Contra la Ronda del Milenio de la OMC

POR UNA ECONOMÍA AL SERVICIO DE LOS PUEBLOS

La "globalización económica"


1. El término "globalización económica", empleado indistintamente por defensores y detractores del sistema capitalista (lo cual constitye seguramente un problema), se presenta casi siempre como un proceso inevitable, al que abocan las leyes de la economía y de la historia. ¿Es así realmente, o por el contrario la globalización responde a una "decisión" de las clases dominantes a nivel mundial? Veamos algunas de las características que podrían definir la actual realidad económica mundial:

2. El capitalismo, de forma mayor cuanto más "globalizado" se encuentre, genera polarización ente "Norte" y "Sur" (entre centros y periferias, utilizando conceptos más rigurosos). El discurso dominante, legitimador de la globalización económica, que pretende que el "subdesarrollo" es una etapa previa al "desarrollo", y que las Periferias, con unas políticas económicas adecuadas, podrán alcanzar a los países del Centro, es radicalmente falso. Centro y Periferia se insertan de una forma desigual en la economía mundial: los centros dirigen las economías periféricas (en qué productos debe especializarse cada país, en qué condiciones debe producirlos, etc.), volcándolas hacia la exportación. Las ETN, en una aplastante mayoría, tienen su base en países del Centro.

Existe, por tanto, una dialéctica entre las realidades de clases sociales y lucha de clases y la polarización entre Centro y Periferia. El concepto de "imperialismo" da seguramente una idea de esta polarización y dominio más ajustada que el de "globalización económica".

3. La economía sólo puede existir de la mano de la política; el mercado presupone la existencia de un Estado. Por tanto, las transformaciones constitutivas de la globalización económica conllevan otras tantas en el terreno de lo político. Asistimos a una creciente crisis del Estado-nación (en los centros, especialmente de Europa Occidental, donde éste poseía bases más sólidas, y sobre todo en las periferias, donde el "Estado-nación" resulta de una importación del modelo europeo tras la etapa descolonizadora). Esta crisis, al igual que ocurre con las transformaciones en la esfera económica, no es fruto de leyes naturales, como una vez más pretende el discurso dominante, sino el resultado de la decisión de desmantelar los mercados nacionales para reconstruirlos sobre una base mundial. No es casual el papel que han jugado los centros de Europa Occidental (Alemania especialmente) en el desmembramiento de los países del Este (Yugoslavia), cuyas regiones, muy debilitadas, se han incorporado a la economía mundial en una posición claramente periférica.

En este mismo contexto debe citarse el desmantelamiento de cada vez más elementos del "Estado del Bienestar". Este, como ya se ha dicho, estuvo limitado geográfica y temporalmente, y surge como respuesta del Capital a la "amenaza socialista" de la Unión Soviética: el Capital establece un compromiso con la clase obrera, haciéndole concesiones que en otras circunstancias habrían sido impensables. Desaparecida esta amenaza, dichas concesiones han perdido su razón de ser; el pleno empleo, clave de bóveda del Estado del Bienestar, no sólo no es ya necesario, sino que resulta incluso contraproducente: para reducir a la clase trabajadora no hay mejores armas que el desempleo.

La globalización económica viene acompañada del auge de la ideología y las políticas neoliberales, inauguradas por Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Dichas políticas tienen como fin último poner a los Estados del Centro, y, sobre todo, de la Periferia, al servicio de los intereses del gran capital.

4. La globalización económica conlleva la aparición de elementos de un "proto-Estado" a nivel mundial (aunque no aparezca propiamente un Estado mundial). Este "proto-Estado", por supuesto, está destinado a facilitar la acumulación capitalista en los Centros, y especialmente en el Centro por excelencia, Estados Unidos. Algunos de sus elementos serían: la OTAN (complejo militar con una función de vigilancia y castigo, para impedir que las periferias se aparten de la función específica que cumplen en la economía mundial), el Banco Mundial (dedicado esencialmente a financiar mediante préstamos las infraestructuras necesarias para que los países de la periferia se inserten de la forma más rentable en la economía mundial), el Fondo Monetario Internacional (prestamista internacional y garante, no muy eficaz por otra parte, de la estabilidad monetaria)... Aquí se puede situar a la Organización Mundial de Comercio (OMC).

 

La OMC y la Ronda del Milenio


1. Creada en 1995, la OMC es el resultado de 50 años de evolución del GATT (General Agreement on Tariffs and Trade, Acuerdo General de Aranceles y Comercio). En 1947, 23 grandes países establecieron, en Ginebra el GATT, con el objetivo inicial de reducir los aranceles respectivos para las mercancías industriales. A medida que transcurrieron los años, se fue adhiriendo al Acuerdo un número creciente de países. Desde 1947, ha habido ocho ciclos de negociación comerciales. La OMC fue creada al finalizar la VIII Ronda de negociaciones (Ronda Uruguay, así llamada porque la conferencia se llevó a cabo en Punta del Este), entre 1986 y 1993. Actualmente, la OMC consta de 134 países. China, hasta ahora excluida, ingresará recientemente. Las decisiones se toman habitualmente por consenso; para los países del Centro no resulta difícil imponer sus decisiones, tomadas de antemano en reuniones "informales" con los representantes de los grupos de presión del gran capital, reuniones de las que están excluidas las delegaciones de países periféricos.

2. ¿Qué papel real juega la OMC en la economía mundial, más allá de su retórica liberal? A lo largo de la historia del capitalismo, los Centros han fortalecido su posición abriendo o cerrando sus economías al comercio mundial según el poderío económico del que gozaban en cada momento concreto. Podría afirmarse que primero el GATT y luego la OMC continúan esta política: impulso del libre intercambio comercial sólo para los productos en los cuales los centros son "competitivos", firma de acuerdos que resulten altamente beneficiosos para las empresas transnacionales del Centro, etc. Asimismo, la OMC contribuye, aunque en grado cualitativamente distinto, a limitar el papel de los Estados del Centro. Veamos cómo se concretan estas ideas en los distintos elementos constitutivos de la OMC.

3. Los poderes del Parlamento europeo son demasiado limitados para conseguir compensar (siquiera con medios democráticos formales y dentro de los estrechos márgenes impuestos a la democracia parlamentaria por la clase burguesa) la pérdida de control popular que resulta de ello, de forma que, cada vez más, el poder de toma de decisión pasa de los parlamentos nacionales a dos instituciones europeas con una clara falta de transparencia: la Comisión Europea y el Consejo de Ministros.

La toma de decisiones sobre las políticas de comercio internacional y de inversión es indiscutiblemente uno de los lugares donde el vacío democrático de la UE es más pronunciado. Los Estados miembros han delegado la mayor parte de sus poderes hacia arriba, dando a la Comisión Europea el papel de planificador de la agenda de negociaciones. La Comisión negocia en nombre de los Estados miembros de la UE en organismos tales como la OMC y tiene el derecho exclusivo de llevar a cabo nuevas iniciativas comerciales. En la actividad de la Comisión Europea influyen de manera directísima lobbies del gran capital europeo, el más importante de los cuales es la llamada Mesa Redonda Europea de los Industriales (ERT, European Round Table of Industrialists). El Parlamento europeo se mantiene al corriente de las decisiones en materia de comercio, pero carece de poder para tomar decisiones al respecto.

4. Entre los días 30 de noviembre y 3 de diciembre del pasado año tuvo lugar en Seattle (EE.UU.) la Tercera Conferencia Ministerial de la OMC, cuyo objetivo era establecer una agenda de negociaciones para la Ronda que se inauguraría el 1 de enero del 2000 y duraría dos o tres años (la llamada Ronda del Milenio). Aunque, como se sabe, las negociaciones fracasaron, los objetivos que se pretendían lograr en aquella Conferencia volverán a aparecer, de forma segurmanete más sutil para impedir las movilizaciones populares y el consenso entre los países de la Periferia que dieron al traste con la Conferencia. Por ello, mencionamos estos objetivos (impulsados principalmente por EE.UU. y la Unión Europea). Están, por una parte, los de la llamada "agenda fija" (built-in agenda) que incluía negociaciones sobre aranceles, TRIPs y servicios (ya tratados más arriba) y, por otra, los siguientes apartados:

En Seattle, contra los pronósticos de la OMC y de los representantes de los países del Centro, se dieron cita decenas de miles de activistas de todo el mundo, con diferentes reivindicaciones pero compartiendo una lucha común contra la OMC, los intereses económicos que la sostienen y el modelo social, económico y político que contribuye a implantar. Estas movilizaciones, unidas al consenso que se logró crear entre l@s delegad@s de los países periféricos contra los acuerdos y, sobre todo, contra los métodos por los que se tomaban, impidieron que la Conferencia alcanzase sus objetivos: no se tomó ni un solo acuerdo. Efectivamente, las decisiones eran tomadas en pequeñas reuniones (green rooms), con representantes de unos pocos países; de las decisiones que se tomaban en ellas quedaban excluidos l@s representantes de los países más pobres.

Por otra parte, y quizás esté aquí el éxito de las movilizaciones en Seattle, gracias a ellas, los medios de comunicación de todo el mundo, por primera vez en la historia del GATT y la OMC, proporcionaron un seguimiento día a día de la Conferencia. Una de las ventajas con las que dicha organización ha jugado hasta ahora es el gran desconocimiento que de su existencia y labor, existía entre la ciudadanía, incluso la organizada políticamente.

En cualquier caso, sería irresponsable, para quienes nos oponemos a la OMC y a los poderes que están detrás de ella, dejarnos llevar por el optimismo. La propia Organización Mundial de Comercio también ha sacado importantes enseñanzas de la Conferencia, y hará todo lo posible para que una situación así no vuelva a repetirse. Como sugirió la Presidenta de la Conferencia y delegada de EE.UU., el director de la OMC, Mike Moore, llevaría a cabo una serie de "consultas individuales" para buscar el consenso entre los países y lograr la aceptación de los objetivos iniciales de la Conferencia. Ante este tipo de consultas, privados del apoyo mutuo y sin una presión social en la calle como la de Seattle, los países "rebeldes" resultarán mucho más vulnerables.

Por otra parte, el gran capital y las instituciones del capitalismo global han comprendido a la perfección la importancia de una política adecuada de "relaciones públicas" para "vender" a la ciudadanía la idea de que la OMC, aunque haya podido cometer "errores" en el pasado, se encuentra en un proceso de reforma para hacerla más democrática, más respetuosa con el medio ambiente, con los derechos laborales, con la situación específica de las mujeres... Los comunicados de la OMC de los últimos tres meses van en este sentido. Esta política, sumamente eficaz, cuenta con el apoyo, consciente o no, de muchas organizaciones (fundamentalmente ONGs del Centro) cuyas reivindicaciones son principalmente de tipo reformista (auditoría de la actividad de la OMC, moratoria de las negociaciones, etc.). La estrategia de la OMC es tratar de incorporar y desactivar a las ONGs más "integradas", en un marco ideológico del "diálogo" y la "mejora", y utilizar todo su aparato de propaganda para deslegitimar a las organizaciones más antagonistas (por ejemplo, criticando su activismo, que se presenta como una falta de talante democrático).

En definitiva, Seattle ha marcado un punto de inflexión en la historia de la Organización Mundial de Comercio y, sobre todo, en la historia de las movilizaciones contra ella. No cabe duda de que ha supuesto una victoria, siquiera parcial, de los movmientos sociales antagonistas frente a la lógica del capitalismo global (La Aurora titutaba su editorial del número de enero Le Monde Diplomatique); no obstante, es preciso que estos movimientos sean conscientes de la nueva situación que se dibuja tras la Conferencia y no se dejen llevar por la euforia.

 

 

Asamblea Abierta contra la OMC