“Si quieres encontrar a alguien o algo
Yo soy el hombre que necesitas
Porque yo encontraré a ese alguien o algo
Arrastrándose a través de la noche.”

Capítulo -3

El Demonio Espadachín

Aaaaaaah!, ¡mamá!-

-¿Qué pasa, Max, hijo mío?-

-Él me pegó.-

Un descarado chico se escondió tras la falda de su madre señalando al hombre situado algo más allá de él. Parecía tener casi cuarenta años y miraba al chico con ojos furiosos.

-¡Oh, Max!, ¡Te dije que no tocaras a ese hombre!-la madre apartó al chico de ella, pero no por estar enfadad con él sino por miedo a aquel hombre.

-Un chico travieso debería tener su dinero para pagar! ¡No vengas aquí más veces!-gritó furiosos el hombre dejando a la mujer y su hijo.

En realidad ese hombre era Zorf , a quien se le había sido negado el título d hechicero en la Asociación de Hechiceros de Gaira, y también había atentado contra la familia de un oficial de la Asociación. Habían pasado cuatro años desde que abandonó Mohve, de donde fue expulsado por un líder de las bandas de la ciudad por haber delatado a los bandidos con su magia. Había estado viajando sin rumbo fijo durante unos años, ganando algún dinero de los mercaderes que le pagaban por encontrar con su magia lo que buscaban, de hecho se había hecho algo famoso entre los mercaderes de caravanas, y fue entonces cuando uno de ellos le presentó a un terrateniente que le pidió a Zorf que se estableciera en una de sus tierras. De esa forma Zorf se había establecido un una pequeña ciudad entre Atlas y Sairaag por alrededor de un año y medio; allí abrió una pequeña oficina de detective y ganó dinero por encontrar objetos y personas desaparecidos. La mayoría de los clientes era mercaderes de caravanas y algunos  villanos de la ciudad, pero muchos de ellos preferían no tener nada que ver con él, pues sabían algo acerca del hechicero y por extensión, tenían miedo de algunos de sus clientes que le visitaban por la noche y le evitaban. Sí, una vez más Zorf estaba sumergido en el submundo, y un anoche tuvo un visitante de esa clase...

-La puerta está abierta –contestó Zorf a la persona que había llamado a la puerta sin levantarse de su silla junto a la ventana.

La puerta se abrió y apreció un hombre totalmente vestido de blanco y Zorf le reconoció como alguien que ya había estado allí antes.

-Hechicero Zorf, estoy satisfecho con tu último trabajo y ahora te necesito para uno nuevo.- dijo aquel hombre que llevaba una capa blanca y una capucha del mismo color que le cubría hasta los ojos mientras que un embozo le tapaba la cara totalmente, todo esto a principios de una noche de verano.

Zorf le hizo un gesto con la mano señalando una mesa de madera en el centro de la habitación. No esperaba que ese hombre viniera de nuevo y recordó que le pidió que buscara un artículo mágico hacía unos dos meses. EL hechicero sintió algo diferente en él de los así llamados, “bandidos”, algo más salvaje y algo más entusiasmado. Supuso que ese hombre buscaría ese objeto, pero no por dinero, sino por algún motivo relacionado con la magia.. y no ya para estudiarlo, sino por obtener algún beneficio, como por ejemplo, ser famoso o conseguir algún gran poder. Aquel hombre parecía tener un corazón ardiente y Zorf estaba cada vez  más interesado en él.

-Como dices que estás muy satisfecho de mi trabajo, supongo que conseguiste lo que buscabas, ¿Verdad?- peguntó Zorf y su cliente asintió.

Entonces el hombre de blanco puso una tetera sobre la mesa y Zorf se dio cuenta que además de tetera, también era un objeto mágico, probablemente una pista de lo que ese hombre buscaba en realidad. Zorf supo que eran un apareja de tetaras y esperó a que ese hombre le pidiera que encontrase dónde estaba la otra “¡Este hombre está buscando otra vez un objeto mágico!” pensó sin decir nada, sabedor  de que esa clase de clientes no quieren que se sepa nada sobre ellos. Entonces el hombre dijo:

-Quiero que encuentres dónde está la otra tetera que hace pareja con esta. Creo que no debe estar muy lejos de aquí.-

-¡Ah!, ¿Por qué lo cree así?-preguntó Zorf.

-Hasta donde sé un mercader tenía la otra tetera y trató de vendérsela a algún noble de alguna parte .- explicó el cliente- Pero hace unos cinco días unos bandidos la robaron y quizás esos ladrones aún la tengan en su guarida.-

-Ya veo. Bueno, vamos a ver... –dijo Zorf sujetando la tetera con la mano –Es una petición delicada, pero tan cerca como este, puedo encontrarla fácilmente.-

Contempló las letras mágicas escritas sobre la superficie del objeto: era más difícil encontrar un objeto mágico que uno normal ya que todos los objetos mágicos poseen cierta longitud de onda mágica y un mago puede buscar un objeto de acuerdo con esa longitud de onda, pero la diferencia de onda entre dos objetos tan parecidos es mínima. Eso lleva a un mago a decidir el objetivo de longitud de onda tan exacto como pueda, y si se busca alrededor de esa longitud de onda uno por uno y no sabría cuál es el que en realidad busca. Incluso si se pudiera decidir por una longitud de onda en concreto, seguiría sin encontrarlo si se ha equivocado al escoger. Así que Zorf sabía que era más importante encontrar la longitud de las ondas mágicas del objetivo, y eso no era un trabajo difícil.

Cuando tuvo uno del par de teteras, solo tuvo que estudiar la longitud de onda de la que tenía en la mano porque la otra debía tener resonancia longitud de onda en resonancia con ella. Zorf extendió un arrugado papel que tenía la longitud de algo menos que su brazo y sobre el que había dibujado un pentagrama junto a muchas letras mágicas; puso una bola de cristal en el centro del pentagrama y la tetera en el extremo norte del papel, entonces invocó el hechizo de “Tierra, Aire, Agua y Fuego” un ay otra vez con cierto golpeteo y copiando la reforzada longitud de onda de la tetera en la bola de cristal. Volviéndose de la tetera a su cliente, Zorf extendió otro amarillento papel con un gran círculo dibujado y colocó la bola de cristal en su centro. Entonces comenzó a buscar el otro objeto y mientras cantaba la invocación, aparecieron muchas imágenes aparecieron sobre la superficie de la bola de cristal y pequeñas luces parpadeantes rodearon el círculo.

-Buen trabajo. Es admirable. –murmuró el cliente.

Zorf sintió un escalofrío recorriéndole la espalda la ver que su cliente debía tener un gran conocimiento sobre magia: sin él, ese hombre no habría podido apreciar su habilidad. “Debe ser un hechicero... pero tiene un aire sangriento, ¿verdad?” Zorf había estimado que aquel hombre debía ser aún joven a causa de su voz, pero ¿por qué un hombre tan joven tenía semejantes conocimientos de magia?, ¿y por qué ese hombre buscaba solo objetos mágicos? Zorf estaba cada vez más interesado en su huésped: él amaba el suspense y los trabajos peligrosos, de hecho aceptaba los trabajos de las bandas no por dinero, sino por el peligro. Así que cuando vio que su cliente era alguien peligroso, se interesó más por él.

-¡Lo conseguí!- le dijo a su cliente- Como dijo, está cerca. –miró a su huésped escondiendo en miedo y la alegría  -Más allá de dos villas de aquí yendo hacia el noroeste hay una montaña rocosa, en su lado sur está la guarida de los bandidos, y en la cámara del tesoro está la otra tetera.-

-Gracias-dijo su cliente escondiendo la tetera en su capa y sacando en su lugar una pequeña bolsa de piel. Cuando la puso sobre la mesa, aún sin abrirla, Zorf oyó el sonido del metal e imaginó cuántas había dentro, “Con la idea de que el dinero me haga callar” pensó Zorf cogiendo la bolsita, la abrió y vio algunas monedas de oro dentro. Cuando alzó la vista hacia su cliente, vio que este le miraba fijamente, y sintiéndose presionando por su frío aire sangriento, asintió para decirle que comprendía el significado de aquel dinero.

El hombre de blanco salió de la oficina sin una palabra, y viendo cómo se cerraba la puerta, de repente Zorf se sintió aturdido y se dejó caer sobre al silla.

 

          Algo más tarde Zorf salió de su casa tras ponerse la capa y la capucha; se había hecho a la idea de ir a la guarida de los ladrones a donde se iba a dirigir a su cliente. Zorf no quería ayudarle, pero tampoco molestarle, solo saber lo que el hombre de blanco iba a hacer allí y cómo iba a conseguir la tetera. Zorf se imaginó que ese hombre iría completamente solo ya que había sentido que su cliente tenía una fuerte confianza en su habilidad para la lucha.

          A la tarde del día siguiente Zorf llegó a la montaña rocosa en la que estaba la guarida de los bandidos. Salió del estrecho sendero y corrió por la montaña hasta esconderse bajo un risco. Sabía que la guarida de los bandidos estaba en alguna parte por encima de su cabeza, así que sacó la bola de cristal y un papel arrugado en el que había un círculo mágico para encontrar a personas; Zorf también sacó la bolsita de piel de su cliente le había dado con las monedas de oro, y vertió una poción mágica sobre el círculo. Cuando invocó el hechizo apareció el reflejo de una persona sobre la superficie de la bola de cristal del papel: su cliente de blanco a quien Zorf había estado siguiendo hasta llegar a la montaña. Probablemente Zorf se le adelantó porque conocía algunos atajos.

Mientras que contemplaba el reflejo en la bola de cristal, vio que ese hombre se detenía y miraba a su alrededor como si tratase de encontrar al apersona que le observaba.

-¡De ninguna manera!- Zorf negó la idea de que ese hombre hubiese percibido que le estaban observando; no quería creer que nadie pudiese sentir cómo él usaba su magia.

Pero pronto vio cómo el hombre comenzaba a caminar de nuevo hacia la montaña tras haber encontrado el sendero que conducía a la guarida de los bandidos. Entonces aparecieron varios hombres y rodearon al extraño de una vez, y tras una pequeña conversación, le condujeron hasta su guarida. Zorf vertió una poción mágica en el círculo otra vez e invocó otro hechizo: esta vez trataba de escuchar la conversación alrededor del hombre de blanco con un hechizo original suyo que solo podía usar a distancias no demasiado grandes. Cuando lo conjuró, vio que el hombre de blanco, que permanecía en medio de una gran sala de la guarida de los bandidos, miraba al aire como si viese algo invisible para los demás; entonces Zorf tuvo que admitir que aquel hombre de blanco podía sentir cómo él usaba la magia sobre él. “No puede saber qué magia es” pensó “Pero si sabe que alguien ha invocado un hechizo sobre él ¿Acaso tiene tanta energía mágica?  Pero Zorf no tenía intención de dejar de observar y escuchar a ese hombre y siguió observándole en la bola de cristal.

Por entonces el sol ya se estaba poniendo.

-Sé que atacasteis a unos mercaderes dela ciudad de Atlas hace seis días- dijo el hombre de blanco –Y quiero lo que les quitasteis.-

-¿Tú quieres?- exclamó el líder de los bandidos -¡Eh!, ¡piensa primero lo que dices o te haremos pedazos!-

-No quiero decir que lo vaya a conseguir gratis. Pagaré el precio.-

-¿Y qué precio?, ¿dinero?, ¿gemas?-

-Vuestras vidas. –dijo el hombre de blanco en tono calmo y dejando en silencio a todos los demás hombres de la sala.

-¿Qu... quién eres tú? –preguntó el líder en voz baja.

-Mi nombre es Zelgadiss.-

Zorf conocía aquel nombre. Una vez un ladrón le habló del “Cruel Espadachín Zelgadiss”: aquel espadachín siempre atacaba las guaridas de bandidos que tenían uno o varios objetos mágicos, y siempre conseguía lo que quería. Cuando algún miembro de la banda rehusaba, el espadachín destruía toda la guarida; es más, mataba a la gente que le había visto el rostro, así que ninguna sociedad oscura podía publicar un cartel de “Busca y Captura” con su retrato. Pero Zorf no podía creer que aquel hombre de blanco fuese el espadachín Zelgadiss ya que había oído hablar de él desde hacía cuatro años, y si ese hombre era efectivamente Zelgadiss, que apenas debía tener unos veinte años, ¡entonces había estado actuando desde la adolescencia! Era increíble que un adolescente fuese tan maestro en la magia y en al espada, eso sin mencionar sus audaces y fríos actos de sangre que había hecho.

-Has oído  mi nombre, ¿verdad?-dijo Zelgadiss.

-¡Eso no prueba que tú seas Zelgadiss! –replicó el líder.

-No, pero sabes la razón por la que nadie conoce mi rostro. –dijo el espadachín, esta vez en tono burlón.

-He oído decir que Zelgadiss es más que humano...-

Zelgadiss permaneció un momento en su puesto, entonces miró a los bandidos de alrededor repartidos a lo largo de los muros; miró a uno de ellos, caminó hacia él, y sacó la daga de su cinturón, y con ella en la mano, el hombre de blanco, se giró hacia el líder de los bandidos. De repente, clavó la daga en su medio enguantada mano izquierda ¡CRACK! La daga se rompió en vez de hundirse en su mano.

-¿¡Zelgadiss es más que humano!?- murmuró Zorf recordando los ojos que había visto la noche antes y en los que había visto también brillar el alma de un humano. Si o era un humano, entonces ¿Acaso era un  monstruo con lama humana?

Sobre la superficie de la bola de cristal vio al hombre de blanco arrojar la daga rota a un lado.

-¿Es suficiente?-preguntó.

-¿Q... qué es lo que quieres?-dijo el líder dándose por vencido. No había nada que hacer contra él -¿Los necesitas todos?-

-Déjame que los vea. Si hay demasiados, elegiré e el que quiera.-

El líder de los bandidos ordenó a varios de sus hombres que trajeran los tesoros. Cuando volvieron con grandes bolsas de cáñamo y Zelgadiss se dirigió hacia ellas, tres robustos hombres se apresuraron hacia el espadachín, uno con un mazo, otro con un hacha de batalla, y el último con una larga espada.

-¡NO!, ¡deteneos!- gritó el líder, pero ya era demasiado tarde.

Zelgadiss se movía demasiado rápido; cortó la axila del hombre del mazo con el canto de la mano y entonces cogió su arma con la mano izquierda balanceando el hacha hasta que la hundió el hombre, pero antes de chocar contra su compañero, un fino cuchillo se hundió en su corazón. Pero Zelgadiss no pudo esquivar la gran espada cuya larga y blanca hoja golpeó su costado y el dueño de semejante arma sintió sus manos dormidas por el choque, así que antes de poder moverse, otro fino cuchillo se hundió en su sien. El cuerpo cayó laxo al suelo, y al mismo tiempo el hombre del hacha de batalla liberó el cuerpo muerto de su compañero sintiendo el pánico, la furia y el miedo, y sabiendo que los otros dos atacantes ya estaban muerto. El hacha de batalla dio el fatal ataque con furiosa energía, pero perdió la capa blanca por un pelo; una manga blanca emergió de la capa y una mano desnuda agarró firmemente el rostro del hombre del hacha.

-¡Yip!- el hombre dejó caer el hacha y agarró la cruel mano con las suyas, pero aquella mano de muerte no le soltaba. Cinco dedos se hundieron lentamente en la cara hasta que esta sangró y todos oyeron el sonido de los huesos al romperse. La víctima soltó un débil grito y trató duramente de liberarse, pero la dura mano no le dejó hacerlo.

Finalmente, el sonido del  hueso de la nariz al romperse hizo eco en la sala y la víctima se quedó completamente inmóvil.

         Zelgadiss arrojó lejos el cuerpo del bandido y caminó hacia las bolsas de caña que contenían el tesoro que los bandidos habían abierto para él; se limpió la sangre con una de las bolsas y se puso el mitón; entonces extrajo la tetera y cogió algunos otros objetos de las bolsas. Una vez que hubo acabado, abandonó la guarida de los bandidos sin mirar atrás.

*Notas del Autora:

 Como ya dije antes, al principio quería que esta historia empezase con el encuentro de Zelgadiss y Zorlf. Pero cuando cambié de idea, el episodio de su encuentro se hizo muy largo y lo dividí en dos, aunque realmente no quería hacerlo.

 En cuanto a Zelgadiss, creo que consiguió labrarse una mala reputación a causa de sus actos a sangre fría, cosa que ya mostré en la 2ª parte. En la serie, le llaman “El cruel Espadachín” (Ma-kenshi) pero en las novelas no tiene ese sobrenombre. En mi historia han pasado unos 2 años desde que Zelgadiss se convirtiera en quimera y pasaran 8 en total antes de su encuentro con Lina, pero esa es mi idea porque en las novelas originales Zelgadiss se convirtió en quimera unos 3 años antes de encontrase con Lina.

 Sobre la magia de búsqueda, todo lo que digo sobre Zorlf son invenciones mías, como lo de la magia para escuchar conversaciones a distancia, cosa que también hice para hacerlo todo mas sencillo. Por el contrario, Zorlf no podía ver imágenes a larga y corta distancia en la bola de cristal, solo colorines. ^_^


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