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Capítulo-4
"El Rostro Inesperado"
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-¿Eres tú quién me ha estado observando?- preguntó. Su aire eran tan sediento de sangre que Zorf se quedó paralizado - ¿Cómo lo hiciste y qué es lo que quieres?- dijo el hombre de blanco- Sí... Sabías que yo iba a venir aquí, ¿pero por qué tú también lo has hecho?, ¿querías molestarme?- -Yo... yo.. yo solo quería saber cómo harías para conseguir lo que querías de esos bandidos.- dijo la voz temblorosa de Zorf - ...Así que sabías que yo vendría solo. –dijo el hombre de blanco- Ahora ya sé lo peligroso que eres para mí.- Zelgadiss desenvainó su espada acercándose a Zorf. Las palabras “El Cruel Espadachín, Zelgadiss” resonaron en su mente una y otra vez e inconscientemente retrocedió unos pasos hasta que su espalda chocó contra el muro del alto risco situado junto al camino. Pero de repente gran cantidad de rocas empezaron a caer de allí. - ¡Ten cuidado!- gritó Zorf saltando hacia Zelgadiss con la intención de empujarle hacia el otro lado y así esquivar las rocas que caían, pero no pudo hacerlo pues su nariz chocó contra algo muy duro y allí se quedó. Cuando alzó la vista masajeándose su dolorida nariz, vio que Zelgadiss le estaba mirando y entonces se fijó en que el pecho del espadachín era tan duro como una roca. Sin embargo Zelgadiss estaba atónito por su reacción y le preguntó bajando su espada. -¿Qué haces?- -Te.. tenía miedo de que quedaras atrapado bajo las rocas...-contestó Zorf -¿Y?, ¿es qué tratabas de rescatarme? –preguntó de nuevo. - Sí.. –contestó Zorf señalando el muro del risco tras Zelgadiss- Pensé que estaríamos a salvo cuando nos escondiéramos bajo el risco.- Zelgadiss
suspiró. -¡Eh, eh!... ¿Cómo iban a atraparme esas rocas? – y señaló el montón de rocas que caían derechas un centenar de pasos más allá de donde él estaba Aquellas rocas habían caído por algún equipo ya que probablemente los bandidos habían tratado de matarles, pero no habían apuntado bien y perdieron la oportunidad. -Quieren cerrar el camino y atacar con flechas de fuego, ¿verdad?- dijo Zorf - No lo creo así. –contestó Zelgadiss- Si lo hicieran no podrían bajar del risco.- Cuando Zorf miró hacia la cuesta, pudo ver una docena de hombres bajando por ella con antorchas en las manos; no podían ver el camino pero sí que caminaban en fila india. Entonces Zelgadiss se bajó el embozo blanco que le cubría la cara y pasó la empuñadura de su espada justo ante sus labios. Zorf supo que estaba lamiendo el clavo de la empuñadura. “Es realmente un asesino” pensó “¡Los matará!” y el rumor relampagueó de nuevo en su mente “El cruel espadachín que mata a los que le ven su rostro” Zorf no podía distinguir su cara en la oscuridad, pero ¿le creería Zelgadiss?... Debería salir corriendo de allí. -¡Bola de Fuego!- gritó Zelgadiss y una bola incandescente explotó en medio de la línea de bandidos arrojando algunos hombres por el risco. Zelgadiss salió corriendo risco arriba hacia los bandidos que sufrían un ataque de pánico, y mientras que Zorf contemplaba el ataque del espadachín, comenzó a correr hacia el montón de rocas que cerraban el camino; entonces un hombre con un hacha en la mano saltó hacia él, pero Zorf no pudo darse cuenta por el miedo que tenía, como tampoco se dio cuenta de que Zelgadiss arrojó un cuchillo que se hundió en su garganta y el hombre calló al suelo. El espadachín de blanco mataba a los bandidos un tras otro y cuando hubo despedazado al último hombre, oyó que Zorf estaba invocando un hechizo apuntando a las rocas. Y Zelgadiss conocía el hechizo de Zorf.... - ¡No!, ¡No lo uses aquí! –le gritó, pero Zorf le ignoró - ¡Dragón Slave!- gritó Un rayo de luz roja saló disparada hacia las rocas y estas explotaron, pero la descarga y la onda de choque fue tan violenta que precipitó el estrecho sendero de la montaña. Zorf se echó la suelo aguantando las rugientes descargas salvajemente que cepillaban los riscos de cada lado del camino, mientras que los cuerpos muertos de los bandidos fueron arrojados como muñecos. Zorf saltó sobre los pies y salió corriendo sobre los escombros con el único deseo de marcharse de esa montaña y alejarse del espadachín. Corría rápido para su edad pero vio que alguien le estaba alcanzando. - ¡Échate al suelo! –gritó la figura y empujó su espalda contra el muro del risco del otro lado del sendero. Un instante más tarde gran cantidad de rocas cayeron del risco al otro lado después de que el hechizo de Zorf hiciera que las rocas se volvieran frágiles. El hechicero se sentó en el suelo cubriéndose la cabeza con las manos , pero afortunadamente ninguna roca le golpeó, y cuando alzó la vista vio que Zelgadiss estaba arrodillado frente a él con las manos apoyadas en el muro como queriendo protegerle de las rocas que caían. Zelgadiss tenía que haber sido golpeado por muchas rocas porque sus piernas estaban hundidas entre los escombros, y cuando Zorf alzó la vista también vio que algo cálido goteaba de su frente. Tocó su mejilla con los dedos y vio que era sangre. -¿Estás herido?- dijo Zorf arrodillándose en el suelo también y pudo ver algunos de los plateados cabellos de Zelgadiss asomar bajo su capucha blanca. -Estoy bien, ¿y tú?-preguntó con voz exhausta mientras que se alzaba sobre los pies. Entonces se bajó la capucha y volvió a cubrirse el rostro. -Yo también estoy bien. –contestó Zorf- Pero ¿por qué me has protegido? Pensé que querías matarme.- - Sí, lo quería. –contestó Zelgadiss. –Pero no ahora, sino cuando contestes algunas preguntas.- -¿Preguntas?- exclamó Zorf, pero Zelgadiss no contestó y volvió la vista hacia el camino cubierto de escombros y piedras. Entonces oyeron caer más rocas en la lejanía- De todas formas vayámonos de aquí. –dijo Zelgadiss- Tengo miedo de que sigan cayendo más rocas.- Saltó del montón de escombros y le tendió la mano a Zorf para ayudarle a escalar. Zorf se sorprendió al sentir la dureza de esa mano y recordó el rumor de que Zelgadiss era más que humano, pero le había visto sangrar y esos ojos donde brillaba un alma, así que no podía creer ese rumor. Los dos hombres caminaron sobre los escombros hasta que finalmente llegaron al camino principal. -Sé que usaste la magia sobre mí. –dijo Zelgadiss deteniendo el paso- ¿Cómo lo hiciste?- -Usé un hechizo para encontrar personas. – contestó Zorf sacando la bola de cristal- Te observé a través de esta bola de cristal.- -¿De verdad?-exclamó Zelgadiss sorprendido-Sé que necesitas alguna pista para encontrar a alguien o algo. ¿Es que me dejé alguna cosa en tu oficina?- -Sí. –le contestó Zorf- Usé la bolsita de piel que me diste y el barro que dejaste en mi oficina.- Zelgadiss estaba asombrado por que no podía creer a Zorf: mucha gente había tocado ese barro y la bolsita, entonces ¿Cómo había conseguido ese hombre encontrarle?- -Si solo hubiese tenido uno no habría podido encontrarte. –dijo Zorf con voz calma-Pero cuando tengo dos pistas no es difícil encontrar a una persona que haya tocado ambas. Bueno, debe ser difícil para otros hechiceros.- -Ahora sé lo sorprendente que eres. –suspiró Zelgadiss- Usas imprudentemente el “Drag Slave” y puedes usar la magia de búsqueda excelentemente. Y además, corres mucho más rápido de lo que parece, pero tampoco puedes usar magia curativa, ¿verdad?- Zorf se enfureció, pero Zelgadiss estaba en lo cierto: ninguno de los dos podía usar magia curativa, así que a Zelgadiss aún le seguía sangrando la frente. -Usa esto. –Zorf le tendió un pañuelo-Será mejor que te ocupes ya de tu herida.- -No, gracias. –dijo Zelgadiss- Usaré el mío- y se volvió dándole la espalda a Zorf para cubrir la herida de su cabeza con una prenda mientras que Zorf bajaba los ojos a los pies sin mirarle. -Vuelve a tu casa. –dijo Zelgadiss de repente-Olvida lo de esta noche.- Zorf no podía entender lo que le decía y pensó en esas palabras una y otra ve hasta que le comprendió. Entonces quedó tan sorprendido que dijo: - He oído que el espadachín Zelgadiss mata a los que ven su rostro.- -¡Eh!, ¿¡cómo sabes mi nombre!?-preguntó Zelgadiss fríamente. -Te escuché decirlo cuando te presentaste ante los bandidos. –explicó Zorf- Y ya había oído algunos rumores sobre ti- Zorf ya estaba preparado para que Zelgadiss desenvainara su espada, pero el espadachín solo podía mirarle completamente atónito. -Increíble... –murmuró- Sé que estabas bastante lejos de la guarida de los bandidos, ¿cómo pudiste escuchar la conversación de esa habitación a tanta distancia?- -Bueno.. Usé otro hechizo.-dijo Zorf- Es una variante del hechizo de búsqueda y cuando lo uso puedo escuchar conversaciones alrededor de al persona que busco.- -Fantástico.. Eres un genio. –exclamó Zelgadiss admirado. Zorf quedó sorprendido por su reacción y trató de decirle algo, pero no pudo al sentir que había alguien más oculto en la oscuridad que les rodeaba. Entonces Zelgadiss se puso tenso. -¡Luz!- Zorf arrojó una esfera de luz hacia aquella persona y entonces apareció entre la oscuridad un hombre vestido de rojo con los labios curvados en una mable sonrisa, pero cuyos ojos bajo un amplia frente y un aseado cabello oscuro estaban completamente cerrados. Zorf supo que aquel hombre era bastante peligroso. |
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El hombre de rojo caminó hacia ellos acompañado del sonido de su bastón y Zelgadiss se acercó a él, entonces Zorf pensó que ambos ya se conocían. -¿Lo conseguiste, Zelgadiss?- preguntó el hombre con voz suave. -Sí, ya tengo la otra tetera.- Zelgadiss sacó la tetera y se la tendió a aquel hombre de rojo que palpó las letras y símbolos mágicos realzados en la superficie con los dedos y murmuró algo. -La utilizaré para mi estudio –dijo- Pero de todas formas, ¿quién es este?- Zelgadiss miró a Zorf y se volvió hacia el hombre de rojo. -Ya te hablé de él ayer noche. –dijo el espadachín –Es Zorf, el hombre que encontraría dónde estaba esta tetera.- -Ya veo, pero ¿Por qué está aquí?, ¿Le has invitado tú?- -Sí, así es. –contestó Zelgadiss para sorpresa de Zorf, y el espadachín continuo mintiendo –Como te dije utiliza una magia excelente para encontrar objetos y personas. Quería que fuera nuestro hombre y yo le he llamado; creo que es perfecto para nuestro trabajo.- -¿Tú les has llamado sin decírmelo antes?, ¿Por qué?- preguntó el hombre de rojo. -Quería hablarte de él después de que él aceptase mi propuesta.- -¿Y entonces qué? ¿Estás satisfecho con su trabajo?- -Sí, es más de lo que esperaba –contestó Zelgadiss y Zorf pudo apreciar cierta sorna en su tono de voz, como también supo que Zelgadiss se estaba refiriendo a su “Drag Slave” que casi mata a ambos. -¿Zorf?- le llamó el hombre de rojo- ¿Me permites palparte el rostro?- Caminó hacia él y Zorf se dio cuenta de que aquel hombre podía hacer lo que quisiera por la fuerza, entonces se volvió hacia Zelgadiss que observaba la escena con nerviosismo. Al ver sus ojos Zorf supo que no podía decir que no. -Sí, claro.- contestó Zorf Cinco largos dedos de piel blanca se dirigieron hacia su rostro; el hombre de rojo seguía con los ojos cerrados, pero aún así, sus fríos dedos palparon la frente de Zorf correctamente, siguieron bajando por las cejas y párpados, el puente de la nariz, labios y mejillas; entonces se apartaron rápidamente. -Y tú, Zorf- dijo el hombre con calma- Quiero oír tu respuesta a la propuesta de Zelgadiss.- Intuitivamente Zorf supo que debía seguirle la corriente a Zelgadiss y su historia. -Sí, quiero aceptar... Maestro Monje Rojo.- Cuando Zorf así le llamó, la sonrisa del hombre desapareció. -Zelgadiss, ven aquí.-le ordenó el Monje Rojo y este se le acercó, entonces le sujetó por los hombros y sin ninguna vacilación, le bajó la capucha y el embozo blanco que cubrían el rostro del espadachín. Zelgadiss trató de taparse la cara con las manos, pero el Monje Rojo se las apartó y le obligó a alzar la vista y mirarle, hasta que finalmente Zelgadiss dejó caer las manos. Zorf estaba tan atónito que olvidó apartar la vista de Zelgadiss: ahora conocía el secreto del “Cruel Espadachín, Zelgadiss”; su piel que ahora reflejaba la luz, era de roca azul oscura y sus cabellos estaban hechos de metal que brillaba como la plata. Zorf recordó la palabra “quimera”. “Ahora sé por qué su pecho y manos eran tan duros” pensó. El Monje Rojo examinó la cabeza de Zelgadiss y dijo: -Estás herido. No es anda serio pero sigues estando mal. Háblame ya, no seas tan cabezota. –Zelgadiss no contestó y dejo que el Monje Rojo se ocupara de sus heridas –Sí, tu cuerpo es extremadamente fuerte –dijo el Monje Rojo cuando retiró la venda que retenía la hemorragia- Pero cuando estás herido necesitas que te curen. Recuerda quién te dio este cuerpo y que debes cuidar tu regalo.- Zorf sintió como si misteriosos sentimientos vinieran y volvieran entre ambos hombres, peor antes de poder pensar en ellos, estos desaparecieron y oyó el bajo canturreo de un hechizo. Rápidamente Zelgadiss se curó. -Dime cómo te hiciste esa herida. –dijo el Monje Rojo- No creo que fuera porque te atraparan.- -Las rocas del risco cayeron sobre mí.- contestó Zelgadiss -¿Te cayeron las rocas encima? ¡Ah, claro!: hubo una explosión en las montañas que supongo causaría algún hechizo, ¿no?- -Sí, fue el “Drag Slave” de Zorf- -¿El “Drag Slave” de Zorf? Hmm... No debí de juzgarle por su apariencia.- comentó el Monje Rojo y Zorf se sintió molesto al oír “apariencia” en boca de un hombre ciego, pero recordó que palpó su rostro, así que no dijo nada. -De acuerdo Zelgadiss, ocúpate tú de Zorf. Más tarde me contarás qué has hecho. –ordenó el Monje Rojo y caminó alejándose de ellos en la oscuridad. |
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Por un momento Zorf se quedó mirando la oscuridad, entonces notó que la luz mágica se había vuelto débil, pero al darse cuenta que Zelgadiss no había vuelto a cubrir su rostro con la capucha y el embozo, vaciló de invocar otra luz. Pensó en la conversación: tenía que haber sido cruel para Zelgadiss, pero ahora no podía saber cuáles eran sus sentimientos. Finalmente Zelgadiss invocó otra luz en la punta de un puñal para sostenerlo como una antorcha, y se puso la capucha antes de comenzar a caminar. -¿Cómo supiste que era el Monje Rojo?-le preguntó a Zorf. -Cuando le diste la tetera me di cuenta de que era un hechicero. –contestó- Lleva ropas rojas, es ciego y es un hechicero... viendo todas esas evidencias cualquiera puede darse cuenta de que es el Monje Rojo.- -No es eso lo que quería saber. –dijo Zelgadiss en voz baja. -¿Qué?- -Tú sabes que el Monje Rojo es considerado uno de los Cinco Grandes Sabios de la actualidad. Y también sabes lo que hice en la guarida de los bandidos: los maté. Soy un Asesino, un demonio, y el Monje Rojo un santo. Es imposible que la gente llegue a pensar que el Monje Rojo y yo nos conocemos, y no como enemigos...- “Sí, está en lo cierto” pensó Zorf mirándose los zapatos. Él había oído decir que Rezo, el Monje Rojo, era u maestro en los secretos de la magia y que había efectuado milagros por todas partes salvando a gente de peligrosas enfermedades; pero ahora también sabía que ese santo podía ser el jefe de Zelgadiss. -Hmmm.. ¿Cómo te lo diría?- contestó Zorf-Bueno, yo creo que todas las personas tienen dos caras, como he podido comprobar gracias a mi trabajo. Si hay una luz, debe haber una sombra, y contra más brilla esa luz, más oscura es esa sombra... Conozco la buena reputación del Monje Rojo, pero incluso si se le llama “Santo”, sigue siendo un humano y pudiendo tener una doble cara como todos los demás. Así que cuando pienso en su rostro de santo, en realidad creo que debe tener un lado oscuro y muy demoniaco, ¿verdad?- Zorf cayó de repente y alzó la vista para encontrarse con los ojos de Zelgadiss; al verlos una idea relampagueo en su mente. -¡Oh, diós...! Ese Monje Rojo te hizo... –dijo Zorf y Zelgadiss se detuvo para mirarle. Zorf lamentó ser tan bocazas pero Zelgadiss no le reprendió. -Hablas demasiado deprisa...- dijo Zelgadiss- Me gusta tu inteligencia, peor sería mejor que pensaras antes de decir o hacer algo. Si no lo haces, morirás joven.- -¿Quieres decir que no puedo ser tu hombre?-preguntó Zorf -¿Me tomaste en serio?-replicó Zelgadiss “¡Ah!, ¿pero no iba en serio?” pensó Zorf para sí, entonces dijo con una sonrisa. -Por favor, no bromees. Fuiste tú quien dijo que me habías llamado, y lo hiciste porque pensaste que si el Monje Rojo descubría que yo había venido hasta aquí por mi propia voluntad, él me habría matado ¿O estoy equivocado? Hasta donde he podido ver, el Monje Rojo es un hombre que no quiere ser parsimonioso en sus asuntos. Incluso cuando le guiñaste un ojo, el se habría dado cuenta de lo que hacías y hacernos algo a los dos. Quiero sobrevivir y esta es la única forma que tengo de hacerlo, ser tu hombre.- -Pero, ¿no lo entiendes?- dijo Zelgadiss en tono amargo –Deberás abandonar una vida ordinaria y nunca podrás echarte atrás.- -Yo nunca he tenido una vida ordinaria –contestó Zorf sacudiendo la cabeza- Creo que tu trabajo es excitante para mí: ¡Por favor, Zelgadiss, se mi jefe y yo seré tu hombre!- -No te equivoques. –replicó Zelgadiss- Yo no soy tu jefe, es Rezo.- Zorf notó que la voz de Zelgadiss era algo temblorosa, e insistió en que Zelgadiss debería ser su jefe diciendo. -Salvaste mi vida, y en ese momento no tenías ninguna razón en particular para hacerlo. Si no decías que me habías llamado, el Monje Rojo me habría matado allí mismo. Dices que Rezo es el jefe, entonces tú estás en contra de tu jefe, ¿por qué?- -Tú salvaste mi vida sin ninguna razón antes de que yo te la salvara. –respondió Zelgadiss. -¿Yo te he... antes que tú a mí? No entiendo qué quieres decir.- Zorf estaba sorprendido. -Cuando los bandidos dejaron caer aquellas rocas, tú trataste de ayudarme aunque yo tuviera la espada en la mano. –explicó Zelgadiss- Yo iba a matarte y tú lo sabías bien, ¿por qué trataste de ayudarme?- Al escucharle Zorf tuvo una impresión distinta del espadachín. “Este hombre se siente en deuda conmigo, peor aún así mi ayuda era innecesaria para él” pensó “No sé por qué” -Pero es que si veo a alguien atrapado bajo una roca, no puedo olvidar a escena. No me gustan esas cosas.- dijo. -Si no te gustan, solo tenías que cerrar los ojos y darte la vuelta. –dijo Zelgadiss mirando el suelo –No hiciste ninguna de las dos y trataste de ayudarme.- Zorf tuvo la sensación de que ahora Zelgadiss tan solo parecía un jovencito novato muy diferente del cruel espadachín que había amenazado al líder de los bandidos, y se sintió cada vez más interesado por él. -Si aprecias mis actos, déjame ser tu hombre, por favor. Realmente quiero serlo. –dijo con una sonrisa. Zelgadiss le miró con dureza: su corazón estaba lleno de remordimiento, se recriminaba a si mismo, pero también era la primera vez que sentía remordimientos por alguien desde que se convirtió en la “Furia de Rezo”. El largo invierno de su corazón y su alma estaban llegando a su fin en ese momento. |
*Notas de la Autora:
Al hablar de las katanas, una espada Japonesa, hay que señalar que estas tienen uno pequeño clavo en la hoja. Cuando el espadachín lo lame, las láminas del clavo vuelven pegajosas, así que la hoja queda más fijada. Así que cuando un espadachín hace ese gesto, lo que está indicando es que tiene una fuerte voluntad de cortar algo o alguien.