el hombre-lobo; él era el líder de la guarida pero normalmente hacía él solo su trabajo de forma que no tenía amigos o compañeros; Zaidos era similar a Zelgadiss en ese sentido. Entonces notó que se dirigían hacia el laboratorio de Rezo. - ¿Vamos al laboratorio del Maestro Rezo?- preguntó de nuevo, pero en vez de contestarle, Zelgadiss se sumergió en el bosque apartándose del camino. Zaidos no entendía nada pero le siguió. El líder caminó una buena distancia y se detuvo en un claro; cuando Zaidos llegó allí, Zelgadiss se dio la vuelta con la espada desenvainada en una mano.. - ¿...Cuál es el problema? –preguntó Zaidos. - Dame la lista de objetos relacionados con la Piedra de Sarvia. –dijo Zelgadiss con una voz tan helada como el aire.- Zaidos contestó con una seca risotada. - No bromees. Puedes tenerla tanto tiempo como quieras porque siempre ha estado en la guarida ¿Por qué me tratas de esa forma?- - No, no me quiero los objetos de la guarida. Me refiero a la lista original.- El hombre-lobo calló en silencio; sus ojos brillaron bajo la pálida luz de las estrellas. - La lista original ardió en cenizas. Tú ya lo sabes.- - No; tú tienes una.- dijo Zelgadiss- Siendo un memo-maniático debes tener una copia perfecta de la original. Tú te la has guardado para ti y ahora solo te dedicas a copiarla gradualmente.- -Eh, eh; ¿qué crees que voy a decirte? ¿Crees que las cosas que se pierden aún están donde estaban antes de perderse.?- - No es mi opinión. Rezo está de acuerdo conmigo- Zaidos sintió un escalofrío recorriéndole la espalda –Rezo me ordenó llevarte al laboratorio –continuó Zelgadiss – Y si vas allí, te torturará. Dale la lista después de sufrir esos tormentos o dámela a mi a cambio de una muerte piadosa. ¿Cuál eliges?- Zaidos retrocedió unos pasos de su piadoso asesino. -¿Por.. por qué quiere matarme?- gritó - Porque Rezo decidió matarte una vez que hubieses completado la lista- Zelgadiss era muy frío- Es tu castigo. Yo no tengo razones para salvarte la vida.- Zaidos no podía soportar el aire del espadachín-quimera y trató de escapar de él, pero él era más rápido. - ¡Aaaah! –Zaidos cayó sobre un montón de hojas marchitas. Cuando se volvió sobre sus pies vio que su tobillo derecho estaba amputado. Zelgadiss bajó la vista hacia él dirigiendo su ensangrentada espada. - Te observé y vi que eras un memo-maniático –dijo- Pronto me di cuenta de que debías tener la lista original y se lo dije a Rezo.- - ¿Por qué ayudas a Rezo? Tú le odias, ¿no?- - Sí, yo le odio. Pero eso no es ninguna razón para que te salve la vida; entiendes, ¿no? Quizás escondiste la lista para resistirte contra el Monje Rojo –Zelgadiss sonrió- ¿Por qué no te diste cuenta de que eso te costaría la vida? ¿Pensaste acaso que alguien te salvaría de Rezo? Para mí eso es ridículo.- Tener información es diferente para quien la use; esa es la cuestión y no tiene utilidad si alguien no puede usarla para hacer mayor su ventaja o menor su perdida. Zaidos era muy devoto en recopilar información pero negligente a la hora de usarla y ese fue su fatal error. Zelgadiss tenía la suficiente sangre fría como para abandonar a semejante individuo. Restregó la sangre de su espada en un tronco cercano y la envainó; entonces Zaidos supo que pretendía dejarle vivo o llevarle ante Rezo quien era mucho más cruel. - ¡No!, ¡Acepto tu propuesta!- gritó por fin. - ¿Aceptas el qué?- -¡Te diré dónde está la lista, pero por favor, no me lleves con Rezo!- - De acuerdo. Si eres honesto conmigo, te mataré sin dolor. - - ¿Puedo pedirte una cosa más? Es mi última voluntad. ¿Harás lo que yo te pida?- - ... Haré tanto como pueda. –dijo Zelgadiss y se arrodilló junto a Zaidos. El hombre-lobo vio los ojos del espadachín-quimera: eran los mismos que le vio en la guarida delos bandidos cuando le vio por primera vez ¿Estaba destinado a ser asesinado por ese espadachín? Pensó y agachó la cabeza. - Deseo ser hecho pedazos por un hechizo. Si me mata una espada, mi cuerpo roten en este suelo... ¡Y lo odio! Quiero volver al polvo de una vez.- - Entiendo lo que dices. –dijo Zelgadiss con voz seca. - Bueno, hay un ladrillo suelta en el muro de la cabecera de mi cama... –comenzó a explicar Zaidos- Está a la altura de mis ojos. Si la apartas, verás un agujero al lado del ladrillo derecho: allí está la lista.- - Entiendo. ¿Tienes algo más que decir?- - No, nada más. Solo que deseo que hagas como te he dicho.- - Sí; haré como dices.- Zelgadiss se puso en pie y pronunció un hechizo; Zaidos cerró los ojos. - Dormir.- Cuando Zelgadiss gritó el hechizo, Zaidos cerró los ojos roncando; no se despertaría durante un día y medio al no ser que alguien deshiciera el hechizo. Zelgadiss desenvainó a espada y la hincó en el pecho de Zaidos; la sangre fresca se desparramó sobre las hojas caídas. El aire helado se llenó con algo de olor dulce y agrio, y apareció un charco de cálido líquido rojo: Zaidos había muerto inmediatamente. Zelgadiss dejó que la luz de “Luz” flotó el aire y desnudó el cuerpo muerto; sacó un gran cuchillo y cortó el cuerpo superior desde la barbilla hasta la entrepierna con él poniendo los músculos abdominales a un lado hasta que divisó los órganos internos. Sacó el estómago y cortó la superficie estrujando fuera su contenido; entonces encontró lo que quería: era un montón de papeles arrugados envueltos en papel encerado. Un hilo estaba atado a él y Zelgadiss comprendió que Zaidos había atado otro al final del hilo de sus dientes, de esa forma o sacaba del estómago cuando quería. Cuando limpio la superficie del papel encerado puedo ver una letra muy pequeña en su superficie. Era exactamente la lista de Zaidos. -¿La encontraste?- Zelgadiss no se sorprendió por la repentina voz, la esperaba. Se incorporó lentamente y se volvió hacia el hombre de rojo - Aquí está la lista. –dijo mientras caminaba hacia Rezo y se la pasaba. -Cuando se volvió y se dirigió al cuerpo muerto de Zaidos, Rezo preguntó. - ¿Por qué hiciste eso? Te ordené que lo llevaras ante mí y no que tú le presionases.- - Una vez le salvé antes la vida- contestó Zelgadiss sin volverse- Sabía que debía morir así que quería que tuviese una muerte tranquila.- - ¿Una muerte tranquila? –dijo Rezo con sarcasmo- Él quería que la lista se destruyese con él, pero tú traicionaste su última voluntad y la conseguiste. Quizás pensó eso de ti.- - Dije “hasta donde yo pueda” –contestó Zelgadiss con calma- No podía destruir la lista incluso pensando que debía traicionar su última voluntad. Ya lo sabes.- - ¿Por qué piensas eso?- - Porque sabía que estarías escuchándonos. Si invocaba un hechizo que le hiciera pedazos, tú no me habrías dejado: habías notado que él ocultaba la lista en su cuerpo cuando dijo que le hiciera pedazos, ¿no?- Rezo no contestó y Zelgadiss continuó- Tú considerabas que yo no pasar nada por alto en su habitación, ¿no? Confiaste en mí y entonces por sus palabras, podrías deducir fácilmente que él no tenía la lista donde confesó. Ese era el sitio donde yo encontré sus memorandums- Zelgadiss siguió dándole la espalda a Rezo –Algunos tipos astutos que pierden habilidades prácticas tienden a veces planear tonterías. Zaidos no se nos podía igualar, pero esperaba obtener su venganza; pude ver cómo pensaba en su destino y yo pude esperar a que él tratase de hacerme destruir la lista con su propio hechizo. –Zelgadiss calló en silencio. - ...Bueno, entonces...Pude dejar de emplear tiempo en interrogarle –dijo Rezo jugando con él pulmón- ¿Debo “agradecértelo”?- - Entonces, ¿debo de decir “de nada”?- Rezo había esperado sentir la agonía de Zaidos así que estaba irritado por la indiferencia de Zelgadiss, y también sentía simpatía por su mezcla de sentimientos por Zaidos al mismo tiempo. Durante un momento dos sentimientos lucharon en la mente de Rezo, hasta que finalmente ganó la simpatía. Rezo no dijo nada más y dejó el lugar vacío produciendo un sonoro chasquido con su estaca; Zelgadiss lo escuchó como si eso dijera “Te dejo. Haz lo que quieras” Miró al cuerpo muerto de Zaidos “¿Es bueno para mí? La resistencia de Zaidos eran tan solo como paja lanzada al viento, pero al menos resistió. Yo no resisto, congelo mi corazón... ¿Soy un obsequio?... Quería darle a Rezo un golpe mortal; así que debo ser cauto... ¿Qué es un golpe mortal?.. Conseguir la Piedra de Sarvia y usarla para mi venganza... Entonces, ¿por qué le di la lista a Rezo?... Él no puede leerla; me dirá a mí que la lea y me ordenará que consiga los objetos de la lista. No importa que él la tenga, puedo acceder a esa información cuando quiera.... Entonces maté a Zaidos por mi plan, no por el plan de Rezo... Si mato a Rezo, puedo justificar mi acto.” Zelgadiss pronunció un hechizo con intención de cumplir su última voluntad. - ¡Asher Dist!- El cuerpo muerto de Zaidos y las hojas caídas que había a su alrededor se convirtieron en polvo en un instante. La brisa nocturna sopló sobre el pequeño montón de polvo haciéndolo bailar bajo pálida luz mágica. Zelgadiss miró al polvo danzarín durante un momento, entonces cogió un puñado de ese polvo y lo puso en una pequeña bolsita y dejó el bosque con esa bolsita de polvo en su bolsillo. |
Crónica de una Quimera-2 “Lloviendo Sangre”-Fin-
*Notas de la Autora:
La muerte de Zadios fue un año después de la lucha entre Zelgadiss y Ferrissian. Me inspiré en una escena de la película “Lawrence de Arabia”, donde Thomas Edward Lawrence, un caballero inglés, negocia con clanes de Beduinos y acaba uniéndolos a todos para luchar contra los turcos. En la película, Lawrence salva a un beduino que se había perdido en el desierto; días más tarde, el beduino mata a un hombre de otro clan causando un serio conflicto entre ambos clanes. Para arreglar el problema, siendo Lawrence un extraño, tiene que matar al hombre al que había salvado. Lo hizo con la intención de derrotar a los turcos, pero no puede evitar sentirse mal. Una persona se siente orgullosa de si misma cuando le salva la vida a otra a riesgo de la suya, pero algunas veces romperá ese hecho por su propio bien. Rezo tenía sentimientos humanos en el momento de la muerte de Zadios, pero no culpa a Zelgadiss por eso, sino que es empatito con él.