“Rompiendo el día, el alba.
Escucha a la esperanza de este mercenario sin nombre
Quiero un hombre con valiente actitud, un hombre de fuerte voluntad
Si existe ese hombre, él será mi maestro.
¿Quién me dirá dónde está?...”

Capítulo-4

"La Lucha con Espadas"

 

Malditasea, malditasea!-el líder de la Fortaleza lanzó hacia Zelgadiss, que permanecía totalmente clamo mientras cruzaba el puente levadizo.

El líder sabía que no podía enfrentarse al espadachín oscuro en un combate abierto, así que en lugar de hacerlo, gritó al capitán de la Guardia

- ¡Eh, Zetro! ¿Qué hiciste?¿Por qué les dejaste pasar por el valle? Eres un incompetente!¡ No tienes ningún derecho a llevar un arma!-

Entonces extrajo un gran cuchillo con el que cortó el cinturón de Zetro; su espada cayó al suelo con un pesado "clonk!" Esta era la peor afrenta que un espadachín, y Ródimas frunció el ceño furioso. Pero fue Zelgadiss quien criticó al líder de la comunidad.

-Es cruel culparle a él. Yo no pasé a través de los guardias, solo les sobrepasamos,  volando sobre el valle.-

-... He oído decir que algunos hechiceros pueden usar conjuros para poder
elevarse en el aire.- murmuró Ródimas. él ya había visto algunos hechizos ofensivos en su viajes y batallas, y se dio cuenta de cuan poderosos y hábiles eran Zelgadiss y Zorlf.

Ródimas reconoció su derrota, pero el líder de la Fortaleza no podía hacerlo.

-¡Zetro, mata al espadachín ahora mismo!- ordenó al herido capitán.

Zetro trató de coger la espada, pero el líder estampó su pie sobre ella y le dio otra larga espada. Sin nada más que poder hacer, Zetro desenvainó la nueva espada, que resultó no tener filo ninguno.

Sabía que es luchar era su deber como capitán de la guardia, así que alzó la mellada espada ante él, enfrentándose a Zelgadiss.

El oscuro espadachín se limitó a caminar hacia Zetro, con su espada aún envainada; entonces Zetro la alzó sobre su cabeza y la lanzó contra su oponente chocando en un sonoro ¡¡CLANG!!

... Ródimas no pudo creer lo que veían sus ojos.

Zelgadiss había detenido el mandoble de Zetro con el brazo izquierdo y el golpe había sido tal que incluso estando mellada la espada, habría cortado el brazo de Zelgadiss y golpeado la cabeza.

Tal vez Zelgadiss llevase un protector de metal en el antebrazo sobre un acota de malla, habría podido detener el espadazo, pero él no parecía llevar esa clase de pesados protectores.

"¿Es otro hechizo?" pensó Ródimas.

Rápidamente Zelgadiss agarró a Zetro por las manos y le arrodilló sobre el estómago y haciéndole sentarse sobre los glúteos. El capitán de la guardia soltó la espada que cayó sobre el suelo, pero Zelgadiss la recogió, y ante la sorpresa de todos los miembros de la

Comunidad, el espadachín partió la espada sobre su muslo.


-Una espada tan mellada como esta no puede matarme- declaró el espadachín al tiempo que arrojaba a un lado los pedazos de la misma- Y ahora qué, ¿Os vais a seguir resistiendo? ¿U os vais a rendir?-

-¡De ninguna manera!- gritó de nuevo el líder de la Fortaleza,- ¡Vamos tíos!, ¿Por qué no podéis matar a solo dos hombres? ¡Hacedlo ya de una vez!-

Ante semejantes gritos, la guardia al completo perdió la voluntad de luchar, abandonando sus armas por saber que no podían hacer nada ante un monstruo invencible como Zelgadiss.

El silencio de los soldados hizo que el líder se pusiera más furioso; sacó su daga y la hundió en la espalda de Zetro, quién aún seguía sobre el suelo.

Zetro cayó sobre su espalda y los soldados corrieron hacia él gritando:

-¡Zetro!-
-¡Capitán!-
Sin embargo, el líder de la fortaleza alzó su ensangrentada daga y gritó:

-¡Si no queréis acabar como él, obedecedme! ¡Matadlos ahora!-

Los favoritos del jefe también alzaron sus espadas, pero no para enfrentarse al espadachín oscuro, sino para amenazar a los soldados.

Finalmente, Zelgadiss extrajo su espada.

-Le quitas una buena espada a tu soldado, y le das una mellada...- se acercó al líder de la

Fortaleza- Y les ordenas a tus hombres que se dirijan a una lucha desesperada para solo ver cómo pierden. ¿Eres tú realmente el líder de este paraíso de fantasía?-

El hechicero espadachín tenía el aura de un asesino, y el líder de la fortaleza, junto con sus mejores hombres, retrocedieron ante él.

-Qué vergüenza. ¡Tú eres el líder de todo esto cuando eres tan cobarde y huyes al enfrentarte a un enemigo poderoso! ¡Y además castigas a tu hombre, que solo cumplió con su deber, y por la espalda! ¡No eres más que un repugnante gusano! ¡No quiero ver tu asquerosa cara nunca más!-

El hombre de blando sacudió la espada con rapidez, y las manos del hombre que permanecía frente al líder de la fortaleza, cayeron al suelo son dejar de sujetar una espada; al mismo tiempo, el jefe gritó cubriéndose la cara con las manos. Una y otra vez, Zelgadiss sacudió su espada entre los favoritos del líder, quienes fueron cayendo sobre el suelo uno a uno tras haber perdido un brazo o una pierna.

Ródimas vio como el jefe ser retorcía de dolor, sangrando por la cara. El maduro caballero se dio cuenta de que había algo como una máscara sobre el suelo, y que estaba llena de sangre; entonces se dio cuenta de que Zelgadiss le había cortado la cara de un solo mandoble.

-Ró---dimas....- al oír la débil voz de Zetro, Ródimas se dio la vuelta y vio que le estaba mirando.

-¡Zetro!- Ródimas se arrodilló y cogió a Zetro entre los brazos.

- Por favor... dile al Conde de Hauzer de... Haffas... en el Reino de Seillon...-

-¿Qué quieres que le diga? ¿Cómo es que conoces al Conde?- preguntó Ródimas, pero  Zetro solo contestó.

-¡Dile al... Conde... que su hijo era...-

Zetro no pudo continuar hablando, su cuerpo perdió fuerza y no se movió más. Ródimas lo depositó en el suelo y le cerró los ojos.

De repente, Ródimas vio que Zelgadiss le estaba  mirando a él y a Zetro.

-¿Está muerto?- preguntó el espadachín demoníaco; Ródimas asintió con una mirada perdida, pero Zelgadiss solo miraba al rostro de Zetro. Para su sorpresa, el espadachín dijo,
- Lo siento por él-

Entonces se dio la vuelta y se alejó caminando; Ródimas contempló como el espadachín se reunía con su compañero, que le esperaba cerca del puente elevadazo.

 

La sangrienta noche terminó dando lugar a la mañana y Los habitantes de la Fortaleza del Alba caminaban colina abajo llenado sus pertenencias.

Después de que esos hombres se rindieran, Zelgadiss les informó sobre que debían abandonar la fortaleza al amanecer, y les permitió que se llevaran la comida, herramientas de granja, dinero y pertenencias que no estuviesen dañadas con ellos mismos. Y aún más, respetó a Zetro y permitió que sus ex-compañeros dieran entierro a su capitán. El Ex-líder de la fortaleza, así como sus subalternos, a los que Zelgadiss había herido, fueron muertos por furiosos soldados y sus cuerpos fueron esparcidos por el bosque como alimento para lobos.

Ródimas era uno de los que abandonaban el castillo, pero se detuvo en el lugar en que había conocido Zetro hacía unos 10 días. Miró a la cadena de plata con una medalla al final que llevaba en las manos; era de Zetro. Ródimas lo había encontrado cuando le había devuelto a Zetro su espada y le arregló las ropas antes del funeral. Ródimas reconoció que el escudo del medallón era el de la familia de Conde de Hauzer, y que siguiendo la tradición de armas, este medallón debía de ser del hijo primogénito de la familia.
Ródimas trató entonces de recordar la historia de Zetro sobre un padre y su hijo, ¿Era tan solo una historia? ¿Podría tratarse de la verdadera historia de Zetro? Se preguntó.


Mientras pensaba en ello, el maduro caballero recordó al espadachín endemoniado, y cómo había mirado al rostro del muerto Zetro. Ese hombre misterioso había derrotado al Fortaleza, pero no la había masacrado. También se había enfurecido con el des-honorable líder de la fortaleza cuando este forzó a Zetro a luchar con una espada oxidada. Zelgadiss se enfureció aún más por los sucios trucos del líder cuando este hundió su daga en la espalda de Zetro. ESe hombre al que llamaba "Espadachín Endemoniado" había respetado a Zetro, y le había dado un entierro digno.

"Quiero volver a encontrarme con ese hombre." suspiró Ródimas.

El maduro caballero se auto-convenció para esperar al espadachín de blanco al final de un pequeño bosquecillo, donde podía ver cómo los hombres abandonaban el valle de la fortaleza.

Zelgadiss destruyó casi todos los edificios de la Fortaleza del Alba con la ayuda de Zorlf; después se puso en contacto con Rezo por el hechizo de "Visión", y ahora caminaban colina abajo. Pasaron a través del valle por el que habían sobrevolado la noche anterior, y cuando llegaron al final, en un lugar desde donde se tenía una buena vista del bosque, vieron que un hombre aguardaba de pie.

Zelgadiss le reconoció, era el soldado que se había encargado del agónico capitán de la guardia. Tenía una mirada de determinación y Zelgadiss hizo que Zorlf se detuviera.

-¿Qué quieres?- preguntó el espadachín quimera- ¿Vas a vengarte sobre los líderes de la fortaleza?-

- Yo no quiero venganza- replicó Ródimas- Solo quiero una lucha de espadas contra ti, ya que pareces tener gran habilidad en la esgrima.-

-¿Una lucha de espadas? ¿Estas queriendo retarme a un combate sin magia?-

-Sí, así es. Yo lucho con mi espada, y dependiendo de la situación, puedo hacerlo con mi albarda.-

-¿Para qué? ¿Por qué quieres luchar contra mi?- preguntó Zelgadiss.

-Oh, solo quiero conocer tu habilidad en la lucha.-

-...De acuerdo.  Pareces un hombre con espíritu. Será mejor para mí luchar contra ti que matar a esos débiles bandidos.-

Zelgadiss extrajo su espada y Ródimas sujetó la suya ante él. Durante un momento, se estuvieron estudiando el uno al otro, hasta que de repente, ambos se lanzaron corriendo contra su adversario.

¡Clang!
Las dos espadas entrechocaron con violencia, y para sorpresa de Zorlf, Zelgadiss perdió el equilibrio, haciendo que se volviera y mostrara un flanco descubierto a su oponente. Rápidamente, Zelgadiss saltó atrás, y la larga espada de su oponente, perdió su objetivo, pero logró rasgarle la capa.

-¡Cht!- gruñó Zelgadiss mientras volvía a alzar la suya ante él, enfrentadote a su adversario de nuevo.

El espadachín demoníaco se advirtió a si mismo de no perder la vista de su enemigo.

Cuando las espadas entrechocaron de nuevo, la larga espada de su adversario casi rodó como enroscada al rededor de la espada de Zelgadiss, casi logrando que la soltara. Había dejado una mano sobre la empuñadura volviendo la muñeca de la mano que la sujetaba no para ir contra su enemigo, sino para apañárselas para no soltar la espada. Sin embargo, Zelgadiss se había propulsado por la fuerza de su adversario y había mostrado un costado al enemigo.

Incluso cuando fue golpeado por la espada, no podía resultar herido; Zelgadiss lo sabía, pero se volvió más cauteloso.

Por otro lado, Ródimas reconoció que los acontecimientos estaban resultando en contra de la victoria ya que esos dos golpes suyos eran su mejor ataque y el espadachín demoníaco había escapado de ellos. El hechicero de blanco tenía una muñeca flexible y un fuerte agarre que podía endure la habilidad con la espada de Ródimas para hacer soltar el arma a su adversario. Zelgadiss había escapado del segundo ataque con rapidez, y eso demostraba que era superior a Ródimas en su habilidad con la espada. Ródimas pensó que ya no podría usar sus técnicas contra ese adversario de nuevo.

Aún así, Ródimas quería atacar antes que su adversario, y se acercó a Zelgadiss...

Una vez más, Zorlf no daba crédito a sus ojos.

Zelgadiss había retrocedido al ver que Ródimas le atacaba, y él sabía que Zelgadiss era mucho más fuerte que el maduro caballero, así que se preguntó que por qué estaba siendo tan cauto.

Ródimas también se lo preguntó  y se detuvo por unos segundos.

En ese instante, la mano derecha de Zelgadiss soltó la empuñadura de su espada, y sacó una espada más corta de su cadera; entonces abrió los brazos y estiró aparte las piernas, doblando un poco las rodillas.

Ahora Zelgadiss tenía una espada corta en la mano derecha y la espada grande normal en la izquierda; su postura señalaba que usaría la espada común como  para protegerse de la del enemigo, y que trataría de apuñalar  el punto crítico del enemigo con la corta. Todo eso quería decir que tendría que luchar a una distancia más corta.

Zelgadiss sabía que semejante táctica parecía pasiva, pero también sabía que cualquier espada ancha podía inflingir más daños a un enemigo que llevase una cota de malla, como hacía este maduro espadachín. Podría dañar al enemigo gravemente cuando diese un buen mandoble, pero también sabía que sería difícil hacerlo contra este adversario. Así que Zelgadiss se había concienciado de permitir que su adversario se acercara para atacar y apuñalar los espacios entre las cadenas con su corta espada, esquivando los ataques de su adversario.

Viendo que Zelgadiss había cambiado de táctica Ródimas también consideró hacerlo, así que de repente alzó la espada sobre su cabeza, y con un grito, la arrojó contra Zelgadiss; en ese punto ya no se preocupó más por ella, y corrió a por su albarda.
Zelgadiss no podía imaginarse lo que Ródimas pretendía hacer, así que detuvo la espada fácilmente y la precipitó hacia su oponente. Cuando Ródimas volvió a atacar con su albarda, Zelgadiss aún seguía fuera de su alcance.

Si Ródimas hubiese dado un mandoble con su albarda, la pesada hoja de la misma habría golpeado el costado izquierdo de Zelgadiss, pero en ese instante Zelgadiss se limitó a abrir los brazos sujetando ambas espadas y moviéndose hacia delante con rapidez, propulsado por los talones. Uno, dos, tres vueltas... La capa blanca estaba abierta, y se agitaba salvajemente, y las hojas de las dos espadas resplandecían por la luz del sol. Era como un enrome pájaro de presa de color blanco que hubiese aterrizado en el suelo.

Sintiéndose sorprendido, Ródimas sacudió su arma más tarde de lo debido... Entonces se dio cuenta que Zelgadiss estaba demasiado cerca, y ya era demasiado tarde para apuñalar al adversario que se aproximaba solo con la punta de su albarda mientras retrocedía. Lo único que pudo hacer es golpear el costado de su adversario tan duramente como pudo haciendo que se detuviera; solo entonces Ródimas pudo estar al alcance de su arma  sacudió su albarda tan fuerte como toda su fuerza le permitía.

En el momento en que el bastón iba a golpear el costado izquierdo de Zelgadiss, el pájaro blanco de presa, desapareció, y la albarda golpeó pesadamente el suelo haciendo que Ródimas se balanceara por el propio impulso de su arma. Cuando ya se tambaleaba, recibió un fuerte golpe en el cogote.

Ródimas cayó sobre su estómago, y Zelgadiss sujetó el cuello del perdedor bajo el pie.

Ródimas alzo las manos a la cabeza en señal de que no podía resistir.

-El juego ya ha acabado, ¿verdad?- preguntó Zelgadiss y Ródimas asintió débilmente.

Entonces, el ganador retiró el pie del cuello del perdedor.


Zelgadiss podría haber recibido el golpe del mango de la albarda de Ródimas, y si eso hubiese ocurrido, la habría detenido y sujetado contra su costado, dejando así a su oponente incapaz de moverse. Pero en esta ocasión, había mantenido su larga espada en la mano izquierda, así que si hubiese sujetado el palo de la albarda, no podría haber usado la espada larga, y la corta habría sido ineficaz para atacar a su adversario. Zelgadiss quiso evitar tener dar un golpe mortal, de esa forma, había plantado firmemente en el suelo la espada grande, y salto a lo alto usando la guarda como trampolín.

Zelgadiss exhaló profundamente, extrajo la espada del suelo y la envainó. Incluso teniendo tanta experiencia en tantas peleas con espadas, era raro que usara semejante táctica con un adversario con habilidad. Podía experimentar la excitación de la victoria, y su corazón se fue llenado con la satisfacción de una lucha en la que había luchado con todo su poder.

-¡Sr. Zelgadiss!.- exclamó el maduro espadachín de repente.

Zelgadiss se volvió para ver que el retador se arrojaba al suelo frente al ganador. Aquel hombre maduro dijo.

-¡Por favor, déjeme servirle! Yo, Ródimas, pretendo ser su hombre, ¡Por favor!-

-¿... Qué?- murmuró Zelgadiss.

-¡He buscado a un hombre al que ofrecer mi lealtad durante años! ¡Y hoy le he encontrado a usted! ¡Tú eres mi Señor! ¡Por favor, lléveme conmigo! ¡Le ofrezco mi lealtad durante toda la vida!-

Zelgadiss estaba tan atónito que no podía ni hablar ni moverse.

Zorlf también estaba sorprendido; se había quedado casi entumido por la tensión de contemplar la lucha de ambos, y cuando Zelgadiss resultó ganador y soltó al perdedor, Zorlf se sintió tan aliviado que se puso a sudar. Y ahora las tablas se habían girado de forma tremenda. Zorlf se sintió interesado en el maduro espadachín y se acercó a ambos.
En el momento en que lo hacía, Zelgadiss decía:

-No necesito a un hombre como tú. Lárgate a donde quieras.-

Ródimas alzó la cabeza y trató de decir algo, pero fue Zorlf quien habló.
-Hey, señor. ¿Por qué rechazas a este hombre? Es hábil con la espada y es honorable que tengas un hombre bajo su mando que dice que te ofrece su lealtad. Sabes que es difícil que haya alguien como él en estos tiempos-

- Y también sabes que este hombre era miembro de la Fortaleza del Alba, y había ofrecido su lealtad a ese astuto y retorcido líder. Ahora que ha encontrado a un hombre más fuerte, solo está intentado cambiar de Señor. Yo no puedo confiar en una lealtad tan vacía como esa.-

-¿Oh, no!- Ródimas estaba herido por las palabras de Zelgadiss, pero una vez más fue Zorlf quien se dirigió al hechicero.

-Creo que te equivocas, señor Zelgadiss…-

-¿Qué me equivoco? ¿En qué me voy a equivocar?- Zelgadiss seguía atontado.

Zorlf se preguntó si su maestro realmente mal-interpretaba a Ródimas, o si es que su joven señor realmente quería verlo así. Desde el punto de vista de Zorlf, Zelgadiss era sensible al corazón de los demás, y podría reconocer que el espadachín estaba siendo realmente honesto, así como la esperanza de Ródimas iba en serio. Zorlf pensó en las razones por las que Zelgadiss podría estar rechazando a Ródimas.

"¿Acaso espera que Ródimas no se convierta en un hombre de Rezo? Vaya, ahora recuerdo que Zelgadiss no estaba muy entusiasmado cuando yo me uní a la organización de Rezo."

Zorlf se auto-convención de que debía defender a Ródimas.

-¿No lo ves? Este hombre no obedeció a ese tipo de que dirigía la Fortaleza cuando le ordeno que te atacara. Por el contrario, se preocupó por el hombre que estaba apuñalado y que ese jefecillo mató. Este espadachín es sincero y honesto. No creo que alguien así  ofreciese su lealtad al líder de la Fortaleza del Alba; es alguien que ofrece su fidelidad para toda la vida, y ahora parece que solo vaga aquí  allá... No creo que ahora estuviese ofreciendo su lealtad a nadie. Probablemente, Sr. Zelgadiss, tú seas la primera oportunidad para ese Ródimas.-

-Sí, él está en lo cierto.- Ródimas se sintió alentado por Zorlf- He viajado por muchos lugares durante largos años, buscando a un hombre a quien pudiese ofrecer mi lealtad. En todas partes la caballería está abandonada y no encuentro a ningún noble respetuoso. Cuando oí los rumores sobre la Fortaleza del Alba, estaba perdiendo mi esperanza en la sociedad, y me uní a la Fortaleza del Alaba, ¡pero eso fue hace solo 10 días" Y para mi desesperación, descubrí que en la Fortaleza solo había un grupo de bandidos... Incuso si usted no hubiese atacado la Fortaleza, yo la habría abandonado.- viendo que Zelgadiss le escuchaba, Ródimas siguió hablando- Mi reto no fue solo para ver lo fuerte que era usted, sino para conocer su personalidad. En las luchas de espadas, los combatientes pueden ver cómo es su adversario, y yo pude ver que usted es más fuerte que yo. Aun así, usted luchó con todo su poder; eso significa que usted no presume como espadachín, y también que usted no me miraba como un adversario imprudente. ¡Y al final usted no me mató! ¡Usted es tan generoso con los demás y estricto consigo mismo! ¡Alguien así es un hombre que odia los hechos malvados y busca un propósito noble! ¡Usted es a quién yo debo ofrecer mi lealtad!¡Por favor, lléveme con usted!-


Zelgadiss estaba tan avergonzado que se sintió aliviado de llevar la cara cubierta con un embozo; si no fuera así, tendría cara de tonto. Sintiéndose avergonzado, Zelgadiss miró a Zorlf para comprobar que este le miraba con expresión risueña. Entonces perdió los nervios y habló fríamente al hombre que seguía en el suelo:

- Yo no soy lo que dicen tus palabras; solo ataqué la Fortaleza del Alba porque se me ordenó que lo hiciera. La justicia no significa nada para mí y normalmente hago lo que hacen los bandidos. No, soy incluso peor que los bandidos ya que haré todo lo que se me ordene. No tengo ni principios ni doctrinas propias. Pero entiendo que tienes la mente de un hombre noble, así que te diré que no soy válido para que me ofrezcas tu lealtad.-
-¡De ninguna manera!- Ródimas sujetó a Zelgadiss por la pierna- ¿Por qué se insulta de esa manera? ¡Si piensa que carezco de algo que me haga valer para ser su hombre, por favor, dígamelo! ¡Haré lo que mejor que pueda para satisfacerle!-

"Oh, no" exclamó para sí Zelgadiss. Él hablo de actos vergonzosos a Ródimas, pero este se los tomó como una mentira, lo que hizo que Zelgadiss los dijera para que no le gustara. Ese hombre tan honesto se había hecho su propia imagen de Zelgadiss como un héroe de mente noble.

Zelgadiss estaba completamente perdido.

"¿Es posible que un hombre que ha pertenecido a la caballería sea uno de los subordinados de Rezo?" se preguntó para si "No, eso es imposible" Zelgadiss se decidió a conseguir que Ródimas se rindiera.

Viendo que no le podía persuadir, Zelgadiss podría dejarlo atrás, pero Ródimas le perseguiría. Y si Zelgadiss le dejaba dormido con un conjuro o un golpeándolo, también le habría dejado atrás, pero eso significaba que los lobos se lo habría comido vivo... Y Zelgadiss no podía hacer eso.

Finalmente, Zelgadiss tuvo una idea, y miró a Zorlf.

El hechicero de la capa negra no entendía en qué estaba pensando Zelgadiss, pero sí que su señor tenía un plan, así que asintió levemente. Ródimas alzó la vista hacia Zelgadiss, y este le miró, diciendo:

-Tú... er, ¿Ródimas? Suéltame la pierna.-

-No. Hasta que no me acepte, no le soltaré la pierna.-

-No seas cabezón. Hazlo o no podremos caminar con calma.-

Zelgadiss habló en el tono más suave que pudo, y Ródimas se levantó sobre los pies soltándole la pierna.

De repente, Zelgadiss saltó hacia atrás alejándose de Ródimas.

-¡Dill Brand!-


La tierra se sacudió en un aro concéntrico al rededor del mago, provocando una cortina gris al rededor de Zelgadiss, y Al mismo tiempo, Zorlf arrancó a correr en radom dirección. Ródimas no podía ver a dónde había ido Zelgadiss, pero vio que Zorlf corría entre los árboles. El espadachín pensó que Zorlf iría donde Zelgadiss estaba en algún momento, así que comenzó a seguirlo.

La verdad es que Zelgadiss estaba cerca de Ródimas: después de invocar el hechizado para esconderse, se alzó en el aire por medio de la "Levitación", y cuando Ródimas comenzó a correr, Zelgadiss se encontraba justo sobre su cabeza.

Viendo lo que el espadachín hacía, Zelgadiss suspiró.


"Zorlf es muy rápido corriendo cuando huye, así que pronto estará tan lejos de Ródimas que el este ya no le podrá perseguir."

*Notas de la Autora:

Sobre la muerte de Zetro, me inspiré en la película “La Diligencia”, un western de John Wayne dirigido por John Ford. En la película, un jugador vagabundo tiene un objeto con la insignia de una familia noble, y explica que lo consiguió jugando al poker, negando así su relación con esa familia. Más tarde, cuando la diligencia es atacada por los Apaches, él es el único alcanzado por una flecha y en el último momento, dice a los demás el nombre de esa familia noble, pero no llega a completar el mensaje. Probablemente, había un profundo drama personal detrás de eso. Considero “La Diligencia” como una magnífica película con un drama para cada uno de los personajes de la historia.

(N. de T.: Por le momento, con esto termina "CoC"   ya que QP/Diana, la autora, por el momento no ha seguido traduciendo más capítulos de la historia. Así que hasta nuevo aviso, aquí concluye la historia. Espero que este fenomenal fic haya sido del agrado de todos.


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