Precaveos del espadachín Demoníaco
Cuando él aparece,
Llueve la sangre,
Como si eso fuese agradable y divertido

 Capítulo 5:   “Educación de Adulto”

- ¿Qué es lo que quieres?; ¿por qué tenemos que vernos allí? Puedes darme mi nuevo trabajo en la guarida. – le dijo Zelgadiss a Rezo, el Monje Rojo.

Ambos se encontraron en las afueras de un pueblo cercano a la ciudad de Atlas una fría tarde de invierno. El espadachín parecía estar enojado.

- Quiero que veas algo. –dijo Rezo y comenzó a caminar en dirección opuesta al pueblo. Había charcos helados aquí y allá en el camino, pero Zelgadiss no le siguió -¿Qué haces? Date prisa. –dijo Rezo volviendo la vista hacia él.

- No quiero saber dónde vamos. Odio ser objeto de tus experimentos otra vez. –replicó.

Después de que Zelgadiss hubiese sido sujeto de los experimentos del filtro de Rezo tenía miedo de volver a ser usado en otro experimento. Sin embargo Rezo dijo cínicamente.

-Ya veo: eres muy pensativo cuando no tienes que serlo. Iremos a un hospital de caridad.-

Los hospitales de caridad eran regentados por un templo y recogían a pacientes miserables que habían sido abandonados por sus familias o pueblos. Se destinaban a aquellos que sufrían alguna enfermedad infecciosa, así que estaban situados a cierta distancia del templo y los pueblos cercanos, y nadie iba allí salvo los doctores, monjes y sacerdotisas del templo. Algunas veces estos le pedían a Rezo que fuese allí ya que él era uno de los cinco Grandes Sabios de esos días, y probablemente se hizo más famoso por esos piadosos trabajos. Zelgadiss se preguntó si era bueno para Rezo llevarle a ese sitio donde él efectuaba sus actividades oficiales.

- Será como en la ciudad de Legrand, mucha gente también nos verá en el hospital –dijo- ¿No está bien para ti? Quiero saber qué harás allí; quizás me necesites para ello y es recomendable para ti.-

- Nada de trabajos y experimentos; no pienses más en ello. Es tu lección de educación social... especialmente para tu vida adulta.-Zelgadiss se quedó boquiabierto y Rezo añadió- Quiero que conozcas a un paciente que tengo allí.-

El joven esperó más explicaciones pero Rezo no se las dio y finalmente aceptó seguir al Monje Rojo: tenía curiosidad sobre lo que podía ver allí.

 

El hospital de caridad parecía ser tan solo una casa vacía; Zelgadiss no pudo ve ningún paciente en el jardín y en los pasillos, pero si oyó el sonido de campanas por todas partes.

-Esas son las campanas que tiene los pacientes; deben tañirlas para decir a los demás dónde están, así los que viene aquí para que les cuiden pueden encontrarlos, y los que les quieren eludir pueden alejarse de ellos.-

- ¿Y qué enfermedades padecen? -

- Enfermedades de la piel... la mayoría son leprosos, pero algunas son venéreas...Enfermedades sexuales.-

Zelgadiss estaba estupefacto por oír que esos pacientes sufrían enfermedades de la piel; su piel era de piedra, era lo que más había cambiado de él y a causa de eso no podía recuperar su vida normal, así que sintió una profunda simpatía por esos pacientes escondidos. Rezo entró en el edificio ignorando la indecisión de Zelgadiss; pasó a través de un pasillo y entró en una habitación. Allí había un paciente que estaba cubierto por una simple túnica y que yacía bajo una manta. El chico-quimera tembló ligeramente al sentir como si se viese a si mismo yacer allí.

Rezo habló con el paciente con voz amable...

-Soy yo. He vuelto contigo otra vez.-

Mientras Rezo hablaba, apartó la manta y arremangó al paciente, entonces Zelgadiss vio muchas costras en el flaco y horrible brazo que Rezo tocó suavemente, y dijo.

- Parece que no hay cambios... ¿Estas tomando la medicina?-

El paciente asintió respirando profundamente.

Zelgadiss pudo ver que el paciente podría morir pronto, pero Rezo continuó diciendo con voz suave.

-No te esfuerces en hablar. Ya sé lo que quería saber.-

El enfermo alzó una temblorosa mano; Rezo pudo sentir el movimiento y la sujetó suavemente: era el auténtico piadoso sabio para ese enfermo  el hospital.

- Te veré más tarde y te daré otras medicinas. –dijo y le bajó la manga

Palmeó el flaco hombro animando al paciente y se incorporó.

 

En el jardín de enfrente el sol poniente de invierno arrojaba largas de las sombras de los árboles al suelo; Rezo caminó a través de las sombras salió del hospital de caridad a ala calle, entonces empezó a hablar con Zelgadiss que caminaba tras él

- Esa paciente sufre una enfermedad sexual.. y ella está moribunda .-

- ¿Ella? ¿Es una mujer? –exclamó Zelgadiss

- Sí, es una prostituta. –Rezo se detuvo de repente y miró a Zelgadiss –He oído decir que desde hace poco sueles visitar casas de putas sin ninguna necesitar chica. Tienes alguna prostituta que puedas tomas, ¿verdad?-

Zelgadiss abrió los ojos.

- ¡Eres tú el que me ha enseñado las prostitutas!-

- No te estoy regañando por irte de mujeres –dijo Rezo con tranquilidad –Pero estoy preocupado por si piensas en las enfermedades o en anticonceptivos .-Zelgadiss no dijo nada y Rezo continuó –He dicho que esa paciente era una prostituta y sufre una enfermedad sexual que resulta que es nueva. La descubrí hace tan solo unos años y he estado ocupándome de ella desde que la encontré aquí hace dos meses. Todo el mundo dice que la enfermedad es de transmisión sexual, pero no está claro si el sexo es la única forma de transmisión. Yo estoy de acuerdo a que se espande por contagio, tú lo llevarás a la guarida, de todas formas no puedes sufrirla, pero deberás tener cuidad ante esa posibilidad.-

- Lo siento- dijo Zelgadiss obedientemente –Yo no tenía idea sobre esa enfermedad ¿Puedes decirme qué debo hacer? -

- Evitar las prostitutas. –contestó Rezo con franqueza –Dicen que la curiosidad mató al gato, pero si no puedes evitar tomar una prostituta, deberás ir a prostíbulos donde se preocupen por las chicas o tomar una que no haya yacido demasiado.-

- ¿Cómo puedo saber con cuantos hombres ha dormido una chica?-

- Contra más tiempo lleve la prostituta en la casa de placer, con más hombres habrá dormido. Así que es mejor que tomes a una principiante y las prostitutas ocasionales también son mejores. -

- ¿Ocasionales? -

-Chicas procedentes de pobres familias campesinas y algunas mujeres de familias de mercaderes que algunas veces se venden cuando sus familias necesitan dieno con urgencia. De cualquier forma son ilegales.-

- Hummm Me recomiendas casas de placer donde se preocupen bien por las chicas. ¿Las previenen de las enfermedades sexuales? -

-Antes te dije que los barrios rojos son necesarios para las fianzas de las ciudades. Si una de esas enfermedades se espande en un barrio rojo, la gente evita ese lugar y pronto la ciudad se empobrece. Ellos rehusan los invitados dudosos y permiten que las chicas vallan al médico, y aquellas que sufren una enfermedad son forzadas a abandonar el barrio rojo. Así que es mejor que se preocupen por ellas al no ser que el daño de las enfermedades sexuales aparezca. –explicó Rezo- Pero hay un problema: el periodo de incubación. Incluso pensando que se preocupen bien de las chicas, contra más duermen con hombres, más peligrosas son. Las prostitutas ocasionales son menos peligrosas paro siguen teniendo un número inferior de invitados que las profesionales. –Rezo sonrió –De todas formas, sigo hablando en teoría y debo decirte que el caso menos arriesgado sería una chica virgen o una esposa fiel Probablemente a ti no te importará haecerlo.-

- ¿...Qué? -

- ¿No lo ves? ¿Es que deseas raptar a una chica virgen o a una esposa fiel para hacer el amor con ella?-

- ¡De ninguna manera! –gritó Zelgadiss

- Sé que no lo harás. No te preocupes. -

Esta evaluación fue inesperada para Zelgadiss; sintió algo de vergüenza y no pudo mas que bajar vista sin decir una palabra. Quería abandonar pero no pudo, cuando Rezo no se movió

- ¿Cuál es el otro peligro que has dicho? – le preguntó finalmente a Rezo, pero el monje agachó la cabeza y sonrió ironicamente.

- Ah... No tienes que preocuparte de eso; no es nada tuyo.-

Zelgadiss frunció el ceño.

- ¡Eh! Tú me hiciste venir aquí para eager y saber ¡Por favor, dímelo; por favor!

Rezo lo pensó un poco y de repente miró a la joven quimera

- ¿Qué sabes de anticonceptivos.. lo que eso significa? -

- Bueno... no sé. -

Rezo volvió la cara y comenzó a caminar por la calle seguido de Zelgadiss.

- Me refiero a evitar los embarazos... no tener hijos –dijo Rezo –Si un hombre y una mujer lo hacen, entonces tendrán un bebé. Desafortunadamente mucha gente tiende a pensar en el sexo como un deseo solo por instinto e ignoran la posibilidad de tener hijos.-

Entonces Zelgadiss lo ignoraba, pero en ese momento se dio cuenta de lo que podía ser y de repente sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. Su propósito no era solo el placer, también la diversión: cuando él conoció a una mujer por primera vez, vio que podía deshaogar el sexo; desde entonces se detenía en los prostíbulos de camino a sus trabajos. Incluso si arrojaba sus dolorosos sentimientos ( odio y furia por Rezo; desatisfacción por ser su instrumento, y autoaversión por ser cínico cuando mataba gente solo por su propia furia en el interior del hoyo helado de su corazón, todos aquellos sentimientos embotellados siempre estaban pugnando por liberarse. Cuando Zelgadiss se quitaba la ropa ante una prostituta, ella gritaba o apartaba la vista por el terror; algunas chicas se desmayaba a la vista de su piel, pero todas ellas le recordaban a la gente que mató en el pueblo y la chica que suplicó por su vida y que hizo estallar su furia. Alguna vez asustaba a la prostituta con ese propósito, cuanto más se asustaba, más violento podía ser, cuanto más violento era, más podía erradicar eso dolorosos sentimientos. Él sabía que la chica, una vez que yaciese con él, no le querría de nuevo, así que siempre buscaba chicas en otras casas de placer: esas prostitutas tan solo eran instrumentos para él y odiaba pensar que ellas pudiesen tener un hijo suyo. Lo odiaba de verdad.

-Las prostitutas se preocupan por el embarazo –dijo Rezo como si le leyera la mente- Si se quedan embarazadas, ningún hombre pagará por ellas y perderán su trabajo, así que para evitarlo tienen ciertas habilidades y anticonceptivos. De todas formas tú no necesitas saber nada de esos métodos porque de ninguna manera puedes tener hijos con mujeres.-

- Eh, ¿qué quieres decir?-preguntó Zelgadiss con voz seca y abriendo los ojos  -¿Qué yo  no puedo tener hijos con ninguna mujer?-

- Porque una quimera no puede procrear.-

Zelgadiss se detuvo y miró la espalda con los ojos llenos de furia y odio “No puedo tener hijos... ¡ soy... soy un monstruo!” Apretó los dientes  y los puños reprimiendo el deseo de atacar a Rezo, aunque sabía que eso no haría nada. No le gustaba que se rieran de él por atacar por la espalada a Rezo, así que se  calmó con un profundo suspiro y caminó más deprisa para alcanzar a Rezo; y al mismo tiempo, se sintió cada vez más aliviado ante el hecho de que las prostitutas no tendrían un hijo suyo.

Finalmente, cuando ya hubo alcanzado al Monje Rojo, le preguntó...

- Bueno, has dicho que no puedo tener hijos.... ¿Cómo estás tan seguro? -

- Ah, porque he estudiado las quimeras. –dijo Rezo-  Estudié muchos informes y documentos sobre quimeras y pude encontrar algún caso de procreaciones suyas: alguien trató de hacer quimeras fértiles pero estos experimentos siempre fallaron. Pero si sigues estando ansioso, trataré de hacer otro experimento.-

- ¿Experimento?, ¿para qué? -

- Tomaré una mujer que ya tengo un hijo y haré que tome tu esperma en el momento apropiado. Cuando veas que ella no tiene un bebé, entonces podrás estar seguro.-

- ¡De ninguna manera! –gritó Zelgadiss- ¡No voy a ser sujeto de tus experimentos nunca más; y aún más, te he dicho que no quiero hacerlo con una mujer normal!-

Rezo parecía estar herido por sus quejas.

- Solo quiero que te sientas aliviado. –dijo con voz irritada- conozco un método para hacer que una mujer tome el esperma de un hombre sin que haya sexo. No quería molestarte.-

Zelgadiss estaba sorprendido, Rezo le hablaba como si de verdad quisiese ayudarle. El joven miró el perfil del blanco rostro del Monje Rojo; recordó que ese hombre de sangre fría a veces mostraba una estrafalaria amabilidad y en alguna ocasión trataba duramente de agradar a Zelgadiss, como si desease  compensar su habitual tiranía.

 

Entonces recordó el episodio del extraño regalo de Rezo: una mañana temprano, cuando el cielo aún estaba gris, Rezo se acercó a Zelgadiss y le despertó.

- ¡Tengo una gran sorpresa para ti, Zelgadiss! –dijo excitado

Zelgadiss no pudo decir nada ante la sorpresa de la excitación de Rezo tan rara en él, y tampoco entendía porque el Monje Rojo estaba en su habitación a esa hora tan inesperada.

Rezo sacó un libro grande y viejo que sostuvo ante la cara del quieto Zelgadiss

- ¿Puedes verlo?, ¿puedes? –dijo con voz agradable.

“¡Ah, claro!: Rezo ha encontrado una pista sobre la piedra de Sarvia, ¿no?” Zelgadiss cogió el libro y pasó la vista por las páginas: estaba escrito en alguna antigua lengua y así no podía ver qué era ese libro.

- Hummm... ¿Qué es esto? -preguntó

- Es una copia exacta de “Crónicas de la Guerra de Ellan”.- contestó Rezo triunfante.

Ahora Zelgadiss si que estaba totalmente despierto; hizo una luz mágica y comenzó a leer cuidadosamente. Conocía algunas lenguas antiguas y pronto se sumergió en la historia olvidándose de Rezo.

Crónicas de la Guerra de Ellan” era un libro escrito en la larga era antes de la resurrección de Ojo de Rubí mil años antes, la Edad de las Espadas, y aunque ahora era la de la magia, todos los espadachines seguían admirando los combates con espadas de aquella época. Zelgadiss ya había leído partes de ese libro mucho antes pero esa copia tenía miniaturas ilustradas en todos los capítulos y había muchos de ellos que él nunca había visto, es más, muchas estaban muy bien presentadas.

¡Es un auténtico tesoro! ¿No es un sueño?” Las manos de Zelgadiss temblaron de excitación; de repente alzó la vista hacia Rezo que tenía una pregunta muda en el rostro: quería saber cómo se sentía el chico ante el inesperado regalo, y si Rezo hubiese podido abrir los ojos, Zelgadiss habría visto unos amables ojos allí.

- ¿Dónde lo conseguiste? –preguntó Zelgadiss.

- Bueno, ya sabes que estaba buscando un viejo libro sobre la Piedra de Sarvia y hace poco me permitieron entrar en la librería del templo de Gaira, y allí lo encontré.-

Cuando Rezo buscaba algún escrito siempre tomaba varios ayudantes que leían los libros en voz alta; algunas veces les permitía leer varios libros al mismo tiempo pudiendo comprender cada uno al mismo tiempo, y en esa ocasión Rezo hizo los mismo en esa biblioteca y lo encontró

- ¿Este libro era del templo? –preguntó Zelgadiss- Entonces a nadie le está permitido sacarlo de allí ¿Cómo es que lo tienes? -

- Durante mi estancia allí, el nieto del prior del templo estuvo gravemente enfermo y yo le salvé. Esa es mi recompensa.-

Rezo parecía tan piadoso como un hombre normal podía ser; aparentemente estaba satisfecho por saber que Zelgadiss adoraba ese regalo.

- ¿Caminaste toda la noche? –preguntó Zelgadiss

- No. Llevé un carro hasta una ciudad cercana y vine caminando desde allí.-

La respuesta de Rezo hizo que Zelgadiss se avergonzara; no importaba que Rezo usase un carruaje o un caballo, era el mismo Rezo que se había apresurado a llevarle ese regalo. Zelgadiss sabía que ese viejo libro no era nada para Rezo, pero él había elegido ese libro y se había apresurado a traerlo... todo por Zelgadiss.

- Aprecio tu amabilidad. –agradeció Zelgadiss desde su corazón tomando la mano de Rezo.

Recordó cómo Rezo se había ocupado de él desde su niñez; él no había sabido nada de eso y Rezo había sido un paciente profesor “...Y esa vez no era como es él ahora. Al menos, no quiere... ¿Recuerda alguna vez ese sentimiento por mí?” Volviendo a su niñez Rezo y Zelgadiss se habían querido como parientes de sangre que eran, y ahora el piadosos santo había convertido a su único descendiente en quimera, y ese joven ahora odiaba a su ancestro. Pero Zelgadiss aún mantenía su humanidad tan fuerte como para apreciar ese regalo: sí, era tan preciado que le hizo olvidar su odio y su furia por un momento.

 

Ahora, de vuelta a la guarida, Zelgadiss pensaba en el hombre con el que caminaba “Rezo es tremendamente cruel y piadoso al mismo tiempo” Él no sabía el origen de esa crueldad y gentileza de esa persona que surgían de diferentes lugares, así que siempre estaría en problemas. Mirando el perfil de Rezo, se preguntó acerca de la relación que tenían. “La gente dice que somos parientes de sangre...pero ¿cómo pudo tener él un hijo? ¿yació con una mujer?, ¿de verdad?

-¿Alguna pregunta? –dijo Rezo volviéndose hacia Zelgadiss.

- Tú has dicho que conoces un método para que una mujer tome el esperma de un hombre sin sexo.... ¿Usaste ese método contigo? -

- ¿Qué? –Rezo dio un estridente grito pero Zelgadiss no pudo reír por eso. Era él quien hizo esa tonta pregunta; lo sabía, pero continuó- Tú eres mi antepasado, ¿no? Entonces tuviste un hijo. -

- Sí, así es ¿Puedes creer que dormí con una mujer? -

- Hu...hu.. Sí. Desde que lo hiciste en la ciudad de Legrand.-

- Lo hice –sonrió Rezo con ironía –Lo hice igual que un hombre normal y tuve un hijo. De todas formas lo hice al contrario que un hombre normal, lo hice para tenr un hijo. Nunca quise una mujer solo por placer. -

- ¿Por qué? -

- Porque quería pasar mi vida estudiando, viajando, haciendo experimentos...-

- Ya lo sé, ya lo sé... –interrumpió Zelgadiss – Lo que yo quiero saber es la razón de por qué te obligaste a tener un hijo.-

- Yo no me forcé. -

- ¿Ah, no? Entonces, ¿por qué no te casaste con una mujer? Tú dormiste con tu amorosa esposa solo para tener un hijo, ¿no? No, tú no la ambas, solo necesitabas tener un hijo, tu descendiente. Así que te obligaste a tener el amor con una mujer.-

Rezo se quedó boquiabierto, pero Zelgadiss no sabía si estaba totalmente pasmado o solo sorprendido, pero no dejó de hablar.

- ¿Por qué necesitabas tener un descendiente?, ¿puedes decírmelo?-

Los sentimientos que parecían en el rostro de Rezo cambaron con rapidez: al principio parecía pasmado, luego atónito, y tras unos momentos, se quedó en blanco y sonrió con su habitual gentileza.

- Deberías pensarlo.-

Finalmente dijo…

- Sí, admito que quería mi descendiente.-

- ¿Puedo preguntar por qué? -

- Entonces no había razón, pero justo ahora acabo de encontrarla.-

- Ah, dime cual.-

De repente los labios de Rezo se movieron un poco... un poco más, y ese movimiento transformó su sonrisa en otra más amplia.

         - Tú, Zelgadiss. Te quería a ti.-

*Notas de la Autora: 

Los hospitales de caridad eran centros médicos dirigidos por una abadía en la Europa medieval. Se ocupaban de los pacientes graves de los que su familia no podía hacerse cargo y trabajar en un hospital era parte de la vida de asceta de los monjes. En este capítulo, describo que los pacientes llevaban campanas, pero la verdad es que llevaban dos pequeños paneles que sonaban cuando los pacientes se movían. En la Europa medieval, la enfermedad de Hansen era considerada como una enfermedad contagiosa de fatalidad, así que los pacientes que la sufrían tenían que hacer señalar a los demás quiénes era.

En este capítulo Rezo menciona una “enfermedad fatal”; a la que me refiero es a la sífilis. En la primera novela de Slayers, Zelgadiss bromea con Lina acerca de esa enfermedad, así que asumí que existía en el mundo de “Slayers”. En el nuestro, era una enfermedad de la piel de los nativos de América, que se extendió por Europa tras el descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón. Imaginé que al principio de “Crónica de una Quimera” estaba situada en la Europa Medieval, cuando la Sífilis empezó a expandirse.


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