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Capítulo3:
“La Ciudad de las Mujeres
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Tras la masacre sin razón Zelgadiss volvió con Rezo, le dio el artículo que el hechicero deseaba y volvió a su puesto, todo de una vez. No dijo nada sobre el baño de sangre del pueblo y trató de estar tan tranquilo como antes, pero Zaidos se dio cuenta de que algo había cambiado en el líder: no había ninguna diferencia en su forma de hablar y ser líder, pero su corazón era más frío. Él solía perdonar con facilidad los errores y meteduras de pata de los subordinados, pero casi no tenía piedad y era extremadamente cruel cuando hacía su trabajo fuera de la base. En cuanto la víctima mostraba la más pequeña resistencia, daba muerte a su premio sin importarle que estuviese armada o no: casi parecía estar sediento de sangre cuando trabajaba, y todos sus subordinados le temían. Tenían miedo de él cada vez que venía de trabajar y ponían muchos esfuerzos en no molestarle. Algunas veces Zaidos veía a Zelgadiss contemplar una hermosa daga, y aunque parecía que su amo torcía los labios como si sonriera, Zaidos sentía que estaba llorando; pero no podía preguntar y cuales eran los sentimientos de su amo. Aquel hombre-lobo tenía que rehacer la lista de artículos relacionados con la Piedra de Sarvia por si mismo y estaba solo en la fortaleza de Rezo, pero tenía unos ojos y oídos extremadamente agudos y gracias a ellos recopiló mucha información y noticias sobre el Monje Rojo y Zelgadiss, sabiendo perfectamente qué pasaba dentro y fuera del campamento. Pero Rezo estaba al tanto de los agudos oídos de Zaidos, así que un día el Monje Rojo le preguntó: - ¿Sabes qué es lo que le pasa a Zelgadiss? Parece que tiene algo oculto, pero no me cuenta nada.- Zaidos pensó en si debía ser honesto o no: sabía que Rezo era el jefe y que debía obedecerlo, pero le odiaba casi tanto como le temía. - No sé que le pasará a Zelgadiss, pero hace poco que todos han cambiado de opinión respecto a él.- - ¿Cómo es eso?- preguntó Rezo de nuevo - Cuentan algunos rumores desagradables sobre él. - - ¿Rumores desagradables? - Dicen que se bebe la sangre humana para mantener su cuerpo de quimera, o que hace sacrificios a los demonios para conseguir poder mágico.. Cosas como esa. –contestó Zaidos - ¿Sabes por qué cuentan esos rumores sobre él?- - No tengo ni idea. Solo sé que cuentan esos rumores después de que volvieran con él de sus trabajos. - Zaidos no contaba nada que no hubiese oído de primera mano, aunque en ese momento sabía lo que pasaba allí fuera, y no se lo dijo a Rezo revelándose hasta el límite de la obediencia al Monje Rojo. Zaidos sabía que fue el Monje Rojo quién convirtió en quimera a Zelgadiss y él le odiaba desde el fondo de su corazón; y sabía que Rezo no solo usaba a Zelgadiss como su herramienta, sino que también el hechicero le decía a sus subordinados que era Zelgadiss quien ordenaba todos esos trabajos en vez de él. De hecho Zaidos odiaba y admiraba la astucia de Rezo Zelgadiss no daba su nombre cuando conseguí los artículos por si mismo, pero los demás le llamaban “Los hombres de Zelgadiss, el espadachín demoníaco” y pronto todos los bandidos de los a los rededores conocían su nombre y le daban sus artículos a cambio de sus vidas porque ese espadachín mató a muchos hombres lejos de allí far. Muchos conocían ese nombre pero pocos la relación de Zelgadiss con el Monje Rojo, el sabio santo. De hecho Rezo hizo de Zelgadiss su escudo usando a quien le odiaba tanto. Zaidos odió instintivamente la crueldad de Rezo y se sentía aliviado por su trabajo en la guarida y así tener la oportunidad de hablar con el hechicero. Tras hablar con Zaidos, Rezo fue a ver a Zelgadiss |
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Fue a los verdes bosques que había junto a la guarida, el escenario de los bosques de verano le hacían recordar a Zelgadiss el día de su metamorfosis a comienzos del verano pasado. Era su peor recuerdo pero su corazón congelado no sentía dolor por ello, tan solo era una mera brisa atravesando el hoyo helador de su corazón. Rezo caminó hasta llegar a un pequeño claro en el bosque, se volvió hacia Zelgadiss y le dijo - ¿Qué te ha pasado estos últimos días? No estás igual que siempre y he oído algunos rumores extraños sobre ti.- - Soy lo que soy y no he cambiado. –contestó Zelgadiss cono voz calma y Rezo se sintió extraño; el joven chico solía ser fácilmente irritable ante las preguntas privadas, pero estaba tranquilo, como si no sintiese nada: quizás se había convertido en un monstruo de sangre fría como un berserker, y eso era bueno para la búsqueda de la Piedra de Sarvia que tenía Rezo, pero para su deseo... el deseo de oscuras emociones de Zelgadiss. Sin esas emociones, Zelgadiss no era nada para Rezo y el ser oscuro que habitaba en él. - Dicen que bebes la sangre humana para mantener tu cuerpo de quimera ¿Por qué dicen cosas así?, ¿no tienes alguna idea?- - No lo sé... Bueno, sí: maté a algunas personas al mismo tiempo hace algunos días. He encontrado algunas resistencias en estos últimos días.- Había veneno en su voz, hablaba como si se riera con desprecio de si mismo, y Rezo deseaba su furia no su auto castigo. Ahora era el Monje Rojo quien estaba irritado. - Qué curiosos. Sabía que no querías matar en tu trabajo. Cuando mataste a un hombre, me llamaste cínico, pero ahora pareces estar orgulloso de haber matado a todos esos hombres. - - ¿Por qué no debería estar orgulloso? Soy un espadachín, y aun espadachín se le valora por los hombres que mata, ¿ o no?- Zelgadiss volvía a hablar riéndose de si mismo y Rezo le regañó - No hables de esa forma, tú no eres así. - Zelgadiss cambió ante las palabras de Rezo y no contestó, parecía no querer volver a hablar más del tema. Sin sui armadura d apatía, Rezo sintió que le recorrían violentas emociones y se arremolinaron en Zelgadiss; un fuerte deseo surgió de algún lugar... un lugar que Rezo desconocía... y le embargaron por completo; oscuros deseos surgieron en la tranquila mente de Rezo ¿Qué podía hacer para desarmar a Zelgadiss? - Parece que sientes algo de stress; sería mejor que te relajaras ¿Por qué no bebes?- - Eres tú el que me hizo para no beber.- - Haré una ale espéciala para ti. - - No gracias. Odio probar drogas.- Zelgadiss no estaba bebido y no le afectaban goteen las drogas normales; algunas veces bebía cerveza u otras bebidas alcohólicas pero solo por su sabor, así que la idea era hacer un licor especial para él que le hiciera emborracharse, pero él odiaba hacerse adicto a eso, así que Rezo tenía que pensar en otra cosa; sin embargo antes de hacerlo, Zelgadiss miró al frente, justo al blanco rostro de Rezo - ¡Hey!, ¿lo has hecho con prostitutas? - - ¿Prostitutas?, ¿es que te interesan? - - ...No. Y no hablemos más de ello. –dijo Zelgadiss riéndose y Rezo le preguntó - ¿ Y que hay de malo? - - Se que he sido un tonto por preguntarte a ti, un monje, por prostitutas –contestó–Zelgadiss que en ese momento pensaba en la chica que mató ignorando sus súplicas por vivir “...Si, tuve que matarla; yo no podría ser así... Congelando mi corazón y pretendiendo no sentir nada.” Ahora ya había congelado su corazón, ya no había nada para dulces pensamientos y se rió de si mismo. Pero Rezo recordó las palabras del joven por pura curiosidad: hasta donde Rezo sabía, Zelgadiss no conocía a ninguna mujer, él siempre había estado con Rezo y solo había coincidido con algunas mujeres a su alrededor, como amas de llave y algunas hechiceras. Normalmente un hechicero llevaba una vida estoica, solo algunas asociaciones de hechiceros vivían la ciudad y conseguían cierta posición social teniendo familia en ocasiones, pero eran excepciones, pues casi todos los hechiceros nunca se casaban y seguían con sus vidas por su cuenta. Así que cuando Zelgadiss alcanzó al final de su adolescencia nunca tuvo la oportunidad de hablar con otras jovencitas. Rezo sabía que al joven le gustaba una chica que vivía en un pueblo cercano, pero ¿podía hablar con ella?, y si era así, ¿ pudo tener la oportunidad de citarse con ella? Quizás siguiese siendo virgen ¿Y qué edad tendría ahora si siguiese siendo humano? Rezo calculo mentalmente y asintió. Sí, era natural que un jovencito estuviese interesado en las mujeres, así que dijo. - Bueno, ¿ y que te parece ir a una casa de placer? - Ahora era le turno de que Zelgadiss se sorprendiera. - ¿¿ Qué pasa contigo?? Supongo que estas muy y no tienes tiempo que perder con putas –dijo Zelgadiss - Sí, lo estoy. Pero es importante conocer la sociedad de la gente corriente, ¿ no? - - No hables así. Si quiero ir, lo haré cuando quiera ¿Cómo puede yo entrar en el prostíbulo como si fuese un crío que va al templo con sus padres?- Zelgadiss rehusó la proposición de Rezo, pero la razón de porqué lo hacía era porque tenía miedo de mostrar su rostro a una mujer. Recordó los asustados ojos del agente que mató en el pueblo y deseaba no tener que volverlos a ver, pero Rezo pensó que Zelgadiss estaba avergonzado de su curiosidad sobre el sexo, y así el Monje Rojo elaboró un plan para hacerle explotar sus emociones usando su timidez. |
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Una tarde, varios días después, Rezo le dijo a Zelgadiss. - Voy a ir a la ciudad de Legrand. Quiero que vengas conmigo. - - ¿A la ciudad de Legrand? Es muy grande; no es bueno para ti que te vean en la muchedumbre de una gran ciudad, ¿ no crees? – señaló Zelgadiss - No, no creo: tú eres mi guardián. –insistió Rezo y al final ambos partieron juntos. La ciudad de Legrand no era tan grande como Atlas o Seillon, pero era un centro de comercio; también se le llamba “Ciudad de las Mujeres” ( el distrito Rojo) en las afueras. Cuando llegaron allí, Zelgadiss se quedó atónito al ver que Rezo se dirigía una de las casas de placer más grandes de la “Cuidad de las Mujeres”; caminando por las calles a principios de una tarde de verano, Zelgadiss pudo ver a muchas mujeres que mostraban sus provocativos vestidos frente a la entrada de cada prostíbulo y evaluaban a los hombres que atravesaban las calles. En esta ciudad se estimaba alas mujeres por su aspecto o sensualidad, y a los hombres por la cantidad de dinero que tuviesen. Zelgadiss se bajó la capucha hasta los ojos y bajó la vista a los pies tras Rezo, hasta que finalmente preguntó al Monje Rojo: - ¿Estas de broma?, ¿vamos a ir a una casa de placer? - - No creo que sea un lugar a ir solo de broma. –dijo Rezo - Entonces me iré. Un guardián sería una molestia para tu placer. - - No, no puedes irte. Debes venir conmigo. - - Te lo dije antes. Iré por mi cuenta cuando quiera ir. –contestó Zelgadiss - No tendrás que pagar por una mujer, pero tendrás que quedarte conmigo toda la noche.- - ¿Debo quedarme contigo mientras que estás con una mujer? - - Si no quieres estar en la misma habitación puedes quedarte fuera, pero no puedes marcharte. –Rezo fue tan firme que Zelgadiss no pudo hacer más que cuanto dijo; no podía dar con una forma para perseguir al cabezota Monje Rojo. - ¿Puedo hacerte una pregunta? –le dijo a Rezo. - ¿Qué?- - Quiero saber algo más sobre la Ciudad de las Mujeres. ¿Cómo es posible? - - No entiendo que es lo que quieres saber. –replicó Rezo - Bueno, yo pensaba que una Ciudad de Mujeres era solo una calle angosta y pequeña con algunos prostíbulos y bares, ¡pero esta ciudad es muy grande! La calle principal es larga y ancha, y los edificios de ambos lados son todos prostíbulos. Yo había oído que los templos prohibían estas cosas como algo inmoral, así que me preguntaba si... –cuando lo dijo Zelgadiss pensó que en realidad no tenía nada que preguntar a Rezo sobre la Ciudad de las Mujeres porque era un monje. Pero Rezo había viajado por muchos países y tenía muchos conocimientos, así que pensó que el monje sí le podría responder. Y así lo hizo Rezo - Sí, oficialmente esas casas de placer son criticadas como casas inmorales, pero ahora mismo este distrito tiene licencia de la ciudad, hay otras muchos barrios rojos en otras ciudades.- - ¿Otras ciudades también tienen distritos rojos? –Zelgadiss estaba sorprendido - Sí, así es. A decir verdad con este negocio se gana mucho dinero y las ciudades se hacen ricas con el dinero que mueven. De todas formas los templos critican los distritos rojos, así que muchas ciudades los emplazan fuera de la ciudad. - Zelgadiss se quedó impresionado antela respuesta de Rezo - Hummmm... Sabes mucho sobre Ciudades de Mujeres... Me pregunto si me mentiste cuando me dijiste que no lo hiciste con una prostituta...- - Dije que no lo hice con ellas, pero no dije que nunca hubiese ido a una casa de placer.- - ¿Qué? - -Algunos hombres me han invitado a casas de placer como agradecimiento. La verdad es que fue una sorpresa para mí. - - ¡Vaya!, ¿de verdad es así? Entonces, ¿ qué hiciste? - -Examiné a todas las prostitutas de la casa de placer. Eso fue todo.- Zelgadiss rió ante la respuesta de Rezo: que un idiota invitase a Rezo, ¡ un monje!, a una casa de placer era algo increíble La actitud de Rezo era muy conveniente para él, pero seguía haciéndole reír. De repente Zelgadiss tuvo la idea de que el propósito del Rezo al venir a la Ciudad de las Mujeres no era el placer, pero sí algún plan de negocios. Él debió haber elegido esa ciudad para encontrarse con alguien, así que entonces estaba de acuerdo en tener algún guardián con él: Rezo no necesitaba ningún guardián, pero cuando el encargado viese a Rezo acompañado de un guardián, su actitud cambiaría. Zelgadiss se sintió aliviado por esa idea; se encontraba ansioso si realmente Rezo quería estar con una prostituta pero se sentía más tranquilo siendo el guardián de Rezo, así que siguió al Monje Rojo. |
*Notas de la Autora:
Este capítulo está relacionado directamente con la “La Mala Medicina” La primera vez que puse este capítulo en el servidor Nifty, los títulos eran “Una de esas noches, 1ª parte” y “…2ª parte” Pensé en combinarlos en uno solo en mi página. Pero así ocuparía el doble que uno normal, así que los dejé separados. En otras palabras, este capítulo tiene relación indirecta con los siguientes.
Sobre la ciudad de Legrand, supe por libros que me leí de la Europa Medieval que muchas grandes ciudades tenían al menos un distrito de placer ya que generaban grandes ingresos a la ciudad. De todas formas, en este y el siguiente capítulo, hablo sobre las normas de la “Ciudad de las mujeres”, cosa que no había en la Europa de la época, pero si se relaciona con novelas y comics sobre Yoshiwara, el famoso distrito rojo de Edo.