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La lenta migración de los
apaches hacia el sudoeste, que duró más de 500 años,
estaba a punto de finalizar cuando llegaron los españoles. Los
jicarilla, los mescalero
y los chiricahua son quizá las tribus
apache más conocidas, pero había
también docenas de grupos pequeños, independientes que hablaban
dialectos del lenguaje "athapascan". Llevaron consigo un conjunto
de creencias muy diferentes de las de los pueblo
o de las de los pima y papago.
Estas creencias se originaron en los bosques nórdicos de la patria
canadiense de los apaches donde la agricultura
era imposible y los hombres dependían de la caza. La forma de vida
de los apaches no contaba con los ciclos
repetitivos, lentos de los agricultores; la caza reclamaba una actitud
muy diferente en la que largos períodos de espera se resolvían
en unos cuantos momentos de extrema actividad. Además, debido a
que la caza era a menudo una actividad solitaria, el apache
valoraba el individualismo y las decisiones personales mucho más
que los grupos pueblo que realizaban cada
acto para reforzar la cohesión de la tribu.
Ningún miembro de las tribus apache
estaba ligado formalmente por nada que no fuera su elección personal.
Esto no niega la solidaridad de sus clanes ni las influencias recibidas
por tener parientes cercanos en el grupo por hablar un dialecto particular
de la lengua apache. De todas formas, esta falta de vínculos formales
evitaba la formación de estructuras tribales muy organizadas. Cada
cual era libre de seguir al jefe que eligiera, lo que producía
que los grupos apaches fueran pequeños
y móviles, compuestos de hombres con un fuerte sentido de la independencia
y de la libertad individual.
Vivir de la caza obligaba a los apaches a
permanecer nómadas siguiendo las migraciones de los animales de
los que dependían; también introducía un elemento
de respuesta agresiva. Esto se hizo visible en sus contactos con los españoles
que llevaron manadas de caballos a Santa Fe. Los apaches
robaron las manadas y se convirtieron en las primeras tribus indias americanas
que tuvieron caballos, lo que los capacitó para ampliar sus territorios
de caza. Esta expansión condujo a la introducción de influencias
de los grupos tribales en la periferia de la zona sudoeste.
Los apaches eran progresistas, adoptaban
con presteza las orientaciones nuevas y las incorporaban a su bagaje cultural.
Los vestidos apache, por ejemplo, se hacían a menudo con gamuza
y se decoraban con flecos largos, cosa que se asocia más bien con
las tribus de las llanuras. Algunos grupos, como los
jicarilla y los kiowa-apache, adoptaron
el "tepee" como vivienda en vez de la tienda tradicional cubierta
de maleza. Sin embargo, producían al mismo tiempo sus propios trabajos
de cestería ejecutados soberbiamente, fácilmente comparables
en calidad con los de los pima y los papago.
Incluían en estos trabajos cestos de almacenamiento en los que
guardaban el grano.
MITOLOGÍA APACHE
Aunque el entorno desierto del
sudoeste era muy diferente al de sus bosques originales, los apaches
se adaptaro rápidamente y añadieron elementos nuevos a su
ya rica mitología. Trata de la búsqueda de una patria en
la qu eran ayudados por los Dioses Gemelos de la Guerra qu viajaban por
la tierra y destruían a los monstruos estableciendo así
los límites del mundo y las zonas en las que los grupos podían
vivir. Son relatos de un viaje fantástico asistido por la Mujer
Araña y otras deidades que está mezcladas con un punto de
vista vital y lleno de colorido acerca de una realidad a menudo difícil;
relatos de la Mujer Cambiante que con su continua renovación, cambio
y rejuvenecimiento es una deidad dominante que simboliza la esencia del
pensamiento apache.
Para los apaches el mundo estaba en continuo
movimiento. No tenían el deseo de llevarlo a un centro estético
y gran parte de su ritual y sus creencias se centraban en elementos que
eran inmediatos y espontáneo Cuando un apache
emitía un «canto por los caballos» se refería
a la Brida del Sol no cantaba para adquir sino para celebrar; hablaba
del poder investido en la brida por el sol pero colocada por él
mismo a través su reconocimiento y participación en la liberación
de energía del astro. Su caballo era parte de la tierra, aliento
del animal era el aire del desierto, su ligereza era la del viento. Para
los apaches el mismo aire, el mismo viento formaban a las personas y a
las mesas; el mismo poder calentaba un grano de arena y daba energía
a los hombres y las mujeres.
Incluso sus deidades principales, los "Gan" o espíritus
de la montaña, tienen una imnediatez que es totalmente distinta
de la poseída por otras deidades de la región (aunque muchos
estudiosos del Sudoeste sitúan firmemente el origen de los espíritus
apaches entre los indios pueblo).
La fuerza de los Gan se deriva tanto de los bosques como del desierto
y se retrotrae al Oso y la Serpiente así como se vincula con el
Rayo y las Estrellas. Pero son una parte del sudoeste en tanta medida
como los Kachinas, derivándose de
la brusquedad de la tierra y de las necesidades nómadas más
que de un deseo de crear las pautas constantes, uniformes que son esenciales
para los agricultores.
LAs DANZAS DE LOs GAN
Los espíritus de la montaña
bailan sólo de noche ante fuegos grandes que los hacen oscilar
constantemente entre la luz y las sombras. Cuando aparecen hay una conciencia
callada del impresionante poder que poseen. Su danza es de búsqueda
y vienen de las Cuatro Direcciones acercándose al fuego desde el
este, el sur, el oeste y el norte. Emiten gritos que se hacen eco del
pasado y tienen una simplicidad y franqueza primitivas que tocan una cuerda
inconsciente profundamente enraizada dentro del propio reconocimiento
de cada individuo.
Durante la representación el pueblo vuelve a vivir el origen de
los apaches y las migraciones de sus ancestros.
Las bendiciones que otorgan los espíritus de las montañas
pasan por las mujeres de la tribu que encierran a los espíritus
en un círculo que se mueve lentamente y que se baila al borde de
la lumbre. Sin embargo, hay recordatorios de la falta de omnipotencia
de los espíritus de la montaña. Los acompaña un payaso.
Va detrás de ellos agitando carracas e imita sus movimientos de
una forma humorística y grotesca. Pero es el más sagrado
de los bailarines, el que guarda a los espíritus de las montañas
y aleja las influencias negativas evitando que entren en el círculo.
La yuxtaposición de seriedad y humor caracteriza gran parte de
la vida de los apaches y los visitantes que
acuden a sus ceremonias se sorprenden frecuentemente, y se extrañan
a veces, al observar que rituales de una profunda naturaleza religiosa
tienen lugar junto a danzas sociales, juegos de azar y carreras de caballos.
Pero la contradicción está en la mente del visitante que
no se ha dado cuenta de que la necesidad de celebrar y divertirse es tan
sagrada para los apaches como el cántico
que murmura el chamán (o hechicero) mientras espolvorea tierra
coloreada para hacer una pintura religiosa en la arena. Las celebraciones
son una afirmación de la vida y no una falta de respeto por los
rituales.
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