“Si quieres encontrar a alguien o algo
Yo soy el hombre que necesitas
Porque yo encontraré a ese alguien o algo
Arrastrándose a través de la noche.”

Capítulo-5

“Luz Roja-Sombra Azul”

 

          Zorf fue salvado por Zelgadiss, el espadachín-quimera, y se convirtió en su hombre. Se desplazó a la guarida de Zelgadiss, que era una villa abandonada y escondida en los bosques lejos de los caminos principales. Había un pozo, una cuadra, dos almacenes y varias casas individuales que eran usadas como barracones para los trolls, hombres-mantis y un gigante, que trabajaban todos ellos a las órdenes de Zelgadiss. También estaba Sid, el enano cocinero, y Vicius, el hombre-mono que hacía las tareas de la casa. Pronto Zorf se dio cuenta que Zelgadiss no había querido llevarle a su campamento porque no había ningún otro humano allí, pero él insistió.

-El maestro Rezo te ordenó ocuparte de mi. Debo permanecer contigo.-

Y ganó la discusión.

 

Zorf era feliz en el campamento de Zelgadiss porque aquel lugar era como una ciudad llena de tesoros para un hechicero. En realidad se llevó sus artículos mágicos consigo, pero allí ya había otros muchos que Rezo le había dado a Zelgadiss, o que él mismo había tomado de los bandidos. De cualquier forma Zorf se había convertido en un hombre de Zelgadiss, aún así era Rezo quien solía usar a Zorf: antes de que él llegara, Rezo usaba la magia de búsqueda por si mismo para encontrar lo que necesitaba, pero si Zorf lo hacía en lugar de Rezo, este podría dedicar más tiempo al estudio de los objetos mágicos. De esa forma en unos seis meses, Zorf se pasó tres en el laboratorio de Rezo, así que cuando el Monje Rojo hizo una visita al campamento de Zelgadiss, este pensó con naturalidad que Rezo había venido a por Zorf, y así que le dijo al Monje Rojo:

-Admito que uses a Zorf, eres el jefe y debe trabajar para ti. Aún así quiero decir que por favor no dejes que trabaje demasiado-

Rezo no se sorprendió por las noticias, sino por Zelgadiss: normalmente no decía nada antes de que Rezo lo hiciera y se preguntó si había algún problema

-No entiendo qué quieres decir. Te juro que no dejo que trabaje demasiado ¿Eso te lo ha dicho él?-

-No, no lo ha hecho. Pero cada vez que vuelve del laboratorio, siempre está… raro-

-¿Raro? ¿Cómo?-

-Él hace jugarretas a los débiles, Sid o Vicius. Creo que desahoga su rabia con ellos. Pero, ¿por qué se enfada? Quiero saberlo-

-¿Dices que ha pasado cada vez que vuelve de mi laboratorio?-preguntó Rezo.

-Exactamente. La última vez arremetió contra Vicius tan duramente que el hombre-mono sufrió alopecia aerata-

Rezo rió recordando lo duro que Zorf había trabajado en el laboratorio; el Monje Rojo no sabía nada del lado oscuro de Zorf, que probablemente mantenía un estricto control de si mismo ante Rezo. Entonces dijo:

-Creo que puede estar enfadado por su relación con otros hechiceros humanos en mi laboratorio. Sabes que Zorf es torpe con la magia de cura y otros tipos de magia blanca, mientras que todos mis asistentes son hábiles en ese tipo de hechizos. Aún así su magia de búsqueda es tan útil para mi que los otros hechiceros tienen envidia de él y he oído cómo algunos hablan mal de él.-

-¿Hablan mal de él?-preguntó Zelgadiss.

-Bueno… Ellos dicen que Zorf es un hechicero de Tercera Clase que siempre trata de presumir con una sola magia.

Zelgadiss no podía decir nada en contra de ese comentario; admitía que era cierto, pero sentía simpatía por Zorf, aunque nunca revelara esos sentimientos.

-Ya veo- contestó secamente- Pero no puedo dejar el strees de Zorf como si tal cosa. Si no hacemos nada. El hombre-mono y el enano se pondrán enfermos dentro de poco ¿No tienes ninguna idea?-

Rezo sonrió y dijo:

-Bueno… ¿Qué tal esto? Por norma general, Zorf busca aquí, en esta habitación. Le enviaré las pistas y así no tendrá que venirse a mi laboratorio. En caso de que la pista no se pueda desplazar, él deberá venir conmigo, pero eso será raro-

-Gracias por tu consideración- dijo Zelgadiss- Pero hoy deberá ir contigo, ¿de acuerdo?-

- No, yo no iré con él, pero hablaré contigo- contestó Rezo y Zelgadiss dejó caer la mirada.

-Oh… ¿Hablar de otro trabajo?-

-No sobre otro trabajo, pero quiero hablar contigo- dijo el Monje Rojo y Zelgadiss alzó la cabeza preguntando:

-¿Hablar conmigo?-

-Hablar sobre la lista de Zaidos- aclaró Rezo- La lista se acabará dentro de poco y pronto ya no quedarán más pistas.-

Zelgadiss comprendió lo que Rezo quería decir; ambos habían buscado alrededor  de un centenar de objetos, incluyendo los no propuestos. Pero cuando acabaran la búsqueda de todos los artículos de la lista, y cuando todos los esfuerzos fueran en vano, de nuevo tendrían que recopilar información. En ese caso Zelgadiss y sus hombres tendrían que hacer otro trabajo…

 

Habían pasado unos meses de aquello, y en un día frío y lluvioso, Zelgadiss se encontraba sentado en su habitación leyendo un libro de magia. Aburrido como estaba, miró a la ventana, el marco estaba ligeramente abierto y podía ver la calle inundada por la lluvia. No tenía trabajo aquel día, tampoco tenía un compañero adecuado con quien entrenar con la espada, y menos interesado estaba en hacer experimentos mágicos. Suspiró sintiéndose adormilado y de nuevo bajó los ojos al libro; de repente oyó a alguien llamar a la puerta.

-¿Quién es?-preguntó

-Soy Zorf ¿Puedo entrar, Zelgadiss?-

Zelgadiss sabía que Zorf también estaba aburrido y querría jugar con él al ajedrez

-De acuerdo, entra- contestó, y Zorf entró en la habitación, se quitó su mojada capa con capucha, y la colgó de un gancho en la pared. Zelgadiss vio que Zorf llevaba su tablero favorito y dos botellas de vino.

-¿Qué tal si jugamos al ajedrez y bebemos juntos un rato?-sugirió

-Muy bien, pero tú no puedes beber, ¿no es cierto?-preguntó Zelgadiss.

-Esta es de vino- Zorf le pasó una de las dos botellas a Zelgadiss-…Y la otra es de té, para mí. Así podré beber contigo.-

 

Se sentaron en la mesa y empezaron a jugar al ajedrez, pero pronto Zelgadiss se dio cuenta que Zorf no había venido solo para eso.

-¿Puedo hacerte una pregunta? Me he convertido en tu peón –dijo Zorf.

-Dime qué quieres saber-replicó Zelgadiss- Estoy amenazando a tu alfil-

-Bueno, ya ha pasado un año y medio desde que vine aquí-contestó Zorf- Cuando comencé a trabajar para el Monje Rojo, teníamos muchos trabajos, uno tras otro: en cuanto encontrábamos un objeto mágico, teníamos otro justo detrás. Pero desde hace poco tiempo, el siguiente trabajo nos viene días o semanas más tarde ¿Por qué?-

-¿Por qué? No entiendo a qué te refieres- dijo Zelgadiss

-Oh, tal vez no me he explicado bien.- Zorf se rascó la cabeza- A decir verdad ni yo mismo sé lo que realmente quiero saber… Por favor, escucha. Sé que Rezo recolecta muchos, muchísimos objetos mágicos, y pensaba que él deseaba poseer tantos como  pudiese. Aún así ahora ya no lo creo: está buscando algo en especial.-

Zelgadiss iba a alcanzar su pieza del caballo cuando su mano se detuvo en el aire. Al mirar al rostro de Zorf, bajó la vista de nuevo concentrándose en su opinión.

-Rezo está buscando algo en especial desde el principio. Antes tenía muchas pistas, pero un día se le acabaron todas, y desde entonces tiene que empezar un trabajo descubriendo alguna pista. Rezo tiene muchos subordinados y así alguien que las busque; sin ellas Rezo no puede dar órdenes y nos deja jugar al ajedrez para matar el tiempo.- Zorf alzó la vista y miró directamente a los ojos de Zelgadiss- ¿Estoy en lo cierto?-

Zelgadiss dejó caer los ojos sobre el tablero y movió el caballo en posición de amenazar la reina de Zorf; en eso se hizo a la idea de lo que iba a decir

-Estás absolutamente en lo cierto. Admiro tu inteligencia. Ahora dime qué piensas acerca del propósito de Rezo.

-No tengo ni idea- contestó Zorf- Quiero que Rezo o tú me lo digáis; aún así no me sorprenderé si tanto tú como Rezo rehusáis contestarme.-

Zelgadiss nunca le había dicho nada a Zorf acerca del propósito de Rezo, desando que él nunca se viese tan profundamente involucrado en los trabajos de Rezo. Zelgadiss se sentía culpable por Zorf porque a causa de su mentira él se había convertido en su hombre. Zorf había tratado de salvar a Zelgadiss de las rocas que caían, incluso aunque él sabía que Zelgadiss le habría matado. El comportamiento de Zorf había derretido el frío corazón de la Furia de Rezo, y Zelgadiss recuperó su simpatía por los demás. Zorf trató de ayudar el cuerpo de Zelgadiss, además de su corazón y su alma; mientras que la mentira de Zelgadiss forzó a Zorf a entrar en la vida de los bajos fondos junto a unos compañeros no-humanos. Cuando Zelgadiss se convirtió en la Furia de Rezo, había congelado sus sentimientos esperando así no sentir nunca más el dolor, pero igualmente había congelado su simpatía por los demás. El invierno de su corazón había durado años hasta que finalmente había conocido a Zorf, y la primavera llegó a su corazón y su alma. Ahora podía comprender que todo el mundo quería vivir, igual que él deseaba vivir. Así que después de que Zorf se convirtiera en su hombre, el espadachín-quimera había tratado de evitar las matanzas. Zelgadiss debía la paz de su mente a Zorf.

 

Zorf era un hombre extraño, hacía jugarretas a los débiles, y a menudo actuaba demasiado antes de lo planeado, consiguiendo así que todo hiciese “bum”, y aún más, era demasiado hablador. De todas formas Zelgadiss se sentía natural con Zorf como para desear que él fuese su hombre todo el tiempo; sin él Zelgadiss podía convertirse de nuevo en un frío monstruo sediento de sangre. Quería demostrarle a Zorf lo profundamente agradecido que estaba, así que le dio una respuesta a su pregunta:

-Sí, te lo puedo decir. Rezo está buscando la Piedra de Sarvia-

-¿¿¡La Piedra de Sarvia!??-exclamó atónito Zorf- Ese es un objeto que solo aparece en las leyendas, y estoy convencido de que solo un tonto lo buscaría-

-¿Quieres decir que nuestro trabajo será en vano?-dijo Zelgadiss

-Sí, así es-contestó Zorf- Se nos ha ordenado encontrar un fantasma ¿No estás de acuerdo conmigo ¿ Me pregunto por qué no has rehusado semejante orden tan estúpida-

-Se lo prometí a Rezo- contestó Zelgadiss con el rostro serio- Él me daría el poder, y a cambio yo le ayudaría a encontrar la Piedra de Sarvia. Es un asunto de negocios. De acuerdo con esta teoría, yo debo ayudarle desde el momento que él me dio el poder, pero el “poder” es este cuerpo de quimera.-

-…No puedo creerlo- dijo Zorf en voz baja- ¿Por qué estás de acuerdo con semejante tiranía? ¿Cómo puedes trabajar para él? Sé que odias al Monje Rojo ¿Cómo puedes controlar tu odio y tu ira?-

Oyendo a Zorf, Zelgadiss sintió cómo le dolía el corazón; deseaba revelar sus secretos sentimientos ya que Zorf era el único que le había tratado como a un humano.

-Sí, yo odio a Rezo –dijo- Algunas veces me siento desesperado, pero no puedo abandonar a Rezo… porque… no hay ningún lugar más para una quimera, y aún más, tengo miedo de Rezo.-

Zorf se quedó boquiabierto y Zelgadiss le sonrió:

-¿Estás sorprendido? No esperabas que dijera que tengo miedo tan honestamente, ¿verdad?-

-Uh… sí, si que estoy sorprendido-

-Igual que yo –añadió Zelgadiss- Nunca les he dicho una palabra a los demás-

-¿Qué?-

-Bueno, sé demasiado sobre Rezo- Zelgadiss bajó el rostro- Sé lo poderosos que es, lo grande que es su poder mágico, y lo mucho que apoya su plan. No se rendirá en conseguir lo que quiere; es el hechicero definitivo y yo por ahora, no puedo igualarle. Y él sabe que yo le odio; me respeta como peligroso, así que me vigila constantemente y no me abandonará. Sé bien que también me necesita para llevar a cabo sus planes, y si yo tratara de oír, siempre me encontraría. No me puedo esconder de él.-

Zelgadiss alzó la cabeza y miró a Zorf quien se miró las manos y volvió a alzar la vista.

-Hmm… Es muy complicado… Rezo te necesita para encontrar lo que quiere, y tú no puedes dejarle para poder sobrevivir. Rezo y tú os necesitáis el uno al otro, y aún así, Rezo y tú no podéis sentiros naturales con el otro, sin tener una conversación de corazón a corazón… Zelgadiss, creo que tú no eres el único infeliz... pero…-

Zelgadiss se quedó estupefacto

¿No solo… yo? ¿Está queriendo decir que Rezo también es infeliz?” pensó. Zelgadiss nunca había pensado en los sentimientos de Rezo; no le gustaba hacerlo “Admito que ser ciego puede ser una desgracia” siguió pensando “Y cuando todos sus esfuerzos fueron en vano, esa sería una situación muy desgraciada. Pero nadie puede forzar a alguien a ser solo porque él lo sea.

El odio y la ira atormentaban su alma, pero Zorf le dijo calidamente:

-Zelgadiss, siento mucho haberte criticado por trabajar para Rezo. Estaba equivocado. Sé cómo piensas sobre esta situación, y yo siempre estaré contigo. Haz lo que quieras hacer, yo siempre iré a todas partes contigo-

- Ah, ¿tiene Rezo alguien que le diga “yo siempre iré a todas partes contigo”?-

Zelgadiss era la mano derecha de Rezo, pero el espadachín odiaba a Rezo. Había mucha gente que adoraba a Rezo como al Monje Rojo, pero si ellos hubiesen sabido de la otra cara del santo, ¿le habrían seguido? Mientras que Zorf y Zelgadiss sí sabían de sus crueles hechos, y aún así Zorf decía que seguiría a Zelgadiss. El espadachín quimera se dio cuenta que quería amor y respeto de alguien; pensando que Rezo no podía tener ni amor ni respeto de Zelgadiss, y que Rezo tampoco podía confiar en su mano derecha, Zelgadiss podía decir que Rezo era un infeliz.

Eso era a lo que Zorf se refería.

-Muchas gracias, Zorf- dijo Zelgadiss llevando sus ojos hacia abajo

-¿Perdón?- Zorf no podía oír la voz baja de Zelgadiss.

Sintiéndose tímido, Zelgadiss sacudió la cabeza, pero de repente una incómoda idea relampagueó en su mente, y pesó: “Rezo se guarda de mí. Odia que yo tenga mi propia mano derecha… Si Rezo sabe que alguien tiene fe en mí, podría matarlo.

-Zord, probablemente sepas que Rezo siempre es cauteloso conmigo –dijo por fin- Sería mejor que no demostraras tus sentimientos hacia mí-

-Ah… por supuesto- dijo Zorf pensativamente

Examinado duramente las consideraciones de Zorf, Zelgadiss se lamentó de su dureza y puso una mano sobre su hombro

-¿Zelgadiss?

-… Lo siento; fui deshonesto contigo- dijo con voz triste.

-¿Deshonesto? No veo a qué te refieres-

-Tenía que haberte dicho que conocer el secreto de Rezo era demasiado peligroso antes de haberte dado la respuesta- explicó Zelgadiss- Pero no te hablé de ese peligro y ahora estás profundamente envuelto en el secreto de Rezo. Eso significa que estás en un gran peligro-

Zorf se quedó helado y Zelgadiss no pudo ver su cara sintiéndose avergonzado de su deshonestidad “Sabía que se lo tenía que decir, pero no lo hice porque quería que estuviese conmigo” Zelgadiss se regañó mentalmente “Por mi propia inquietud no le di la oportunidad ¡Cómo soy de mezquino!

- Ya veo. Seré cauteloso con Rezo- dijo Zorf, pero Zelgadiss seguía sin alzar la vista, y entonces fue el turno de Zorf de poner la mano sobre el hombro de Zelgadiss.

-¿Qué te ocurre?-preguntó

-Lo siento. Lo hice otra vez… -dijo Zelgadiss aún con la cabeza baja –Te forcé a ser hombre de Rezo, y ahora a estar tan metido en esto que no podrás volver a tras-

- Oh... Zelgadiss parece que tienes el palo cogido por el lado equivocado-

-¿¡Qué!?-Zelgadiss alzó la cabeza

-Dices que me forzaste  ser un hombre de Rezo, pero fui yo quien le arrastré –dijo Zorf sonriendo- Yo mismo me forcé a estar en peligro: hoy mismo te he hecho una pregunta y tú me has dado una respuesta. Sí, el peligro es más grande que antes, pero no me importa, sino que te estoy más agradecido porque me has dicho lo que quería saber.-

-Pero cuando te dije que estabas en peligro, tú te quedaste helado- Sabes lo peligroso que es Rezo y estás asustado, ¿no?-

-Oh, no, no estoy asustado. –contestó Zorf con una sonrisa- Yo me quedé helado porque me sorprendió saber que tú te lamentaras por mi.-

-¿Estabas sorprendido?-

-Sí- Zorf se encogió de hombros- Sé que tú siempre les das órdenes a tu subordinados y les dejas obedecerte. Tú raramente escuchas sus opiniones, pero hoy lamentaste no oír la mía y me sorprendiste… pero también complacido por tu amabilidad –Zorf se atusó el pelo- Estoy muy agradecido porque respetes mis opiniones, pero para ser honesto, me es difícil decidirme por algo, y prefiero seguir las indicaciones de los demás. Sé que soy muy irresponsable, así que no culparé a los demás-

-Pero alguien debe ocuparse de la responsabilidad de tu situación-replicó Zelgadiss

-Oh, yo me ocuparé de eso. Seré el responsable de mi irresponsabilidad- rió Zorf- Pro favor, no dejes que decida nada. Si me dejas hacerlo, yo lo precipitaría demasiado y arruinaría todo el plan-

Zelgadiss rió. Era la primera vez que la Furia de Rezo reía tan fuertemente desde que se convirtió en quimera.

Crónica de una Quimera-3 “Avance Nocturno”-Fin-

*Notas de la Autora:

 Aquí se ven una vez más características sobre Zorlf que son invención mía. Una es que no bebe, como ya dije en el primer capítulo, done él dice que si le pagan en especias, que sea solo comida y nada de licores. Aquí no digo eso, pero sí que bebe té y no vino. Otra más es que a él le gusta jugar al ajedrez; en las novelas originales hay una escena en que se ve a Xelloss y Rartark jugando a eso mismo, pero ambos son Mazoku y no sé si en las novelas originales Zorlf le gustaba o no el ajedrez, eso es invención mía.

Lo último es que Zorlf prefiere que las cosas sigan su curso y rara vez se decide a hacer algo, aunque esto aparecerá más en los capítulos siguientes.


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