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Lucha
global contra el desempleo y la exclusión
Por Guayú De Falkón
guayu@iespana.es
Batallar por ingresos monetarios y servicios básicos
mínimos como derechos humanos.
El empresariado neoliberal transnacional y demás clases
que sostienen el sistema capitalista global, actúan como si fueran
descendientes de los constructores o diseñadores del planeta Tierra. Se comportan como si descendieran de
extraterrestres. De acuerdo con ello,
sus brutales y despóticas acciones tendrían origen en derechos que emanarían de
tiempo anterior a la formación del planeta.
De allí que las transnacionales empresariales estén reclamando, mediante
el uso de la violencia y el terror, la propiedad de uso y usufructo de todos
los bienes existentes en la naturaleza.
Exigen ese derecho como si poseyeran la propiedad intelectual sobre la
creación del planeta.
Hasta
hace sólo algunas décadas, el gran propietariado privado ejercía el derecho de
propiedad sobre los bienes de la naturaleza de los territorios que ocupan sus
pueblos de origen, sobre sus invenciones y sobre sus creaciones técnicas y
tecnologías. De vez en cuando
saqueaban otros territorios y esclavizaban a los hombres que allí habitaban,
justificando sus acciones de mil y una maneras; pero nunca habían pretendido
como ahora, ejercer el derecho de propiedad privada sobre todos los bienes de
la naturaleza, sobre el planeta entero.
Hoy exigen el total derecho sobre los bienes de la naturaleza, bienes en
que aplican sus creaciones técnicas y tecnologías con que los pueblos del
planeta, en su mayoría, de manera voluntaria y/o por inducción o coerción
producen y reproducen sus vidas.
La
discusión y solución en torno al conflicto humano que desde hace varios
milenios transita por la explotación, dominación y enajenación, nunca ha dejado
de situarse en medio de la base “legal” del discurso e intereses del dominador,
explotador o enajenador de turno. Pocos
críticos han partido del punto en que los bienes de la naturaleza tienen origen
cósmico. Son producto del ir y venir de
la energía y demás elementos que conforman lo que los humanos llamamos el
cosmos o universo. De acuerdo con ello,
los bienes de la naturaleza nos pertenecen a todos o por el contrario, no
pertenecen a nadie.
El
problema del conflicto humano además de acarrear por milenios la explotación,
dominación y enajenación del género humano, tiene como uno de sus históricos
componentes el más importante y antiguo elemento de las disputas terrenales: el
usufructo y reparto de los bienes de la naturaleza. Bienes con los cuales el hombre primitivo reprodujo su vida entre
los demás animales, bienes con que hoy hombres y mujeres agrupados en
sociedades numerosas producen su vida mediante el trabajo organizado.
La
reclamación del derecho de propiedad sobre la naturaleza que pretende
establecer el propietariado neoliberal transnacional, a través de la OMC o el
ALCA, pasa por demostrarnos su descendencia extraterrestre. Algo que no pueden probar; excepto que esa
tarea se la encomienden a los medios de comunicación privados venezolanos, los
que sin ninguna duda ¡sí lo probarán! (*)
Como
la clase empresarial transnacional tampoco nos puede demostrar su origen
divino, aunque lo supongan, el problema del derecho de propiedad sobre los bienes
de la naturaleza no tiene discusión alguna.
Si existe propiedad sobre éstos, los mismos corresponden a todos los
seres humanos. El aire, el agua, los
animales, las plantas, los océanos y todos los minerales y demás elementos que
usamos y transformamos para producir nuestras vidas ¡ya estaban aquí en el planeta Tierra millones de años antes que
el protohombre apareciera sobre la biosfera!
Ahora
bien, los seres humanos nacen sometidos a las condiciones existentes, a la
manera en que hoy se produce y reproduce la vida. La cuota parte de bienes naturales a utilizar en la reproducción
de la vida ya no se pueden tomar libremente como nuestros antepasados lo
hicieron hace milenios. Lo que hoy no
es propiedad privada, es propiedad estatal, nacional, municipal o comunal. Y lo que está sin pisatarios ni propietarios
que ejerzan el derecho de propiedad legal, o no contiene ningún elemento que
sirva a la reproducción de la vida humana, o son ecosistemas contaminados en
destrucción acelerada irreversible.
La
libertad de elección de los hombres para vivir de manera natural, al margen de
la sociedad establecida, para la mayoría del género humano es algo imposible de
materializar. Ejercer hoy el derecho a
la libertad para vivir de manera natural, es en la mayoría de los casos, elegir
de manera libre sufrir o morir por no existir suficientes bienes naturales ni
espacios útiles libres, con excepción del aire si no está contaminado.
Ante
la imposibilidad que los seres humanos puedan tomar de manera libre lo necesario
para vivir, como se hizo durante milenios, el producto social que nace de la
utilización de los bienes y recursos naturales tiene que redistribuirse de
manera radical. Las sociedades están
obligadas a garantizar que la producción global llegue a todos. Una de las formas que el género humano ha
utilizado para lograr sus propósitos de manera mancomunada, además del trabajo,
es luchar contra lo que le impide alcanzar su tranquilidad, paz y bienestar. Se impone llevar adelante una lucha global
de los pueblos para resolver el conflicto humano por el reparto del producto
social y los bienes naturales. Desde
hace décadas existen las condiciones materiales objetivas para resolver los
problemas que más aquejan al ser humano: la alimentación, la salud, la vivienda,
el vestuario, el medioambiente. De
acuerdo con la ONU, el problema es de orden político. No existe voluntad en las élites que gobiernan de facto el
planeta para materializar esas políticas. Los pueblos de todo el mundo no
tenemos otra alternativa que luchar para redistribuir los recursos de la
naturaleza y el producto social global.
Ya
se escucha el eco del clarín que convoca la lucha global de todos los pueblos
del planeta. La batalla por el reparto
equitativo de los bienes naturales y la producción global es aquí y ahora,
mañana será tarde. Un nuevo reparto del
trabajo, del producto social y de los bienes naturales es vital para la vida
inmediata de todos los seres humanos.
Si el propietariado neoliberal logra establecer bases espaciales antes
que la lucha global de los pueblos obtenga un nuevo reparto y uso de la
producción global y bienes de la naturaleza ¡nos esclavizaran por milenios
amenazados de exterminio desde el espacio si nos rebelamos! No es
difícil imaginar lo que harían con todos nosotros Bush, Blair,
Aznar y demás sátrapas si vivieran en Marte. Como hicieron con Serbia y hoy
hacen con Afganistán e Irak, acabarían a quien se resista a sus edictos con
cohetes interplanetarios.
Es
el momento de la lucha por construir la democracia participativa global y
derribar la autocracia y la democracia formal. Llegó el tiempo en que todos los
seres humanos cuenten con trabajo, ingresos monetarios y servicios básicos
mínimos como derechos humanos. Ha llegado
el momento de dar la batalla por LA PATRIA HUMANA. Es el tiempo de las movilizaciones, paros,
marchas y huelgas globales. Ha llegado
el tiempo de la Revolución Social Global que abrirá paso a la edificación de
una Nueva Sociedad Humana.
Caracas 19 de Enero de 2003
* A manera de relax diremos que Televen usaría a la opinadora de oficio
matinal, Marta Colomina, para presentar
“antropólogos” y “arqueólogos” antichavistas con documentos
“encontrados” en Marte por el robot Spirit donde se probaría que sobre la
Tierra existe propiedad privada; RCTV haría un Primer Plano donde Marcel
Granier presentaría un panel de “profesionales” que validarían el reclamo
neoliberal sobre la propiedad de la naturaleza. Granier nos contaría además que
su tatara, tatara, tatara, tatara...abuelon le dejó como herencia
sus derechos; Una cadena de las televisoras privadas presentaría en exclusiva
un reportaje de Ana Vacarella desde los restos de la nave espacial donde
llegaron a la Tierra sus “constructores”; Y Venevisión, como telón de fondo presentaría
al bufón Napoleón Bravo “entrevistando” a un grupo de “empresarios cósmicos”
reclamando los derechos de propiedad intelectual sobre el planeta. Leería ante
las cámaras de la TV de Cisneros los documentos de herencia del planeta Tierra,
tal como simuló leer la “carta de renuncia” del Presidente Hugo Chávez el 11 de
abril de 2002. Para los medios de
desinformación privados venezolanos es fácil cumplir con esta misión, toda
su existencia han engañando a la población y los últimos cinco años han sido de
entrenamiento intensivo en el oficio.
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