EL SAHARA OCCIDENTAL EN LA ENCRUCIJADA
(Article publié en espagnol dans
le Journal El Mundo-El dia de Baleares de
16 et 17 mars 2000 et en galicien dans
la revue Outras Vozes numero 13 [2000])
Carlos Ruiz Miguel
Profesor titular de Derecho Constitucional
Universidad de Santiago de Compostela
1. De entre los pocos conflictos
surgidos en la época de la guerra fría que ha sobrevivido
al cambio de la estructura del poder mundial operado tras la caída
del Muro de Berlín el del Sahara Occidental constituye un caso singular.
Excluimos de este grupo los conflictos chipriota (pues se produce entre
dos miembros de la OTAN), y taiwanés (pues China constituyó
un “tercer” bloque). De entre los conflictos propiamente dichos surgidos
en aquella época persiste el gravísimo conflicto angoleño
(guerra civil), el indo-pakistaní (problema de fronteras) y recientemente
se solucionó el único caso que guardaba alguna semejanza
con el Sahara Occidental, el de Timor. Queda así el conflicto del
Sahara Occidental como el único problema de descolonización
aparecido en la época de la Guerra Fría cuya solución
debe buscarse en el nuevo esquema de fuerzas políticas internacionales
producido después de dicha etapa. La paradoja es que el fin de dicha
Guerra Fría, que aparentemente facilitaría la solución
del problema, sólo ha servido para enquistarlo. Intentaremos dar
una respuesta.
2. La causa del problema está
claramente identificada: se trata del delirio expansionista e imperialista
marroquí fruto de la ideología nacionalista de El Fassi y
su mapa del “Gran Marruecos” (mapa que, con ciertas variaciones, sigue
presidiendo el Salón del Trono marroquí y que incluye a Canarias,
además del Sahara Occidental). El expansionismo marroquí
se vio favorecido por causas a menudo contradictorias, pero que siempre
operaron en su favor. De hecho, ya antes del surgimiento del nacionalismo
marroquí en el segundo tercio del siglo XX, los intereses franceses
para debilitar a su enemigo “natural” que es España, le llevaron
a fortalecer a Marruecos (y esta idea explica los sucesivos tratados hispano-franceses
sobre Marruecos, entre ellos, el de 1912, en el que se regala a Marruecos
la región de Villa Bens, entre el paralelo 27º40' y el río
Draa, que siempre había sido saharaui y nunca marroquí).
Es el deseo francés de debilitar a España, lo que establece
la duradera y eficaz alianza franco-marroquí. Esto explica, precisamente
los fracasos y los éxitos del imperialismo marroquí y de
su idea del Gran Magreb: mientras Marruecos fracasó en sus intentos
de anexionarse indirectamente Mauritania (en la guerra de 1957-1958 dirigida
a anexionarse el Sahara Occidental e Ifni) y directamente parte de Argelia
(de influencia francesa, guerra de las arenas de 1963); Marruecos triunfó,
a costa de España, en sus intentos de anexionarse la región
de Villa Bens (1958), de Ifni (1969) y del Sahara Occidental (1976). En
el último supuesto, al declarado interés francés en
la anexión del Sahara Occidental a un Marruecos francófilo,
antes que contar con un Sahara Occidental independiente e hispanófilo,
se unió la nefasta estrategia de “contención” del comunismo
patrocinada por Kissinger y cuyos “éxitos” son de sobra conocidos
(Chile, Timor Este, Camboya).
3. De esta suerte, nos encontramos
con que la vinculación del conflicto del Sahara Occidental a la
Guerra Fría sólo es superficial, pues el conflicto profundo
no es el Este-Oeste, sino el hispano-francés. De hecho, aunque suela
ignorarse, la URSS y el Bloque soviético se abstuvo en las decisivas
votaciones que se llevaron a cabo en Naciones Unidas en 1975 para dar cobertura
a la invasión marroquí, y ningún país de aquel
bloque reconoció a la RASD (los casos de Yugoslavia y Albania son,
evidentemente, distintos). Por ello, resulta falaz sostener, como hizo
y hace la propaganda marroquí, que el conflicto del Sahara es un
invento de la Guerra Fría que perdió su sentido al acabar
ésta. La clave está, sencillamente, en una colusión
de intereses, básicamente en contra de España, entre el imperialismo
marroquí y el imperialismo francés.
4. Ahora bien, el final de la Guerra
Fría ha tenido un efecto inesperado sobre el conflicto. Al derrumbarse
la URSS, los Estados Unidos angloamericanos se convirtieron en la única
potencia mundial, quiérese decir, en la única potencia con
intereses en todo el mundo. Esto significa que los Estados Unidos angloamericanos
ahora tienen un interés en el Magreb... en todo el Magreb. Ciertamente,
los Estados Unidos angloamericanos mantuvieron relaciones con Marruecos
en la época de la Guerra Fría, y no es menos cierto que Hassán
II fue agente al servicio del Mossad y la CIA; pero en el anterior mapa
de fuerzas el país más rico de la zona, Argelia, escapaba
a su área de influencia. En el nuevo escenario, los Estados Unidos
amplían su interés a toda la zona magrebí, incluyendo
muy especialmente a Argelia. Este interés político (pero,
sobre todo, económico) estadounidense va a chocar con el interés
francés en crear su propia área de influencia africana aprovechando
la caída del imperio soviético. El nuevo escenario así,
es el siguiente: por un lado, la tradicional colusión de intereses
de Francia (debilitar a España, privándola de un área
de influencia en el Sahara Occidental) y de Marruecos (afán imperialista
de convertirse en una gran potencia africana) para conseguir la anexión
marroquí del Sahara Occidental; por otro lado, el interés
de Argelia (en no ser víctima de Marruecos y en convertirse a su
vez en una potencia regional) en un Sahara independiente sobre el que poder
influir y contrarrestar el expansionismo marroquí; y, finalmente,
el interés de los Estados Unidos angloamericanos en adquirir una
posición de árbitro entre las partes en conflicto y en conseguir
una solución consensuada entre las partes que permita alcanzar la
estabilidad suficiente para desarrollar los planes de expansión
económica trazados por los angloamericanos para el Magreb, interés
este que parece traducirse en la idea de un Sahara Occidental autónomo.
¿Y España? España... está “casi” ausente: el
interés nacional, que sin duda reside en el apoyo de la causa saharaui
a efectos de contrarrestar el imperialismo marroquí y la influencia
francesa, no está defendido por el Gobierno español, pero
sí lo está por la sociedad civil. Si hace falta alguna prueba
de que la sociedad civil existe en España, el tejido asociativo
de apoyo al Sahara Occidental habla por sí solo. La sociedad civil
española en este momento constituye el principal apoyo de la causa
saharaui, tan importante o más, me atrevería a decir, que
el apoyo oficial argelino. Este apoyo de la sociedad civil permite que
el Frente Polisario pueda mantener sus posiciones a pesar de las crisis
o titubeos de la posición argelina.
5. Hasta este momento las partes
implicadas habían aceptado como forma de resolución del contencioso
el plan de paz elaborado por la O.U.A. asumido y aplicado por la O.N.U.
Como es conocido, la aplicación de dicho plan de paz se ha encontrado
con innumerables obstáculos que no han impedido que, a pesar de
los retrasos, se hayan franqueado importantes etapas del mismo: se ha concluido
la identificación de los candidatos a ser incluidos en el nuevo
censo (aunque quede pendiente el problema de las apelaciones), se han desminado
ciertos puntos para facilitar el regreso de los refugiados; se ha concluido
la inscripción de los refugiados para su repatriación al
territorio; se ha aprobado el Estatuto de las Fuerzas militares en presencia;
se ha aprobado un Código de Conducta para el período de transición
hacia el referéndum. Todos estos pasos, lentos pero inexorables,
hacia el momento decisivo estuvieron rodeados por el temor de ambas partes,
siendo precisamente este temor la causa de los retrasos centrados básica,
pero no exclusivamente, en el problema del censo. En efecto, cada parte
temía que el nuevo paso decantase el censo definitivo en un sentido
favorable o desfavorable a sus tesis. En el momento actual del proceso,
con un censo de 86.386 individuos declarados como electores de entre un
total de 198.469 candidatos entrevistados por las comisiones de identificación,
es absolutamente claro para todos que un referéndum abocaría
ineludiblemente a la independencia del territorio. Pese a los temores iniciales
y a las protestas marroquíes, las comisiones de identificación
de Naciones Unidas han actuado con total imparcialidad dando un resultado
que se aleja muy poco del censo elaborado por España en 1974. Con
este estado de cosas hay una cosa clara: la suspensión sine die
del referéndum propuesta por el Secretario General de Naciones Unidas
en su informe S/2000/131, de 17 de febrero, perjudica a quien habría
ganado el mismo (la parte saharaui) y beneficia a quien lo habría
perdido (Marruecos). Marruecos consigue así aplazar un poco más
su presencia.
6. El informe del Secretario
General de 17 de febrero de 2000, realiza una afirmación falaz y
es que si se celebra el referéndum y “una de las partes” (eufemismo
para referirse a Marruecos) no acepta el resultado, no hay un mecanismo
coercitivo previsto en el plan de paz, ni parece problable que se pueda
adoptar. Creo que es falaz, porque el caso de Timor es ilustrativo de que
puede hacerse lo contrario. Naciones Unidas puede en cualquier momento
autorizar el uso de la fuerza para imponer un resultado. Por causas menos
graves se ha autorizado tal uso de la fuerza en otros lugares. Partiendo
de esta discutible premisa, el Secretario General de Naciones Unidas ha
dado por fracasado el Plan de Paz y ha lanzado la propuesta de celebrar
nuevas conversaciones directas entre las partes, con la mediación
de James Baker III para alcanzar una solución “pronta, duradera
y consensuada”. Ahora bien , esta fórmula sólo puede tener
dos significados: o bien se soluciona el problema de las apelaciones para
celebrar el referéndum este año (algo que ya ha sido rechazado
por Marruecos) o bien se plantea una “tercera vía” distinta de la
integración en Marruecos o la independencia. El interrogante está,
de un lado, en si esta “tercera vía” puede llegar a prosperar y,
de otro lado, en cuál sería la concreción de esta
fórmula.
7. La solución de una “tercera
vía”, esto es, una autonomía para el Sahara Occidental sería
aceptable para Marruecos y, de hecho, Hassán II ya la propuso hace
tiempo. La cuestión es si sería aceptable para el Frente
Polisario. Caben dos posturas: aceptarla o rechazarla. Si se rechaza esta
propuesta la única salida sería, de nuevo, la reanudación
de las hostilidades. Esta solución ofrece numerosas ventajas en
este momento para el Frente Polisario. En primer lugar, produciría
una re-movilización de los saharauis que militan por la independencia
que, en estos largos 10 años del alto el fuego han visto seriamente
atacada su cohesión en torno a la causa de la independencia con
la aparición incluso de algunas disensiones internas. En segundo
lugar, la guerra produciría un grave daño en la delicadísima
situación económica de Marruecos, con el consiguiente riesgo
de desestabilización social en Marruecos, mientras para el Polisario
el coste sería mucho menor por el tipo de guerra de desgaste efectuado.
En tercer lugar, a diferencia de lo que ocurriría en las filas del
Polisario (en las que, como se ha dicho, provocaría una re-movilización)
la guerra produciría graves fisuras sociales en Marruecos y ello,
de un lado, porque en el nuevo clima de menor censura de los medios de
comunicación marroquíes, la opinión pública
conocería los efectos de la misma (muertos, heridos, prisioneros),
de otro lado, porque la juventud marroquí ya suficiente motivada
para emigrar de Marruecos encontraría un nuevo motivo para huir
de su país y, finalmente, porque el consenso interior en torno a
la cuestión del Sahara dista de ser tan efectivo como se quiere
hacer creer (así se pone de manifiesto en el importantísimo
memorándum de enero de 2000 del líder islamista Yasín,
en el que critica la política de la monarquía respecto a
los saharauis). En cuarto lugar, en el supuesto de una vuelta a la guerra,
ahora habría que contar con un factor que no existió en la
fase bélica anterior a 1991: mientras antes de 1991 la brutal represión
hassaniana impidió cualquier movimiento de los saharauis que se
encontraban el Sahara Occidental ocupado; ahora (en un clima en el
que por razones de imagen internacional Marruecos está necesitado
de ofrecer una imagen de mayor apertura, y después del levantamiento
popular saharaui en El Aaiún en septiembre de 1999) habría
que contar con que los ataques saharauis no sólo pueden producirse
desde fuera del muro, sino también desde dentro del muro en el corazón
de Marruecos, incluso con la posibilidad de acciones terroristas. En quinto
lugar, una reanudación de las hostilidades sigue dejando abierta
la posibilidad a un nuevo alto el fuego y a una nueva negociación
en la que el Polisario pueda adoptar una posición de fuerza y en
la que, en el peor de los casos, se volvería a plantear una propuesta
de autonomía. En definitiva, después de que el Secretario
General de Naciones Unidas haya cerrado las puertas del Plan de paz, con
la vuelta a la guerra el Frente Polisario no tiene nada que perder y sí
algo que ganar, esto es, volver a negociar desde una posición de
mucha mayor fuerza.
8. La otra alternativa es la aceptación
de la “tercera vía”, esto es, de un régimen de autonomía.
Esto abriría un nuevo debate, a saber, el de cuál sería
el contenido de esa autonomía y cuál sería su finalidad.
No cabe duda que ante esta situación Marruecos intentaría,
con sus habituales tácticas diplomáticas, establecer un régimen
de autonomía con un contenido “descafeinado” lo cual nos introduciría
nuevamente en la dinámica negociadora en la que ya hemos estado
inmersos en estos 10 años con el riesgo añadido de que, en
tanto se solucionan los infinitos “problemas de interpretación”
que vaya planteando Marruecos, la ocupación efectiva siga en su
estado actual. Pero, incluso en el supuesto de que se consiga un acuerdo
sobre el contenido y el alcance de la autonomía quedaría
abierta la puerta a otra cuestión: el de la finalidad de la autonomía.
Porque aquí caben dos alternativas: o bien se sigue un modelo “palestino”,
es decir, un modelo de autonomía esencialmente transitorio hacia
un horizonte de estatalidad e independencia del territorio autónomo;
o bien un modelo “europeo” dirigido a consolidar la integración
del Sahara en Marruecos. Todos estos problemas, creo que por sí
solos nos muestran que esta “tercera vía” puede ser cualquier cosa
excepto una solución “rápida, duradera y consensuada” y nos
volvería a introducir en la misma dinámica de la que ha adolecido
el Plan de Paz. Con una diferencia, sin embargo: mientras en el Plan de
Paz ya existe un “acervo” onusiano (las etapas del mismo que ya se han
cubierto: identificación de votantes, cuestión de los refugiados,
desminado de ciertas zonas, estatuto de fuerzas militares, Código
de Conducta), en el supuesto de una nueva negociación sobre la autonomía
habría que partir de cero y la constante mala fe demostrada por
los marroquíes en las negociaciones que han seguido al Plan de paz
no constituyen precisamente un aliciente para empezar de cero esta
nueva negociación. En definitiva, con la aceptación de esta
“tercera vía” el Frente Polisario no tiene prácticamente
nada que ganar y sí la probabilidad de tener mucho que perder.
9. Así las cosas, ¿qué
puede ocurrir a partir de ahora? Estados Unidos va a presionar a para que
acepten la “tercera vía” a Marruecos, al Frente Polisario y a Argelia.
Marruecos claramente se muestra dispuesto a aceptar esta solución
y Francia apoyaría también esta salida. El problema está
en Argelia y en el Frente Polisario. En estas fechas, por mediación
directa de ciertos países árabes (aunque quepa ver la mano
de los Estados Unidos angloamericanos al fondo), se están reanudando
las presiones para un acercamiento y reconciliación argelino-marroquíes.
Si Argelia acepta esta solución el margen de maniobra del Frente
Polisario será muy pequeño (aunque no del todo inexistente).
La cuestión es qué se le puede ofrecer a Argelia para que
acepte esta solución, porque la estabilización y desarrollo
económico del Magreb ciertamente beneficia económicamente
a todos los Estados de la región (también a Marruecos, no
sólo a Argelia), pero perjudica políticamente a Argelia al
salir reforzado Marruecos como primera potencia en la zona y como una de
las grandes potencias africanas. ¿Qué camino tomará
Argelia? El Sahara Occidental se halla en la encrucijada.
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