Precaveos del Espadachín Demoniaco
Siempre que aparece,
Llueve la sangre.
como si eso fuera agradable y divertido.

 
Capítulo:2 “ EL FURIOSO”
  

Pese a su disgusto, Zelgadiss siguió cometiendo robos de objetos mágicos en muchas ocasiones. Un día iba a cometer otro sucio robo irritado por las palabras de Rezo: la noche anterior el Monje Rojo le había ordenado ir a una pequeña aldea para tomar el objeto mágico que había sido sustraído de un templo, a lo que añadió...

- Puedes coger otros objetos de valor para ti; quizás necesites algo que sea bueno. -

- ¿ Me pides que sea un ladrón? –dijo Zelgadiss furioso.

Nunca había robado nada para si, él solo cogía los artículos que Rezo quería; iba más allá de sus principios tomar cosas por sus propios motivos. Si, robar era lo que hacía, pero eso sobrepasaba su orgullo. Sería Rezo el que sacaría provecho de su trabajo, pero no él mismo.

- Esas cosas las robaron bandidos y es como si fueran un tesoro sin dueño. Además, hay algo muy bueno para ti y nadie más que tú lo puede usar.- dijo Rezo.

-¡Vaya!; ¿ por qué no lo dices francamente?: no puedes decir que les quite todo ese tesoro a los bandidos. Necesitas cosas de valor para conseguir tu objetivo, y dinero para mantener este refugio y el Laboratorio. -

- No. Eres tú el que trabaja duro para conseguir todos esos tesoros, así que tendrás tu recompensa. -

- Ya... y eso significa que ganaré dinero por mi trabajo. –dijo Zelgadiss avergonzado y le dejó con su tarea.

Pensativamente se dirigió hacia la aldea molesto por la sugerencia de Rezo.

 

La aldea de los bandidos era muy pequeña, tan solo había lagunas casas y campos cultivados. Zelgadiss se escondió en el bosque que había junto a la aldea y contempló a la gente trabajar en el campo; era el tiempo de la cosecha y muchos hombres y mujeres estaban ocupados en segar los cultivos; también había algunas ancianas y niños pequeños lavando ropa y construyendo herramientas junto al pozo. Podía ver una gran casa en la parte de atrás de la villa y pensó que los bandidos guardarían los tesoros robados en el almacén junto a esa casa. Quizás fuese el edificio principal del pueblo. Esos bandidos parecían vivir como campesinos que trabajaban en el campo y el bosque durante el día, y probablemente eran bandidos armados cuando necesitaban dinero o se encontraban con un rico viajero. Zelgadiss podía verlos a todos salir de las casas salvo a los ancianos que no se movían del lugar. “¿Cuándo empiezo a trabajar?; puedo entrar a hurtadillas en el almacén sin que nadie se fije en mí... pero si se dan cuenta, tendré que luchar contra todos, incluidos las mujeres y los niños. No quiero usar la violencia contra los débiles; quizás debiera esperar a que anochezca... Si espero a que se haga de noche, los hombres que están en el bosque serán más peligrosos para mí... pero la oscuridad me permitiría escapar... No, ellos conocen bien este bosque y quizás muchos de ellos estén allí ahora cazando. Tengo que hacerlo ahora; es la única opción de que no me encuentren.

Zelgadiss odiaba usar la espada sin otra razón mas que le ordenasen que destruyera guaridas de bandidos; concentró su mente para poder hacer el trabajo sin sangre, y así se hizo a la idea. Se alzó el embozo hasta taparse la nariz y se echó la capucha hasta los ojos; dio un rodeo por el otro lado del campo y corrió hacia el almacén. Rompió la cerradura de la puerta con la mano ya que el poder de golem de piedra le permitía romper una barra de hierro como si fuera de papel; y se coló en el almacén cerrando la puerta tras de si.

El almacén no tenía ventanas y dentro hacía calor, solo la luz del sol se filtraba a través de las finas hendiduras de la puerta de madera. Zelgadiss vio que había objetos empaquetados entre otras cosa, y sobre una estantería algunos tesoros. Caminó hacia ellos y encontró algunas cajas que tenían la marca del templo de donde las habían robado; Zelgadiss cogió una de ellas y la abrió: era un fino collar de oro para ceremonias. Puso la caja a un lado y abrió otra; era una pequeña corona con un amuleto mágico en el centro... eso era lo que Rezo quería. Zelgadiss quería ver para qué servía ese amuleto, pero sabía que debía llevárselo a Rezo en cuanto antes pudiera. Lo puso en su bolsillo cuando se fijó en otra larga y estrecha caja con la misma marca; pensó que debía ser otro objeto para ceremonias y por esa misma razón, sintió curiosidad, así que abrió la caja: era una daga de fino material y bello diseño. Su mango era la mano de un dragón hecha de oro y sus garras engarzaban una joya azul del tamaño de un huevo de paloma; su guardia eran dos alas de dragón con sendas y pequeñas joyas azules en las puntas; la vaina estaba hecha de plata con un pequeño relieve de los cuatro dragones decorados con oro. Zelgadiss cogió la daga; el blanco metal plateado de la hoja tenía un hermoso dibujo grabado en ella y pudo apreciar que también era buena para un uso práctico. La contempló como si fuese atraído por ella; siempre había creído que una buena espada debía ser hermosa al mismo tiempo y esa era la primera vez una realmente buena; estaba ilusionado por ella “Hay algo bueno para ti” resonó la voz de Rezo en su mente. Sus manos se movieron con disgusto, envainó la daga, y entonces ató la anilla de la vaina a su cinturón. Mientras se retiraba de la estantería laguen asaltó el almacén desde la puerta del muro opuesto a la salida; Zelgadiss se volvió hacia la persona que había entrado pero fue atacado por la frente y calló hacia atrás; no sabía que el almacén tuviese otra puerta que diese a la gran casa que había al lado. Alguien entró por allí y le atacó con una ballesta lo bastante poderosa como para disparar a una persona desde una distancia de 200 m., pero desde una distancia tan corta, como su cuerpo era de piedra, el disparo solo le golpeó y le tiró al suelo,. Fue una suerte para él caer de espaldas y que la flecha rebotase contra su frente cortándole la capucha para acabar atascada en el muro de madera tras él.

- ¿ Le hirió?-preguntó un hombre junto al arquero.

- Si. La flecha le ha alcanzado la cabeza-la voz del arquero era la de una joven.

Ambos habían entrado juntos al almacén.

El hombre caminó hacia Zelgadiss con un hacha en la mano; Zelgadiss saltó sobre sus pies, noqueó al hombre y apartó a la chica, entonces corrió hacia la salida al exterior. Cuando abrió la puerta sus cabellos plateados resplandecieron con la luz del sol del verano. “¡ Zip, zap!” otro hombre le atacó con una larga espada, Zelgadiss se volvió hacia la puerta de madera y la hoja de la espada resbaló de su costado para acabar clavándose en la puerta; antes de que el hombre la soltase, Zelgadiss saltó sobre él y le rompió la barbilla atacándole con el codo. Pasó sobre el hombre caído al suelo y miró al cercano bosque: había unos cuantos hombres armados en su camino.... “¿ Por qué hay tanta gente en el pueblo?, ¿ no lo esperaba de ninguna manera!” se dio cuenta de su error: era la época de la cosecha y ahora todos los hombres y mujeres estaban trabajando en el campo, así que se fijaron en él. Tendría que luchar con toda esa gente siempre que quisiese salir de allí. Zelgadiss se mentalizó para pasar a través de sus enemigos y desenvainó la espada. Cuando empezó a correr, la chica arquero gritó:

- ¡ Retírate, Adam! -

Zelgadiss vio que el hombre se apartaba de él; se detuvo y comenzó a invocar un hechizo. ¡ Twang!”; una temblorosa flecha vino desde su espalda y se volvió rápidamente “¡Zing!”: la flecha fue más rápida que su hechizo y el disparo pasó a través de sus ropas y capa para acabar enganchada bajo su capa. Si la flecha hubiese sido disparada con la suficiente fuerza, habría atravesado su cuerpo de piedra, pero no fue tan efectiva cuando había fallado el blanco; u cuerpo bloqueó el ataque fácilmente. Zelgadiss arrancó la flecha de su capa y se volvió para mirar a la chica arquero; más rostros atónitos se volvieron hacia él.

- ¡ No; no puede ser!, ¿ cómo puede un hombre protegerse de flechas de ballesta sin una armadura?. Ninguna malla de cadenas puede protegerlo. –gritó la joven.

Zelgadiss la miró pesadamente y el hombre le atacó con una guadaña; era el que se había apartado de su camino. Zelgadiss alzó su espada ante él pero estaba preocupado, no había luchado contra ningún arma y no veía como le iba a atacar el enemigo. Podía ver sus movimientos, pero quería apartarse de él y echarse atrás; el hombre ondeó la guadaña pero falló el ataque a Zelgadiss, así que volvió a ondearla y caminó hacia él rápidamente atacándole entonces. La hoja golpeó la garganta de Zelgadiss como mandíbulas de una gran serpiente “¡Crack!”; Zelgadiss esquivó la hoja por una pulgada, no podía cortarle la garganta, pero debería haber caído. Cuando Zelgadiss alzó de nuevo su espada se dio cuenta de que el hombre le miraba atónito y palidecido: miraba su rostro; el embozo que le cubría la cara se había caído. Algunas mujeres gritaron.

 

 

"¡Han visto mi cara!”... Nunca había imaginado cómo reaccionaría la gente al ver su rostro de quimera y ahora se sentía más furioso que en problemas. Las emociones encerradas ardieron abrumando su corazón. Cortó aparte al hombre de la guadaña con frenesí “¡No me miréis con esos ojos!”

Todos los hombres y mujeres dieron gritos de terror; aquello volvió loco a Zelgadiss e invocó un hechizo fatalmente ofensivo.

- ¡ Blast Ash! -

Algo oscuro consumió a algunas personas y cayeron al polvo. Los supervivientes corrieron llevados por el pánico.

- ¡ Dug Haut.! –la tierra se sacudió salvajemente y un montón de espinas surgieron del suelo.

De todas partes les atravesaron y en otras cayeron entre dos espinas, luchando por liberarse. Zelgadiss golpeó hasta matar a los que sobrevivieron sin importarle si iban armados o si no; sin fijarse si se volvían para luchar o no; solo quería acabar con todos esos asustados ojos que le miraban. Al final se detuvo.

Recuperando el aliento miró a la aldea donde ya nadie más se movía; contempló los cuerpos de la gente con ojos sangrientos y de repente vio a algo moverse por el rabillo del ojo. Comenzó a perseguir ferozmente otra vez; una delgada sombra corrió alejándose hacia el bosque: Zelgadiss supo que era la chica que le había disparado dos veces. Ella se dio cuenta de que estaba perseguida y, asustada, no podía encontrar un sitio donde esconderse ni a donde ir; solo correr para alejarse del campo de muertos. De repente un hombre vestido de blanco con manchas rojas se situó junto a ella surgiendo desde los árboles; se sorprendió y calló al suelo. Se revolvió para lazarse sobre los pies pero no pudo, así que se sentó sobre sus talones y miró a la cara del homicida. Era un rostro de mármol azul con furiosos ojos de loco. Trató de arrastrarse alejándose del asesino... “¡ No me mires con esos ojos!” Zelgadiss alzó su espada hasta la altura de la cabeza y entonces la chica le agarró por las rodillas.

- ¡¡ Por favor; no me mates, por favor!! –gritó.

Zelgadiss la apartó violentamente. No quería escucharla pero la chica comenzó a quitarse las ropas, y totalmente desnuda, se arrodilló frente a Zelgadiss y suplicó por su vida.

- ¡¡ Haz lo que quieras, pero por favor, no me mates!! -

Zelgadiss se sorprendió y se apartó de ella, pero empezó a reír; ahora la chica era la sorprendida. Zelgadiss dijo:

- ¿¿ Quieres que haga el amor contigo!?; ¿¡ con un monstruo!?, ¿¡ estas loca!? – se arrodilló junto a la chica agarrándola por el pelo y miró ojos estrellados- ¡¡ Odio ese juego!! –dijo y hundió la espada entre los suaves pechos de la chica- ¡¡ Lo odio!!; ¡¡ Lo odio!!, ¡¡ lo odio!! –gritó Zelgadiss y una y otra vez mientras continuaba cortando a su victima.

Cuando su espada se detuvo tenía un pedazo de carne humana.

Zelgadiss se tambaleó sobre sus pies con la espada manchada de sangre en su mano; olía la cálida sangre y eso le volvía enfermo. Se alejó del campo de carne sintiéndose muy mal; envainó la espada y tropezó atravesando el bosque; no quería más que alejarse del olor a sangre.

Calló de espaldas al final de un erial junto al bosque; llenó sus pulmones con el olor cálido del aire y deshacerse del olor a sangre; entonces pudo pensar en lo que había pasado. “¿ Qué he hecho?... He robado la daga solo para mí; he matado a una chica que suplicaba por su vida solo porque estaba furioso... ¿ Cómo he podido hacer eso?... es por lo que soy... ¿ y qué soy entonces?, ¿ qué es todo esto?... La Furia de Rezo...

- Soy... soy la Furia de Rezo. –susurró Zelgadiss mientras miraba al incipiente cielo del verano cubierto de nubes blancas eran tan inocentes. Antes de darse cuenta de que había empezado a reír en voz alta, se rió de si mismo.

- ¡ Si; eso es lo que soy!: ¡ Soy la Furia de Rezo!. No necesito dudar; mato a los que están en mi contra y robo lo que quiero!; ¡ no tengo porqué estar en problemas nunca más!-

Se rió de su conciencia que le dolía con remordimientos y permitía que todos esos dolorosos y hundidos sentimientos agobiaran su corazón. Ahora conocía el poder de la explosión de sus sentimientos y trató duramente de congelar los sentimientos que le abrumaban para prevenir que explotasen: era el comienzo de un largo y frío invierno de su corazón bajo el sol del cercano verano.

 

*Notas de la Autora:

 La visión del empantanado invierno del corazón de Zelgadiss y la violencia que desata en la villa de los bandidos es debido a la explosión que imagino que supone que él se siente por vivir en la guarida de Rezo, un hombre que le da ordenes y que le convirtió en quimera. Imagino que no se preocupaba por sus propios sentimientos, pero si es así, tampoco tendría a su lado a gente como Ródimas y Zorlf. Así que le describí como alguien que al principio se negaba todo sentimiento para irlos recuperando poco a poco, pero en esta parte me centro sobretodo en su primer estado.


 Siguiente-3

Anterior-1

Volver a Quimera

Volver a Fanfics