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Antonio
López de Santa Anna ![]()
1795-1876
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Nació en Jalapa, Veracruz, el 21 de
febrero de 1795. En 1810 ingresó como cadete al ejército y desde entonces luchó contra
los insurgentes; fue ascendido a coronel por Iturbide, el 1 de marzo de 1821, cuando se
unió al Plan de Iguala. Se caracterizó por ser un oficial temerario, indeciso y cruel.
El 29 de agosto de 1829 fue ascendido a general de división, por el entonces Presidente Vicente Guerrero.
Fue Presidente de la República en nueve ocasiones. En su vida se registran varios éxitos
militares y políticos, sin embargo, el que le daría popularidad fue el triunfo sobre
Barradas, en Tampico, en 1829. Tiempo después perdería la guerra separatista de Texas en
la que fue hecho prisionero y obligado a firmar los Tratados de Velasco; ordenó a Vicente Filisola el retiro de las tropas aceptando así la
independencia de aquella región.
Estando prisionero Santa Anna, escribió una carta al Presidente Jackson de los Estados
Unidos, ofreciéndole trabajar por la paz, y después de pasar por una serie de
humillaciones, logró su libertad. Regresó a México en una corbeta de guerra, que le
proporcionó el mismo Presidente, desembarcó en Veracruz, sin ser sujeto al proceso que
correspondía.
En 1838 combatió contra los franceses en la llamada Guerra de los Pasteles, recobrando
así su popularidad. En esta batalla perdió una pierna que fue enterrada solemnemente en
el cementerio de Santa Paula de México. Más tarde fue exhumada por el pueblo mismo y
arrastrada en señal de protesta.
En 1843 reorganizó la academia de Bellas Artes, mandó traer maestros europeos y dio
becas a estudiantes. Como su situación en el gobierno era insostenible, en 1845 decidió
embarcarse rumbo a La Habana, en donde permaneció hasta 1846, cuando debido a la
revolución de Jalisco, fue reclamado para ocupar la Presidencia.
Participó activamente en la guerra contra los Estados Unidos, durante el periodo
comprendido de 1847 a 1848, año en que huyó a Jamaica, después de que el pueblo
mexicano lo desconoció y señaló culpable de los errores cometidos en la guerra.
El 1o. de marzo de 1854 el coronel Florencio Villarreal proclamó en Ayutla, del ahora
estado de Guerrero, un plan revolucionario que contenía tan sólo tres puntos: desconocer
a Santa Anna como Presidente de la República, formar una junta para nombrar a un
Presidente interino y que éste convocara a un Congreso Constituyente. El coronel don Ignacio Comonfort, quien era jefe de la aduana de Acapulco, se
unió al Plan de Ayutla, y le hizo algunas reformas. Era reconocido como jefe de la
revolución el general Juan Álvarez. La rebelión se extendió,
haciendo que el propio Santa Anna al frente de seis mil hombres saliera a combatir a los
rebeldes, a los que derrotó en El Peregrino por lo que Juan Alvarez decidió replegarse a
Acapulco.
Por novena vez, Santa Anna asumió el poder -última ocasión- durante el periodo
comprendido entre 1853 a 1855, se hizo llamar Alteza Serenísima. El 15 de septiembre de
1854 se cantó por primera vez el Himno Nacional, con la letra de Francisco González Bocanegra y la música de Jaime
Nunó, en el teatro Santa Anna de la Ciudad de México. En 1855 al triunfo del Plan de
Ayutla, cayó definitivamente del poder y salió huyendo de México.
Durante la intervención francesa ofreció sus servicios tanto a Juárez
como a Maximiliano, siendo rechazado por ambos. En 1867 fue
aprehendido y condenado a ocho años de destierro.
Al cabo de unos años solicitó permiso para volver, pero no fue sino hasta 1872, a la
muerte de Benito Juárez, cuando Sebastián Lerdo de Tejada se
lo concedió. Los dos últimos años de su vida vivió en la Ciudad de México, donde el
21 de junio de 1876, murió.